Home > Artículos > Filosofía Política > El humanismo de Jaques Maritain

El humanismo de Jaques Maritain

Maritain, quien vivió de 1882 a 1972, famoso filosofo Neotomista, de él comenta el famoso jesuita Héctor González Uribe en su libro Hombre y Sociedad e Jus 1979: “Al llegar a la novena década de su fecunda y ejemplar vida, Jaques Maritain merece el más fervoroso elogio y la enhorabuena más cordial de todos los que, como él aman la verdad, la justicia y el bien, y desean la efectiva vigencia de esos valores en el mundo”

Me permitiré comentar algo de lo que escribió sobre él González Uribe en su libro: Manual de Filosofía Social y Ciencias Sociales:

Pocas veces estamos en presencia de un pensador tan serio, tan profundo y tan auténticamente comprometido con la verdad como Maritain.

Se dedicó de lleno a una tarea intelectual que había de llevarlo por todos los rumbos fundamentales del pensamiento filosófico.

Su conversión al catolicismo, junto con su esposa Raissa famosa poetisa cuya obra debe ser estudiada con mayor profundidad.

Maritain siguió una animada trayectoria vital en la que el Tomismo le ha servido de hilo conductor, no de meta definitiva. Inspirándose en el espíritu de Santo Tomás, tomando su metodología rigurosa y exigente, e identificándose con su preocupación de síntesis y armonía. Ha renovado de tal forma el Tomismo, lo ha revitalizado tan intensamente, que se ha constituido, en verdad, en el filósofo del “Tomismo viviente”.

La filosofía política de Maritain ha sido calificada muy acertadamente de humanismo político, ya que pocos escritores, como el gran filósofo francés, han puesto tan en alto el papel preponderante que en las relaciones políticas representa la dignidad de la persona y sus derechos naturales, anteriores y superiores a toda colectividad.

Para Maritain la filosofía política es un saber operativo, que conduce a una eficaz práctica política en pro del derecho y la justicia. Su fin inmediato es fomentar la amistad cívica y la igualdad democrática como principios esenciales de la vida social.

Insiste Maritain en que el hombre tiene que seguir un proceso en el que se vaya haciendo cada vez más hombre, o sea, en el que abandone lo que tiene de animalidad e irracionalidad -con sus tendencias, impulsos y sentimientos- y se eleve a un plano de mayor desarrollo intelectual y moral.

Asienta cuatro pilares sobre los cuales construye su edificio conceptual: El derecho natural, La persona humana, El bien común y los derechos del hombre. Son nociones que arranca de la cantera de la tradición filosófica e iusnaturalista cristiana, pero que él reelabora con gran finura y sentido de la modernidad.

El derecho natural es, obviamente, el fundamento de los derechos del ser humano. Se declara más bien partidario de la línea iusnaturalista que arranca con Aristóteles y se prolonga en Santo Tomás, Victoria y Suárez, sin olvidar a Cicerón ni a los estoicos.

El derecho natural es algo ideal y algo ontológico. Es algo ideal porque señala la cumbre de perfección moral y jurídica a la que debe llegar el hombre y ontológico porque es una realidad que se desprende de la esencia humana.

El derecho natural consiste en los principios universales e invariables que están enraizados en la naturaleza del hombre. Por eso pese a los ataques de los positivistas hay un “eterno retorno” del derecho natural. El hombre no es una mera parte de una totalidad mayor, sino que es un todo de sí mismo, un universo, un microcosmos.

Por las indigencias de su naturaleza, el hombre necesita la sociedad para lograr su completo desarrollo físico, intelectual y moral; además encuentra en ella la plena expansión de su inteligencia y de su capacidad de amar.

En una parte de su libro “El hombre y el Estado” dice que La Nación tiene o suele tener un suelo, un lenguaje, unas costumbres, unas instituciones, una vocación histórica. La nación no es una sociedad, ni cruza el umbral del reino político. Es acéfala. Tiene sus élites y centros de influencia, pero no jefe ni autoridad gobernante.

En oposición a la nación-estima Maritain-tanto el cuerpo político como el Estado, pertenecen al orden de sociedad y de sociedad en su forma más elevada o perfecta.

La sociedad política es impuesta por la naturaleza y lograda por la razón. Es la más perfecta de las sociedades temporales.

De aquí resulta para el pensador francés que el cuerpo político difiere del Estado.

El Estado no es sino un organismo facultado para utilizar el poder y la coerción integrado por expertos o especialistas en ordenamiento y bienestar públicos, un instrumento al servicio del hombre.

Para el él pueblo está por encima del Estado, no es para el Estado, sino que el Estado es para el pueblo.

Finalmente diré que el libro “Humanismo Integral” de Maritain ha sido de suma importancia para la formación del pensamiento político de inspiración espiritual y cristiana y el tiempo ha constatado que la visión mariteniana se ha convertido en realidad.

A la muerte de su esposa se internó en la orden de los hermanos de Jesús en Toulouse y dedico sus últimos días a la contemplación y la oración.

De él dijo el Papa Paulo VI quien fue su gran amigo: “Profundamente conmovido por la noticia de llamada a Dios de Jaques Maritain, que seguirá siendo para todos un filósofo de alto valor, un cristiano de fe ejemplar, y para Nos mismo un amigo especialmente querido, desde los tiempos de su misión en la Santa Sede, dirigimos a la familia religiosa donde ha querido acabar sus días en la contemplación y la plegaria, la expresión de nuestra simpatía entristecida y el consuelo de nuestra bendición apostólica” Paulus. P.P. VI.

Notas:

Fuente: http://www.elvigia.net/columnas/2018/7/16/el-humanismo-de-jaques-maritain-308572.html

21 de julio de 2018. MÉXICO

Comentarios

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*