Cabezas de huevo. Umberto Eco

Se ha vuelto a discutir en las últimas semanas sobre expresiones como “culturame” (“cultureta”), que parece se vuelven a pronunciar de nuevo después de decenios. Son expresiones conocidas, habitualmente utilizadas por hombres de gobierno para menospreciar a intelectuales de oposición.

“Cultureta”, lo acuñó, me parece, Scelba [1], que creía sólo en la lógica de la cachiporra, pero Spiro Agnew [2], el vicepresidente de Nixon, había hablado de “effete snobs”, que poco más o menos quería decir snobs afeminados, y recordaba a aquellos semanarios fascistas de humor en los que se ponía en escena al petimetre que hablaba “con la uvve”, o a intelectuales fuera de época que escribían “povesías”. Por otra parte, ya estaba vigente en el mundo anglosajón, a modo de deslegitimación análoga, la expresión “cabeza de huevo”. Y siempre en el curso de las luchas políticas de postguerra se recuperaba por parte de la derecha una definición usada por Lenin con otros fines como ‘tontos útiles’ para aplicarla a los intelectuales que simpatizaban con las fuerzas de izquierda.

Por tanto, se trata de cosas conocidas. A tal punto que alientan la idea de que el desprecio del mundo intelectual es característico de la derecha y que, como corolario, no existen intelectuales en la derecha sino que están todos en la oposición. Naturalmente, un intelectual está siempre de algún modo en oposición a algo, pero se puede estar en oposición a muchas cosas militando también en la derecha. Han existido grandes intelectuales conservadores o directamente reaccionarios; y “reaccionario” no es una palabra fea, como lo era en los tiempos de Peppone y Don Camillo, porque ha habido pensadores y artistas que han añorado una vuelta a alguna Tradición, o a un Antiguo Régimen, y esto quiere decir reaccionario, no alguien que quiere matar de hambre a los obreros o que es necesariamente fascista. En ese sentido, un gran reaccionario fue Dante, que no era un intelectual como para despreciarlo, y en nuestros tiempos hemos leído a muchos autores que no han hecho otra cosa que criticar la Modernidad, el mundo de la técnica, las utopías revolucionarias. No solamente: en tiempos recientes desde la derecha se ha dado en reconocer como “héroes” suyos a intelectuales que estaban por definición en la izquierda, como ha sucedido (y acaso no injustamente) con Pasolini, en tanto que defensor de un estado de naturaleza preindustrial.

Pocos lo recordarán, pero en los años setenta se hablaba mucho del renacimiento de una cultura de derecha, y apareció incluso una revista que se titulaba ‘La Destra’; y si las ediciones de Borghese desempolvaron los ‘Pensamientos’ de Adolf Hitler y se rebajaron a publicar ‘Hablar claro’ de Spiro Agnew (definido como ‘el vicepresidente más reaccionario de los Estados Unidos, el hombre que dice en voz alta lo que Nixon dice entre susurros’), un editor como Rusconi publicó a muchos representantes del pensamiento de derecha, de Mishima a Vintila Horia [3], de Prezzolini [4] a Panfilo Gentile [5], y se redescubrió a un auténtico ‘grande’ del pensamiento reaccionario como De Maistre.

En suma, si se quieren encontrar grandes escritores que eran o son de derechas, conservadores o reaccionarios que fueran o hayan sido, basta con mirar alrededor, y queriendo se pueden encontrar hasta grandes escritores fascistas o antisemitas como Céline o Pound, o los clásicos enemigos de la modernidad como Sedlmayr [6], por no hablar de Heidegger, o de los adeptos de sabidurías primordiales como Guénon. En suma, basta hojear los catálogos de los editores “democráticos” sin tener que ir a recuperar los años de La voce della fogna [7] y asistir incluso a las tentativas de recuperación de autores de derecha por parte de la izquierda, como ha sucedido hasta ahora con Junger o Spengler. ¿Entonces? ¿Los autores de derecha que he nombrado no son cultureta?

La verdad es que pensamos que la ‘derecha’ es una entidad homogénea, mientras que también en ella hay intelectuales, que reconocen a los ‘suyos’ pero, precisamente porque son intelectuales, no caen fácilmente en el uso del clisé como cultureta o snobs afeminados para descalificar a los adversarios.

Y por tanto son los otros, los instrumentos del patronazgo político, los correveidiles de la política, los hombres interesados sólo en el poder (o en el dinero), que en realidad no han leído nunca lo suficiente, o sencillamente no saben que existen los intelectuales de derecha. Ven sólo a los de izquierda, y sólo en el momento en que hacen oposición de algún modo. Y es evidente entonces que en su mente de una sola alcoba intelectual deviene sinónimo de opositor y, como decía Goering, cuando oyen hablar de cultura, sacan la pistola. Aunque la atribución a Goering sea dudosa: la ocurrencia aparece por otro lado en el drama teatral nazi ‘Schlageter’ de Hanns Johst: ‘Wenn ich Kultur höre ... entsichere ich meinen Browning’. Pero quien saca la pistola ignora el docto origen de la cita. No leen, no leen.

NOTAS T.: [1] Mario Scelba (1901-1991), político democristiano siciliano, fue ministro del Interior y primer ministro en los años 40 y 50, responsable de la dura represión de manifestaciones socialistas y comunistas en la postguerra, y de la infame “Legge truffa”, que intentó sin éxito modificar el sistema electoral italiano, así como sospechoso de connivencia con la Mafia. [2] Recordemos que Spiro Agnew (1918-1996), vicepresidente con Nixon desde 1969, hubo de dimitir en 1973, acusado de evasión fiscal y blanqueo de dinero, cargos por los que fue procesado y condenado. [3] Vintila Horia (1915-1992), escritor rumano de simpatías fascistas, se exilió tras la guerra mundial en Italia, Argentina y, desde 1953, en España, donde vivió hasta su muerte, desarrollando su carrera literaria en francés y castellano. [4] Giuseppe Prezzolini (1882-1982), periodista y ensayista toscano, colaborador de Papini y autor de libros sobre Mussolini y Maquiavelo, fue profesor en Columbia University y autor del Manifesto dei conservatori. [5] Panfilo Gentile (1889-1971), liberal crítico de los régimenes de masas y la partitocracia, acuñó el término democrazie mafiose. [6] Hans Sedlmayr (1896-1984), historiador del arte austriaco de la escuela vienesa, especialista en Borromini y la arquitectura barroca, se afilió al partido nazi en 1932. [7] La voce della fogna fue una publicación satírica, cultural e ideológica editada entre 1974 y 1983 por elementos juveniles y rompedores del neofascista Movimento Sociale Italiano y la llamada Nuova Destra italiana.

Notas:

Traducción para http://www.sinpermiso.info: Lucas Antón

Fuentes: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2864

L’Expresso

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=94404

SPAIN. 3 de noviembre de 2009

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