David Riazanov: Humanista, editor de Marx, disidente rojo [Parte 1 de 2]

“Yo no soy un bolchevique, no soy un menchevique,
no soy un leninista. Soy solamente marxista,
y, como marxista, soy un comunista”
(David Riazanov, 1924)

“Corremos el riesgo de conocer a Luxemburg o Lenin
de la A a la Z, e ignorar los escritos del propio Marx.”
(David Riazanov, 1924)

Un gran biógrafo de Marx, Boris Nicolaïevski,  reconocía en 1937 que de cada mil socialistas, tal vez sólo uno haya leído una obra completa de Marx; y de cada mil antimarxistas, ni uno. Y lo peor, concluía, es que Marx ya no estaba de moda. Cuarenta años antes, un gran teórico y militante, Labriola, al participar en el publicitado debate sobre la valencia científica de la obra de Marx en 1897 (la llamada “primera crisis del Marxismo”, y cuyos principales interlocutores eran nada menos que intelectuales de la talla de George Sorel, Eduard Bernstein y Benedetto Croce),  se preguntaba con inocencia: “los escritos de Marx y Engels… ¿fueron leídos enteramente por algún externo al grupo de amigos y adeptos próximos, esto es, de los seguidores e intérpretes directos de los autores mismos?... Añádese a eso la rareza de muchos de los escritos aludidos, y hasta la imposibilidad de dar con algunos de ellos.” Y concluía proféticamente si “este ambiente literario”, esta situación hermenéutica adversa, no era uno de los culpables de la mala asimilación, de la aparente decadencia y crisis del pensamiento de Marx. Con pesimismo recapitulaba en una sentencia profética: “Leer todos los escritos de los fundadores del socialismo científico ha resultado hasta ahora un privilegio de           iniciados.” 

  Ya el fundador del anarcosindicalismo Georges Sorel, con quien precisamente intercambia opiniones Labriola, había llegado a conclusiones similares en su balance parcial del arraigo del Marxismo en las condiciones materiales de Europa a inicios del siglo XX. Según Sorel y por el mismo motivo: “les thèses marxistes n’ont point été, généralement, bien comprises en France et en Angleterre par les écrivains qui s’occupent des questions sociales”.  Parafraseando a Frossard, podría decirse que la mayoría de los marxistas no conocen los escritos de Marx mejor de lo que los católicos conocen la Summa de Santo Tomás de Aquino. Labriola se preguntaba a propósito de la “crisis” o decadencia de Marx, “cómo nos puede asombrar… que muchos y muchos escritores, sobre todo publicistas, hayan tenido la tentación de tomar críticas de adversarios, o de citas incidentales, o de arriesgadas inferencias basadas en pasos sueltos, o de recuerdos vagos, los elementos necesarios para construirse un Marxisme de su invención y a su manera? ...El Materialismo Histórico –que en cierto sentido es todo el Marxismo– ha pasado… por una infinidad de equívocos, malas interpretaciones, alteraciones grotescas, disfraces extraños e invenciones gratuitas… que tenían por fuerza que ser un obstáculo para las personas que quisieran hacerse con una cultura socialista.” Nikolaïevski y Labriola (aunque no sólo ellos) estaban convencidos que a Marx le esperaría siempre un sino de mala recepción, que empezaba por la misma difusión e irradiación de sus textos. Labriola señalaba otro obstáculo, aún más profundo y riesgoso, que es el que aquí nos ocupa: la misma rareza de los escritos de Marx y la imposibilidad de contar con ediciones confiables de ellos. Incluso no tanto de ediciones fiables, sino de ediciones sin más. El lector responsable de la obra marxianne debía pasar, según Labriola, por condiciones ordinarias más extremas que la de cualquier filólogo o historiador para estudiar los documentos de la Antigüedad. Por experiencia propia, se preguntaba: “¿Hay mucha gente en el mundo que tenga la paciencia suficiente para andar durante años… a la busca de un ejemplar de la Misère de la Philosophie… o de aquel libro singular que es la Heilige Familie; gente que esté dispuesta a soportar, por disponer de un ejemplar de la Neue reinische Zeitung, más fatigas que las que tiene que pasar en condiciones ordinarias de hoy día cualquier filólogo o historiador para leer y estudiar todos los documentos del antiguo Egipto?”

  Labriola sólo constataba una dificultad fáctica que nació con el marxismo mismo y que lo llevó como un estigma hasta nuestros días: las enormes dificultades por establecer y editar, con criterios científicos actualizados, sus obras completas. Labriola reclamaba al SPD, en posesión de los manuscritos (Nachlass), que “sería un deber del partido alemán el dar una edición completa y crítica de todos los escritos de Marx y Engels; quiero decir, una edición acompañada en cada caso de prólogos descriptivos y declarativos, índices de referencia, notas y remisiones… Habrá que añadir a los escritos ya aparecidos en forma de libros o de opúsculos, los artículos de periódicos, los manifiestos, las circulares, los programas y todas las cartas que, por ser de interés público y general, tengan una importancia política o científica”. Terminante concluía: “No hay elección que hacer: hay que poner al alcance de los lectores toda la obra científica y política, toda la producción literaria de los dos fundadores… incluso la ocasional. Y no se trata tampoco de reunir un Corpus iuris, ni de redactar un Testamentum juxta canonem receptum, sino de recoger los escritos con cuidado y para que ellos mismos hablen directamente a quien tenga ganas de leerlos”. Simplemente que Marx pueda hablar directamente… Además reconocía que la propia vida le había impedido escribir sus obras según los cánones del arte de faire le livre, por lo que su literatura era fragmentos de una ciencia y de una política en devenir constante. El Marxismo, si existe algo que pueda llamarse así, era eminentemente un sistema abierto. Labriola ya había marcado con suficiente claridad no sólo los criterios de una política editorial, sino los problemas materiales objetivos que conllevaban los Nachlass de Marx (y Engels). La posta de su desafío editorial la tomaría no el partido-guía de Occidente, sino un joven estado en plena guerra civil interna y externa: la Rusia de los Soviets.

Un marxólogo en el partido-guía de la Socialdemocracia:

La Primera Guerra Mundial de 1914-1918 –sumada a la revolución triunfante en Rusia entre febrero-octubre de 1917– provocó un paréntesis forzoso y prolongado en la inicial difusión, aunque lenta, mezquina, manipulada y tímida del Marx secreto. Pero ya en el trabajo editorial realizado por el SPD se comenzó a ver, de forma a veces grosera, la manipulación y tergiversación que podían sufrir los manuscritos marxianos cuando sus contenidos se cruzaran con los estrechos intereses de la “razón de partido”, el Parteiinteresse. Y cómo en la alquimia final perdía, no sólo el mismo pensamiento crítico de Marx, sino sus potenciales lectores y militantes, en última instancia, el movimiento práctico. Lo cierto es que hacia 1910 en el ámbito cultural del Austromarxismus se había empezado a discutir el proyecto de unas obras completas de M&E (los socialdemócratas austríacos ya habían empezado a publicar una revista de marxología de enorme importancia, la primera en la Historia, la Marx-Studien, aparecida entre 1904 y 1923 en Viena).  Max Adler, Otto Bauer, Adolf Braun, Rudolf Hilferding y Karl Renner, las luminarias marxistas del Austromarxismo, se reúnen en Viena durante la famosa Konferenz de enero de 1911 con un tal David Riazanov, socialdemócrata ruso, entonces colaborando con el archivo de Berlín del SPD, que era el albacea testamentario de los Marxischen Schriften, el Nachlass literario inédito de Engels y Marx. La carta-intención del ambicioso plan editorial aparece firmada en Viena, el 1º de enero de 1911 por Adler, Bauer, Braun, Hilferding, Renner, todos austromarxistas y N. Rjasanoff (Riazanov), es decir: representantes de los dos partidos más importantes de la socialdemocracia mundial.  Allí se establecen por primera vez las primitivas líneas editoriales de una edición científica de Marx, incluyendo Die deutsche Ideologie, reclamándose unos presupuestos de edición mínimos y científicos (wissenschaftlichen Anforderungen), tanto sobre la obra publicada como con relación al Nachlass, presupuestos que consistirían en lograr una situación hermeneútica adecuada: 1) registros completos de las variantes literarias e introducciones histórico-críticas a sus escritos; 2) un aparato biográfico adecuado sobre Engels y Marx y su desarrollo político-intelectual; 3) un aparato biográfico de las personalidades intelectuales y políticas, y de sus obras, que aparecen a lo largo de sus textos; 4) además de la edición científica, planificar ediciones populares para comprensión de los trabajadores que permanezcan vinculadas en la colección científica-sistemática, sobre secciones o puntos clave de Das Kapital (como la teoría materialista de la Historia, sobre la lucha de clases y la revolución en el siglo XIX, sobre teoría económica, filosofía política, sobre la situación social, etc.).

  En el ambicioso Editionsplan de 1911 también surgen entre líneas los primeros interrogantes: ¿quién financiará semejante empresa científico- editorial? Ni el SPD o el SPÖ estaban muy interesados en dar a conocer el Marx desconocido. Muchos de sus gestos eran puramente decorativos, para legitimar el grupo dirigente frente a la base. En el horizonte aparecía la necesidad técnico-financiera de ediciones populares, al estilo de la futura Werke. Los preparativos fueron interrumpidos por el estallido de la Gran Guerra. Pero se comenzaba a percibir cierta sensibilidad nacida de la necesidad de tener una edición completa y confiable de los escritos de Marx. Luego del triunfo y consolidación de la revolución bolchevique, la suerte de los escritos de Marx parecería que sería tocada, por primera vez, por la diosa Fortuna. Todo el potencial de un estado se identifica con su obra y pone a disposición de su difusión todos los recursos a su alcance. ¿Habría de poner el nuevo estado un punto final al derrotero caprichoso de los manuscritos de Marx y publicar su obra póstuma en una edición completa, científica, objetiva, crítica y con precios populares? El hombre que podía asumir con seriedad profesional, honestidad intelectual y eficacia esta tarea dentro del partido socialdemócrata ruso, ya que sus trabajos anteriores y su pasado intelectual lo calificaban de manera indudable para ser el cerebro editorial de semejante empresa, era sin duda un ucraniano-judío, David B. Goldendach, nome de guerre: Riazanov, Ryazanoff, Rjasanoff o Bukvoed (pseudónimo autoirónico, ya que en ruso significa “pedante libresco”).

Rusia, 1921: la pre-historia de un Marxismo abierto:

  Con Lenin en vida y la guerra civil finalizada, y con el dominio del sistema de partido único desde 1918, durante el IX Congreso del VKP (b), del Partido Comunista Pansoviético (bolchevique), un hombre de la vieja guardia declara: “El Parlamento inglés lo puede todo, excepto cambiar a un hombre en mujer. Nuestro Comité Central es mucho más poderoso: ya ha cambiado a más de un hombre revolucionario en buena mujer, y el número de buenas mujeres se multiplica de un modo increíble”. En 1922 el mismo hombre se opone públicamente a la pena de muerte en el caso de la ejecución sumaria de militantes socialrevolucionarios o de militantes socialistas. ¿Quién era este loco audaz? Odessa, esa gran ciudad autónoma y cosmopolita en Ucrania, en la que en palabras de Pushkin “se puede oler Europa, se puede hablar francés y encontrar prensa europea”, vio nacer a David Zimkhe Zelman Berov Goldendach en el seno de una familia judía acomodada un 10 de marzo de 1870. La ciudad era hogar de una numerosa comunidad judía (en el censo de 1897 comprendía el 37% de la población). Ciudad de tristes pogroms zaristas (1821, 1859, 1871, 1881, 1905). Ciudad de soporte económico-cultural del Sionismo. David dit Riazanov fue una de las figuras más capacitadas, comprometidas y relevantes de los primeros tensos años de la historia soviética. Excéntrico, con una excepcional memoria, una personalidad volátil y romántica e imbuido de una capacidad de trabajo ilimitada. Un viejo amigo, Steklov, lo recuerda “leyendo siempre y en todo lugar: cuando caminaba, en compañía de otros, cenando”. Trotsky lo definía como “orgánicamente incapaz de cobardía, o de perogrullo”, añadiendo que “toda ostentación vistosa de lealtad le repugnaba”. Opositor frecuente de las posiciones de Lenin (él se consideraba un bolchevique no-leninista) o del poderoso Stalin (a quien en plena campaña contra Trotsky interrumpió en un congreso con un “¡Déjalo, Koba! No te pongas en ridículo. Todo el mundo sabe muy bien que la teoría no es tu fuerte”).

  Lunacharsky llama a Riazanov “indiscutiblemente el hombre más culto en nuestro partido”, pero tan independiente y autónomo que el periodista revolucionario John Silas Reed lo describe como un hombre-fracción, “as a bitterly objecting minority of one”.  David fue revolucionario desde su misma adolescencia, viviendo gran parte de su juventud en prisión, deportado o en el exilio. A los 14 años era “correo secreto” de los populistas; a los 16 fue excluido del Liceo por insuficiencia en griego antiguo. Es arrestado por primera vez en 1887. En las duras condiciones de las prisiones zaristas organiza la vida de los prisioneros políticos alrededor de tres cosas: gimnasia (mañana y tarde), prohibición de fumar y turnos fijos de estudio (durante los cuales estaba prohibido hacer ruido). En prisión prepara lecturas de Marx y traduce los escritos del economista David Ricardo. En 1890, ya en el exilio europeo, con veinte años, participa como representante ruso en el Congreso de Bruselas de la Segunda Internacional y establece relaciones personales y políticas con las luminarias del socialismo europeo: August Bebel, Karl Kautsky, Eduard Bernstein, Rosa Luxemburg, Rudolf Hilferding, Charles Rapoport, Pablo Iglesias incluso con la hija de Marx, Laura y su marido, Paul Lafargue. La necesidad le obliga a hablar varias lenguas (alemán, francés, inglés; respetablemente se hace entender en polaco e italiano). En el famoso congreso del POSDR de 1903 en Bélgica, que produce la escisión entre bolcheviques y mencheviques, Riazanov critica el nuevo sectarismo de Lenin, el fetiche antidemocrático del “centralismo democrático” y las tendencias antidemocráticas organizativas. Fuera de las dos tendencias, organiza un grupo propio y autónomo de las finanzas de la Segunda Internacional y lucha por construir un partido socialista copiado del modelo alemán. Retorna a Rusia en 1905, entrando a militar en las organizaciones de los trabajadores metalúrgicos de San Petersburgo. En 1907 es arrestado, en el flujo de la revolución de 1905, y retoma, una vez más, el camino del exilio europeo.


  Los siguientes diez años vivirá en Occidente y se dedicará, en el intersticio de su vida militante, a investigar y escribir sobre la historia del anarquismo, el socialismo y el movimiento obrero europeo. Escribe en el diario teórico del SPD dirigido por Kautsky, “Die Neue Zeit”; escribe también en el diario teórico de la socialdemocracia austríaca dirigido por Bauer, Renner y Braun, “Der Kampf”. Una importante conexión de afecto y militancia que hizo en estos tiempos duros fue la del padre del austromarxismo Carl Grünberg,  fundador del injustamente olvidado Archiv für die Geschichte des Sozialismus und der Arbeiterbewegung, conocido simplemente como el “Grünberg Archiv”. Grünberg (1861-1940) austro-rumano,  era el primer marxista en acceder a una cátedra en una universidad del Imperio Alemán. El Archiv se editó entre 1910 y 1930, saliendo quince números, finalizó paradójicamente con la aparición de la Zeitschrift für Sozialforschung de Horkheimer, cuya orientación cambió por completo para aggiornarse al nacionalsocialismo. En la revista editada por el Institut für Sozialforschung (la luego famosa “Escuela de Frankfurt” fundada en 1923 por el mismo Grünberg) escribieron notables teóricos de la naciente sociología, como Robert Michels o Franz Oppenheimer, economistas como Henryk Grossmann, filósofos marxistas como Rodolfo Mondolfo, eminentes juristas como Hans Kelsen, hasta Kautsky, Mehring y el mismo Riazanov (como Rjasanoff: por ejemplo en 1916 presentando una carta inédita de Jacoby a Marx). Karl Korsch, Lukács, Max y Friedrich Adler, biógrafos e historiadores como Max Nettlau, Gustav Mayer (gran biógrafo de Engels) y Boris Nicolaievski (futuro scout del IME en Berlín y biógrafo de Marx) contribuyeron en sus páginas, indicando numerosos puntos de contacto con el origen del “Marxismo Occidental” o no-leninista y el trabajo de difusión de los escritos de Marx.  Riazanov adquiere la merecida reputación de ser una de las más autorizadas voces sobre Marx, Engels y la historia del Marxismo en toda Europa. Sus principales trabajos de esta época son sobre Marx y la Rusia zarista, Marx y el trabajo periodístico, Engels y la cuestión polaca, la mayoría publicados en alemán y luego en ruso en el diario teórico de Lenin “Prosveshchenie” o en el diario del ala izquierda “Sovremennii Mir”. En 1909 consigue una comisión como Benützer (usuario) de la Anton Menger Stiftung, que poseía una biblioteca invaluable de los clásicos anarquistas y socialistas (alrededor de 16000 volúmenes), para editar documentos de la Iº Internacional. Este trabajo le permite ingresar en importantes bibliotecas y archivos de toda Europa. Además su amistad con Bebel y Kautsky le permite libre acceso a la vasta biblioteca del SPD y al depósito de los Nachlass (manuscritos) de Marx y Engels.
 
Así era David Zimkhe Zelman Berov Goldenbach, alias “Riazanov”, a quien definieron adecuadamente como aquella persona que “por una duda en una coma en un manuscrito de Marx era capaz de viajar toda la noche en un tren de cuarta clase sin calefacción desde Viena a Londres.”  Nada menos que Karl Kautsky, llamado el “Papa” del Marxismo, le escribe lo siguiente proponiéndole que sea el responsable de una historia de la Iº Internacional: “Cuando tuve la oportunidad de familiarizarme con su investigación de las obras de Marx, inmediatamente me vino a la mente que usted es la persona adecuada para este trabajo de expertos sobre el Marxismo, el movimiento sindical, que está familiarizado con las relaciones internacionales como ningún otro, un experto en nuestra Literatura socialista que podría preparar el trabajo ejemplar de la Internacional.”  El primer volumen de esta prometedora Historia de la Internacional, con el que se enfrentó a las deformaciones y falsificaciones de los historiadores anarquistas y proudhonianos, con la rica documentación fruto de un intenso trabajo, fue redactada en 1914, pero el estallido de la Primera Guerra impidió publicarla cuando se corregían sus pruebas de imprenta.  Su cercanía con una de las hijas de Marx, Laura Lafargue, le da la posibilidad de investigar los archivos familiares y la correspondencia más íntima, tanta era su fama de especialista en Marx que se le invita a la casa de los Lafargue en Draveil (Francia) para que clasifique y ordene los documentos inéditos que se han depositado en la casa. En 1911, mientras ordenaba este archivo familiar, encontró varios borradores de cartas in-octavo inéditas: eran las respuestas polémicas de Marx a la populista rusa Vera Zasúlich (las pudo publicar recién en 1923 en una recopilación de materiales sobre la historia del movimiento revolucionario ruso).  El SPD lo urge a continuar el irregular trabajo de divulgación de Bernstein y Mehring de trabajos olvidados, inhallables o inéditos.  Hacia el filo de 1917 Riazanov pudo publicar dos volúmenes escritos de la década de 1850 de Marx y Engels, incluyendo alrededor de 250 artículos desconocidos para el gran público de diarios en los que colaboraba Marx, aunque aparecían sin su firma, como “The New York Tribune”, “The People’s Paper” y “Neue Oder Zeitung”.  Entre los años 1908-1917, Riazanov publicó más de un centenar de folletos, artículos, libros, ensayos, reseñas de libros, presentaciones, notas y otros textos originales de o sobre Marx.  Además Riazanov será el responsable de la mejor edición científica de escritos de Engels y Marx editada hasta ese momento, publicada en 1917 en Alemania, los Gesammelte Schriften von Karl Marx und Friedrich Engels, 1852 bis 1862.  Llegado a este punto un contemporáneo podía decir que Riazanov “conocía hasta los puntos y comas de los escritos de Marx y Engels”. Y no se equivocaba. Por supuesto no dejó la militancia: tuvo destacada participación en las escuelas pertenecientes a las divisiones internas del POSDR: en 1909 con Aleksandr Bogdanov, el líder bolchevique no-leninista, y su escuela de cuadros en Capri (financiada por Maxim Gorky);  en 1911 en la escuela de Longjumeau (París), dirigida por Lenin. Riazanov describe en ese año la escisión de esta manera: “los Bolcheviques se han dividido en dos fracciones: 1) Leninistas, que incluye a los bolcheviques iniciales pero sin ‘Machistas’ (seguidores de la filosofía de Mach), ‘expropiadores’ ni antiparlamentaristas; 2) Bolcheviques puros, incluídos los del diario ‘Vpered’, con Bogdanov, Lunacharsky y Liadov.” Por ese tiempo fue aliado de Trotsky, enfrentándose al tándem Plekhanov-Lenin y colaborando en el diario menchevique “Golos”. Estallada la guerra en 1914, participó en la Conferencia de Zimmerwald, organizada por socialistas críticos del socialchauvinismo y el imperialismo. La revolución de febrero de 1917 lo encuentra exiliado en Suiza. Retorna a Rusia en mayo, atravesando Alemania y Polonia, igual que lo había hecho Lenin un mes antes, junto con 280 camaradas de todo color y pelaje (desde los líderes del menchevismo Martov y Axelrod, a socialrevolucionarios y anarquistas). Militará en el “Mezhraiontsy”, un grupo interdistrital de Petersburgo fundado en 1913, de bolcheviques no-leninistas, mencheviques de izquierda e internacionalistas (entre otros: Trotsky, Lunacharsky, Sukhanov, Joffe, Uritsky, etc.). El objetivo de la plataforma era unificar las dos fracciones del POSDR. En julio-agosto se funden con los bolcheviques leninistas después del intento de golpe de estado de Kornilov. Riazanov se transforma en uno de los más prominentes oradores y activistas sindicales antes de octubre del 1917. Es elegido para la presidencia del IIº Congreso de todos los Soviets y miembro ejecutivo del Consejo Central Sindical de Rusia. En octubre se opone al “putsch” y la insurrección armada propuesta por Lenin. Después de la toma del poder, trabaja como miembro ejecutivo del Comisariado de Educación (Narkompros) bajo la dirección de Lunacharsky. Se opone a las posiciones del partido en muchas cuestiones cruciales: sostiene la existencia de un sistema soviético pluripartidista, y no deja de llamar a mencheviques y socialrevolucionarios “camaradas”. Se opone a la dictadura del Comité central, a las cooptaciones a dedo, al uso de la fuerza y a la represión contra partidos obreros, a la dispersión de la recientemente electa Asamblea Constituyente (dominada por mencheviques y S-R’s), a la represión contra los socialrevolucionarios, al Tratado de Brest-Litovsk. En el debate sobre la cuestión sindical se enfrenta a Trotsky y a Lenin, defendiendo la independencia y la autonomía de los sindicatos. Lucha denodadamente por la libre expresión dentro del partido, la legalidad fraccional, la genuina democracia. Una quijotesca cruzada contra la burocracia. Su prestigio, intelectual y militante, hace que nadie tenga autoridad para callarlo o intentar expulsarlo (ni siquiera Lenin). Pero poco a poco fue neutralizada su influencia, primero en el ámbito sindical. Riazanov no se amedrenta: ya muerto Lenin y durante el Congreso del partido en 1924 declara: “sin derecho y responsabilidad a expresar nuestras opiniones esto no puede llamarse Partido Comunista”. En un discurso en la Kommunistischeskoi Akademii (la Academia de los profesores rojos creada en 1918) declara el mismo año: “No soy bolchevique, no soy menchevique; y no soy leninista. Sólo soy un marxista, y como marxista soy comunista”. Sabía que estaba condenado, solo era cuestión de tiempo.

Recuperar al Marx auténtico:

  Riazanov es nombrado director de los servicios de archivo de la joven república en guerra civil e intervención internacional encubierta. Estará trabajando con destreza y enorme energía entre 1918 y 1920. Rescatando bibliotecas, documentos y materiales de los archivos de los diferentes estados y administraciones se gana el respeto y la lealtad de muchísimos especialistas y académicos no-bolcheviques, en especial en la Universidad de Moscú. El 8 de diciembre de 1920 el Comité Central promueve la idea de fundar un “Museo del Marxismo”,  idea que Riazanov transforma en otra cosa: un Instituto, un laboratorio en el cual historiadores y militantes puedan estudiar, en las más favorables condiciones, el nacimiento, desarrollo y maduración de la teoría y la práctica del socialismo científico y que, al mismo tiempo, se transformará en un centro de difusión (“propaganda científica”, en palabras de Riazanov) del propio Marxismo. Es natural: tanto él como Lenin y la mayoría de los socialdemócratas europeos basaban su conocimiento bibliográfico en el trabajo editorial de Engels y en la oferta editorial mezquina del SPD, tanto en los pocos textos aparecidos en Die neue Zeit como en la limitada edición Aus dem literarischen Nachlass von Karl Marx, Friedrich Engels, und Ferdinand Lassalle de 1902, compilada por Franz Mehring, de la que ya hablamos. A principios del siglo XX, Marx seguía siendo un perfecto desconocido, como había prevista Labriola, o una figura desfigurada, incluso para los que se autodenominaban “marxistas”. Lenin aprendería la lección: una de las primeras medidas de la nueva URSS, luego del fin de Comunismo de Guerra en 1921, las rebeliones campesinas y el levantamiento sangriento de Kronstadt, será precisamente el lanzamiento encabezado por David Riazanov del primer proyecto editorial crítico de la obra de Marx y Engels. Lenin le daba el impulso esencial y el programa básico de las futuras MEGA al interrogarle a Riazanov: “¿Hay esperanzas de que recopilemos en Moscú todo lo que publicaron Marx y Engels?”… 


El C.C. aprueba en enero de 1921 la fundación del Instituto Marx-Engels (IME), que funcionará desde diciembre de 1921 en el palacio expropiado un año antes a los príncipes Dolgorukov, situado en el barrio Znamenka, antiguamente el sector Malo-Znamenky, durante la Unión Soviética calle Marx-Engels (hoy de nuevo Znamenka). Riazanov creía que el Marxismo (si es que existe algo así) no podía ser entendido aislado del contexto histórico. El instituto pretenderá estudiar a los clásicos relacionándolos con la amplia historia del anarquismo, socialismo y del movimiento obrero europeo. El IME incluirá una biblioteca, un archivo, y un museo, dividido en cinco departamentos (Kabinetts): Marx y Engels, historia del socialismo y el anarquismo, economía política, filosofía e historia de Inglaterra, Francia y Alemania. A lo largo de los años se le sumaron otros: Iª y IIª Internacionales, historia de la ciencia, historia de la sociología, historia del derecho, la política y el estado, relaciones internacionales, historia del marxismo en el movimiento obrero, etc. Seis meses después el IME, bajo jurisdicción de la Academia Socialista, es transferido a la jurisdicción del Comité Ejecutivo del Congreso de los Soviets (del cual Riazanov era miembro). ¿El objetivo? Sacar al instituto de todo control directo del Partido Comunista. Riazanov no sucumbe al espíritu autoritario del Partiinost (mentalidad de partido).  El IME empieza a ser observado como un formador de disidentes (de un staff de 109 miembros, sólo 39 tenían el carné del partido). El corazón del instituto era su biblioteca. Incluía no sólo trabajos escolares sobre la historia del anarquismo, socialismo, comunismo y el movimiento obrero, sino libros raros, incunables, diarios, pasquines, manuscritos, primeras ediciones de clásicos (desde Moro, Harrington hasta el “Manifiesto Comunista”). Riazanov construyó esta colección de diversas formas. Al comienzo, el Instituto se proveyó exclusivamente de las bibliotecas nacionalizadas en la propia Rusia después de 1917, como por ejemplo la de Taniéev, que contenía una excelente colección de autores socialistas y una rara colección de impresos de la Revolución Francesa. Por supuesto, estas fuentes restringidas fueron insuficientes debido a la propia política de censura del zarismo que impidió el ingreso de autores prohibidos, incluyendo no sólo a socialistas o anarquistas sino incluso a autores liberales, como el orientalista Renán, o historiadores sociales de la Revolución Francesa, como Michelet. Riazanov buscó otras opciones. Una era la posibilidad legal de apropiarse, en otras bibliotecas de la URSS, de libros que el IME considerara necesarios o únicos. Otra, que el IME fuera designado el depósito oficial de toda nueva edición de un libro (una ley igual a la del British Museum). La tercera es que se le otorgó un importante presupuesto para viajar o designar “scouts” que compraran materiales para el instituto por todo el mundo. Riazanov creó una red internacional de corresponsales autorizados para buscar y adquirir libros raros y manuscritos en todas las capitales europeas. Un de ellos, del cual ya hablaremos, fue Boris Souvarine en París; otro importante fue Boris Nicolaïevski en Berlín. Además intentó desarrollar contactos permanentes con Japón (Instituto Ohara), España (a través del traductor Wenceslao Roces) e Inglaterra. Apuntando a su pasado por la Menger Bibliothek, Riazanov adquirió en Viena dos colecciones muy especiales sobre socialismo, anarquismo y movimiento obrero. Fueron las bibliotecas de Theodore Mautner y Wilhelm Pappenheim (20.000 ejemplares más un sustancial archivo de documentos, manuscritos y papeles personales de Ferdinand Lassalle). También la de Carl Grünberg, donada con generosidad, más de 10.000 ejemplares de raros libros, brochures, pamphlets y diarios del movimiento obrero. En 1921 compra la biblioteca del filósofo neokantiano Wilhelm Windelband; en 1925 adquiere la biblioteca más completa dedicada al filósofo anarquista Johann Kaspar Schmidt dit “Max Stirner”, propiedad del poeta, novelista e historiador escocés John Henry Mackay, son trescientos manuscritos y 1200 libros únicos. Según un balance fechado el 1º de enero de 1925, la librería del Instituto poseía 15.628 volúmenes escogidos, además de numerosos manuscritos de Marx&Engels y miríadas de otros documentos importantísimos de la historia y los integrantes de la Iª Internacional, el Saint-Simonismo, el Fourierismo, todo Babeuf, Blanqui y el movimiento obrero revolucionario y reformista europeo (incluido un periódico obrero editado por Lassalle en su juventud).  Entre las joyas halladas por los equipos de Riazanov se encontraban los periódicos originales en los cuales habían colaborado Marx y Engels, incluyendo el Vorwärts publicado por Marx en París en 1844, y el Rheinische Zeitung de 1842-43. Ya en 1930 la biblioteca incluía 450.000 volúmenes, la mayoría raros o incunables. El trabajo de Riazanov, y el soporte financiero en una época de guerra civil, cerco internacional, represión, revueltas (Kronstadt, Mackhno, Tambov) es increíble y nos habla no sólo de su habilidad sino del extraordinario apoyo en las altas esferas del gobierno bolchevique. En esos años, además de Lenin, Riazanov contaba con el apoyo incondicional de Kamenev, Bukharin y Kalinin. En seguida lanzó su plan de obras completas de Marx y Engels (incluso de autores premarxistas) y reclutó entre 1923 y 1925 especialistas en lenguas extranjeras (francés, inglés, alemán) sin considerar sus viejas alineaciones pre-1917. Desde 1922 se lanza con un extraordinario ímpetu a la búsqueda y salvataje de todos los materiales documentales para apoyar el lanzamiento del primer MEGA (siglas de Marx-Engels Gesammtausgabe). Su sueño era una edición científica exhaustiva en ruso y alemán como la que se había esbozado en el Editionsplan de 1911. Los más importantes descubrimientos fueron realizados en dos archivos: los celosos y desprolijos archivos del partido socialdemócrata en Berlín y los archivos personales de la hija de Marx, Laura Lafargue. En 1923 Riazanov viajó a Berlín, para firmar un convenio de colaboración con el archivo del partido y de coedición con el SPD, y a su regreso a la Unión Soviética presentó en la Academia Socialista de Moscú un comunicado sobre el legado literario de Marx y Engels, donde se nos presenta el estado en ese momento del Nachlass como las desventuras del libro maldito, Die deutsche Ideologie.  Riazanov narra como el Manuskripte había sido entregado en mano por Engels a su secretario, Eduard “Ede” Bernstein (lo nombró testamentario de sus documentos junto a Karl Kautsky), y las infructuosas tratativas de Mehring porque se le permitiera acceder al texto y poder publicarlo completo. Finalmente sólo le entregó un pequeño fragmento del Manuskripte: la polémica contra Bruno Bauer y el Concilio de Leipzig (“Erster Band, f”, o sea: el quinto inciso del primer libro). Riazanov recuerda de qué manera Mehring, con sólo leer este extracto parcial, decidió precipitadamente que Die deutsche Ideologie no tenía mucho valor para un lector contemporáneo, tanto por su contenido como por su extensión en folios. Las culpas y las lagunas científicas de Bernstein mostraron ser múltiples. Se descubrió, de hecho, que había publicado menos de la mitad de la crítica contra Max Stirner, atribuyendo falsamente a la “roedora crítica de los ratones” aquellos cortes que, en realidad, habían sido practicados arbitrariamente por él, censurando párrafos enteros del Manuskripte; ¡además, se pudo constatar que había creído sin razón que las partes sobre Feuerbach (Erster Band; b. “I. Feuerbach”) y Bauer pertenecían a un único capítulo que, por considerarlo irrelevante y oscuro, había decidido no publicar! Utilizando su extraordinaria erudición, que le permitía remontarse a cualquier parte del original, y con su gran habilidad diplomática, Riazanov logró obtener de Bernstein, con enorme fatiga pero en sólo cuatro semanas, todas las partes del Manuskripte: “tuve que invocar todas las fuentes impresas que conocía, y sólo después de varios días de discusión me mostró la segunda parte del manuscrito. El resultado de mi viaje a Berlín efectuado con este fin… (es que)…con mucho trabajo logré finalmente sacar a la luz toda la Ideología Alemana, y tengo ahora una copia.” Sólo después de fotografiarlo exhaustivamente, volvió a Moscú. En noviembre de 1924 finalmente el SPD autoriza oficialmente al IME a fotocopiar su archivo partidario in extenso, permiso que incluía el Nachlass literario de Engels y Marx, parte importante de su correspondencia y sus bibliotecas privadas (muy maltratadas y desperdigadas por la burocracia); Riazanov recordaba más tarde: “Me acuerdo que en 1900 yo había visto en Berlín esa biblioteca dispersa sin ningún orden en varias habitaciones… Así es como desaparecieron miles de obras pertenecientes a los creadores del Socialismo Científico. Ni siquiera se tomaron el trabajo de verificar si no contenían, al margen, notas de lectura, algunas huellas del trabajo intelectual de Marx o de Engels… Una parte de los manuscritos que, normalmente, habría debido ser despachada a los archivos del Partido Socialdemócrata en Berlín fue conservada por Bernstein, y la correspondencia de Engels y la parte más importante de las obras que permanecen desconocidas hasta la actualidad quedaron en Londres.” En otra inteligente medida, el 24 de julio de 1924, el IME fue reconocido como el único en el territorio nacional de la URSS de ser “el repositorio de todos los documentos originales relacionados con la obra de Marx y Engels, y de publicar sus obras”, así como también se le otorgó el derecho “de retirar documentos originales en todas las instituciones públicas de las repúblicas de la URSS.”

Marx recuperado:

  Uno de los grandes méritos de David Riazanov, no el menor, fue el haber sido el alma mater de la gran empresa editorial de las primeras obras completas críticas de Marx y Engels, la mítica MEGA (1), publicadas simultáneamente en la Rusia bolchevique y en Alemania entre 1921 y 1931,  Anticipándose a su trabajo de difusión, ya en 1913 y 1919 se habían publicado traducciones al ruso del capítulo contra Max Stirner de la Die deutsche Ideologie, “III. Sankt Marx”, seguramente por su utilidad en la lucha ideológica contra las diferentes vertientes anarquistas en Rusia, aunque textualmente era el mismo que había reproducido como editor el poco confiable ex secretario de Engels, el revisionista Bernstein, en 1903.  Precisamente fue Riazanov quién, después de establecer el texto del Manuskripte de La ideología alemana con una rapidez asombrosa, publicó por primera vez parte de DI íntegra en ruso en 1924 y en alemán en 1926,  se trataba de la primera parte, incompleta, atribuible con certeza a la pluma de Marx. Esta sección, titulada “I. Feuerbach”, que en realidad no habla casi nada del filósofo jovenhegeliano Ludwig Feuerbach, pero dedicada sobre todo a su concepción de la historia, a su materialistische Geschichtstheorie, contiene la primera exposición de la teoría que Marx había elaborado en el transcurso de dos años de estudios filosóficos, históricos y económicos, que comenzaron en Kreuznach en 1843 con el estudio de filósofos políticos clásicos (Montesquieu, Maquiavelo) e historiadores de las revoluciones burguesas (Chateaubriand, Ranke, Hamilton), lecturas que luego definirán el hilo rojo de Ariadna de sus propias investigaciones. Además se acompañaba con las Thesen über Feuerbach, que ya había publicado “editadas” Engels en 1888. No es raro que privilegiara para publicar este Manuskripte maldito de la etapa intermedia de Engels y Marx, ya que Riazanov valoraba las obras perdidas, inéditas u olvidadas de Marx de igual importancia que las ya conocidas, lo hacía públicamente y sin miedos, pudiendo afirmar con temeraria sinceridad ante un auditorio público en 1924 que las obras escritas por Engels y Marx entre 1845 y 1847 “hoy ciertamente han envejecido… pero no más que las obras de Plejanov o de aún de Lenin. Tómese un libro cualquiera de Plejanov aparecido en 1883, o de Lenin en 1903, y el lector joven no comprende casi nada sin un buen comentario.” Riazanov incluso, sabiendo desde el interior de la SPD las manipulaciones y arbitrariedades cometidas en el Nachlass marxiano, ponía en duda hasta el mismo papel de Engels como albacea literario y editor póstumo de Marx.

  El Manuskripte inédito de La ideología alemana se publicó en un primer momento, como anticipo, en una de las revistas diseñadas por Riazanov para acompañar el trabajo editorial en la MEGA (1), ya que se planearon dos publicaciones científicas básicas: una anual, el Archiv K. Marksa I F. Engel’sa (en la cual se publicó por primera vez, como ya dijimos, un capítulo completo de Die deutsche Ideologie) y la revista semestral Letopisi Marksizma (Anales del Marxismo), de la cual aparecieron trece números entre 1926 y 1930.  En cuanto a Letopisi Marksizma, muchos de sus artículos de tono popular o divulgador se publicaron en la versión alemana de Pod Znamenem Marksizma, Unter dem Banner des Marxismus, o sea: Bajo la bandera del Marxismo, que se empezó a editar en alemán en 1925, y que después clonaron la mayoría de los partidos comunistas occidentales. Aunque ambas se iniciaron en ruso, inmediatamente se intentó traducirlas al alemán, en un enorme esfuerzo político-ideológico como Archiv Marx-Engels, sin duda una versión mejorada de la referencial revista del Austromarxismo, Marx-Studien.  En especial la revista-libro (cada número alcanzaba con facilidad las 600 páginas in octavo) tenía una sección fija denominada “Aus dem literarischen Nachlass von Marx und Engels” (“De la herencia literaria de Marx y Engels”), en la cual en su número inaugural del verano de 1926, apareció el texto bajo el título “Marx und Engels über Feuerbach (Der erste Abschnitt der ‘Deutsche Ideologie’)”.  En la introducción que acompañó la edición en ruso, Riazanov resumió las vicisitudes del Manuskripte cuyo valor tanto Engels –vimos su juicio negativo sobre la publicación, aunque valoraba ciertos fragmentos como los de la crítica a Feuerbach– como Bebel, Bernstein y Mehring habían subestimado. Su importancia, por el contrario, era fundamental a los ojos de Riazanov, ya que permitía llenar el vacío entre La sagrada familia, de 1844, la consolidación de la idea comunista entre 1845 y 1846 (paralela al desarrollo organizativo de la Bund de los comunistas desde Bruselas) y la posterior Miseria de la filosofía de 1847.

[Continúa en Parte 2 de 2]

Notas:

Fuente: Nicolás González Varela

23 de marzo de 2013

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