Decadencia y Esplendor de la Cultura

La cultura es aquello a través de lo cual el hombre, se hace más hombre, “es” más, es decir, accede más al ser.

Culturas nacen, culturas perecen, la grandeza de los pueblos se mide o se ve reflejada en la grandeza de su cultura.

Pero ¿cuándo decir que una cultura es grande?; la respuesta a esta pregunta dependerá de la concepción que del mundo y del hombre se tengan.

Puesto que si “cultura”, en su primer sentido es el cultivo de las aptitudes humanas, debemos saber primero cuáles son dichas aptitudes, para saber como se desarrollan en su perfeccionamiento.

De donde con una formación cristiana (centrando la atención en el aspecto moral de la persona) diremos que verdadera cultura será aquella que lleve al cultivo de la piedad, humildad, fe, caridad y esperanza con espíritu de trascendencia, entre otras; como las virtudes cardinales de la justicia, templanza, fortaleza y prudencia.

Pero si por el contrario, somos materialistas y consecuencia de ello: ateos; en este caso ¿qué diremos de la cultura o del hombre que virtualmente es culto? 

No esta de más decir, que conforme a esta concepción (materialista) alguno a dicho que la cultura, según él, idea constitutiva de la cúpula ideológica de las sociedades modernas de tradición cristiana, es un mito, y un mito oscurantista, como lo fue el mito de la gracia en la edad media, o como lo fue el mito de la raza en el siglo XX.  Y que además podría decirse, que el mito de la cultura incorpora muchas de las funciones que el mito de la raza desempeño hasta el final de la segunda guerra mundial. De donde la intención de aquella persona es la de la trituración de es te mito llamado cultura.

Pongo este ejemplo de contraposición para dar a entender que detrás de toda formación cultural se encuentra un pensamiento (una cosmovisión) que la origina, la impulsa y orienta.

La edad contemporánea es una edad de crisis; pero ¿cuál es el fundamento de dicha crisis?

Tomando las palabras de Nietzsche mas no su actitud, el fundamento básico de dicha crisis se encuentra en “la muerte de dios”.Aquello que había servido de orientación a toda cultura desaparece del horizonte y el hombre se encuentra desorientado.

La propia filosofía preparó esta muerte, el empirismo por una parte, pero más perversamente la filosofía de la “Ilustración” y ya en el siglo XIX con el materialismo (marxista) que se afana cada vez más por demostrar el carácter ilusorio de aquellas creencias que alguna vez dirigieron marcadamente la actividad del hombre, actividad especulativa como práctica.

Cabe mencionar que con relación a la verdad, en vano es su afán, más no así ante los pueblos.

Con la ausencia del Ser fundamental y fundamentante comienza la desorientación del hombre en toda su actividad, y como la cultura es cierta actividad y fruto de la misma, la cultura mal dirigida y asentada estará.

Pues, ¿Quién da sentido y significado a las cosas, a la vida y a la historia? No otro, sino la Causa Última de todo lo existente.

Retomando el pensamiento de Nietzsche recordemos sus preguntas al respecto:

¿Dónde está dios? Os lo voy a decir: lo hemos matado vosotros y yo. Lo más sagrado que poseía el mundo ha sangrado bajo nuestros cuchillos. ¿La magnitud de este acto no es excesiva para nosotros? ¿No debemos convertirnos nosotros en dioses, aunque solamente sea para parecer dignos de haberlo realizado? Tales palabras las pone Nietzsche en boca de un loco, pero veamos la actitud del hombre moderno, la postura de muchos filósofos.

Así pues, la negación de Dios, de los valores que da a las cosas en sí mismas y en su relación con el hombre, produce la esterilidad de la cultura arrastrándola a su decadencia.

Este extravío del horizonte metafísico, como el de la verdad, provoca la pérdida de nostalgia y amor a Dios como del orden que ha establecido. Lleva al hombre al narcisismo egoísta, tal como pasa con nuestro filósofo buscando al superhombre. Como que también nos arrastra hacia la búsqueda de sobreabundancia de medios propia de un estilo consumista si atendemos a la concepción ateo- materialista.

Porque una correcta antropología es “el criterio que ilumina y verifica las diversas formas culturales históricas”. 

De donde el compromiso de todo hombre en el ámbito cultural es el de conservar en su integridad la estructura de toda la realidad.

Oponiéndose por ello, a todas las visiones reductivas e ideológicas del hombre y de la vida, teniendo siempre presente que “la cultura es aquello a través de lo cual el hombre, se hace más hombre, “es” más, es decir, accede más al ser”.

El hombre debe fijar su atención en las cosas que son en la tierra, para después elevar su mirada hacia el cielo, para no perder de vista nunca sus dos bienes: el inmanente y el trascendente; para que por ningún motivo en la búsqueda del uno se prive del segundo.

El descuido de esta dimensión transforma fácilmente la cultura en un instrumento de empobrecimiento de la humanidad, no siendo así el fin de la cultura, sino el de la perfección “integral” de la persona humana y del mundo.
Una cultura iluminada por el cristianismo puede ser marcadamente desigual a aquella que se encuentra bajo la sombra del adoctrinamiento reductivista y materialista, que amputa toda naturaleza espiritual en el hombre impidiéndole su desarrollo de perfeccionamiento en su unidad de se, así como también, del impulso vital dinámico que toda criatura humana tiene hacia el Ser Perfectísimo.

Según puede verse, la inmanencia que defienden o en las que caen muchas de las doctrinas filosóficas, trae consigo el olvido de la trascendencia, el olvido de Dios, enclaustrado todo quehacer en lo intramundano.

Pero la vida del hombre culto no puede ser dirigida sin conciencia de que en cada suceso, en cada acaecimiento, trasparece “el sentido sobre temporal del que está empapado”.

Sabiéndolo o no, los hombres buscamos el Bien Infinito en las formas limitadas de la cultura. Hay en toda cultura, una nota de inagotabilidad que nos lleva siempre más allá de las realizaciones limitadas.

Y hay también, una nota de multiplicidad, de diversidad de los modos de formulación de la cultura que nos mueve a buscar una suprema unidad bella, buena y verdadera. No podríamos comprender verdades, bondades y bellezas relativas si no hubiese una Verdad, Bondad y Belleza absoluta que en Dios son uno y el mismo Ser.

Aquellas doctrinas no aciertan en la concepción de la realidad, produciendo culturas desequilibradas o deficientes que más bien no merecen el nombre de cultura.

Quitar del ámbito cultural a Dios, Ser fundamental y fundamentante comporta la corrupción de la cultura y de la vida moral de las naciones.

Por cuanto a las doctrinas mencionadas es fácil decir, que la moral que se deriva de ellas, es la misma negación de la moral, no conformándose así, a la dimensión ética, piedra angular en toda civilización y cultura.

En más, el aristotelismo- tomista, tradición de sabiduría, fruto de reflexión humana auxiliada por la Revelación Divina, es luz para el esplendor cultural y fortalecimiento de los pueblos. 

Siendo a la vez denunciante de la pseudo solución que filosofías reductivistas y materialistas dan a la vida, las cuales gran influjo tienen en toda la sociedad puesto que, ni aun la teología católica se salve de ella, contaminada como esta de la “teología de la liberación”. 

El mundo sin Dios permanecerá en lo monstruoso del caos.

Nos encontramos en un receso cultural en tiempos de relativa paz. Tiempo clave, puesto que se esta, apenas, en el inicio de una total decadencia, si es que seguimos en la misma dirección; que sin embargo, traerá consigo la reacción de los mas fulgidos hombres por la irritación y repugnancia que hacia la vaciedad existencial tendrán;  signo este de que “habremos tocado fondo”. Pero para cuando eso suceda, ya se habrán perdido muchas vidas.
Pero precisamente porque es el inicio de dicha decadencia, a tiempo estamos de tomar la otra puerta: la de la responsabilidad que tenemos por ser participantes de la historia y del tiempo, para que por medio del pensamiento de la filosofía perenne aristotélica- tomista, reflexión iluminada por la luz de Dios, sembremos la semilla que (después de pasado mucho tiempo) dará el bello fruto del esplendor cultural en México.

Para finalizar os digo que:

“El pensamiento es tan poderoso que construye y destruye; ordena y desordena; y cuando todo parece viejo y perdido, fundamentándose en Dios lo salva y lo renueva”

Bibliografía:

1. Filosofía de la cultura. Agustín Basave Fernández del Valle.
2. Filosofía del hombre, Agustín Basave Fernández del Valle.
3. Compendio de la doctrina social de la Iglesia.
4. El Hombre Moderno. Alfredo Sáenz.
5. Historia de la filosofía contemporánea. de R. Verneaux.
6. Nietzsche Biografía de su pensamiento. Rüdiger Safranski.
7. Crítica de Nietzsche a la Cultura Occidental

Notas:

Cd. Juarez, Chihuaha, MEXICO. 15 de abril de 2009

Hay 2 comentarios

January 19, 2010 - 8:35 AM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

el esplendor de grecia…significo un legado de filosofia…donde el hombre se cuestionaba…la decadencia de occidente se dice…..donde el hombre solo es una cosa…..


August 17, 2010 - 8:05 PM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

no por que es para un trabajo


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