Derechos humanos y ética cristiana

El punto de partida de la ponencia, dedicada al tema de la ética sexual y el cristianismo, desde la perspectiva de la dualidad y/o pluralidad antropológica, en línea de libertad humana, fidelidad personal y crecimiento en el amor. No intenta condenar nada, sino valorar la riqueza y pluralidad de la vida humana, en clave antropológica y cristiana.

Ateneo de Madrid. Derechos humanos y ética cristiana. Hombre y mujer (1)

Se ha celebrado ayer, 2 del VII del 2012, en el Ateneo de Madrid, Salón Ciudad de Úbeda / Calle del Prado 21, en el contexto de IV Jornadas de Filosofía y Cristianismo Teológico, una sesión especial de estudio, con el título de:“Derechos Humanos y Ética cristiana. Evolucionando con los nuevos tiempos”.

Han intervenido como ponentes B. Forcano, X. Pikaza, J. J. Tamayo, y P. Zerolo. Ha presidido el acto el Prof.: J. L. Abellán y lo ha dirigido Victoria Caro. En el acto se han presentado diversas perspectivas, que han dado lugar a un diálogo intenso, de tipo político, social, antropológico y religioso.

Presento hoy el punto de partida de mi ponencia, dedicada al tema de la ética sexual y el cristianismo, desde la perspectiva de la dualidad y/o pluralidad antropológica, en línea de libertad humana, fidelidad personal y crecimiento en el amor. No intento condenar nada, sino valorar la riqueza y pluralidad de la vida humana, en clave antropológica y cristiana. Completaré mañana el tema de mi ponencia. Buen día a todos.

Antropología cristiana, una antropología múltiple

Quiero desarrollar un decálogo antropológico, siguiendo los elementos básicos de una visión integral del ser humano, teniendo en cuenta sus aspectos culturales, sociales y religiosos, insistiendo de un modo especial en el cristianismo, dentro de la cultura de occidente.

1. Ley Natural, desarrollo cultural

El tema de la liberación antropológica (entendida en su forma personal) nos sitúa en el centro de la realidad humana, dividida de forma múltiple, donde la dualidad sexual ha de entenderse desde una perspectiva no sólo de sexo, sino también de género, en clave histórica.

a. Ley natural, sexo. Hay una “ley natural”, que marca al ser humano y le sitúa dentro del despliegue de la realidad, como tiende a decir el Magisterio católico, cuando quiere fundar su moral en la visión de la “Ley Natural”, es decir, de un tipo de moral universal, válida para todos los hombres, antes de las posibles revelaciones religiosas. Dentro de esa ley se sitúa la dualidad sexual, que se expresa en los vivientes superiores y, en especial, en los seres humanos, que se dividen en dos sexos, varones y mujeres. En esa línea, debemos afirmar que la naturaleza ha dualizado “sexualmente” a cierto tipo de vivientes “superiores”, distinguiendo órganos y funciones, al servicio de un tipo de unidad dual y de reproducción, pero hay una gama de matices que no pueden encuadrarse en esa dualidad sin más.

b. Confines borrosos. Pero la dualidad de la naturaleza no puede entenderse de forma mecánica, cerrada en sí, de un modo siempre igual, como en la fabricación de los utensilios manufacturados, que son siempre iguales. En esa línea se sitúa la abundancia de la naturaleza, que ha ensayado miles y miles de formas de vida a lo largo y a lo ancho de la evolución, con una riqueza y exuberancia admirable, el contrario de lo que podría suceder en un proceso de producción mecánica, en la que sólo habría dos formas distintas y complementarias de existencia.

c. Desarrollo cultural, género. Por otra parte, la dualidad de la naturaleza masculino-femenina se expresa y articula a lo largo de la historia humana a través de una serie de modos de identidad y de comportamiento que están marcados por formas de interpretación y de actuación adquiridas y conformadas por la cultura. En este campo la diferencia y multitud de formas es todavía mayor que en el plano de la naturaleza. De esa forma, la “ley” de la realidad humana no es “uniforme”, de manera que no todos los seres humanos son varones-varones que se sienten atraídos por y aman a mujeres-mujeres, sino que, al lado de esa franja mayoritaria, hay una franja “borrosa”, relativamente extensa de personas con tendencias “naturales” que no van en la línea de la hetero-sexualidad.

2. Pensamiento occidental (Griegos).

El pensamiento católico ha definido la ley natural (es decir, la moral universal) partiendo de la filosofía griega, que se ha vinculado a la revelación bíblica. En Occidente, la naturaleza ha sido estudiada y organizada por los filósofos griegos, de los que ha dependido hasta hace poco tiempo nuestra visión de la realidad. En esa línea, la filosofía ha empezado siendo “física”, ha estudiado la “physis”, es decir, del surgimiento y despliegue de la realidad. Pues bien, los griegos han buscado una “formas” ideales de realidad, unas formas que son “normas” a las que todo debería ajustarse. En este contexto se pueden distinguir dos líneas de interpretación:

a. Platón. Ha sido el gran defensor de las formas ideales, a las que todo debe responder y someterse; este mundo de aquí abajo es como una sombra o imitación de las realidades superiores, que son eternas. En esa línea, él debería ser el “defensor” de las dos formas de realidad ejemplares, la masculina-masculina y la femenina-femenina. Pues bien, a pesar de ello, en el Banquete o Symposion, Platón presenta el mito de los seres humanos divididos y de la búsqueda de unidad a través del amor (Aristófanes)… el mito del ascenso espiritual más allá del amor cósmico o humano (Diótima). En este contexto desarrolla dos temas esenciales para la cultura posterior.

  ‒ Plano inferior, mito andrógino (Aristófanes, en el Banquete). Al principio los seres humanos eran “redondos”, unos eran hombre-hombres, otros mujeres-mujeres y otros, en fin, hombre-mujeres. Pero eran soberbios y Zeus los dividió en dos mitades, de manera que hay tres tipos de seres humanos: Hombres que buscan a hombres para complementarse, mujeres que buscan a mujeres… y hombres que buscan mujeres. En esa línea, alado de los hombres que buscan a las mujeres (y viceversa, por provenir de andróginos), Platón presenta (conforme a este mito) una amplia franja de seres humanos que no tienden a la unión heterosexual, sino homo-sexual, pues provienen de hombres-hombres o de mujeres-mujeres. En este contexto, el amor es búsqueda de lo mismo es decir, de tendencia y amor homosexual.

  ‒ Plano superior, ascenso espiritual (Diótima). Pues bien, sobre ese amor sexual (presentado por Aristófanes), conforme al discurso de Diótima, Platón ha desarrollado la visión espiritual del amor contemplativo, como ascenso a la divinidad. En un plano, hombres y mujeres nos hallamos vinculados, por provenir de una misma unidad natural… Pero hay una unidad más alta, pues provenimos de la divinidad. En esa línea, el amor sexual (primero hétero-sexual, luego homosexual….) constituye un primer paso, dentro de un proceso de superación que lleva al amor superior de las almas y de la Bondad… En ese plano superior yo no importa lo masculino-femenino, sino que se transciende. Lo que importa es el amor hacia lo divino, que constituye el fondo y esencial de la vida, es decir, del alma. La primera escisión hombre-mujer ha de versea a la luz de la escisión más alta, que secciona al hombre de lo divino.

b. Aristóteles. Ha querido desarrollar un pensamiento “claro y distinto”, en la línea de lo que será después un tipo de cartesianismo. Deja a un lado la riqueza del mito platónico para centrarse en la realidad de un mundo unitario, dividido en formas duales, de forma (que sería lo divino) y de materia (que sería lo cósmico). En esa línea ha desarrollado un esquema dual de la materia-forma (hylemorfismo), de tal manera que todo lo que existe (y la misma realidad humana) tiende a presentarse en forma de parejas.

  ‒ Todo es dualidad: Es materia (en línea más femenina, de mater) o todo es forma (en línea más masculina). En ese contexto, Aristóteles ha desarrollado un tipo de principio de contradicción (y del tercero excluido), que tiende a dividir de manera estricta las realidades: todo es materia o forma, todo es macho o hembra… En esa línea sería necesario borrar o impedir las realidades intermedias, borrosas, que no responden a las formas claras de lo masculino-femenino.

  ‒ Una interpretación aristotélica de la realidad tiende a dividirlo todo, de manera que por una parte está una realidad, y por otra parte la otra, sin que se mezclen. En esa línea, con el triunfo de aristotelismo entra en la conciencia de occidente una forma “clara y rígida” de entender la realidad. Pero la realidad no funciona así, hay cientos de formas/materias intermedias, límites difusos, contornos borrosos… que marcan precisamente el sentido de la realidad que es multiforme y borrosa para ser más claramente clara. Pienso que estamos en el momento de trascender ya la división biologista de la realidad conforme a Aristóteles.

3. Herencia religiosa judía, las distinciones claras.

Aunque parezca sorprendente, el judaísmo clásico (del Antiguo Testamento) está más cerca de Aristóteles que de de Platón, no sólo porque niega el ascenso contemplativo (el fondo de panteísmo platónico), sino por la forma de querer dividir la realidad según sus géneros claros y distintos.

a. División de géneros. La biblia judía tiene una opción preferente por las distinciones claras y por las separaciones netas. Por eso ha creado una taxonomía de animales “rectos” (conformes a su naturaleza), que se pueden comer… y animales “híbridos” (que no son de una única naturaleza) y que no se puede comer. Ya desde el principio, conforme al principio de la división que han establecido los sacerdotes en Gen 1 (relato sacral de la creación), la realidad aparece dividida en especies creadas por Dios de una forma neta y clara, conforme a un orden. Allí donde ese orden se rompe surge la impureza, el riesgo de contagio, el diluvio… Esta división se establece y despliega en todos los campos de la de realidad.

b. Ángeles-hombres. Según la Biblia, cada ser debe mantenerse en el “orden” establecido. Según eso, el primero de todos los pecados, conforme al mito de fondo de Gen 6 (Diluvio) que ha marcada todo el pensamiento judío, el primer pecado es el intento de mezcla entre lo angélico y lo humano, lo angélico más vinculado al varón, lo humano más vinculado a la mujer. El sexo debe mantenerse en un plano “humano”, sin romper los límites entre lo humano y lo divino.

c. Varones y mujeres, mantener la distinción. En esa misma línea se sitúa la diferencia entre lo masculino y lo femenino. Romper esos límites, mezclar los géneros y sexos constituye un riesgo de ruptura natural (del orden cósmico) más que un pecado meramente humano. En esa línea, la Biblia hebrea condena la homosexualidad, pero de un modo especial la homosexualidad cúltica, celebrada en algunos santuarios, con un tipo de “rito” que, según los judíos, corría el riesgo de romper la distinción entre lo humano y lo divino y entre los diversos elementos de lo humano. La homosexualidad tiene en la Biblia un matiz de ruptura del orden cósmico y divino; aparece como un intento de superar y romper el orden de la realidad, negando la obra creadora de Dios.

d. ¿Cumplir hoy el Antiguo Testamento? Las normas básicas de la Biblia en el campo de la homosexualidad tienen un sentido cúltico: Tienden a poner de relieve la diferencia entre lo humano y lo divino; tienden a salvaguardar la autonomía de lo humano, y en ese sentido son muy saludables… En esa línea, sigue siendo necesaria la “corrección israelita”: Todo lo que hagamos en este mundo sigue siendo un elemento de la vida de este mundo. No se puede “divinizar” el amor sexual en forma de fusión divina, pero se puede “cantar”, como se dice en el Cantar de los Cantares. Pero, dicho eso, sacadas de su contexto, las normas del Antiguo Testamento pueden peligrosas. Los que siguen esa “separación clara” de la Biblia deberían cumplir todas las normas del Levítico (cosa que nadie defendería hoy, ni judío ni cristiano).

4. Sexo y género, la persona humana. Novedad cristiana.

Jesús no ha “resuelto” teóricamente los temas del sexo y del género, no ha establecido normas de vida sexual, sino que ha puesto de relieve la singularidad humana, al servicio de la libertad y de la autonomía personal. Su aportación puede condensarse en tres principios, que el pensamiento deberá desarrollar:

  a. La naturaleza es compleja. Jesús deja a un lado los ritos de diferenciación de animales y de sexos, para centrarse en el valor de la persona humana y, de un modo especial, en el valor de los hombres y mujeres que se encuentran en los márgenes de las divisiones claras, empezando por los niños, los enfermos, los desclasados. Desde ese fondo resulta esencial su afirmación irónica sobre los “eunucos” (Mt 19), donde supone, sin ningún tipo de crítica, que hay formas distintas de vida y división humana… Es decir, que además de un tipo de hombres y mujeres que parecen “normales” hay eunucos que han sido hechos así por formación (o castración) y otros por “naturaleza”.

  b. Lo que importa no es el orden natural (unos determinados tipos de realidad), sino el camino libre del amor, abierto de un modo especial a los “expulsados sociales” o personales, a los niños, enfermos, marginados etc. El amor no se define como integración de la realidad en un orden de naturaleza (conforme a la visión de Aristóteles), ni tampoco como una búsqueda superior de ascenso a lo divino (en una línea más platónica), sino como experiencia de encuentro con los demás. En esa línea, dentro de las coordenadas de su tiempo, Jesús aparece como defensor de aquellos que están expulsados del orden social “recto” por sus formas de vida marginales (liminares….).

  c. Jesús pide fidelidad en el amor. En ese contexto, dentro de las coordinadas sociales de su tiempo (Mc 10), Jesús pide a los esposos (en su contexto al hombre y a la mujer) fidelidad en el amor humano, en la línea de la experiencia de la “alianza”, que es la que define su experiencia israelita. Lo que a su juicio sería definitivo es que los seres humanos puedan vivir en alianza de amor, que es lo que define a Dios. En esa línea de fidelidad personal de amor (y no de vinculación de lo masculino-femenino) se definiría según Jesús la experiencia del amor. Lógicamente, en el evangelio hay un hondo silencio sobre las formas de amor especial (como puede ser el amor homosexual). No hay ninguna condena, ninguna exclusión. Jesús no entra en el tema de una regulación natural del amor, sino que se ocupa de la liberación personal del amor, en clave de desarrollo personal.

Notas:

Fuente: http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2012/07/03/ateneo-de-madrid-derechos-humanos-y-etic

3 de julio de 2012

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