Discurso ético en la praxis pedagógica

Por estas fechas de inicio del nuevo año lectivo, cuando niños y jóvenes acuden a las aulas “cual blancas palomas”, tal vez sea oportuno reflexionar sobre lo que cabría llamarse “discurso ético en la praxis pedagógica”,que parece de suyo inevitable en la interacción docente-alumno. Dinámica que se extiende a la institución escolar y la sociedad, pues vendría a representarse allí, en el acto educativo, el interaccionismo simbólico de los valores centrales del ethos relacional de la civilización.

Por eso, toda educación que se precie de tal, acota Fernando Savater (en Ética para Amador,1991), estatuye y regulas sus elementos axiológicos, a su vez que tributan a los aspectos teleológicos y epistemológicos inherentes a las dimensiones del proyecto histórico-pedagógico vigente. Esto es, la teoría de los valores bajo las cuales educa se despliega en el aula y se pone en práctica la finalidad y los conocimientos científicos y literarios relevantes; de esa suerte el sistema educativo viene a justificar su pertinencia social en el marco de la economía, la política o la cultura y elpatrimonio intangible de los valores y las mentalidades. ¿Cuándo los docentes de aula y directivos reflexionamos sobre lo anterior dicho?

Estas no son elucubraciones espureas, sino “claves de razón práctica” que orientan la acción humana guiada por principios y actitudes, como lo dejó escrito Bloch (1986, Apología de la historia o el oficio del historiador) cuando afirma que “los hechos históricos son, por su esencia, hechos psicológicos” (p. 165).Manifestaciones de ideas, concepciones y acciones volitivas típicas de un modo de producción, con sus géneros de vida y cosmovisiones. Aspectos estos que a continuación se desagregan para su mayor dilucidación.

Así, se entiende que, en la educación escolar en general y la educación superior o universitaria en particular, tienen lugar discursos de diverso orden. Entendiendo por tales modos de discurrir sobre “lo real dado”, a tenor del estado del arte de la pedagogía, las ciencias, la técnica y la literatura; de allí que la ética, como una instancia de deliberación sobre los principios que son guías dignas de seguir a los fines de alcanzar la vidabuena, el bien y la felicidad, también está presente como elemento constitutivo de la formación humana en general.

Aunque Platón (trad 2000) en “La República o el Estado”, libro V, hace decir a Sócrates que los jóvenes se han de dedicar a los estudios propios de su edad, que eran la música y la gimnasia; para luego, a medida que se fortalece el cuerpo, auxilie su espíritu con trabajos filosóficos de discursos sencillos sobre modelos de virtud para distinguir el bien del mal y evitarel ridículo en la conducción de su vida. Oaún perecer en los vicios de la concupiscencia, afán de riqueza y poder. Como ejemplo de lo anterior inquiere Sócrates a Glaucón (ob.cit.) en los siguientes términos:

¡Pero qué! ¿Un hombre moderado en sus deseos, exento de concupiscencia, de bajeza, de arrogancia, de cobardía puede ser injusto o de un carácter intratable?”

- De ninguna manera.

- Cuando se trate, pues de discernir cual es el alma nacida para la filosofía, observarás si desde los primeros años da muestras de equidad y de dulzura, o si es huraño e intratable (p.236).

La cita relaciona el establecimiento del tema problema en forma general, ya que habla de valores personales y sociales, ello sin entrar en otras consideraciones. Se resalta que la educación en las virtudes como la moderación, el discernimiento y el carácter se ha de desarrollar desde los primeros años del individuo, pues el hombre, contrario al animal, no le es dado en su naturaleza “racional y sintiente”(Zurubí, dixit)observar y obedecer sólo los instintos y apetitos, sino que se hace en el proceso formativo o socialización de un criterio racional sobre aquello que es justo y bueno en sí o relativamente.

El hombre, dadas sus potencias del alma, cuales son: la inteligencia, memoria y voluntad establece un discurso o ciencia capaz de enseñarse; en palabras de Platón (ob. cit.) “lo que en estos hábitos y apetitos es honesto, bueno y justo, de lo que es vergonzoso, malo e injusto” (p.246); pues hay diferencias esenciales entre “lo que halaga y causa placer” de lo que se considera “justo y bello” (ídem). A su vez, no siempre es malo todo lo que irrita al cuerpo o el ánimo, ello a objeto de desarrollar cognitiva y volitivamente tal distinción; de donde se concluye la importancia de detectar la necesidad de disponer al espíritu en esa línea, semejante a losejercicios gimnásticos para las competencias. Esto es, hay que ejercitarse en las virtudes, con voluntad e inteligencia.

Siguiendo la línea argumentativa platónica se tiene que para hacer obrar asía la niñez y juventud, se requiere entonces de instituciones y maestros-filósofos e excluir de ello a los sofistas, ya que “no hay, ni ha habido, ni habrá jamás alma verdaderamente virtuosa mientras su educación se vea combatida por las lecciones de semejantes maestros” (ibídem, p.245). Sofista es aquí un sujeto experto en elocuencia, en retórica, pero su argumentación no trasciende la mera opinión o doxa, sin avanzar a un criterio de verdad fundada; o criterios racionales, siguiendo principios universales, por su validez ampliamente socializada.

Es de destacar que la premisa señalada por Savater (ob.cit.) referida a que las discusiones sobre los desafíos del relacionamiento humano, en función de una vida digna y buena, no los puede zanjar solamente “la pobre ética”, pues apenas es una instancia de deliberación o parte de las claves de razón práctica. El problema viene a ser que ni el maestro/a y la institución escolar son siempre modelos prístinos e impolutos de virtud. Pero, ellono es obstáculo para que al menos la ética y su magisterio inherenteno promueva discusiones de naturaleza antropológica que incluye la pregunta kantiana sobre cómo debo actuar, no se den. Es decir, es de vital importancia en el ámbito escolar discutir, establecer y practicaraquellos valores trascendentales del hombre.

Precisamente de Kant es la frase de que el hombre suele agregarse con sus semejantes y desagregarse. Lo cual le plantea un desafío ineludible a restablecer la norma y la reflexión sobre los fundamentos de “La metafísica de las costumbres”, que siempre cambian por la mudanza de las épocas, las percepciones y los hábitos; de donde se tiene que los contenidos de enseñanza moral se modifican o cambian en el transcurrir del tiempo de mediana y larga duración, para usar las categorías de Braudel (1978) en su obra “Historia y ciencias sociales”.

Aunque también verdad es que hay valores que son universales y cuasi perennes en el discurrir de la humanidad. Comopor ejemplo la libertad, el trabajo y lajusticia. Así, puede leerse en “Los trabajos y los días”, de Hesíodo (trad. 1971) un discurso mítico sobre los deberes morales, lo que indica lo antiguo de tales preocupaciones. Hela aquí para su lectura entretenida:

No vamos a repetir que sólo existe una sola clase de lucha en la Tierra (Pieria, comarca de la antigua Grecia septentrional), porque hay dos: una digna de alabanzas para quien sepa comprenderla, y la otra merecedora de todas las censuras. Obran las dos en sentido contrario. Una de ellas, perversa, exalta la guerra y las discordias funestas. Entre los mortales nadie la ama y sin embargo, todo hombre está sometido a ella, por expresa voluntad de los dioses. En cuanto a la otra, primogénita de aquella, la parió la noche tenebrosa, y el Crónica, sentado en lo alto de su etérea morada, la puso en las raíces del mundo, procurando que fiera del todo provechosa para los hombres. Estimula al trabajo, incluso al más indolente de los mortales; todo hombre siente impetuosa en su ánimo la necesidad de trabajar… (p.44).

Ergo, la valoración ética del trabajo es virtud importante y la cita, aunque larga, se justifica para apoyar lo referido al trabajo que agrega valor y transforma por ello mismo los bienes de la naturaleza, comunicando bienestar en salud, riqueza y prestigio social. Dicemás adelante el mismo Hesiodo: “es por el trabajo que los hombres llegan a ser ricos en ganado y oro; y son las gentes laboriosas las que son mil veces más queridas por los inmortales que los holgazanes” (ibidem, p56). La virtud del trabajo permite al ser humano relacionarse con la naturaleza, sus semejantes a sí mismo; y es eje de transformación social y moral.

Bleisse Pascal en sus “Pensamientos” (trad. 1990), acota que al hombre le conviene “estudiarse primero a sí mismo” (p. 23). Aunqueteme que “a los hombres no se les puede enseñar a ser hombres de mundo y se les enseña todo lo demás”, (ibídem, p. 18); concluye que, no obstante ser el más prodigioso ente de la naturaleza, ostenta facultades engañosas, por tanto, constituyeun ser escindido. Dividido entre la vegetación de las pasiones, negación de la voluntad de vivir y la búsqueda ardua del conocimiento verdadero en “la roca desnuda” de los hechos empíricos, despotrica Pascal así:

El hombre no es más que un ser lleno de error, natural e imborrable sin la gracia. Nada le muestra la verdad. Todo le equivoca. Esos dos principios de verdades, la razón y los sentidos, aparte de que cada unode ellos carece de sinceridad, se engañan recíprocamente (ibídem, p.26).

Si la naturaleza humana llega a ser como es descrito por este autor, dominado por las pasiones y los sentidos carentes de sinceridad o engañan; se torna harto difícil mostrar las virtudes a enseñar como no sea la revelación de una verdad por gracia divina, a sabiendas de que “la justicia y la verdad son dos puntas tan finas que nuestros instrumentos son demasiado romos para poder tocar con precisión” (Pascal, ob.cit., p, 31).

Frases como “Dignidad Humana”, son ideas, pensamientos, que se abstraen de la realidad empírica, pero en Pascal se muestra una concepción antropológica pragmática y negativa. Así Pascual y se sabe limitado en su razón. Pero, volviendo al tópico, afirma este autor que “la grandeza del hombre es grande por el hecho de saberse infortunado, un árbol no se sabe infortunado” (p.63); de ello se deriva precisamente otro valor que se entiende fue típico de la modernidad anterior, decimonónica o tardo moderna en el laberinto actual o transmoderno, este valor es la dignidad. Respecto a esto Blaise Pascal dice:

Toda nuestra dignidad estriba, pues, en el pensamiento. Debemos apoyarnos en él, y no en el espacio y en la duración, que no podemos llenar. Esforcémonos, pues, por pensar bien: este es el principio de la moral.

(...) no es en el espacio donde debo buscar mi dignidad, sino en el orden de mi pensamiento. No tendré más poseyendo tierras. Por el espacio el universo me abarca y me absorbe como un punto; por el pensamiento, soy yo quien lo abarca (ibídem, p.64).

La dignidad deviene de la facultad de pensar. La moral se Rinda en la razón, el pensamiento que ordena el orden social como morada del hombre, que también viene a ser el universo moral que invita a la práctica de la virtud.

Educación e instrucción no son “harina del mismo costal”,al contrario, son parte constitutiva del esfuerzo humano por edificarse a símismo y a la sociedad. Como no se parafrasea, sino que se les da la voz a los autores que sustentan estas consideraciones, José Martí en “Nuestra América” (1976) dice:

El pueblo más feliz es el que tenga mejor educados a sus hijos, en lainstrucción del pensamiento, y en la dirección de los sentimientos.Un pueblo instruido ama el trabajo y sabe sacar provecho de él. Un pueblo virtuoso vivirá feliz y más rico que otro lleno de vicios, y se defenderá mejor de todo ataque (…)A un pueblo ignorante puede engañársele con superstición, y hacérsele servil. Un pueblo instruido será siempre fuerte y libre (p. 10).

La cita tiene validez por lo coincidencia de Martí y Pascal en lo atinente al pensamiento y la moralidad o la “eticidad”. La educación moral de los sentimientos en la institución escolar formal si bien no es el remedio de todos los males, se impone como un elemento necesario. O, para decirlo con la conocida categoría kantiana, representa un imperativo categórico, un hecho obligante y sería parte de lo que un psicólogo contemporáneo dio en llamar “ley de la necesidad”. Esdecir, que toda acción práctica de enseñanza suscita la necesidad de la educación moral y de los sentimientos que sigue una teoría o corriente ética, como parte de la naturaleza del niño (Eduard Claparde, 1957, en La escuela y la psicología), en la educación activa o del joven de ambos sexos que se inscribe y hace parte de la comunidad universitaria. En otras palabras, es parte del interés de niños y jóvenes la educación en valores, moral y principios éticos de sino universal y nacional.

Las preferencias éticas, estéticas y los dominios científicos y técnicos atinentes a la mejor comprensión del universo, físico, social y moral, suelen enseñarse en el proceso social e institucional llegando a ser parte de la racionalidad y de las creencias, con pretensión inherente a la solución de problemas; de allí la diversidad de teorías científicas y filosóficas que aspiran colonizar la conciencia del ser humano. Más claramente, se educa no en un arte yciencia solamente, sino en el contexto de determinada tradición cultural. Una cuestión quela prosa de Savater (1997) apreciaasí:

Los primeros grupos humanos de cazadores-recolectores educaban a sus hijos, así como los griegos de la época clásica, los aztecas, las sociedades medievales, el siglo de las luces o las naciones ultra tecnificadas contemporáneas. Y ese proceso de enseñanza nunca es una transmisión de conocimientos objetivos o de destrezas prácticas, sino que se acompaña de un ideal de vida y de un proyecto de sociedad (p. 145).

La educación universaliza conciencias y las impregna de una determinada cosmovisión e ideología o preferencias éticas y estéticas. Es lo que el autor antes citado más adelante llama: “un fuerte componente histórico subjetivo” (ídem), el cual es connatural al proceso educativo.

Notas:

Fuente: https://www.aporrea.org/imprime/a254511.html

31 de octubre de 2017.  ESPAÑA

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