El arte como liberación de la vida

Se interpreta la visión del arte que se puede desentrañar de la obra de Fernando Pessoa

«¡Qué nadar! Tú no sabes que ese mar tan arriba es ya cielo, y que el aire me sostiene tan líquido, tan cristal, que yo en él por tus ojos tan verdes afilado me pierdo.» (V. Aleixandre)

A ti, cuyos ojos me alivian, ya no la vida, sino el vivir.

Fernando Pessoa

«Y, si la oficina de la Rua dos Douradores representa para mí la vida, este mi segundo piso, donde vivo, en la misma Rua dos Douradores, representa para mí el Arte. Sí, el Arte, que vive en la misma calle que la Vida, aunque en un sitio diferente, el Arte que alivia la vida sin aliviar el vivir.»{1}

Con este párrafo del Libro del Desasosiego de Fernando Pessoa podemos hacernos una idea de lo que significa el arte para nuestro poeta. El arte como oposición al tedio de la vida, el arte como forma de liberación del ser humano.

En este sentido, para Pessoa, una vez que no encuentra razones para creer en Dios, ni por supuesto en la Humanidad, a la que desprecia, pues la considera una mera abstracción que es posible resumir en una suma de animales sin diferencia cualitativa con respecto a los demás organismos que pueblan la vida, se encuentra en un terreno de nadie donde se aísla de toda organización social de su tiempo desembocando en la idea de que lo único por lo que merece la pena vivir es la contemplación y la creación artística. El arte sería así lo que vale la pena, sin la coletilla «vivir», pues para crear es preciso vivir y esto es lo que a nuestro autor le molesta. Así, podemos darnos cuenta de la importancia que la contemplación estética tiene para nuestro autor, que, al igual que Schopenhauer, ve en ésta la posible salvación del organismo vivo llamado Homo Sapiens Sapiens.

De este modo, el arte se convierte en la liberación de la rutina, del tedio de la vida, del sentirse un yo humano y por tanto limitado, del desasosiego producido por la búsqueda de la realización del propio deseo y de la no realización de nuestros sueños en la vida cotidiana. Por eso, la contemplación estética es la forma de no vivir, porque la descripción de la belleza es permanente mientras que la belleza de la realidad es mudable. Así, como dice nuestro poeta «las flores, si se describen con frases que las definan en el aire de la imaginación, tendrán colores de una permanencia que la vida celular no permite»{2}.

A lo largo de los distintos fragmentos que componen el Libro del Desasosiego percibimos esta idea del arte como forma de salvación en la macabra realidad del vivir humano, así:

- ¿Qué es el arte sino la negación de la vida? (p. 197)

- El arte es un excusarse de actuar o de vivir. (p. 247)

- Vivir no vale la pena. Sólo mirar vale la pena. (p.478)

- La literatura, que es el arte casado con el pensamiento y la realización sin la mancha de la realidad, se me antoja el fin hacia el que debería tender todo esfuerzo humano. (p. 37)

- El arte, si nos libera de los abstractos ídolos de costumbre, también nos libera de las ideas generosas y de las preocupaciones sociales- ídolos también. (p. 46).

- Leo y me siento libre. Adquiero objetividad. (p. 69)

- Hay metáforas más reales que las personas que pasan por la calle…. Hay frases literarias que tienen una personalidad absolutamente humana. (p. 174).

- Leo como quien abdica. (p.70)

- Leo como quien pasa (p. 70)

- Ya que no podemos conseguir belleza de la vida, busquemos al menos conseguir belleza del no poder conseguir belleza de la vida. (p. 324)

- Si un hombre escribe bien sólo cuando está borracho, le diré: emborráchese. Y si me dice que con eso su hígado padece, le respondo: ¿y qué es su hígado? Es una cosa muerta que vive mientras usted vive, mientras que los poemas que escriba vivirán sin ningún mientras. (p. 278)

- No lloro por nada de lo que la vida lleve o traiga. Hay sin embargo páginas de prosa que me han hecho llorar. (p. 279).

- Parece que las civilizaciones no existan sino para crear arte y literatura (p. 213)

- La literatura es la manera más agradable de ignorar la vida. (p. 33)

Como vemos entonces, para Pessoa el arte nos libera de las cadenas de nuestra propia personalidad, de las cadenas de la vida y de los ídolos creados por la fe y la razón. «El arte supremo tiene como fin levantar el alma por encima de todo cuanto es estrecho, por encima de los instintos, de las preocupaciones morales o inmorales»{3}

Ciertamente el arte es para Pessoa una forma de liberación de la vida. Sin embargo, el arte también se convierte en una forma de comunicación. Pues «el arte consiste en hacer sentir a los demás lo que nosotros sentimos, en liberarlos de ellos mismos, proponiéndoles nuestra personalidad como una especial liberación. Lo que siento…es absolutamente incomunicable; y cuanto más profundamente lo siento, tanto más incomunicable es. Para que yo, pues, pueda transmitir a otro lo que siento, tengo que traducir mis sentimientos a su lenguaje»{4}. El arte, de esta manera, es comunicar a otros lo que nosotros sentimos porque quizás ellos vengan a padecer lo mismo. El arte, por lo tanto, es transmisor de emociones y sensaciones que el hombre sólo consigo mismo sueña y que de esta manera la hace llegar a otros hombres.

En este sentido, Pessoa establece una clasificación de las distintas artes dependiendo de la finalidad que posean. Sin embargo, creo que es más interesante la gradación que mantiene en el Libro del Desasosiego con respecto a las distintas artes. Así, nos dice: «La literatura es la manera más agradable de ignorar la vida. La música arrulla, las artes visuales animan, las artes vivas (como la danza y las representaciones) entretienen. La primera, sin embargo se aleja de la vida por hacer de ella un sueño; las segundas, con todo, no se alejan de la vida, unas porque se sirven de fórmulas visibles y por tanto vitales, otras porque viven de la misma vida humana».{5}

Esta jerarquía mantiene en la cúspide artística a la literatura, pues ésta es la única que se aleja y simula la vida. Esta idea de alejamiento de la vida está en todo el pensamiento de nuestro poeta. Dentro de la literatura Pessoa eleva a la prosa por encima de la poesía pues a ésta la considera un puente entre la música y la prosa. La prosa no se somete al ritmo musical de la poesía, y por tanto es más libre. La libertad de que goza la prosa es el mayor exponente de la grandeza que para él adquiere. Sin embargo Pessoa,

que asegura no saber escribir en verso, crea con ritmo y con pensamiento, es poeta fingidor de la vida que mediante sus palabras la hace más real. Así nos dice:

El poeta es un fingidor
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que de verdad siente.
Y, en el dolor que han leído,
a leer sus lectores vienen,
no los dos que él ha tenido,
sino sólo el que no tienen.
Y así en la vida se mete,
Distrayendo la razón,
y gira, en el tren de juguete
que se llama corazón.

La poesía la concibe Pessoa como «conciencia de la ausencia». Su poesía consiste en elaborar como placer lo que es dolor. Era un enamorado de la belleza. Su lema era vivir «el arte por el arte». Sin embargo, toda obra de arte, para él es imperfecta, por eso «lo importante es navegar».

Él reconoce su propia obra como algo imperfecto y considera que el escribir es algo doloroso y humillante. Así nos confiesa que «al ir a escribir una obra, saber de antemano que tiene que ser imperfecta y fracasada; al estar escribiéndolo, estar viendo que es imperfecta y fracasada: esto es el máximo de la tortura y de la humillación del espíritu»{6}. Para él todo lo que se hace en el arte es la obra imperfecta de lo que hemos pensado hacer. Amamos sólo la aproximación a lo perfecto. Adoramos la perfección porque no la tenemos, si la tuviéramos la odiaríamos. Nadie posee el don divino de escribir una obra sublime. El esfuerzo por conseguir una obra bella nunca lleva a ninguna parte porque la obra hecha es siempre la sombra grotesca de la obra soñada. La tragedia de la vida es soñar una cosa bella que no sea posible lograr a describir en palabras.

El paradigma de la felicidad de nuestro mundo actual es la del utilitarismo, nada más ajeno al pensamiento poético de Pessoa. El ámbito del utilitarismo es reflejado por nuestro profesor: «La utilidad ha situado su trono en medio de la cultura europea y la ha empapado de afán codicioso. Ni Kant ni Machado –ni el pensamiento ni la poesía– gozan de alta estima. Ambos advirtieron con tiempo, como suelen hacer los hombres despiertos, que sólo el necio confunde valor y precio. Mas en ese desconcierto nos hallamos. La búsqueda de la verdad, la persecución de la belleza o la acción generosa se han de reflejar en el balance de beneficios. La moral es rechazada como paradigma perdido»{7}.

En contra de todo utilitarismo, el arte no se puede poseer, es un placer desinteresado como subrayó Kant. En el arte «el placer que se nos ofrece, como en cierta manera no es nuestro, no tenemos que pagarlo o arrepentirnos de él. Por arte se entiende todo lo que nos deleita sin ser nuestro -el rastro de unos pasos, la sonrisa que a alguien regalamos, el ocaso, el poema, el universo objetivo. Poseer es perder. Sentir sin poseer es guardar, porque es extraerle a una cosa su esencia»{8}. En este sentido se pregunta Pessoa, «¿Por qué es hermoso el arte? Porque es inútil. ¿Por qué es fea la vida? Porque ella es fines propósitos e intenciones. Todos sus caminos están trazados para ir de un punto a otro. ¡Quién nos diera el camino que va desde un lugar del que nadie parte hasta un lugar hacia el que nadie va!»{9}.

El arte se convierte para Pessoa en un juego pero también estriba en «descubrir lo novedoso». Esta es su función. La belleza sería una especie de «posibilidad escondida», y debido a la riqueza de la realidad, lo que hace divertido al arte es el hecho de ir descubriendo las novedades que nos presentan. De todo esto concluimos que para nuestro autor «lo importante es navegar». La obra nunca está terminada y cualquier obra de arte es imperfecta. Su libro es un recorrido sin rumbo porque es imperfecto. Nadie ha escrito ni escribirá una obra perfecta, por eso las obras de arte son ríos que navegan hacia el mar como pequeños fragmentos de ese mar de perfección.

El arte es para Pessoa la huella que el hombre deja a su paso. El arte es el testigo de cada civilización, de cada sociedad, de cada vida. Para conocer nuestro pasado debemos acudir al arte y no a la historia.

En definitiva, el arte se convierte en nuestro poeta en un modo de intelección que nos permite acceder a las realidades que no podemos alcanzar con otras facultades. La prosa, la literatura, el arte, la contemplación estética del soñar la belleza, de leerla, del viajar en sueños, del soñar para viajar y así negar el tránsito de la vida, es lo que le queda a Pessoa en la singular tristeza de su alma.

Bibliografía:

Del Barco Collazos, J. L.: «La seducción utilitaria», en Anuario Filosófico, 27 (1994).

Octavio Paz, Cuadrivio. Barcelona: Seix Barral, 1991.

Pessoa, F, Libro del desasosiego. Barcelona: Acantilado, 2002.

Pessoa, F, Máscara y Paradojas. Barcelona: Perfecto E. Cuadrado, 1996.

Pessoa, F, Antología poética, seguida de fragmentos do «Livro do Desassossego». Biblioteca Ulisseia de autores portugueses, 1995.

Pessoa, F, Teoría poética. Madrid: Ediciones Júcar, 1985.

Pessoa, F, Sobre literatura y arte. Madrid: Alianza, 1985.

Notas:

{1} Fernando Pessoa, Libro del desasosiego. Barcelona: El Acantilado, 2002, p. 25. En adelante L D.

{2} L.D., p..37.

{3} Fernando Pessoa, Teoría Poética, Madrid, Ediciones Júcar, 1985, p. 227.

{4} L.D., p.280.

{5} L.D., p.133.

{6} L D., p. 248.

{7} J. L. del Barco Collazos, «La seducción utilitaria», en Anuario Filosófico, 27 (1994) 89.

{8} L D., p. 292.

{9} L D., p. 345.

Fuente:  http://www.nodulo.org/ec/2015/n160p03.htm

21 de julio de 2015

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