El conocimiento conceptual y su representación

Por mucho tiempo se ha utilizado la alegoría de la caverna, escrita por el filósofo griego Platón al principio del VII libro de La República, para explicar la relación del ser humano respecto al conocimiento. En ella Platón explica su teoría de cómo se adquiere conocimiento, según él; primero el conocimiento se adquiere del mundo sensible (conocido a través de los sentidos) y segundo del mundo inteligible (sólo alcanzable mediante el uso exclusivo de la razón), a este último pertenece el mundo de las esencias o ideas. Actualmente la neurobiología ha dado al traste con la metáfora dialéctica–platónica de la caverna. La representación conceptual consiste en múltiples niveles de abstracción que reciben estímulos del el sistema sensorial, el motor y de las redes neuronales que procesan las emociones. El nivel mayor contiene representaciones esquemáticas que son altamente abstractas, provenientes de representaciones detalladas procesadas en el primer nivel del sistema sensorial–motor.

El ser humano percibe el reflejo del objeto, no su sombra y cuando ve la sombra es porque ésta es el objeto a observar. La visión es una modalidad sensorial que consiste en la habilidad de detectar la luz y de interpretarla. Al incidir la luz sobre un objeto ésta se refleja en el ojo para luego ser procesada por el sistema óptico. En la interpretación de la información sensorial participan el órgano receptor de la luz, la retina, el nervio óptico y una gran cantidad de corteza cerebral dedicada a analizar la información visual. La primera parte del sistema visual se encarga de formar la imagen óptica del estímulo visual recibido en la retina. Una vez recibido el estímulo luminoso se transforma en impulsos electroquímicos y son transportarlos hasta el nervio óptico. Una vez en el cerebro, la información electroquímica se codifica, además se proyectan a diferentes partes del cerebro para dar respuesta al estímulo e incorporarse al repertorio de información almacenada. Si bien, la imagen que se adquiere no es una copia fiel y exacta de lo que se percibe, ésta es una representación bastante fidedigna de la realidad.

Los fenómenos sensoriales y perceptivos son recibidos en áreas asociativas localizadas entre la región motora y la sensorial, las cuales tienen la función de juntar los diferentes códigos informativos de las distintas áreas sensoriales y de formar perceptos objetuales y espaciales para enviarlos a las zonas motoras con vista a la organización de los distintos movimientos. El sistema motor contribuye de manera decisiva en las transformación de los estímulos sensoriales–motoras de los que dependen la individualización, la localización de los objetos y la actuación de los movimientos solicitados por la mayor parte de los actos que dirigen nuestra vida cotidiana. Además, el hecho de que la información sensorial y la motora sean reducibles a un formato común, codificado por específicos circuitos parieto–frontal, indica que la percepción y el reconocimiento de los actos ajenos, la imitación y las mismas formas de comunicación gestuales o vocales pueden remitir al sistema motor y encontrar en él su propio sustrato neuronal primario. En otras palabras, la relación sensorial–motora del cerebro aporta el sustrato neuronal para formación de los conceptos lingüísticos, los que se forman a partir de la asociación de códigos provenientes de estas áreas. Como ven, no existen las sombras ni las esencias, sólo representaciones idealizadas, no razonadas, tampoco el fenómeno puede ser explicado por galimatías dialécticas.

La capacidad para representar conceptos en forma de lenguaje es única y estrictamente humana, lo que permite no tan sólo difundir el conocimiento conceptual en forma de símbolos abstractos sino también la manipulación flexible y fluida, la asociación y la combinación de conceptos a través de mecanismos cognitivos1. El desarrollo cultural del ser humano recae sobre la representación y construcción de este conocimiento conceptual. La actividad humana de razonar, planificar y recordar depende de la activación del conocimiento conceptual almacenados en la memoria semántica. Este tipo de memoria consiste en modalidades específicas y representaciones supramodales. La modalidad específica representa los conceptos en la forma de experiencia sensorial–motora. La representación sensorial–motora idealizada de una entidad se desarrolla a través de la generalización de ejemplos únicos y por medio de la reactivación o simulación de estas representaciones sensoriales–motoras en forma de conceptos recordados2.

Las representaciones supramodales de la memoria semántica se forman a través de la convergencia de información en un área cortical grande que cubre la región temporal y la corteza asociativa inferior del parietal. Estas regiones apoyan la formación de diferentes conceptos funcionales entre los que se incluyen el reconocimiento de objetos, la cognición social y el lenguaje. Es importante resaltar que en esta área del cerebro de se lleva a cabo una de las actividades exclusivamente humana, la construcción mental simulada del pasado y del futuro. Otra de las funciones de esta área de convergencia es la de unir representaciones de dos o más modalidades, tales como el sonido y la apariencia visual de un animal, o la representación visual y el conocimiento de la acción asociada con una herramienta de mano. En las tareas conceptuales el cerebro utiliza no sólo las modalidades específicas, también incluye las representaciones abstractas supramodales.

Las regiones asociadas al procesamiento semántico también han sido relacionadas con otras funciones específicas. Casi todas las partes de esta red cerebral están implicadas con aspectos de la cognición social, incluyendo la teoría de la mente (procesamiento del conocimiento perteneciente al estado mental de otra persona), procesamiento emocional y el conocimiento de conceptos sociales. Un proceso que comparten todas estas funciones es la recuperación del conocimiento conceptual. Por ejemplo, en la construcción mental de una escena requiere la recuperación de memoria episódica y la referencia prospectiva de la simulación parcial e interna de experiencia previa. Además, la construcción de la escena requiere contenido. El contenido de tal simulación es conocimiento conceptual sobre una entidad particular, un evento y su relación entre ellos, lo cual puede ser impresionantemente variado. Por lo que la función esencial de la zona de convergencia es la del almacenamiento y recuperación del contenido conceptual, el cual es utilizado en una variedad de tares específica3.

La base de la cultura es el comportamiento con significado, el cual se expresa con representaciones tanto físicas como simbólicas. La cultura se va generando por los actos con significado, los cuales son comprendidos por el otro. Los gestos, los sonidos, las marcas y los colores, que posteriormente se transformaron en lenguaje y escritura, dicen porque tienen significado para los interlocutores. La identificación del código o del símbolo utilizado así como la comprensión de estos sienta las bases para la comunicación, ya sea escrita o hablada. Antes de que el Homo sapiens pudiera clasificar y representar sus experiencias con símbolos sus antecesores biológicos tuvieron que poseer las estructuras neuronales capases de dar significado a sus actos. Sin estas estructuras el género Homo hubiera incapaz de vivir en sociedad.

Notas:

1 Fodor, J. (1975) The language of thought. Harvard University Press.

2 Damasio AR. (1989) Time–locked multiregional retroactivation: a systems–level proposal for the neural substrates of recall and recognition. Cognition. 33:25–62. (PubMed: 2691184).

3 Binder JR., Desai RH., (2011) The Neurobiology of Semantic Memory, Trends Cogn Sci. 15(11): 527–536. doi:10.1016/j.tics.2011.10.001.

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Fuente:  http://www.lajornadadeoriente.com.mx/2013/06/26/el-conocimiento-conceptual-y-su-representacion/

Publicado por Rafael Pagán Santini en junio 26, 2013 en Medicina e Investigación

26 de junio de 2013

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