El peligro de reír

La religión comienza donde el humor termina. Quien se acerca a lo inefable no busca el desahogo de la carcajada, sino respuestas (o acaso sea más apropiado decir “sensaciones”) derivadas de la fe. Esto no significa que un creyente carezca por fuerza de sentido del humor. Lo significativo es que la plegaria y el chiste son expresiones alejadas entre sí. Un proverbio judío alude a esta situación irreconciliable: “El hombre piensa, Dios ríe”.

Milan Kundera citó esta frase al recibir el Premio Jerusalén y agregó: “¿Por qué ríe Dios al observar al hombre que piensa? Porque el hombre piensa y la verdad se le escapa”. Tanto el humor como la religión son reacciones ante lo inexplicable, pero lo son de manera diferente y muchas veces opuesta.

El consuelo de unos puede ser la irritación de otros (recordemos que, en su etimología, “sarcasmo” proviene de “mordida”). En la novela La broma, Kundera se ocupa del papel transgresor de la ironía en una sociedad totalitaria. Para aliviar la opresión del socialismo checo, un hombre hace un chiste que es interpretado como una provocación subversiva. Esa broma sella su destino.

Los tiranos tienen muchas maneras de ser risibles, entre otras cosas porque sólo conocen la seriedad. La paradoja de los dictadores es que representan una caricatura solemne del poder. Si Dios se ríe de los dislates del ser humano, el autócrata no está para bromas.

El salvaje asalto a las oficinas de la revista humorística Charlie Hebdo ha vuelto a plantear los límites sociales de la risa. Como ha señalado José Luis Pardo, quienes consideran que la ironía puede profanar un dogma lo hacen porque ellos mismos ya han caricaturizado su sistema de creencias. Pensar que una ideología o una religión se derrumban con un chiste es tener una idea muy limitada de esa ideología o esa religión.

Esto no significa que todas las bromas sean magníficas o de buen gusto. Ciertos chistes nos envenenan a lo largo de varias décadas. En su monumental estudio Insight and Outlook, Arthur Koestler se dio a la tarea de continuar las exploraciones de Freud y Bergson acerca de las causas psicológicas, sociales, físicas y culturales del hombre que ríe. Esta “teoría unificada del humor” es tan ambiciosa y compleja como la tentativa de unir la relatividad con la física cuántica. Koestler entiende la risa como un “reflejo suntuario” a la altura del arte y la filosofía, provocado por una infinidad de estímulos que dependen del país, la época y los caprichos de cada quien. Asombrosamente, había cosas chistosas en la Edad Media; un obsesivo se divierte de otro modo que un distraído, y un esquimal no ríe igual que un paraguayo.

Koestler diagnostica numerosas variedades de la risa, pero no se adentra en los peligros de ejercerla. Era el autor perfecto para abordar el tema. Como militante del partido comunista húngaro viajó a la Unión Soviética y escribió un libro desencantado sobre el estalinismo: Darkness at Noon. Pionero en criticar la intolerancia socialista, resaltó el valor cultural de la ironía. Su voz sería decisiva en un debate donde, de manera automática, gente que no soporta la mirada de su vecino repite “Je suis Charlie Hebdo”.

La defensa de la libertad de expresión es compleja. Sólo se debe prohibir lo que atenta contra esa libertad. Este principio elemental permite asumir posturas encontradas, contradictorias, ambiguas, que son tela de juicio. Es falso que todos seamos Charlie o queramos serlo. Mucha gente no disfruta ese sentido del humor. Ahí reside el núcleo del asunto: hay que defender a Charlie Hebdo no sólo para leerlo, sino para que exista sin que lo leamos. Al adoptar un pensamiento único, el fanático es incapaz de prescindir del pensamiento ajeno: necesita suprimirlo.

No han faltado comentarios en América Latina acerca del papel colonial de Europa y el precio que debe pagar en su propio territorio por los agravios cometidos en otros países. Como la yihad, esta lógica confunde la justicia con la venganza. En forma análoga, la jornada de sangre de París no puede justificar un ataque al Islam.

El dilema no es “ser o no ser” Charlie. Asumir una identidad unívoca para enfrentar a los fundamentalistas de la identidad es reducir la magnitud del problema.

La democracia comienza cuando defiendes a Charlie y no eres Charlie.

Notas:

Fuente:  http://www.reforma.com/aplicacioneslibre/preacceso/articulo/default.aspx?id=54202&urlredirect=http://www.reforma.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=54202

16 de enero de 2015.  México

Hay 1 comentarios

January 20, 2015 - 1:08 PM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

Qué artículo tan acertado. Y, con esto, identificándome con él, lo contradigo un poco… Pero bueno, ¡qué más da!, está muy bien.


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