El redescubrimiento de la sensibilidad en el siglo XII

Sobre el libro de Carlos García Gual El redescubrimiento de la sensibilidad en el siglo XII. Editado por Akal en 2009.

El redescubrimiento de la sensibilidad en el siglo XII ¿Ha existido siempre el amor? No el amor cortés, desde luego. He ahí la tesis que defiende en su obra Carlos García Gual que, junto con otra, a saber, que la producción literaria es el reflejo de la transformación social que se vivió en los reinos europeos durante el siglo XII (a su vez ayudada por la independencia de la autoridad clerical que tiene la literatura en lengua vulgar). El autor nos ofrece, en definitiva, la crónica del nacimiento del primer romanticismo europeo.{1}

De modo que el amor cortés fue inventado en el siglo XII. Se trata de un tipo de amor extremadamente gentil y propio de caballeros, que hoy llega a ser prácticamente causa de burla. Su estructura era recurrente: consistía en narrar la historia de una dama excelente y exaltada por el caballero apasionado, firmemente decidido a someterse a ella. Ella daba sentido a la vida del caballero: el amor que sentía por ella llegaba a tener resonancias religiosas. Además, la dama era siempre una mujer de rango social alto que solía estar casada. Y como el amor del caballero no conocía cortapisas, el adulterio era inevitable.

Acabamos de mencionar al público sin señalar que estaba reservado para muy pocos lectores. En efecto, el nuevo género estaba concebido únicamente para los estamentos privilegiados de la Edad Media:{2} quedaban excluidos los burgueses y villanos (huelga decir que los clérigos tampoco eran los destinatarios de tal temática). La única y verdadera protagonista era la nobleza.

Si bien la novela caballeresca alcanzó una gran popularidad en todos los reinos europeos, no todos la cultivaron con el mismo acierto. De entre ellos, dos de ellos fueron el caldo de cultivo perfecto para el género de caballerías: Normandía y Aquitania. Se trataba de cortes bien diferentes, por distintas razones. Normandía, más cercana a la corte y motivada para la guerra por canciones de gesta y canciones de cruzadas fue un gran exponente de la mitología artúrica; la segunda, más al sur, recibía influencias de Oriente a través de España, que propiciaron el caldo de cultivo perfecto para la aparición del amor cortés.

Por su parte, la lengua vulgar permitió escapar a la censura de las autoridades eclesiásticas, dando alas a la literatura que, pese a caracterizarse por estar centrado en la gentileza y cortesía del amante, dejaba entrever también la fuerza de la pasión sexual como un componente importante de la pasión amorosa.{3} Ahora bien, aun en esos casos, siempre la dimensión más casta, más espiritual tiene primacía (ya que en muchos de los romances ni siquiera hay consumación del amor).{4} El final feliz de las historias de amor podían consistir, desde la entrega total bajo las mantas, hasta una simple acogida, algunas caricias, besos.{5}

Los ejemplos más emblemáticos del género son parejas como Abelardo y Eloisa, Tristán e Isolda y Lanzarote y Ginebra, siendo la última de ellas especialmente interesante (por su relación con Don Quijote: Lanzarote, modelo de caballero romántico dispuesto a todo por su amada, es incluso mencionado en la obra de Cervantes).

La trama es sencilla. El caballero Lanzarote se dispone a rescatar a la reina Ginebra, cautiva en el país del que nadie retorna por un enigmático caballero. El destino de la dama es el mismísimo rey Arturo, pero por el camino, Lanzarote y Ginebra se enamoran irresistiblemente. Durante toda la historia late el dilema que el caballero tiene ante sí: debe elegir entre su lealtad al rey o su amor hacia Ginebra. Este caso se cierra con un amor adúltero, pero no fatal.

García Gual continúa su obra dedicando una segunda parte al universo artúrico. La clave para comprenderlo bien es tener presente que se trata de una creación colectiva fundada sobre mitos literarios, no religiosos. Mitos alrededor de la figura del rey Arturo en prácticamente un siglo, en el cuál el autor señalas varias etapas, que además tienen un evidente parecido de familia: mismas pautas formales, esquemas argumentales repetidos, repertorio de personajes y temáticas selecto, etc.

García Gual ilustra la cuestión con la novela El cuento del Grial, de Chretién de Troyes, donde el caballero protagonista es un héroe atípico dentro del universo artúrico. Se trata de un hombre alejado de la corte, huérfano de padre, criado por su madre alejado de toda noción propia de una vida caballeresca. Al contrario de lo que cabría esperar, no está motivado por el amor a dama alguna y, por si fuera poco, pese a ver pasar por delante de sus narices el Grial, es incapaz de valorarlas (dada su pobre formación sobre tales menesteres y su miedo a que sus preguntas ofendan a los cortesanos del castillo en el que se encuentra). Al pasar la noche, todo cuanto ha vivido se desvanece: las reliquias, el verde del campo… todo. Es una doncella la que, preguntándole su nombre –que ha cambiado conforme ocurría el suceso–, le hace tomar conciencia de su verdadera identidad. Y es que el Grial requiere a un buscador de corazón puro para mostrarse. Percival comprende lo sucedido y cambia profundamente, adquiriendo mayor complejidad psicológica. Y todo sin que las alabanzas en la Corte del rey Arturo sirvan para confortarle en modo alguno.

Asimismo, el autor señala como parte del universo artúrico la existencia de historias de caballeros que podríamos denominar secundarios. Son caballeros que buscan el Grial, si bien reciben el apelativo de buscadores paralelos.{7} Estos representan una suerte de sucedáneo. Son un recurso para engrosar los esquemas de búsqueda del Santo Grial cuya suerte es siempre acabar perdido o llegar siempre tarde.{7} Dos casos paradigmáticos son los caballeros Gauvain y Perceval. El primero es sobrino del rey Arturo y representa el perfecto caballero leal a su rey. En palabras de García Gual, es un auténtico mártir de la cortesía, aunque sin la fuerza de Lanzarote.{8}

Por su lado, Perceval constituye otro ejemplo de buscador paralelo, si bien su búsqueda tiene la particularidad de que la fuente de su motivación ya no es algo mundano, sino divino: este caballero está al servicio de un ideal de pureza religiosa.{9}

Dice García Gual, y con razón, que el siglo XII fue un siglo de renovación{10} sostenido por dos muros de carga: por un lado, el nacimiento de la ideología caballeresca entre la aristocracia; por otro, la toma de conciencia del progreso social. Sobre ambos se edificará una nueva forma de sensibilidad, una nueva forma de disfrutar de la vida vinculando el amor, el individuo y sus aventuras por el mundo.

Notas:

{1} García Gual, C. El redescubrimiento de la sensibilidad en siglo XII. Ed. Akal. 2009. Pág. 57.

{2} Ibíd. Pág. 10.

{3} Ibíd. Pág. 17.

{4} Ibíd. Pág. 21.

{5} Ibíd. Pág. 21.

{6} Ibíd. Pág. 47.

{7} Ibíd. Pág. 49.

{8} Ibíd. Pág. 48.

{9} Ibíd. Pág. 49.

{10} Ibíd. Pág. 9

Fuente:  http://www.nodulo.org/ec/2014/n146p11.htm

El Catoblepas • número 146 • abril 2014 • página 11

19 de mayo de 2014.  España

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