El sentido de la vida

El sentido de la vida

Comentario al libro de De la Torre, I. (coord.).

El libro que reseñamos hoy nos ofrece el contenido de un seminario sobre el sentido de la vida, compuesto por seis conferencias organizadas por la cátedra Red Eléctrica del departamento de sociología de la Universidad Autónoma de Madrid.

No espere el lector encontrar relación entre el título y el contenido de la obra. Y es que semejante rótulo carece de justificación: las conferencias no responden del todo a las expectativas que el título genera (sin perjuicio de su rigor en sus respectivos campos: psicología, economía, etc. que, de hecho, ofrecen contenidos muy interesantes). Las más claras en su conexión con el sentido de la vida son las impartidas por el catedrático de física, Raúl Villar (en la medida en que nos ofrece el testimonio de una vida consagrada a la investigación científica, y con ello, al progreso científico y tecnológico de la sociedad en la que se desarrolla) y la de Jesús de la Serna (que entiende que el sentido de la vida de los periodistas está relacionado con informar, opinar y criticar). El título, que acaso se eligió por lo sugerente o lo impreciso con el fin de atraer a estudiantes al auditorio y a compradores,resulta bastante desajustado con su contenido.

Jorge Fabra Utray, presidente en ese momento de la empresa Red Eléctrica de España, defiende que los seres humanos nos conducimos bajo leyes naturales que rigen la existencia –quiero decir la supervivencia y la continuidad- de todos los seres vivos (…) Desde este punto de vista, el sentido de la vida sería ella misma, sería la supervivencia{1}. Pese a que durante la obra uno ha ido leyendo acerca de planteamientos sobre el sentido de la vida, con esta ponencia da la impresión de que cualquier excusa es buena para terminar hablando de cuestiones relativas a Red Eléctrica de España. ¿Cómo justificar el salto de la supervivencia –entendida como el sentido de la vida del hombre- a ofrecer todo un análisis sobre el estado de Red Eléctrica? A la luz de esta última conferencia, toda la obra –incluido su título- se nos revela como una excusa de lo más gratuita para que la entidad Red Eléctrica informe sobre su actividad y promocione su labor (vuelvo a repetir: sin perjuicio del rigor y fiabilidad de la información ofrecida por el autor). ¿No sería más sencillo haberle dado un título más acorde con lo que verdaderamente se pretendía tratar?

Otro de los artículos es de Manuel Toharia (periodista científico). Su ponencia está dedicada a poner en entredicho actitudes ecologistas actuales. A lo largo de su escrito aborda asuntos como los riesgos de la energía nuclear, los vertederos, las incineradoras, el cambio climático y la alta tensión. Independientemente de la fiabilidad y rigor de los contenidos ofrecidos (algo que, como filósofo, no estoy capacitado para valorar) he de decir que la puesta en entredicho de las tesis que defienden los ecologistas resulta harto sospechosa en un seminario organizado por una empresa con intereses económicos directos en el asunto. ¿Acaso Manuel Toharia es un mercenario?

El autor acusa a los grupos ecologistas de profesar una nueva mística, que emplean como justificación para chantajear y mentir descaradamente{2}. Apela constantemente al papel de la ciencia para dilucidar los dilemas que van saliendo al paso. Ahora bien, lo que el autor no ve –o no quiere ver- es que en asuntos como la bioética el panorama no es tan sencillo, dado la naturaleza de la filosofía (saber de segundo grado): no es posible formular la solución a un problema de forma previa a ese problema. Apelar a “dejar que hablen los científicos” (Lo que exigimos es una gestión ambiental viable (…) en consonancia con las alertas que los científicos vayan comunicándonos{3}). es tanto como que nuestro médico de cabecera nos invite a esperar a que se nos pare el corazón para darnos cita para el cardiólogo. Lo que preocupa a los ecologistas es el carácter irreversible de unos daños en la población; daños que la rapiña de ciertas empresas no suele tener en cuenta.

En cuanto al resto de conferencias, las dos primeras en la publicación tratan sobre psicología: se ofrecen estudios en lo que respecta a la superación de pérdidas de seres queridos. La primera de ellas, de la profesora Margaret Kieley (de la universidad de Montreal) sostiene que únicamente sabiendo afrontar la pérdida de seres queridos, podemos vivir la vida en plenitud{4}. La segunda intervención, a cargo de Ángeles Toharia (de la universidad de McGill, de Montreal), trata sobre el duelo ante la pérdida de un ser querido. En esta segunda ponencia ni siquiera menciona qué conexión tiene el asunto con el sentido de la vida (¿acaso porque presupone que el único sentido de la vida es la muerte y la preparación para soportar su presencia es la clave?).

En otra intervención, Raúl Villar (catedrático de Física de la materia condensada) y –en su momento- Rector de la Universidad Autónoma de Madrid, nos ofrece un discurso que enlaza el sentido de la vida con la pasión por la investigación. El autor se define filosóficamente, al defender que la ciencia también es literatura, poesía{5}.Y es que el autor sostiene que un ingrediente fundamental para explicar la explosión de conocimiento y el aumento del poder de la ciencia no es otro que concebir la ciencia como una narración{6}.El profesor Villar pone en evidencia cómo la necesidad de financiación para que investigar sea posible hace que se deriven malos resultados para las humanidades y ciencias sociales. Sin embargo, el lector puede atisbar ya por dónde van los tiros cuando los argumentos van orientados a alabar los buenos resultados de la conexión entre el CSIC y las universidades: el autor señala al final de su ponencia cómo en la Universidad Autónoma de Madrid se realizan experiencias de forma prácticamente simultánea a su descubrimiento (insinuando acaso lo bien que funciona todo gracias al apoyo de Red Eléctrica).

Por su parte, Jesús de la Serna (presidente de la Asociación de prensa) sostiene que el sentido de la vida de los periodistas es que la vida de la información ha de estar al servicio del hombre y de su libertad que se logra informando, opinando y criticando honestamente{7}. Hacer periodismo implica inevitablemente manipular. El carácter de la realidad obliga continuamente a hacer una valoración y selección de los materiales que tienen a su disposición.

Teniendo en cuenta el carácter tan heterogéneo de las diferentes conferencias que aparecen en la obra, no parece muy razonable haber elegido el rótulo El sentido de la vida, cuando únicamente dos de sus seis partes tienen que ver con él y cuyos contenidos están más dirigidos a agradecer (e incluso enaltecer) la supuesta labor de Red Eléctrica de España para con la Universidad Autónoma de Madrid.

Notas:

El sentido de la vida,
UAM Ediciones.
1997,
107 pp.

{1}De la Torre, I. (coord.). El sentido de la vida. UAM Ediciones. 1997. Pág. 107.

{2} Ibíd. Pág. 78.

{3} Ibíd. Pág. 91.

{4} Ibíd. Pág. 15.

{5} Ibíd. Pág. 47

{6} Ibíd. Pág. 49.

{7} Ibíd. Pág. 73.
Fuente:  http://www.nodulo.org/ec/2015/n156p11.htm

21 de marzo de 2015.  ESPAÑA

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