Elogio al conocimiento emocional: una revision a la epistemologia de Jose Vasconcelos.

Según José Vasconcelos, además del conocimiento empírico y racional, existe uno más, el emocional, que complementa y supera a los dos anteriores. Con esta postura, el filósofo mexicano se inscribe en una historia de filósofos intuicionistas

El presente trabajo es un pequeño avance de un proyecto de investigación de mayor alcance sobre la filosofía de José Vasconcelos; por esta misma razón, representa apenas un ensayo, un ejercicio de aproximación a la epistemología de su sistema filosófico: el monismo estético. El propósito de éste consiste en hacer una descripción, una reseña, sobre aquellos capítulos en los que el autor trata los asuntos del conocimiento en general, haciendo especial énfasis en lo que respecta a su postura: el conocimiento emocional. Lo que enseguida presentamos consta de dos apartados: 1) Nociones sobre ¿un sistema filosófico?, y 2) La epistemología de José Vasconcelos. Como parte final, sólo agregaremos algunos comentarios.

Nociones sobre ¿un sistema filosófico?

Es harto conocido que uno de los últimos sistemas filosóficos en la historia del pensamiento occidental es el de Hegel; asimismo, es conocido que desde la antigüedad hasta principios del siglo XIX (Hegel), ciencia y filosofía significaban, de alguna manera, una y la misma cosa. A partir de esto, creemos que una de las múltiples y posibles razones por la cuales hay cierta imposibilidad de crear sistemas filosóficos después del filósofo germano consista precisamente no solamente en el hecho de que la ciencia y la filosofía hayan tomado distintos rumbos sino también que cada una de éstas hayan adquirido múltiples y diversos significados. De aquí que exista un tópico recurrente: «Hay tantas definiciones de ciencia y filosofía cuantos autores y textos existan. Y, sin embargo…»

¿José Vasconcelos, pensador mexicano, en pleno siglo XX, creador de un sistema filosófico? Por el momento, la respuesta es afirmativa: sí. ¿Original? ¿Coherente? ¿Válido? Estas son cuestiones que están por verse y caen fuera de los márgenes de este trabajo.

Ateniéndonos, pues, al plan antes delineado, prosigamos y avancemos exponiendo las nociones sobre este sistema que el autor bautizó con el nombre de monismo estético.

Un primer elemento para caracterizar al pensamiento de Vasconcelos consiste, al igual que el de Hegel, en considerar a la filosofía, el arte y la religión como las más altas expresiones del espíritu humano, aunque desde una perspectiva bastante distinta y distante del idealismo. Un segundo elemento consiste en que Vasconcelos pretende, al igual que Espinosa, crear un sistema filosófico monista, pero que no tenga nada que ver con el racionalismo y con el orden geométrico y sí que esté acorde a los tiempos actuales. ¿Acaso pretende Vasconcelos considerar a la ciencia y la filosofía como la misma cosa, así como se hacía antaño? He aquí un tercer elemento: no. La pretensión del filósofo mexicano consiste, antes bien, en no contradecir y no negar los resultados que ha dado la ciencia, sino en crear un sistema que tenga como punto de partida a estos: «El problema –dice– para los pensadores contemporáneos es volver a reivindicar la libertad del espíritu sin desconocer las conclusiones legítimas de la ciencia experimental y de la crítica histórica.»{1} Un cuarto y último elemento está con relación a una clasificación que hace Vasconcelos con respecto a escuelas y doctrinas filosóficas que han existido en la historia, a saber: las filosofías analíticas y las filosofías de síntesis. Con respecto a las primeras, dice Vasconcelos que éstas pretenden explicar la totalidad de la realidad a partir de una parte o de uno de sus componentes; por esto, son filosofías reductivas y desintegradoras. Con respecto a las segundas, dice que éstas, contrarias a las anteriores, son filosofías integradoras y constructivas: «tratan de explicar la realidad por la coordinación de todos sus factores.»{2} La filosofía de Vasconcelos, efectivamente, se ubica en las segundas.

Los primeros ejercicios, los primeros apuntes y el anuncio del sistema se encuentran en tres pequeños libros: Pitágoras: una teoría del ritmo, El monismo estético y Las revulsiones de la energía, publicadas en 1916, 1918 y 1924, correspondientemente. La realización y concreción del mismo, lo encontramos en tres sendos volúmenes que llevan por título Tratado de Metafísica (1929), Ética (1932) y Estética (1935){3}. De acuerdo a este orden de las obras del filósofo mexicano, no nos es difícil ver cierto aire de familia con las críticas de Kant. Y, de hecho, lo hay. En este sentido, reconoce Vasconcelos que Kant fue el que evidenció la vanidad de la metafísica intelectualista. También reconoce que fue él quien llevó la metafísica al terreno de la razón práctica, a la moral; pero, al mismo tiempo, critica que ésta tienes sus límites y sus debilidades al necesitar fundamentos religiosos. Esta es una de las razones por las cuales considera Vasconcelos que ha llegado el momento de las filosofías estéticas. Dicho en otras palabras, Vasconcelos es de la idea que un posible principio unificador de la actividad intelectual, moral y estética está en el misterio del juicio estético: en el pathos especial de la belleza{4}.

Pero, ¿de qué habla Vasconcelos en estos textos? ¿qué tratan estos textos? A manera de síntesis y muy esquemáticamente, en el primer libro, Tratado de Metafísica, el filósofo de la raza cósmica trata tres asuntos: la epistemología desde un punto de vista intelectualista y con respecto a las formas en las cuales se manifiesta la realidad, la teoría cosmológica denominada las revulsiones de la energía y una clasificación de las ciencias. En la Ética, los asuntos también se dividen en tres: la epistemología, una epistemología en la cual se introduce, además de la inteligencia, la noción de voluntad, y con respecto a la realidad o a la existencia como acción –con respecto a la vida–; asimismo, en este texto se trata el asunto del bien, el mal, el libre albedrío, los valores y las emociones, entre otros; y, por último, dos clasificaciones de la ética: una que versa sobre las éticas biológica y humana; y, una más, que lo hace con respecto a las maneras de la ética humana, a saber: la terrestre, la metafísica y la revelada. Al igual que en las dos obras anteriores, la Estética se divide en el mismo número de apartados: la gnoseología estética, misma que podemos considerar como una epistemología desde el punto de vista de la emoción y en relación con el mundo del espíritu –la filosofía, el arte y la religión–, en primer lugar; en segundo lugar, el a priori estético, en el cual aborda y define las categorías de la belleza, las direcciones del devenir estético, la axiología, el objeto y los sentidos estéticos; y, finalmente, en tercer lugar, la clasificación general de las bellas artes.

Ahora bien, como ya quedó dicho en el título y en las primeras líneas de este trabajo, las cuestiones de la epistemología son el asunto de lo que trataremos en la segunda parte de éste. Es por esta razón que pasamos a desglosar y describir sucintamente algunos aspectos de las obras antes referidas.

En este sentido, por ejemplo, en su cosmología, nos refiere que la totalidad de la existencia, de la realidad, está compuesta por tres órdenes o ciclos de una misma sustancia, la energía: la materia, la vida y la conciencia. Aunque es una la sustancia, cada uno de éstos órdenes o ciclos de la energía tienen una forma peculiar y una dinámica. Para referirnos a éstos en otros términos, podemos hacerlo de la siguiente manera: el mundo del átomo, el mundo de la célula y el mundo de la conciencia. El primero es una estructura que se caracteriza por el acto repetición, el segundo es un organismo que se caracteriza por el acto finalidad y el tercero es una conciencia, que se caracteriza por ser un espíritu creador. Ahora bien, Vasconcelos nos habla de una energía y de ciclos, pero nos lo refiere en términos de revulsiones, no de una o varias evoluciones: «la palabra revulsión –nos refiere uno de sus estudiosos– es el nombre con que Vasconcelos gusta designar el término mejor conocido de ‘emergencia’, que aparece en los escritos del movimiento contemporáneo llamado ‘evolución emergente’».{5}

El otro punto a destacar del Tratado de metafísica es el que concierne a la clasificación de las ciencias. De acuerdo a los tres órdenes o ciclos, Vasconcelos afirma, por principio de cuentas, que unas son las ciencias que se constituyen por el descubrimiento, otras las que se constituyen por invención y las últimas que lo hacen por la síntesis. Las primeras son las ciencias naturales, las segundas las ciencias de la vida y las terceras las ciencias del espíritu. Una cuestión que no deja de llamar la atención, pero que tampoco sorprende en lo absoluto consiste en que dentro de esta clasificación agrega un cuarto grupo de ciencias: aquellas que tienen que ver con lo divino.

Con respecto a la Ética, rescatamos, por un lado, con Vasconcelos, lo siguiente: «Por ética entendemos entonces toda disciplina de vida. Desde el ciliolo de la amiba, que busca sustento, hasta la voluntad iluminada de razón, que pesa y vacila antes de decidirse, hay un denominador común en el hecho de que el propósito se ajusta a ciertos dispositivos, a ciertas reglas para alcanzar determinados propósitos.»{6} Pero, agreguemos, enseguida, por otro lado, que esta idea no se constriñe a un biologicismo ético, sino que, al interior del sistema monista, éste es un afán para explicar el mundo de la vida con sus respectivas finalidades. No por nada, en la clasificación de las éticas, están aquellas que denomina, hasta el otro extremo, reveladoras, mismas que son caracterizadas por la mística y que orientan la conducta a sobre pasar los fines humanos{7}.

Antes de pasar a la Estética, queremos traer a cuenta dos ideas que pueden ayudarnos a sintetizar lo que se ha venido exponiendo y a la vez nos puede dar pauta para su comprensión. La primera de ellas viene en el Tratado de Metafísica y se refiere a lo que pensaba en un libro anterior. Dice: «concebía una esencia multiexpresiva, que llamamos materia si la tocamos con los sentidos y la calculamos con el número, pero que se vuelve espíritu cuando la contemplamos con la conciencia o la amamos con el corazón.»{8} La segunda de éstas, viene en la Estética. En ella, comenta: «Algo de las tres etapas cósmicas se repite abreviadamente en el vivir de nuestra conciencia, desplegado según se sabe, en los procesos que siguen: Inteligencia que discierne y ordena los hechos y las cosas, según la índole de nuestra sensibilidad. Vida que nos obliga a consumar actos, a inventar dispositivos y planes, mediante juicios de conducta cuyo propósito difiere del propósito de realidad física y al transformarla engendra realidad ética o el mundo del querer. Se sustituye, de esta suerte, al mundo de lo que es, el mundo de lo que debiera ser, el cual no sólo es descubrimiento nuestro, sino también obra nuestra, invención de nuestro anhelo. En tercera y más alta categoría viene el proceso genuino del espíritu. En él nuestra actividad se desenvuelve, creando con la imaginación, arreglos poéticos sin equivalente en la realidad física, componiendo situaciones y previendo el estado sobrenatural, y dichoso de la energía, cuando conquista la gracia o adviene a ella.»{9}

En efecto, por un lado, la realidad o el mundo o el objeto que es materia o espíritu (energía, al fin y al cabo), según se aproxime el hombre a ella. Por otro lado, el hombre o el sujeto con sus modos de ser y conocer.

Con esto, solo diremos que el a priori estético contiene al menos dos ideas que le caracterizan. La primera de ellas, la aproximación a la realidad en términos o bajo un modelo musical: el ritmo, el acorde, la melodía y el contrapunto. Con el primero, se ordenan elementos cualitativamente diversos; con el segundo, se ordenan seres, en un conjunto armónico; con el tercero, se establece una relación de la conciencia con el mundo; y, con el cuarto, con el cual se logra, más que la combinación armónica-melódica, la más perfecta unidad y síntesis de los heterogéneos. La segunda idea, que también tiene que ver con la aproximación a la realidad, consiste en las categorías de la belleza: lo apolíneo, lo dionisiaco y lo místico. Si uno se aproxima a la realidad solo con la inteligencia, encuentra formas; si lo hace desde un punto de vista estético, también encuentra formas, pero formas artísticas: lo apolíneo. Desde el punto de vista de lo dionisiaco, éste constituye un puente hacia lo místico, para hacerse uno con la realidad total, una partícula de lo divino.

La epistemología de José Vasconcelos

La idea central de la epistemología vasconceliana, desarrollada y expuesta en diversos capítulos de las obras de su sistema, consiste básicamente en que existen tres tipos de conocimiento; o, mejor dicho, que el conocimiento es posible mediante las siguientes maneras: la sensibilidad, la razón y la emoción. Pero esto es cierto parcialmente. Para efectos de tener una idea más cabal de la epistemología de nuestro autor y que a la vez nos sirva de guía en lo que enseguida exponemos, traemos a cuenta dos comentarios que parecen contundentes. En el primero, señala: «Sentí siempre una suerte de imposibilidad de pensar las cosas por fuera; la posición de sujeto y objeto me parece una y otra vez, artificial.»{10} Y, en el segundo, remarca: «Conocer es, desde el principio de los tiempos, más que intelegir.»{11}

a. La epistemología en el Tratado de metafísica

Los problemas epistemológicos que el filósofo de la raza cósmica aborda en la primera parte de su sistema son: el método de la filosofía, las maneras del conocimiento y la síntesis del conocimiento.

En el primero de ellos, Vasconcelos plantea una crítica y una propuesta. Con respecto a la crítica, dice: «una de los más frecuentes errores del filósofo es juzgar conforme al mismo criterio, manifestaciones fenomenales de índole diversa. La prudencia más elemental aconseja, sin embargo, investigar los géneros y especies en que se aparecen de una manera fatal y natural las diversas sensaciones, conceptos, presencias. El estado contemporáneo de la ciencia nos facilita semejante tarea, nos obliga a ella; pero viejos hábitos racionales todavía nos la estorban.»{12} Los viejos hábitos a los que se refiere Vasconcelos son el idealismo y la neoescolástica. Pero no solamente les critica a estos que juzguen conforme a un mismo criterio. También les critica el hecho de que no reconozca su límite: el conocimiento meramente lógico y formal de lo físico. De aquí que considere importante, hasta cierto punto, al conocimiento sensible y experimental, desde Bacon. A este tipo de conocimiento también le critica que juzgue con un mismo criterio y que no reconozca sus límites: el mundo de la vida y de la moral. Para éste, en efecto, es necesario otro criterio. Y, de igual manera, otro criterio para el mundo del espíritu. En este sentido, señala: «Para ir integrando nuestro saber será entonces necesario que a las leyes que nos da la razón y al conocimiento natural que nos da la ciencia positiva, agreguemos, como una sabiduría paralela e igualmente válida, la que se contiene en los textos de la revelación moral tal y como han ido siendo escritos por los intérpretes de la voz interior que también demanda su propia lógica, su criterio y su ley.»{13} Y, más adelante, agrega: «Escudriñando los caminos de la belleza (y el espíritu), encontramos todavía un nuevo ritmo, una nueva lógica distinta de la natural, de la racional y la voluntaria; una lógica libre, creadora, ilimitada; desequilibrio en perpetuo incremento, y cambio ya no reversible sino trascendental, sobrenatural.»{14}

Con base a esta crítica y al reconocimiento de que cada parcela de la realidad requiere de un criterio, Vasconcelos plantea la propuesta del método filosófico y lo denomina: concurrente. La primera característica de este consiste en que lo distingue tanto del método científico-experimental como de cualquier otro método especial. La segunda característica consiste en que este es un supercriterio, en el que el filósofo esté constantemente cotejando el sondeo de la mente con el sondeo de los sentidos y con los avisos de emoción.{15}

En el segundo y tercer problema, las maneras del conocimiento y la síntesis del conocimiento, José Vasconcelos aborda primordialmente la caracterización y la distinción del conocimiento racional y el conocimiento emocional, así como algunas variantes de estos: el conocimiento matemático como síntesis de lo homogéneo y la filosofía estética como síntesis de lo heterogéneo.

Las características del primero de éstos es la abstracción y su expresión es la fórmula. Es decir, están separados de las cosas y los procesos. Lo homogéneo del conocimiento matemático consiste en que la aritmética, la geometría y el álgebra son abstractos y se expresan en fórmulas.

El conocimiento emocional, a diferencia del anterior, radica en que «se manifiesta cuando las cosas y los procesos revelan una súbita identidad o disparidad con nuestra más íntima naturaleza. Al percibir que se desarrollan en el exterior ciertos procesos, como el fluir de una melodía, sentimos que nace también en nuestra conciencia un fluir paralelo, intangible pero real, flexible y casi libre. Al mismo tiempo advertimos que la liga del fluir de adentro con el fluir de afuera se hace tan estrecho, que pueden influir uno en el otro». Además, a diferencia de éste, «el conocimiento racional se ejerce sobre una sustancia que me es indiferente y cuyo desarrollo depende de su propia naturaleza, sin que sea la mía capaz de mudarlo interiormente.»{16}

Siguiendo esta misma caracterización y distinción de las maneras del conocimiento, Vasconcelos aborda, por último, la cuestión de la síntesis. Habla de una síntesis racional y una síntesis emocional. Desde esta perspectiva, considera, por un lado, que si tomamos como punto de partida el principio de contradicción como elemento de la razón, casi sería necesario advertir que ésta no sabe de síntesis. Considera, asimismo, por otro lado, con respecto a Hegel –el filósofo que habla de la síntesis–, que éste lo que hace es confundir una «operación formal con el movimiento creador.»{17} De aquí que plantee que la emoción sea la facultad sintetizadora por excelencia, y por partida doble: una, cuando ésta se manifiesta, en un primer momento, de manera íntima y como existencia finita y que lleva al yo profundo; y, otra, cuando se manifiesta de manera suprema y como experiencia infinita y que lleva a la existencia o sentimiento de ésta a abarcar el cosmos.

Resume el filósofo mexicano: «Asentemos que la emoción abarca tanto como la existencia y ambas más que la razón, y anotemos inmediatamente la prueba que se deriva de ver que la razón es imponente para franquear el límite de sus propias reglas y axiomas, en tanto que la emoción es por excelencia libre, capaz siempre de soluciones inesperadas, e ilimitada como la fuente misma de los destinos.»{18}

b. La epistemología en la Ética

Los problemas epistemológicos que expone y desarrolla en la Ética nuestro autor son: el criterio de verdad, la epistemología ética como tal y los aspectos del conocimiento (sujeto, objeto, voluntad).

Cabe señalar que esta exposición de la segunda parte de su sistema filosófico, Vasconcelos se repite y redunda considerablemente sobre el conocimiento racional y el emocional. De aquí que nos remitamos a los asuntos que consideramos novedosos: la cuestión de la voluntad, la de la imagen –a diferencia de la abstracción como elemento del conocimiento racional– y lo que considera como el conocer biológico, sin dejar de lado lo que opina sobre el criterio de verdad según lo planteó Santo Tomás, que es con lo que inicia esta obra.

En este sentido, dice que la Adequatio rei et intelectus es una verdad, ciertamente, pero en «su aspecto logrado, lo exterior de la operación cognoscitiva». A lo cual añade que la verdad en sí es otra cosa: «La verdad única es Dios, la verdad nuestra es impresión, la emoción de nuestro ser, partícula de Dios.»{19}

Ahora bien, ¿en qué momento aparece y cómo aparece la voluntad en el proceso del conocimiento? Vasconcelos dice que la operación primaria es una operación de identidad entre lo que se conoce y el que conoce, pero que también hay un aspecto que es lo opuesto a lo anterior, la diferencia, que es la comprobación que nos da la experiencia: con la oposición identidad-diferencia «aparece el sentido electivo en que se manifiesta la voluntad, dirigiéndose hacia el objeto o separándose de él.»{20} Con la aparición de la voluntad, la función estimativa, se enriquece la abstracción; o, mejor dicho, la abstracción y la experiencia dan un salto: de la representación a la estimación.

Es en este momento en que Vasconcelos habla del conocimiento biológico, un conocimiento que nace de la vida y se orienta a la vida, a la existencia como acción. En éste se incluye el conocimiento en la amiba, por ejemplo: es el instante en que la amiba se acerca al corpúsculo, palpa, lo envuelve y lo rechaza. Este tipo de conocimiento, dice Vasconcelos, es tan eficaz que asegura la prolongación de la vida por medio de la nutrición: «desde que tomamos en cuenta esta operación orgánica, ya no podemos hablar de conocimiento como simple proceso mental»{21}, afirma más adelante. En lo que respecta al conocimiento emocional, nuestro autor da un paso adelante cuando se refiere a la imagen. De ésta dice, en primer lugar, que está más allá de la abstracción. Señala, en segundo lugar, que cuando la creamos –como sujetos del conocimiento–, recreamos la realidad. Por último, en tercer lugar, comenta que su base, su fundamento no es otro sino la emoción: «El conjunto de lindos aparatos de precisión que es la inteligencia, con sus sorites y categorías, no es capaz de este acto, exclusivo de una sustancia, de un dinamismo creador. La imagen procede, más bien, del plasma de existencia que percibimos por emoción y seguimos en su actuar, con nuestro anhelo. El impulso creador de la imagen es entonces emotivo: la misma vida está hecha de la sustancia de la emoción. La emoción crea y la inteligencia contribuye a dar a la imagen una determinación perdurable mediante la forma; pero la emoción, que es el ser, sigue alentando, inventando, rebasando las formas.»{22}

c. La epistemología en la Estética

Lo más importante de los problemas epistemológicos que expone nuestro autor en esta tercera parte de su sistema ya están expuestos en las dos precedentes. De hecho, lo que hace en ésta en gran medida es ofrecer ejemplos del conocimiento emocional y entablar polémicas en contra de algunas corrientes filosóficas que exaltan el conocimiento racional sobre el emotivo. El paso adelante, sin embargo, con respecto a lo que se ha dicho consiste en llevar al conocimiento emotivo al significado del conocimiento espiritual, místico, revelador, divino, cuestión consustancial al sistema del monismo: «en la experiencia mística –dice–, el conocimiento consuma el ciclo que viene de la sensibilidad primaria, culmina en la inteligencia, experimentó con la voluntad y las responsabilidades de un destino, y concluye en lo divino, en lo que los teólogos llaman connaturalidad de la caridad o sea conocimiento de amor.»{23}

Comparando su monismo con respecto a otros, Vasconcelos señala: «Se advierte desde luego la diferencia de las conclusiones a que llega cada manera de concebir el Uno. Con la tesis del Uno, matemático, ya sea punto, ya primer motor, simplemente dinámico, se llega al panteísmo de la naturaleza, al mecanicismo. Con la tesis de un Uno activo semejante al acto de concebir en síntesis, parecido al don coordinador de la conciencia, llegamos a la tesis del Dios personal que es el origen de todas las religiones.»{24} No obstante lo anterior, Vasconcelos no tiene el propósito de desarrollar la cuestión de la mística en esta parte de su sistema y sí hacer una reclasificación del conocimiento, pero adaptado a la filosofía estética y que tiene como base una influencia kantiana.

En esta reclasificación dice que la materia del conocer son: las estructuras físicas, los organismos y las almas. Asimismo, que los juicios que se derivan del acto del conocimiento son, correspondientemente: el juicio a priori –físico e intelectual–, el juicio axiológico o a priori de la conducta espiritual y el juicio estético o a priori estético. El primero se aplica a objetos reales, físicos y sus normas; el segundo a objetos, ideas y pensamientos como auxiliares de conducta y acción (células, bestias, hombres) y el tercero a cosas físicas (en las que la perspectiva es más bien apolínea toda vez que alcanzan la perfección y se transfiguran), a actos pasionales (los hechos se juzgan dentro del marco ético voluntario, pero son sentido y frenesí dionisiaco) y a la acción mística (es decir, a cosas y seres que se contemplan en función de lo divino, por la vía de la iluminación y la unidad).{25}

Comentarios finales

Según Agustín Basave, la más cabal exposición de la epistemología de Vasconcelos se encuentra en la Estética. Pero también advierte que en vez de titular a la primera parte de ésta «Gnoseología estética», debió haberla titulado simple y llanamente «Teoría del conocimiento».{26} Con esto entendemos, de alguna manera, que la clasificación del conocimiento en sensible, racional y emocional es lo más importante y lo más válido de las ideas epistemológicas y que, a su vez, que las epistemologías restantes no se sostienen. Pero, ¿y la clasificación de los problemas epistemológicos según el intelecto, la voluntad y la emoción? Según Patrick Romanell, en una visión más global de la obra y sin emitir valoración alguna sobre la epistemología de nuestro autor, considera que ésta recibe el nombre de la vieja división tripartita académica: intelecto, voluntad y sentido.{27} Por su parte, Fornet-Betancourt resalta el hecho de que José Vasconcelos ofrezca una salida no solamente epistemológica sino filosófica en general al imperio de la razón y el racionalismo, mediante la emoción. «Su filosofía es, ciertamente, una filosofía que se niega, desde el principio, a aceptar la razón como medida y límite de su horizonte reflexivo; una filosofía que no quiere únicamente explicar, sino también, y fundamentalmente, orientar y salvar; y que lleva, por lo mismo, a la religión y la mística.»{28}

Ahora bien, y nosotros ¿qué podemos agregar? Lo que nosotros podamos agregar es, a decir verdad, muy poco. Tal como hemos venido exponiendo el tema, también nos hemos confundido entre una clasificación de los conocimientos y otra de los problemas, entre los tipos del conocimiento como tales. He aquí la razón por la cual hayamos titulado a nuestro trabajo «Elogio del conocimiento emocional». Porque, más allá de las confusiones, lo que queda claro es que Vasconcelos hace un elogio de este tipo de conocimiento.

Nos preguntamos: ¿La epistemología es algo que le haya tomado bastante importancia Vasconcelos o no? Si revisamos el número de páginas que le dedica, diríamos que sí. Pero hay unas líneas, que nos lleva una respuesta negativa. Esta dice: «Nuestra teoría del conocimiento viene a quedar resuelta entonces en una suerte de modus operandi de nuestra doctrina general.»{29} Estas líneas las enlazamos con aquellas que fueron mencionadas en los primeros párrafos de la segunda parte, según las cuales, Vasconcelos se resiste a ver las cosas y el mundo desde fuera, a verlos en los términos de sujeto y objeto, y en la que expresa que conocer es más que intelegir.

A partir de éstas, consideramos que para Vasconcelos, entre ser y conocer, si bien es importante la cuestión epistemológica, dado que es un modo de operar, no lo es más que la ontológica. Dicho en pocas palabras: sin dejar de ser sentidos y razón, somos primordialmente emoción.

Apéndice

Según J. Hessen, la teoría general del conocimiento se constituye por cinco problemas, a saber: la posibilidad del conocimiento, el origen del conocimiento (los sentidos, la razón), la esencia del conocimiento, las especies del conocimiento y el criterio de verdad.

En lo que respecta al tercer problema dice que éste consiste en resolver el asunto sobre la determinación del sujeto sobre el objeto o de la determinación del segundo sobre el primero; asimismo, nos señala que en la historia de la filosofía han existido tres tipos de soluciones al problema. Cuando se ha resuelto este problema sin tomar en cuenta el carácter ontológico del sujeto y del objeto, las soluciones se han denominado pre-metafísicas y se han identificado como subjetivismo y objetivismo. Cuando se ha hecho intervenir el carácter ontológico, las soluciones se han denominado metafísicas. Entre éstas, cuando se admite que los objetos poseen un ser ideal, tenemos una opción idealista; y, cuando se admite, además, que hay objetos reales independientes del pensamiento, tenemos una opción realista. «Finalmente, se puede resolver el problema del sujeto y el objeto, remontándonos al último principio de las cosas, a lo absoluto, y definiendo desde él la relación del pensamiento y el ser. En este caso se tiene una solución teológica del problema. Esta solución puede darse tanto en un sentido monista y panteísta como en un sentido dualista y teísta»{30} Un paradigma de la primera, al decir del autor, es Espinosa; y, un paradigma de la segunda, es Descartes. De acuerdo a todo lo que se expuso de José Vasconcelos y a lo que señala Hessen, consideramos que la epistemología del primero se caracteriza parcialmente por la primera (monismo) y parcialmente por la segunda (teísta).

En lo que respecta al cuarto problema, Hessen señala que han existido, de manera general, dos especies de conocimiento: el mediato y el inmediato, el discursivo y el intuitivo. Con relación al segundo, dice que «su peculiar índole consiste en que en él se aprehende inmediatamente el objeto, como ocurre sobre todo en la visión.»{31} También dice que a esta especie de conocimiento se le suele denominar, de manera general, intuición espiritual, pero debemos distinguir entre una intuición formal y otra material. La segunda, nos reafirma, es la que «llamamos intuición en sentido riguroso».

Y más adelante, agrega: «Esta intuición material puede ser de diversa índole. Su diversidad está fundada en lo más hondo de la estructura psíquica del hombre. El ser espiritual del hombre presenta tres fuerzas fundamentales: el pensamiento, el sentimiento y la voluntad (…) conforme a esto debemos distinguir una intuición racional, otra emocional y otra volitiva»{32}

De ser las cosas así, tal y como las plantea Hessen, entonces no dudamos a ubicar a Vasconcelos en una larga tradición de la filosofía y la epistemología de la intuición emotiva que va de Plotino a San Agustín y de la mística medieval a Pascal, según hace la historia Hessen y según algunos pensadores en los que fundamenta su monismo estético José Vasconcelos.

Bibliografía mínima

Agustín Basave Fernández del Valle, La filosofía de Vasconcelos, Diana, México 1973, XVI+517 págs.

Raúl Fornet-Betancourt, «El pensamiento filosófico de José Vasconcelos» En Cuadernos Salamantinos de filosofía, IX, Universidad Pontificia de Salamanca, 1982, págs. 147-177.

J. Hessen, Teoría del conocimiento, Espasa-Calpe, Madrid 1940, 176 págs.

Patrick Romanell, «El monismo estético de José Vasconcelos», En La formación de la mentalidad mexicana (panorama actual de la filosofía en México), El Colegio de México, México 1954, págs. 109-150 (presentación de José Gaos, trad. de Edmundo O´Gorman).

José Vasconcelos, El monismo estético: Ensayos, Editorial Cultura, Imp. Murguía, México 1918, 148 págs.

—, «Tratado de metafísica», En Obras completas, Libreros Mexicanos Unidos, México 1959, vol. III, 1744 págs.

—, «Ética», En Obras completas, Libreros Mexicanos Unidos, México 1959, vol. III.

—, «Estética», En Obras completas, Libreros Mexicanos Unidos, México 1959, vol. III.

R. Verneaux, Epistemología general o crítica del conocimiento, Herder, Barcelona 1967, 249 págs.

Notas

{1} José Vasconcelos, El monismo estético: Ensayos, Editorial Cultura, Imp. Murguía, México 1918, pág. 10

{2} Raúl Fornet-Betancourt, «El pensamiento filosófico de José Vasconcelos», en Cuadernos Salmantinos de filosofía, IX, Universidad Pontificia de Salamanca, 1982, pág. 148.

{3} Las obras fueron editadas por primera vez con distintos sellos editoriales, en los años ya señalados y en distintos países. Como son las obras que utilizaremos casi a todo lo largo del trabajo, posteriormente sólo aludiremos a su título, pero no en las ediciones originales sino en la edición de las Obras Completas, particularmente el volumen III que es en donde éstas se encuentran (Obras completas, Libreros Mexicanos Unidos, México 1959, vol. III, 1744 págs.). En caso de que se tenga otra referencia, lo mencionaremos en su momento correspondiente.

{4} José Vasconcelos, Op. cit., págs. 12-13.

{5} Patrick Romanell, «El monismo estético de José Vasconcelos», En La formación de la mentalidad mexicana (panorama actual de la filosofía en México), El Colegio de México, México 1954, pág. 27.

{6} José Vasconcelos, Ética, pág. 775.

{7} Cfr. Raúl Fornet-Betancourt, Op. cit., pág. 167.

{8} José Vasconcelos, Tratado de Metafísica, pág. 397.

{9} José Vasconcelos, Estética, pág. 1137.

{10} José Vasconcelos, Tratado de metafísica, pág. 391.

{11} Ibid., pág. 394.

{12} Ibid., pág. 464.

{13} Ibid., pág. 468.

{14} Ibid., pág. 470.

{15} Ibid., pág. 476.

{16} Ibid., pág. 489.

{17} Ibid., pág. 515.

{18} Ibid., pág. 513.

{19} José Vasconcelos, Ética, pág. 701.

{20} Ibid., pág. 707.

{21} Ibid., pág. 719.

{22} Ibid., pág. 739.

{23} José Vasconcelos, Estética, pág. 1236.

{24} Ibid., pág. 1219.

{25} Ibid., págs. 1240-1241.

{26} Agustín Basave Fernández del Valle, La filosofía de Vasconcelos, Diana, México 1973, pág. 259.

{27} Patrick Romanell, Op. cit., pág. 137.

{28} Raúl Fornet-Betancourt, Op. cit.

{29} José Vasconcelos, Ética, pág. 711.

{30} J. Hessen, Teoría del conocimiento, Espasa-Calpe, Madrid 1940, págs. 77-78.

{31} Ibid., pág. 107.

{32} Ibid., pág. 109.

Notas:

Fuente: http://www.nodulo.org/ec/2009/n084p12.htm

SPAIN. Febrero de 2009

Separata de la revista El Catoblepas • ISSN 1579-3974
publicada por Nódulo Materialista • http://www.nodulo.org
impresa el viernes 27 de febrero de 2009 desde:
http://www.nodulo.org/ec/2009/n084p25.htm

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