Entrevista a Nicolás González Varela sobre Martin Heidegger y el Nazismo (III)

   

SLA: Heidegger, señalas también, coloca como causas del “olvido del Ser” al Platonismo, Cristianismo, Liberalismo, Socialismo y al Marxismo. ¿Y de qué va todo esto del olvido del Ser?

NGV: El “Olvido del Ser” es un terminus tecnicus clave, fundamentado en la idea de decadencia, muy querida y utilizada por el nuevo universo ideológico de la derecha europea, de Taine a Nietzsche, de Pessoa a Pound. Heidegger fue atraído por el Nacionalsocialismo porque creyó, hasta su muerte, que el movimiento ofrecía la solución definitiva a la crisis de la civilización europea. Esta “Krisis”, tomada en el sentido griego de “krínein”, como situación inestable que aguarda una decisión, este “estado de perdido del hombre” o “Selbstverlorenheit des Menschen”, era el resultado del “olvido” o “retirada” en torno a la cuestión del ser. Heidegger va a argumentar que el más representativo y la más peligrosa forma de este pathos tecnológico se encuentra en el Americanismo y el Bolchevismo o Comunismo. Europa occidental se ha “dis-puesto” en medio del ente y este emplazamiento fundamental de la Modernidad es justamente “lo técnico”. Dicha disposición no es técnica porque haya máquinas a vapor primero, y luego motores a explosión, sino que, continua Heidegger, al contrario: si hay tales instrumentos es porque la época es “técnica”. Eso que llamamos “tecnología moderna” no es sólo una herramienta: previamente a todo es esa “técnica” un modo ya decidido de interpretación del mundo, una Weltaschauung, que no sólo determina los medios de transporte, la distribución de alimentos y la industria del ocio, sino toda la actitud del hombre en su abanico de posibilidades. La “Technik” acuña previamente al hombre sus capacidades de equipamiento; por eso ella sólo es dominada allí donde, entrando previamente en ella y sin reservas o miramientos, se le dice un “sí incondicional”. Esto significa, concluye Heidegger, que la dominación práctica de la técnica y su despliegue carente de condiciones, presupone ya la sumisión metafísica a la “Technik”. La salvación del Occidente europeo depende de poner bajo la cuestión del “Sein” la pregunta por la Técnica, pero no bajo los presupuestos del Liberalismo y el Marxismo, estrechamente ligados. En esta tarea de ejecución de esa voluntad metafísica, que no puede verse como un simple “producto” del egoísmo y arbitrariedad de “dictadores” y “estados autoritarios”, es donde Heidegger cree que el nacional-socialismo puede garantizar el volver al ocaso del inicio griego y poner en obra aquello que en aquel comienzo le adivino esencialmente al saber.

Y esto es un punto nodal en su cosmovisión político-filosófica.

Es aquí donde él cree ver, en el NSDAP y en Adolf Hitler, la respuesta más efectiva al problema del olvido del ser que culminó con el problema de la técnica. Heidegger abrazó la causa nacionalsocialista, como lo reconoce él mismo, desde posiciones político-filosóficas cercanas a la corriente nacional-social de F. Naumann (Heidegger mismo lo ha confesado), corriente congregada durante la década del ’20 en el “Juni-Klub” de Moeller van der Bruck, el autor de un libro célebre editado en 1923: Das Dritte Reich. La vertiente Naumann sostenía la idea de un nuevo “Reich”, un estado cesarista, una nueva comunidad del pueblo alemán, el papel rector de una gran Alemania en Europa, todo ello en un programa político revolucionario, antiliberal, antibolchevique, antiparlamentario y… socialista “alemán”. La enorme seducción que ejerció sobre Heidegger el NSDAP se basaba en la creencia que presentaba, aparte de una opción real de poder, la solución final a la “Verfall” de Occidente y la promesa de un nuevo “inicio” en la historia del ser. Era obvio para un intelectual de la talla de Heidegger que tanto la opción Naumann como la opción más tardía por el NSDAP, ambas enemigas acérrimas de la república de Weimar y la derrota de 1918, planteaban una “konservative Revolution”, antiliberal, antimarxista y con fuertes contenidos antisemitas. La Krisis en la que estaba inmersa Europa era, en la visión apocalíptica de Heidegger, una fase, en los hechos, “escatológica” y “climática” de olvido del ser. Esta etapa estaba jalonada por los nombres de Platón, Descartes y Nietzsche, y en ella la historia de la metafísica occidental era sólo un reflejo exacto de que la ruina del saber, la pregunta primordial por la cuestión del ser, es proporcional a la tarea pendiente de la época sólo en un sentido: la decadencia, la Verfall, al igual que la tarea pendiente, es gigantesca, un trabajo de Sisífo. En este sentido, Sein und Zeit era el intento, dentro de la visión de Heidegger en 1933, de recoger el fundamento (“Grund”) de ese olvido del Ser, olvido sobre el cual se apoya y crece, desde Platón, la decadencia del Occidente europeo.

En cambio, el Dasein es otra cosa muy distinta.

El “Da-sein”, lamentablemente, no vive en general como sí mismo, sino del modo en que “se” vive; es vivido por la dictadura del “se”. En su “encontrarse” misterioso, el “Gehimmis”, y en su “estar de acuerdo con”, no puede el “Da-sein” plantear “de qué (“dass”) él es” y se aparta finalmente del “dass” de su “ser-en-el-mundo”, abriéndose tan sólo hacia aquello que le sale a su encuentro. Por ello tiene el “Da-sein” miedo, ansiedad y angustia ante la posibilidad de la nada y la muerte. El lenguaje mismo no permite al “Da-sein” una apertura del propio “ser-en-el-mundo”, sino que hace “cháchara”, “charla”, que demora el encuentro con el “Sein”, introduciendo la ambigüedad y hundiéndolo en lo impropio de la autenticidad (Sein und Zeit; parágrafos: 35; 36 y 37). Obviamente el hecho que el “Da-sein” pueda, desde Platón, hundirse (“Einfallen”) muestra que, según su ser, este estado puede modificarse; esto también quiere decir, dirá Heidegger: si hasta ahora (el año 1927) el “Da-sein” es “impropiamente”, también puede ser “propiamente”, a través de una revolución radical, que exige el estado de decisión, la “Entscheidung”. Y ese momento kairológico será la Machtergreifung, la toma del poder por los nazis en 1933…

El Comunismo –“igualado con el Bolchevismo judeo-asiático- es sólo un desarrollo más, vuelvo a citarte, con el cual prosigue y se completa el “despliegue del Poder”. ¿En qué poder pensaba Heidegger? ¿De qué despliegue hablaba?

A un alumno y discípulo suyo, Herbert Marcuse, Heidegger le confesaba por carta en 1947 que “yo esperaba del Nacionalsocialismo una renovación espiritual de la vida entera, una conciliación de la lucha de clases y la salvación de la existencia occidental ante el peligro del Comunismo…”. Esas frases son de el período 1938-1941, el despliegue del Poder es la extensión del Nihilismo a nivel mundial, por cierto, el famoso Americanismo que describía Gramsci, es decir, del Liberalismo como mera potencia del Ente (entendido como pérdida y olvido del Ser) que es ilimitado por medio del Maquinismo (traducido de la jerga de la autenticidad heideggeriana: el sistema capitalista). El Bolchevismo en su variante stalinista es un artículo injertado, una mercadería exportada de Occidente al Ost eslavo-asiático, y con ella lleva de contrabando a Asia su Machenschaft, el “Maquinismo”, el Americanismo, central en su filosofía tardía. En un primer nivel de significado designa la capacidad de posesión de lo real en orden de dominarlo y hacerlo parte de nuestros fines subjetivos, el reino liberal del cálculo y la utilidad burguesa. Para Heidegger la democracia liberal no puede corresponderse, en una relación adecuada y de dominio, con la técnica. Para él existe, como en Jünger, una estrecha conexión entre el grado de movilización de la tecnología, en los niveles parcial, general o total, y la “razón de estado” que le corresponde en grado de controlarla y manipularla. A la “totale Mobilmachung”  de la edad de la técnica moderna le corresponde el FührerPrinzip y una raza especial, la alemana, raza que tiene el portento exclusivo de “Meditar” (filosofar) y no el parlamentarismo como sistema político ideal y la mezcla racial o los Untermenschen.

Has hablado en varias ocasiones de los esfuerzos de los heidégeriannes franceses en su hermenéutica de la inocencia. Una tontería mía: ¿por qué ese empeño inagotable?, ¿de dónde las fuentes del empeño?

Y no solo franceses. Por ejemplo el mediático filósofo italiano posmoderno Gianni Vattimo todavía en 2012 afirmaba que “ma Heidegger non era razzista”, y con un retorcido argumento señalaba que “afiliarse al Nazismo, Heidegger realizó una acción valiente [...] Subió al estrado y puso en obra su concepción personal del intelectual comprometido. Que a continuación la idea haya resultado errónea es otra historia. Pero se ensució las manos”: O el filósofo pop, posmoderno de izquierda, el inefable Zizek afirma claramente que Heidegger no es grande a pesar de su militancia nazi, sino gracias a la misma, y critica a Hitler por no haber sido “suficientemente violento”.

¿Tal cual?

Tal cual. El Fall-Heidegger, debido a la extensión, alcance y vehemencia, ha comenzado a erosionar los fundamentos de la corriente post-moderna, cuya deuda con Heidegger (y Nietzsche) es obvia y manifiesta. La demostración, en la era post-Ott, de la íntima conexión y compromiso de Heidegger con el NS-Staat, ha puesto inmediatamente en cuestión el sentido político del pensamiento post-moderno, enraizado en un abrazo mortal al sino de la ontología heideggeriana, como es el caso más notorio de Derrida, Lyotard y pensadores menores como Aubenque, Jamblet, Lacoue-Labarthe, Palmier y una tercer línea de intelectuales-comentadores o profesores de liceo. El empeño inagotable proviene de una defensa a ultranza de Heidegger y Nietzsche, que dicho brutalmente, son el nervio motor de la ideología dominante.

Lo que los Hefte mostrarían, apuntas, es que Heidegger sostuvo un complejo “racismo metafísico, pero racismo al fin, que lo aparta de las visiones simplistas y burdas que sostenían intelectuales völkische como Ernste Krieck o Alfred Bäeumler”. ¿Y qué significa eso de racismo metafísico?

Heidegger no necesita en el complejo edificio filosófico que erige del argumento qua racista. En esto tiene la misma sutileza que Nietzsche. Dice Heidegger, por ejemplo, que detrás de las apócrifas Enseñanzas de los Sabios de Sión (¡a las que le otorga veracidad total!) -y aquí resuena la voz del prusiano crítico Nietzsche- se oculta la “Voluntad de Poder”, que era un mero medio de autoafirmación judía. La figura del judío en la Weltanschauung de la nueva derecha alemana y europea podía ser o bien bolchevique o o bien capitalista, pero en todos los casos era algo inasible pero omnipresente. Sujeto desterritorializado, falso ciudadano, comunitario exclusivamente en relación con los otros judío, etc. Pero el auténtico “secreto” de los judíos será para Heidegger el huir del “Destino” (Geschick) y la Historia del Ser. La profecía de las Enseñanzas… se refiere a un “arte” judío para protegerse del “Destino” y para eludirlo. “Destino” (Geschick) es otro concepto clave para Heidegger como señalamos antes; indica el “acontecer global” que une al individuo con la “experiencia básica de la Comunidad”, con la “Herencia” pre-dada, con la determinación nacional a la que nadie puede escapar, el gran determinismo del suelo y la sangre. Dicho en palabras de 1933: se trata del vínculo con las “fuerzas del Suelo y la Tierra” del Volk. Y de eso exactamente carecen la “Judería mundial” (Weltjuderei, Weltjudentum). Los judíos no sólo ocultan su “Voluntad de Poder” bajo la máscara de los sabios; no sólo se niegan a aceptar la “Historicidad de la Historia”; la Weltjuderei parece ser también el responsable de la deplorable situación del Mundo, de su caída, su Verfall. Esta monstruosidad está escondida en una enigmática frase inofensiva, pero que compila todas las otras atribuciones. Heidegger habla de la “Amundanidad” (Weltlosigkeit) del Judaísmo, seguido de la observación de que la “habilidad” para el “calcular” y el “empujar” (Shieben) oculta la quizá “más vieja” figura de lo “titánico” (Riesigen). El Antisemitismo profundo de Heidegger es visible en su vida terrestre: por ejemplo en sus reflexiones sobre el filósofo Karl Jaspers (su amigo y compañero de ruta intelectual) y sobre el afecto profundo que siente éste por su mujer, una judía. “Me enfurece ver cómo puede este hombre, puramente alemán, con el instinto más auténtico y que percibe la más alta exigencia de nuestro Destino […] seguir vinculado a su mujer”. “Es en su relación original con los Griegos”, prosigue a Heidegger, “que la metafísica del Dasein alemán podrá convertirse en activa”, y “Jaspers piensa demasiado indudablemente en función de la humanidad” (carta del 19 de marzo de 1933). En resumidas cuentas, Heidegger querría que el Dasein alemán renunciara a todo pensamiento sobre la Humanidad como tal y eliminara todo vínculo con los judíos, para estar vinculado exclusivamente a una Grecia mythifiée. Hay que explicar que para Heidegger lo “titánico” es un estado que nace cuando el “calcular” y el “empujar” sufren un cambio repentino, brevemente:  cuando la racionalización del mundo produce paradójicamente una nueva opacidad, un enorme malestar, que es tan omnipresente que se vuelve incomprensible para los seres humanos. Al proyectar lo “calculable” en el Judaísmo, acuñarlo en una etnia y en una confesión religiosa, lo convierte en el origen del deterioro del Mundo, en la primera “ocultación” de lo “titánico”. Pues como lo “más viejo”, el “calcular” se encuentra en el origen del pensamiento occidental, y después de dos mil años, al parecer, lo “titánico” oculto ha llegado al Poder (tanto en América como en la URSS, recordemos la figura del judío-bolchevique en la mortal fantasía nazi) y ha infectado a Europa de la “amundanidad”. En los SH, pero en otros textos de la época, Heidegger no revela quiénes son los poderes reinantes de la “amundanidad” desplegada: Estados Unidos (Liberalismo) y la Rusia de Stalin (Marxismo, Comunismo).

Me apoyo en las preguntas finales de tu artículo: ¿se puede, señalas, extender este apoyo incondicional al NS-Staat, como acto filosófico, hasta el pensamiento primigenio de Heidegger, incluyendo su magnum opus trunca Ser y tiempo? ¿Se puede te pregunto yo ahora?

Grosso modo y con la documentación que conocemos hoy en día se podría compendiar la biografía política del pensador Heidegger de la siguiente manera: 1) inicialmente un católico reaccionario, luego un nacionalista ultraconservador revolucionario de provincias y desde 1929 simpatizante fervoroso del NSDAP; 2) desde 1933, en pleno furor dictatorial de la Gleichschaltung nazi, miembro pleno (pagando religiosamente las cuotas de afiliado hasta abril de 1945) y muy activo del NSDAP, Rektor de la Universidad de Freiburg, aspirante serio a ser el Führer filósofo del Nacionalsocialismo; 3) después de su renuncia al rectorado en 1934 se aparta de algunos aspectos “vulgares” del NS-Staat, pero manteniendo el entusiasmo y el apoyo de sus ideales, incluso la fe en Adolf Hitler; 4) finalmente, después de la derrota del IIIº Reich y la èpuration de 1945, silencio y retiro de la vida pública hasta su re-integración docente en 1951, manteniendo, hasta su muerte en 1976, la creencia en la “verdad interna” del movimiento nazi con respecto a la errancia del ser en Occidente. Tal como su propia concepción de la hermenéutica de la facticidad, su filosofía se articula y adapta a estos diferentes momentos históricos.

La segunda pregunta. ¿Fue Heidegger, el de la filosofía tardía de la Kehre, un crítico al Nacionalsocialismo o simplemente se distanció del NSDAP por una idealización filosófica de la visión del mundo Blut und Boden? Tu respuesta.

Basta con repasar sus discursos y lecciones entre 1933 y 1945 para rápidamente corroborar que la especificidad teórica de la interconexión entre Martin Heidegger y el Nacionalsocialismo no puede ser encorsetada ni comprendida, so pena de oscurecer y distorsionar esta relación, con la distinción dicotómica “humanismo/ antihumanismo”. A modo de ejemplo: si seguimos la palabra-hongo Volksgemeinschaft (la traducción correcta sería “Comunidad popular-racial”) en la evolución textual, podremos ver que es una totalidad muy particular, una Ganzheit peculiar, una entidad conceptual que nada tiene que ver con la categoría universal de “Humanidad” que se podría asociar al humanismo occidental, o con la idea de “comunidad” o “pueblo” del idealismo alemán; o la idea-hongo de “destino histórico”, que viene fijada en Heidegger por una pre-comprensión vinculante anterior a la Razón y en la cual hay que buscar resonancias en la crítica pre y anti-iluminista a la subjetividad moderna, y por lo tanto, totalmente extraña a los contenidos universalistas del Humanismo, tanto de la ilustración como incluso del positivismo. Si a esto se le suma que el Heidegger “post-Kehre” borra toda traza o vestigio “humano” de responsabilidad individual o grupal-nacional al ascenso y triunfo del nacionalsocialismo, al atribuir su surgimiento en la historia a fuerzas esotéricas y nebulosas, totalmente impersonales y pre-racionales, como “tecnología planetaria”, “americanismo”, “dictadura de la opinión pública”, “historia acontecida de la metafísica occidental”, “Nihilismo pleno”, “voluntad de la voluntad”, “Machenschaftliche”, etc. Desde que el NS-Staat y todas sus consecuencias catastróficas es, en la “Seinsgeschichte”, meramente un escalón en el ascenso del pensamiento enderezado a hacer factible lo que hay que hacer, la “industrialización planetaria”, y que es ella misma symptom del olvido del ser que ha signado la historia de Occidente desde Platón, la especificidad y el espesor histórico concreto del período 1933-1945, sobredeterminado por el supraesquema antihumanista de la Seinsgeschichte, quedan reducidos a un capítulo menor y un episodio fatal. Hubo una idealización de Heidegger de la ideología völkisch que le apartó, en un rasgo típico del mandarinado académico alemán, de la Realpolitik de Hitler. Pero jamás dudó de la “grandeza interna” del Movimiento NS.

La tercera: ¿se puede hablar de una geistige Widerstand, de una resistencia espiritual al Nacionalsocialismo desde sus posiciones filosóficas después de 1934 como intentan afirmar sus hagiógrafos posmodernos? ¿Se puede hablar de ello en opinión?

Es un término acuñado por su hijo Hermann, “Resistencia Espiritual”, una variante cínica del concepto de “Emigración interna”, y que, sin prueba alguna, supondría que a partir de las lecciones sobre Nietzsche en 1935, Heidegger llevó a cabo en los claustros universitarios una crítica total al NS-Staat. Una tesis sostenida también por los posmodernos franceses, como Derrida o Lacoue-Labarthe. De más está decir que la idea fue lanzada por el mismo Heidegger después de 1945. Carece de todo fundamento, no existe ninguna prueba de ello, ni en la práctica de Heidegger, ni en sus escritos… Los núcleos de resistencia no-comunista en Freiburg, ligados al círculo cristiano de “La Rosa Blanca” (que serían ejecutados en la guillotina, como Sophie Scholl) jamás escucharon hablar de este misterioso Heidegger resistente espiritual… Simbólicamente, cuando la fracción académica conservadora retomó la conducción de la universidad de Freiburg y abolieron el obligatorio saludo nazi al comienzo de las clases, sólo Heidegger lo conservó, por ejemplo en sus lecciones sobre Nietzsche…

La cuarta, voy acabando: ¿existe un “hilo de Ariadna”, coherente y lógico, entre Ser y tiempo, el NSDAP y una versión heideggeriana de la visión völkische del nacionalsocialismo? ¿Crees que existe?

Por supuesto, hay que demostrarlo. Una vía para aproximarse a examinar los conceptos filosóficos de Heidegger, sin repetir la fórmula de premisa-consecuencia intentada por Löwith, entrelazándolos y poniéndolos en contacto con su decisión política, es la de enfocarlos como un verdadero “hipertexto”, un lenguaje de enlace entre un nivel “macro” o visible, al nivel del estado y la política alemana en general, y reconducirlos a un nivel “micro”, hacia la microfundación en los diferentes niveles ideológicos: en la pequeña escala de la política universitaria, el espacio preponderante de la militancia nacionalsocialista de Heidegger; en su jerga filosófica y finalmente en su enseñanza académica. Es decir: el texto filosófico se toma como un conjunto de instrucciones, serie de órdenes o “etiquetas”, que controlan la forma política, tanto en su nivel “macro” como en el “micro”, en la que interviene el concepto filosófico. Dichas “órdenes” no aparecen en el campo de la filosofía práctica, y mucho menos en las intervenciones terrestres en la política cotidiana. Es la mediación clave para desmontar la falsa unidad entre autor y obra. La tarea de un nuevo trabajo crítico sobre el Fall-Heidegger se transforma, en realidad, en una labor de visualización de códigos filosóficos que están “detrás” de la página biográfico-política. Uno de los conceptos-puente, una verdadera orden de cabecera, que produce “enlace” entre lo político y lo filosófico, entre el texto “activo” y el “pasivo”, es la visión heideggeriana de la Krisis de Occidente: hablamos de la definición de “declinación” o “decadencia”, la Untergang de la historia acontecida universal, preámbulo del olvido del Ser.

“Déjame ubicarme en otras coordenadas. No sé si recuerdas la tesis doctoral de Manuel Sacristán sobre la gnoseología de Heidegger. Sé que me salgo un poco-bastante de tema (Herr MH y el Nazismo), pero ¿cuál es tu opinión sobre “Las ideas gnoseológicas de Heidegger”.

Es interesante porque aunque cicunscripto al tema gnoseológico y limitado por la misma época (creo que noviembre de 1954), Sacristán primero se cuestiona si el pensamiento heideggeriano puede aportar algo al Racionalismo y percibió con meridiana claridad que detrás de la Ontología del Dasein vibraba un nuevo y sofisticado Irracionalismo. También Sacristán descubre en Heidegger una suerte de materialismo, cierta primacía de lo ontológico sobre lo óntico, el intento heideggeriano de superar a Marx; y finalmente la absoluta irresponsabilidad de su filosofía: correctamente Sacristán deduce que no existe elemento ético-moral en la doctrina de Heidegger. Recordemos que en España en la década de los cuarenta, el Nacional-Catolicismo convierte a Heidegger en un paradigma, no solo contra Marx y el Masonismo sino contra el nuevo Existencialismo comprometido de Sartre, y en lo interno contra el heterodoxo Ortega y Gasset. En la revista Laye, Salvador tú me dirás, creo que Sacristán recibió una buena dosis de Heidegger (un gran referente juvenil de su formación filosófica), que fue asimilando críticamente hasta cristalizar en su crítica de la tesis doctoral. Fue todo un ajuste de cuentas de su pasado ideológico, todavía hoy, a pesar de las limitaciones en que trabajaba Sacristán, es un gran trabajo sobre Heidegger, en especial hay que leer a contrapelo sus conclusiones, con un enfoque y estilo muy a lo Lukács. Además de la tesis, hay un artículo muy interesante, de 1953, titulado “Verdad: desvelacion y ley”, en el cual Sacristán intenta deconstruir el concepto de Verdad desde Sein und Zeit…

Una pregunta final que sé que muy general y que incluso me avergüenza formulártela: ¿de qué Heidegger bebe el postmodernismo en algunas de sus variantes?

Grosso modo podría decirse que toda la obra de Derrida no es más que notas a pie de página de Heidegger, pero ¿de cual? Evidentemente el canon clásico del Posmodernismo se sustrae a dos autores: Nietzsche y Heidegger; a su vez esos autores se autolimitan a una selección absurda de su obra, la producida en la última parte de sus vidas. Curiosamente un pensador reaccionario y otro nacionalsocialista. En el segundo caso arbitrariamente en el llamado “Heidegger-II”, algo que ya había sido sugerido y recalcado el mismo Heidegger en el reportaje a Der Spiegel: que fue a partir de sus lecciones sobre Nietzsche entre 1936-1940, que se habría iniciado la etapa del Heidegger II, el filósofo creador de la Kehre y crítico “espiritual” del Nacionalsocialismo. Esto permite una inteligente operación ideológica-textual: el “extravío” de Heidegger en 1933 sólo es pertinente y válida para la obra de Heidegger pre-1935, por lo que el Heidegger post-1935 emerge virtualmente “beatificado” y plenamente utilizable en la academia. El Heidegger I o pre-“Kehre”, cuyo pensamiento se encuentra sobresaturado de superfluos residuos metafísicos, puede ser confrontado y discutido con el Heidegger II, el post-humanista lector de Nietzsche y autor de la Briefe über den Humanismus, pero de ninguna manera derivarse éste de aquel. El Posmodernismo plantea al adversario que el Heidegger primigenio, el de “Ser y Tiempo”, aún continúa atrapado en el pantano de la tradición metafísica de Occidente y que, por lo tanto, su “ruptura”, su Abbruch, en profundidad y extensión, ha sido insuficiente y limitada. La ecuación es que Nietzsche “salva” a Heidegger permitiéndole volver a la búsqueda del Ser… El Posmodernismo, cuya acta de nacimiento histórica es la derrota del 1968, simplemente es una suerte de mimesis, una “repetición devota” de las palabras del maestro. Como consecuencia ilógica de estos argumentos, sostenidos por destacadas figuras como Derrida o Lacoue-Labarthe, es que fue un “exceso” de Humanismo y metafísica subjetiva ...¡lo que empujó a Heidegger al campo del Nacionalsocialismo! Lo que hace que el Nazismo sofisticado de Heidegger sea un verdadero desafío –en comparación con ser simplemente un escándalo privado– es que no “deriva” del Mal, sino que es un camino para entrar en él, es el caso más patente de la irresponsabilidad filosófica. El Mal ya lo conocemos: se trata de el Nacionalsocialismo, única propuesta doctrinaria en que seres humanos racionales exigían programáticamente el exterminio de toda una etnia por el sólo hecho de serla. Y una vez que reconocemos el poderoso atractivo de su obra, además de la constante reproducción ideológica a través del Posmodernismo y que ésta es la necesidad y el fundamento de la ideología burguesa actual, estamos obligados moralmente e intelectualmente a explorar qué parte de dicha atracción se debe a las ideas con un potencial para el Mal. Estamos obligados éticamente a superarlo por la crítica… Nunca más válido como epitafio de la vida del filósofo Martin Heidegger que la verdad encerrada en la segunda estrofa del poema: A los Alemanes de Hölderlin, que recitara, a pedido expreso de él mismo, su hijo Hermann a los pies de su tumba:

¿Surge la acción, como el fruto de las sombrías
hojas del follaje, del escrito apacible?”

Mil gracias, querido y admirado. Me he quedado sin habla… y sin preguntas. ¿Quieres añadir algo más?

  Esperar haber sido útil y pedagógico a los lectores al tratar de exponer a un filósofo tan decisivo y complejo como Heidegger.

Salvador López Arnal

Profesor, filósofo, trabajador incansable, activista, autor de un libro imprescindible –Nietzsche contra la democracia (Montesinos, Barcelona)- y un gran número de artículos imprescindibles, Nicolás González Varela es el editor -traductor, anotador y presentador- del Cuaderno Spinoza de Marx (El Viejo Topo, Barcelona, 2012) y del texto del joven Marx Sobre el suicidio (El Viejo Topo, Barcelona, 2013), y uno de los marxistas de mayor erudición y proyección internacional. Su último trabajo ha sido la edición crítica de Fernando Pessoa. Política y profecía. Escritos políticos 1910-1935 (Montesinos, Barcelona, 2013. Está preparando un libro sobre el pensamiento político de Heidegger: Heidegger. Política del Ser y Nazismo, de próxima aparición.

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