Entrevista a Nicolás González Varela sobre Martin Heidegger y el Nazismo (*II)

“Heidegger era el más radical entre los radicales. Sus tesis contra el comunismo, contra el judaísmo mundial y toda forma de pensamiento individual y humanista son más radicales y más hitlerianas que aquellas de la mayoría de los intelectuales “promedio” orgánicos del Tercer Reich.”

SLA. Estábamos en Farías. ¿Sostiene éste la tesis de los amigos de Heidegger?

NGV: Se busca obsesivamente un hito, ya sea para colocarle el signo positivo o el negativo. Y el hito haría superflua la crítica textual e ideológica. Parcialmente sí, ya que ellos fijan (por ejemplo Petzet o heideggerianos franceses como Lacoue-Labarthe) también como fecha del “desencanto” de Heidegger, final de su pequeño tropiezo, de su “aventura” (Arendt), el año 1934, cuando Hitler liquida de manera sanguinaria a la cúpula de las SA. A partir de ese año comenzaría, salvífico, sin pecado, el Heidegger II, el del Kehre, el del “retorno” (al Ser)…

Heidegger, señalas también en tu trabajo, no era sólo un simpatizante naive, ni un abogado defensor de la nationalsozialistische Revolution. “En la mayoría de los casos podría afirmarse con seguridad que Heidegger era plus royaliste”. ¿Y esto qué significa exactamente?

Heidegger era el más radical entre los radicales. Sus tesis contra el Comunismo, contra el Judaísmo Mundial y toda forma de pensamiento individual y humanista son más radicales y más hitlerianas que aquellas de la mayoría de los intelectuales “promedio” orgánicos del Tercer Reich. Creía profundamente en “la Verdad y en la grandeza interna del Nacionalsocialismo”, y lo demostró con amplitud, ya sea radicalizando políticas que llegaban desde Berlín, ya sea improvisando hacia el espíritu de Hitler, ya sea intentando convertirse en el Führer filosófico. Para tener una idea concreta sobre lo que Heidegger tenía en mente se puede enumerar aquí sus actividades durante el período en que fue Rektor de la Universidad de Freiburg. En primer lugar, puso en práctica todos estos principios en las tareas de la re-organización institucional de las Facultades, incluidos ceses y expulsiones, todas medidas guiadas por el Führerprinzip: todos los departamentos y áreas de disciplinas individuales fueron presionadas a adaptarse a la nueva visión del ser alemán, por esta aplicación extremista del “principio del líder” fue juzgado en 1945; con entusiasmo insertó modélicamente los ejercicios paramilitares de las S.A. en la actividad curricular normal, con el objetivo de evitar el exceso de intelectualismo y el individualismo burgués. Quizá lo más extremista fue que diseñó y llevó a la práctica un “Campo Científico de Trabajo”, tomando como modelo uno administrado por las S.A. en Bebenhausen. La experiencia del campo “heideggeriano”, poco conocida, duró del 4 al 10 de octubre de 1933, pensado como futura escuela de formación de líderes para las venideras generaciones del NSDAP, que como él mismo definió:

“...el trabajo en el campamento no debe transcurrir según un programa o una teoría vacía. Debe basarse en una verdadera relación entre el ‘Führer’ y el espíritu de obediencia, y, a partir de ese punto, el campamento podrá elaborar sus propias normas… el éxito del campamento depende del alcance de un coraje nuevo, de la claridad y de la vigilancia de lo que está por venir, de un mayor desapego respecto a lo que ha sido hasta ahora, de la determinación de una voluntad de fidelidad, sacrificio y servicio. Fuera de estas fuerzas, un verdadero espíritu de obediencia y lealtad corre peligro. Y este espíritu es el único que soporta y protege a una auténtica ‘Gemeinschaft’ alemana…”

El famoso “Campo Científico de Trabajo” de Todtnauberg tenía también la misión de ser una prueba piloto…

¿Prueba piloto?

Sí, un laboratorio de ensayos y pre-diseño de la futura academia nacional que estaría situada en Berlín y formaría los futuros Übermensch del imperio ario milenario, sus nuevos héroes auténticamente alemanes. De esa “Gemeinschaft” surgiría una auténtica vinculación de la Universidad con la vida profesional del pueblo, que debía iniciar un trabajo común, en todas las distintas especialidades, entre el cuerpo de estudiantes y los trabajadores intelectuales ya profesionalizados. La idea de la “ciencia política” alemana, tematizada en su proyecto para la nueva academia, se basaba en su propia definición emitida en la Rektoratsrede: “...la ciencia debe ser el centro que determina, desde lo profundo, todo su ‘Dasein’ como pueblo y como estado…el poder que abarca y da dureza a todo el ‘Dasein’...la ciencia es el firme mantenerse preguntando en medio de la totalidad del ente, que sin cesar se oculta. Este perseverar activo sabe de su impotencia ante el destino…” Se trataba, de tal manera, de inculcar una formación totalmente novedosa y radical, gracias a la íntima vinculación con una “Wissenschaft” que procede de lo más íntimo del espíritu alemán, una ciencia que se ha despertado, como Alemania, a la realidad vital de la naturaleza y de la historia. Esta “Bildung” habría superado la interpretación del mundo teológico-cristiana y el pensamiento técnico-matemático del “Uno” liberal. El sentimiento de obediencia era considerado, en perfecta consonancia con el Führerprinzip, central y clave en la estructura de la futura Universidad nacionalsocialista y, concretamente, en la relación entre la jefatura y la auténtica obediencia de aquellos que están decididos y poseídos por el nuevo valor. La nueva comunidad debía aprovechar su tiempo muerto en actividades colectivas y grupales, recreacionales, incluyendo ejercicios marciales, largas marchas y celebraciones neopaganas del nuevo calendario del SS-Staat. Pero no todo era actividad en común, por supuesto.

Algún ejemplo de estas actividades “no-comunes”.

Después de las conferencias y consignas del Führer local, que servían para establecer el ambiente, el clima de base y la actitud fundamental, llegaría el tiempo para la soledad y el recogimiento en pequeñas células de conversación. Y hay más: estaba previsto, para cada miembro de la academia nacionalsocialista, su propia y monástica celda. Heidegger daba siempre un paso más en el grado de radicalidad nazi. Hace mucho tiempo se creía poder disociar las opiniones, cursos y discursos del universitario nazi de los escritos fundacionales del filósofo. Sin embargo, la publicación en 2001 del volumen que contiene los tomos 36/37 de las Obras completas vuelve imposible esa disociación acuñada por su amante Arendt, por cierto que va contra el espíritu de la propia filosofía heideggeriana, en contra de la historicidad del Dasein. En ellas Heidegger formula sobre todo el programa del “exterminio total” del enemigo interior (“mit der Ziel der Völlingen Vernichtung”) al tiempo que plantea una definición “racial” de la Verdad. Esa publicación, programada por el propio maestro, incorpora plenamente a su obra filosófica propósitos de esa naturaleza. Formulado en 1933-34, dicho programa será hecho válido en 1942, durante la puesta en obra de la “solución final”: Heidegger escribe entonces que el exterminio (das Vernichten) es aquello que “ofrece garantías [...] contra la decadencia”, contra el Verfall de Occidente y Alemania. Hay que remarcar cómo a lo largo de las lecciones universitarias de Heidegger entre 1939 y 1945, su analítica existencial se funcionaliza y se pone a disposición del destino histórico del IIIº Reich. Para que nos demos una idea de la íntima conexión actualmente hay en marcha un proyecto multidisciplinario académico coordinado por François Rastier (CNRS-París) y Peter Blumenthal (Universität Köln) para realizar una estudio comparativo entre dos corpora digitalizados: los discursos de Hitler (incluido el infame Mein Kampf) y los escritos de Heidegger…

¿Definición “racial” de la Verdad, con racial entrecomillada? ¿Y eso qué es? ¿Una verdad o verdades accesibles sólo a una raza de superhombres?, ¿una verdad singular construida por ellos, una verdad con sabor, olor de esos superhombres y con su valor semántico propio?

    Para Heidegger los griegos ya habían asociado la Verdad con el Ser. Si la Verdad está en una conexión originaria con el Ser, entonces el fenómeno de la Verdad entra en el ámbito, de medio a medio, de la problemática de una Ontología fundamental. El Ser “va” junto a la Verdad, y que una proposición sea verdadera significa que el enunciar es un “estar-vuelto-hacia-la-cosa-misma-que-es”.Lo que se evidencia no es la clásica “adaequatio”, concordancia de conocer y objeto, sino que lo que necesita ser evidenciado es únicamente el “estar-des-cubierto” del Ente mismo, de él en el “cómo” de su estar al des-cubierto. La proposición es verdadera sólo significa: que des-cubre al Ente en sí mismo; enuncia, pro-pone, muestra, permite, “hace-ver”, al Ente en su estar al des-cubierto. El llamado “Ser verdadero” o Verdad (“Warheit”) de la proposición debe entenderse como un “Ser des-cubridor”; la Verdad no tiene de ningún modo la estructura de una concordancia o adecuación, no es un silogismo, y el “Ser des-cubridor” sólo es ontológicamente posible en virtud del “in-der-Welt-sein”. Este fenómeno es el Fundamento (“Grund”) del acontecimiento originario de la Verdad. La definición de “Warheit” que nos propone no significa, en los términos de Sein und Zeit, un rechazo a la tradición de la metafísica occidental, sino una apropiación aún más originaria, un volver hacia los presocráticos. La Verdad como “estado de des-cubierto” y “Ser des-cubridor” surge del análisis de los comportamientos del “Dasein” más verdaderos y el “Ser des-cubridor”, en tanto “Ser verdadero”, es una forma del ser del “Dasein”. “Dasein” no es una monada leibnizniana, recordemos es la indicación hermeneútica del Volk alemán. Si la Verdad (Warheit)se encuentra en íntima conexión con la Autenticidad (Wahrhaftigkeit)y ésta remite al suelo de la Patria (Boden der Heimat), tenemos que el pueblo metafísico por excelencia, el alemán, siempre estará más cerca de la Verdad… Cito a Heidegger: “El Pueblo alemán gana nuevamente la Verdad (“Warheit”) para su Voluntad de Existencia (“Daseinswillens”), por verdad entendemos la Revelación (“Offenbarkeit”) de aquello que hace a un pueblo seguro, lúcido y fuerte en sus acciones y en su conocimiento. La voluntad genuina sabe elevar tal verdad. Y esta voluntad sabe circunscribir el derecho a conocer. Y de allí, finalmente, los límites son medidos por fuera del interrogatorio genuino y la investigación debe legitimar y demostrar. Tal es el origen de la Ciencia, que es reprimido y constreñido por la necesidad de la existencia de la Autorresponsabilidad popular-racial. Ciencia es así la pasión por educar aquello que ha sido refrenado por esta necesidad, la pasión que necesita saber en el orden que hace el conocimiento. Ser conocidos, “essere sapienti”, para nosotros significa: ser Amo (“Lehrmeister”) de las cosas con claridad y ser resueltas con la acción.” Observa además Salvador el concepto politizado de Ciencia que propone…

De nuevo me apoyo en ti. El autor de Sein und Zeit, señalas, no apoyó simplemente “ruidosamente” al NS-Staat y su “despertar de Alemania”, sino que –el punto es esencial desde luego- “la elección valorativa y la extrema opción por el NSDAP emana, sin dudas, de premisas internas de su Ontología y Filosofía de la Existencia”. En especial de su concepto de Sorge, de su idea radical de la Historicidad y del desarrollo de una auténtica Filosofía de la Historia, la “Historia del Ser”. No pretendo que nos desarrollas aquí y ahora una tesis doctoral sobre ello, pero te pregunto sobre esa emanación: ¿de qué premisas internas de su ontología y filosofía de la existencia emana esa elección valorativa y extrema?

El concepto de Política en Heidegger, dentro de su amplia filosofía práctica expresada en Sein und Zeit, no es políticamente neutral. Se trata de un brillante racconto de la Weltanschauung de la nueva derecha revolucionaria alemana, como tal tiene como adversarios no solo al Marxismo, a la Socialismo reformista, sino a la propia derecha oficial: al Conservadurismo clásico, al Liberalismo, incluso a cierta Teología ortodoxa. Heidegger es el Nietzsche del siglo XX en este aspecto.

Muy bien visto.

De acuerdo a las propias premisas de las Daseinanalityk, su obra tiene relación vital con el Tiempo, con la Historicidad, así muchas proposiciones de Sein und Zeit son correctas, como indicaciones hermenéuticas, desde el punto de vista de Heidegger, en el Mundo de 1927, pero ya no lo serán a partir de enero de 1933. Como un segundo nivel ideológico, es evidente en Heidegger los rescoldos de un (fallido) intento de superar a Marx. En Heidegger la realidad histórico-material, el “espíritu objetivo”, reaparece en la constitución de la historicidad, como una simple y pobre “estructura de acaecer del estar”, reprimida y reducida a determinaciones de algún modo “privadas” y “pre-racionales”, como cura (“Sorge”), herencia (“Erbe”), destino individual (“Schicksal”), golpes del destino (“Shicksalsschlägen”), repetición (“Wiederholung”), destino colectivo (“Geschick”), tradición (“Überlieferung”), ser deudor (“Schuldigsein”), deuda (“Schuld”), etc. Por un mecanismo eminentemente filosófico, elementos de inextirpable procedencia óntica (material e histórica), son inflacionados, elevados jerárquicamente y, una vez desmaterializados, desinfectados de toda huella de “espíritu objetivo”, se los presenta como ontológicos. La famosa “cura”, la “Sorge”, que es el ser del “Dasein”, posee una significación ontológica, un existenciario que le sirve para designar el ser de un posible “in-der-Welt-sein” (Ser-en-el-Mundo). La expresión, argumentará Heidegger, no ha sido elegida porque el “Dasein” sea in-mediatamente y en gran medida un ser económico y “práctico”, sino porque el ser mismo del “Dasein” es “cura”, “Dasein” es “Sorge”. La palabra “Sorge” (concepto derivado de San Agustín) aparece en un lugar central en Heidegger: “...la radical aprehensión existencial y la temporalización de la problematicidad; cuestionarse a sí mismo y problematizar la vida y los actos decisivos, es el concepto fundamental de todo esclarecimiento y del más radical esclarecimiento…” Se debe filosofar no “sobre” la vida fáctica, sino “desde” ella misma y, al mismo tiempo, poner en juego toda su existencia interior y exterior. Lo característico de la “Leben” es el “más acá” (“dieseitigkeit”) y el “más acá” no es otra cosa que el mal soportar. Si la vida fáctica se halla siempre a la fuga ante los principios y valores, que es con lo que tiene que ver la filosofía estricta en la visión de Heidegger, no puede causarnos sorpresa que el retorno a la “Leben” no esté “ahí y sin más”.

¿Y cuál es la razón profunda de que este regreso a la vida fáctica sea tan difícil?

La razón profunda es que un horror vacui nos impulsa hacia un mundo en la búsqueda de algo que llene y nos dé sentido. Pero hay algo que hace que lo cotidiano y acostumbrado aparezca como transfigurado, y Heidegger lo llama “cura” o “cuidado”, y lo define así: “...la ‘Leben’ es ‘Sorge’ y es cuidado en la inclinación a tomarse a sí misma superficialmente, en la tendencia a la huída…” “Sorge” es una designación que engloba a ese complejo de actitudes que los griegos conocían como “praxis”, y Heidegger lo explica como un “andar-a-la-búsqueda-de-algo”, un “preocuparse-por”, un “velar-por-sus-derechos”, etc., por lo que “Sorge” es el actuar en un horizonte espacial y, sobretodo, temporal, en un continuum de pasado, presente y futuro. Pero en la “praxis” no sólo puedo anticiparme a mí mismo, sino que, en general, me puedo perder a mí mismo en un mundo de cuidado en el cual vivo fijado en los contextos de los que he de cuidarme. “...La vida fáctica bloquea el acceso a sí misma y en el bloqueo no se deshace de sí. En un constante apartar la mirada, la vida fáctica se busca siempre a sí misma…” y, por lo tanto, la nada de la vida fáctica es el caída (“Verfall”), y por ello: “...la vida fáctica se convierte en una nada en tanto se pierde en el ‘Dasein’ en ruinas…existe un no-ocurrir de la vida fáctica en el ‘Dasein’ en ruinas…” La “Sorge” designa entonces la manera y el modo de cómo el “Dasein” está en el mundo y de qué forma puede ser utilizado; el “Dasein” no existe sino y en cuanto “cuidado” o “cura” y los objetos de la “praxis” no son sino el punto imaginario sobre el cual se concentra, momentáneamente, una facultad que lo sobrepasa infinitamente. Como estamos siempre “in-der-Welt” es que nos orientamos prácticamente por él y es allí donde surge el “cuidado” de tal misión, aunque la “Sorge” no crea sus objetos, pues ambas surgen de el “in-der-Welt-sein” y entonces el saber comienza siempre por serle útil al obrar.  La idea ya estaba en el ambiente ideológico de la nueva derecha: el reaccionario Spengler, leído cuidadosamente por Heidegger, en La decadencia de Occidente, hablaba de la Cura como un sentimiento originario, constitutivo del ánima occidental, y que comporta una custodia de la tradición (incluido el principio racial) y una voluntad de futuro, incluso a la falsa seguridad de la sociedad liberal la llamaba “Sorglos”, o sea: una comunidad privada de cura o cuidado. Heidegger, igualmente, hablará, en los cursos de 1934-1938, de la cotidianeidad liberal como “Sorg-losigkeit”, ausencia de cura. “Sorge” surgió como un intento de refutación y superación del concepto marxista de “praxis”, ya que para Heidegger la cura es el suelo primordial de la “praxis”, una suerte de “Ur-praxis”… “Teoría” (“theoreín”) y “Práctica” (“praxis”) son posibilidades de ser de un ente cuyo ser debe ser siempre definido como “Sorge”, como “cura” o “cuidado”. La “Sorge”, en cuanto totalidad estructural originaria, se da existencialmente a priori, “antes” de toda posición o conducta fáctica, sea económica o de otro tipo, del “Dasein”.

Dejémoslo aquí por el momento.
De acuerdo.

Salvador López Arnal

Es profesor, filósofo, trabajador incansable, activista, autor de un libro imprescindible –Nietzsche contra la democracia (Montesinos, Barcelona)- y un gran número de artículos imprescindibles, Nicolás González Varela es el editor -traductor, anotador y presentador- del Cuaderno Spinoza de Marx (El Viejo Topo, Barcelona, 2012) y del texto del joven Marx Sobre el suicidio (El Viejo Topo, Barcelona, 2013), y uno de los marxistas de mayor erudición y proyección internacional. Su último trabajo ha sido la edición crítica de Fernando Pessoa. Política y profecía. Escritos políticos 1910-1935 (Montesinos, Barcelona, 2013. Está preparando un libro sobre el pensamiento político de Heidegger: Heidegger. Política del Ser y Nazismo, de próxima aparición.

Salvador López Arnal es nieto del cenetista aragonés asesinado en Barcelona, en mayo de 1939 –delito: “rebelión militar”-, José Arnal Cerezuela.

Notas:

Fuente: Nicolás González Varela

4 de febrero de 2014

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