Escuela de Frankfurt: del café Marx al café Max

Un libro de gran interés para conocer las vidas y las teorías de los miembros de tal corriente del pensamiento

No cabe duda de que la mentada Escuela dejó una honda huella que dura hasta nuestros días; y algunos de sus más destacados miembros ( Max Horkheimer, T.W. Adorno, Herbert Marcuse, Erich Fromm, Walter Benjamin, Franz Neumann, Friedrich Pollock, …) , siguen siendo leídos aportando interesantes vías en lo que hace a los análisis sociales y políticos .

El impulso inicial de la iniciativa de Max Horkheimer y colegas vino provocada por la preocupación por hallar las causas del fracaso de la revolución alemana y el posterior fulgurante ascenso del fascismo. Tales cuestiones les condujeron a introducir algunas sagaces reflexiones sobre la personalidad autoritaria, y abrir las puertas a la importancia de lo cotidiano, recurriendo para ello a la psicología social, el psicoanálisis, la sociología y, por supuesto, al menos en un principio, a las enseñanzas de Karl Marx, alejándose eso sí, de las posturas dominantes que habían convertido las ideas de este en un catecismo mecanicista y autoritario; dándole una especial importancia al estudio de la cultura en los tiempos de reificación y del creciente dominio de la razón instrumental. Esa apertura fue tomando un carácter singular que se iba alejando del propósito inicial de completar a Marx, y así como dijese Martin Jay en su irremplazable La imaginación dialéctica : una historia de la Escuela de Frankfurt y el Instituto de Investigación Social ( Taurus, 1988), se dio un desplazamiento que es el que señala el título de este artículo: del café Marx al café Max.

Ahora acaba de publicarse un magnífico acercamiento a la Escuela y a las trayectorias de algunos de sus más destacados componentes: « Gran Hotel Abismo. Biografía coral de la Escuela de Frankfurt » ( Turner, 2018) de Stuart Jeffries. El título está tomado de unas palabras críticas que Luckács dirigió a Adorno, en las que le decía que ellos, los frankfurtianos, vivían entre lujos instalados en el cómodo Hotel Abismo, contemplando el desastre del mundo, de manera parecida a como lo había contemplado Arthur Schopenhauer ( por cierto, uno de los primeros filósofos admirados y estudiados por Max Horkheimer ); la crítica incidía en la atención casi única y exclusiva que éstos prestaban a la teoría desentendiéndose de la práctica…al considerarla en cierto sentido sucia y plagada de desviaciones dogmáticas y autoritarias ( desde luego los hechos y comportamientos del comunismo ortodoxo lo eran realmente) . Si la crítica del húngaro era ciertamente potente no se quedaba corto tampoco Bertold Brecht. [ Podría hablarse no poco del uso, y abuso, de los argumentos ad hominem como los utilizados por Lukács, hijo de rico empresario que se vio cautivado por Lenin y lo que luego vino como consecuencia…-llegando él mismo a ser purgado por la nomenklatura de turno, y tras sus escritos inquisitoriales como los expuestos en su El asalto a la razón, acabar dedicándose a la teorización literaria y artística de manera sobresaliente, todo hay que decirlo ]. Vaya por delante, por si alguien se despista, que en esta ocasión cuando se habla de “Escuela” no se está señalando ninguna ortodoxia, ni un enfoque absolutamente idéntico entre los distintos teóricos, sino que se daba una pluralidad de miradas y caminos que iban desde la teoría crítica de Max Horkheimer, a la dialéctica negativa de Adorno, la unidimensionalidad de Marcuse, la base sadomasquista como esquema del funcionamiento del fascismo elaborada por Formm, o los fragmentarios análisis del singular Benjamin y su mesianismo marxista-libertario. Fruto todo, el quehacer de estos teóricos, de un contexto bien determinado de entre-guerras, tras la derrota revolucionaria y el agotamiento de la vía seguida en pos del modelo burocrático de la auto-proclamada revolución socialista, con el consiguiente estancamiento del marxismo, como instrumento útil para la emancipación.

La obra escrita con una prosa y un estilo narrativo que facilita la lectura, sin que esto suponga que las simplificaciones se apoderen de las páginas, está escrita según afirma el autor con el fin de hacer accesibles las teorías de los miembros de dicha Escuela al común de los mortales ya que las obras existentes , tercia, son académicas y las convierte en inaccesibles para los no especialustas, como decía el autor va siguiendo a lo largo del tiempo desde principios del siglo pasado hasta la actualidad, en que la corriente de tal pensamiento ha estado encarnada por Jürgen Habermas y más recientemente por Axel Honneth. Expone en las primeras paginas una serie de puntos comunes a casi todos los pensadores presentados, los de la primera hornada: hijos de familias ricas, familias judías aunque en su mayoría asimiladas, y que debido a ello, y a sus posicionamientos marxistas de izquierda, se vieron obligados a escapar al otro lado del charco ( los que lo consiguieron…el caso de Walter Benjamin es el ejemplo paradigmático y trágico de los que no lo lograron) en donde ejercieron sus enseñanzas académicas. No cae el autor en meros aspectos anecdóticos, sino que traza a grandes pero significativos rasgos , las coincidencias sociales y familiares de los Adorno, Horkheimer, Ernst Bloch, Friedrich Pollock, Herbert Marcuse, Leo Löwenthal, o Walter Benjamin, de este último destaca un escrito autobiográfico en el que relata sus recuerdos de niñez y juventud en su Berlín natal; el análisis que realiza Jeffries es de una finura ejemplar, ya que desvela como tal escrito no es un mero escrito nostálgico sino que encaja con la tarea arqueológico-cultural en la que tanto destacaría el autor de las Tesis de la historia, se detiene en las relaciones, y diferencias, entre la mirada proustiana y la benjaminiana. Sirve a la vez este texto para describir las condiciones familiares en la que había crecido él, que eran parecidas e intercambiables a las disfrutadas por algunos otros de los miembros de la Escuela, que inició su andadura en 1923; así no es casual que el escrito fuera admirado y aplaudido por otros miembros de la corriente al verse retratados en las descripciones de los tiempos y los ambientes expuestos. Se da en prácticamente todos los casos un enfrentamiento entre padres e hijos, o ciertas situaciones cuando menos contradictorias, ya que gente realmente adinerada y con suculentos negocios facilitaban dinero a sus revoltosos hijos. Ejemplo flipante de lo que digo es como el padre de Félix Weil, que era un poderoso potentado con potentes negocios, dio dinero a su hijo para que éste organizase un congreso, al que asistieron algunos pesos pesados del pensamiento marxista, Grigory Luckács o Karl Korsch entre ellos, con el fin de estudiar los motivos del fracaso de la revolución alemana de 1919; si esto fue en 1922, dos años después fundaba el Instituto del que hablamos, del que en 1930 Horkheimer con la estimable ayuda de Adorno , tomaba la dirección. Plasmación estas características de la relación edípica que dice el autor; relación que tras la llegada del nazismo se alteraría en su aprehensión .

Si lo dicho es enfocado con respecto a la década de 1900 a 1920, con atención a las posturas con respecto a la primera guerra, viene a continuación el repaso de las décadas siguientes: los tiempos de la endeble república de Weimar, el fulgurante ascenso del fascismo en Alemania, las razzias anti-judías y la fuga de la mayoría de los miembros de la corriente al otro lado del Atlántico; su dedicación académica en los campus del norte americano, y la vuelta al Viejo Continente tras la finalización de la segunda guerra mundial. Precisamente en la década de los sesenta en la que las movilizaciones estudiantiles, las manifestaciones contra la guerra del Vietnam y otras luchas anti-imperialistas y por una democracia auténtica, que los representantes de la nueva izquierda veían a la vuelta de la esquina, vestida con los ropajes del socialismo, los miembros de la Escuela se mostraron más que nunca aferrados a la teoría y frente a quienes recurrían a la acción, tachando a los protagonistas de tales luchas por Habermas directamente de “fascistas rojos” y por Adorno enfrentado con los estudiantes que interrumpían sus conferencias, mientras que éste decía ver en las organizaciones rebeldes replicadas algunas de las características autoritarias que habían florecido en el nazismo y el estalinismo. Sólo Marcuse no dudó un instante en apoyar las movilizaciones y hasta puede decirse que , en cierta medida, fue reivindicado – parece que más que leído- por los estudiantes movilizados ; Max Horkheimer alejado a la sazón de cualquier senda transformadora.

Se ha de señalar, en honor a la justicia, que las lecciones colaterales que ofrece el autor del ensayo, sobre las tensiones entre principio de realidad y principio de placer en Freud, o sobre el fetichismo de la mercancía de Marx y las derivaciones por los autores visitados son realmente certeras y no carecen de necesario rigor.

La sombra de Benjamin recorre, como hilo conductor, no pocas de las páginas del libro ya que, por una parte, sus lúcidos fragmentos sobre los pasajes parisinos, como lugares que representaban el nacimiento del capitalismo en el XIX, sirvieron a modo de guía de algunos pensamientos de otros filósofos de la corriente; tanto el estilo como la tragedia de la vida truncada en Port-Bou resultan significativos del tipo de vida que se vieron obligados a llevar los frankfurtianos, con su más y sus menos, en la tarea de escapar del desastre al por mayor organizado por el nacionalsocialismo,…De este modo , las críticas – hasta las realizadas por algunos desmadrados que llegaron a tacharlos de miembros de la CIA o de abiertos colaboradores del capital- resultan poco honestas, ya que las vidas de estos personajes no fueron desde luego un camino de rosas – conste que el ser víctima no otorga la razón-, y permanentes vacaciones en el mar, ni en hoteles de lujo…sino dedicados al oficio de escapar de la peste parda y de entregar sus enseñanzas que, sin lugar a dudas, resultaron clarificadoras y en muchos casos premonitorias sobre lo que luego llegó, hasta hoy mismo, en lo referente a las políticas culturales, al consumismo, a la alienación y reificación de los individuos, etc., etc., etc. Dicho esto, también es verdad que las tendencias teoricistas de estos pensadores se quedaba lejos del día a día de las luchas, no alineándose desde luego con la XI tesis sobre Feuerbach, de Marx, que mantenía aquello de que los filósofos hasta entones no habían hecho sino interpretar el mundo , y de lo que se trataba era de transformarlo…Varias cosas podrían decirse: 1) si se espera cualquier transformación llevada a cabo por los filósofos, estamos aviados, 2) algunos de quienes defendían la teoría como guía para la acción, acabaron analizando la realidad de manera esquemática y auto-referencial, y nada digamos del futuro que preveían que acabó convertido en un uniformado cuartel en nombre de la emancipación; 3) el tratar de analizar con tino los problemas de la sociedad no es una futilidad, sino que puede resultar cuando menos más certero que repetir una letanía liberadora a modo de mantra que al final no sirve más que para lograr el aplauso de los de la propia tribu, unificándola…y al pueblo que le den; y 4) acerca de la unión de teoría y práctica y del futuro luminoso de la humanidad…hay mucho que hablar y que desear, acerca de las posibilidades de realización …nos hallamos ante un Prometeo disfrazado de Sísifo. Pero de eso no toca, aunque tocar. Tocar, lo que se dice tocar puede tocar todos los días.

El libro resulta esclarecedor y avanza por medio del relato significativos episodios, que convierten la narración, en ágil, sin descuidar el rigor a la hora de poner al desnudo las principales teorías de los estudiados…así los análisis acerca de la dialéctica de la Ilustración, la dialéctica negativa, las teorías de la historia, los análisis que relacionaban eros y civilización, etc., etc., etc. Vidas y obras entrelazadas, lo que supone que las primeras vengan a explicar la dirección que fueron tomando los campos de investigación ( es decir, las obras); sin obviar el desplazamiento anti-dogmático, que supuso un giro con respecto al protagonismo proletario – que parecía fracasar en toda regla- en favor de los aspectos de la subjetividad, superestructurales, representados por la intelectualidad, abandonando la determinación infraestructural ( de “sobredeterminación” hablaba Louis Althusser como para minimizar el determinismo económico) lo que abrió las puertas a otros modos de ver las cosas, que hoy se traducen en armas frente a la « cultura a la carta, que elimina el descubrimiento casual, se burla de la dignidad y convierte la liberación humana en una posibilidad aterradora, los mejores escritos de la Escuela de Frankfurt tiene mucho que enseñarnos; como mínimo , sobre la imposibilidad y la necesidad de pensar de una manera diferente»…y en ese campo del penser autrement ( invitación foucaultiana ), avanzan hoy en día los intelectuales más incisivos del panorama teórico: Gilles Deleuze, Guy Debord, Michel Foucault ( que en sus últimos escritos se refería a su lectura tardía de los frankfurtianos ) , Giorgio Agamben, Jean-François Lyotard que reivindicaba el ejemplo del pensar por micrologías de Adorno, Slavoj Zizek, Frederic Jamenson, Antonio Negri…todos ellos intelectuales, por cierto.

Así las cosas, no le falta razón al autor del libro- que trabajó durante años en el diario The Guardian – cuando afirma que « el pequeño grupo de filósofos marxistas alemanes conocido como la Escuela de Frankfurt desarrolló algo llamado marxismo cultural que derrocó los valores tradicionales alentando el multiculturalismo, la corrección política, la homosexualidad y el colectivismo político…[ grupo] que merece que la liberen de sus detractores de aquellos que a propósito o no han tergiversado sus obras para sus presuntos fines. Asimismo merece que la liberen de la idea de que no tiene nada que decirnos en el nuevo milenio[…] cuando de hecho desarrollaron un poderoso aparato crítico para entender la época que atravesaban[…]. La Escuela de Frankfurt es relevante para nosotros porque tales críticas de la sociedad tienen aún más vigencia hoy que cuando fueron escritas»… Tal propósito es el que le guía en la elaboración de su obra, y juzgo que lo cumple con notable.

Notas:

Fuente:  http://kaosenlared.net/escuela-de-frankfurt-del-cafe-marx-al-cafe-max/

5 de abril de 2018.  ESPAÑA

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