Ética Política

Primera parte

El ámbito cómun de reflexión denominable con mayor o menor acuerdo ética política construye discursos normativos orientadores de la actividad pública. Le interesa la explicación mesurada de lo que debe ser la política desde determinados criterios morales. Por ello, este campo de reflexión ha de distinguirse claramente de la ciencia política. De esta son característicos los juicios descriptivos que procuran dar razón de lo que acontece, de hecho, en los diferentes niveles institucionales de un país, o de un sistema político. La economía y la sociología política, por ejemplo, aportan investigaciones pretendidamente asépticas de los comportamientos personales, institucionales y colectivos encuadrables en lo político. Por el contrario, la denominación de ética política expresa ya claramente el enfoque prescriptivo que se requiere para orientar las acciones de los diferentes sujetos implicados en decisiones políticas. Por ello, la reflexión filosófica en este campo habrá de centrarse en esclarecer cuáles son los presupuestos morales de mayor consistencia teórica, desde los que cabe guiar el comportamiento político, no sólo de los gobernantes, sino también, y en menor medida, de los ciudadanos gobernados.

Las diferentes éticas políticas de la historia han suscitado complejos problemas que atraviesan, con diferentes formulaciones y desde contextos distintos, siglos de pensamiento hasta nuestro presente. Ejemplo de algunas de estas nucleares cuestiones son: la tensión entre el elitismo y el igualitarismo (Platón), el diseño del mejor sistema de gobierno (Aristóteles), los conflictos entre el bien individual y el bien común (santo Tomás), la obligación de obedecer a la autoridad (Hobbes), la defensa de los derechos naturales desde el poder (Locke), los límites de la representación política (Rousseau), la libertad individual contra el poder político-social (Stuart Mili), la base moral de la democracia (Tocqueville), la responsabilidad de los políticos (Weber).

Nosotros nos vamos a centrar en dos dimensiones que, sin duda, engloban este ámbito de reflexión: por un lado, la vertiente de las más relevantes teorías éticas que se han ido constituyendo en el ámbito filosófico; y por otro lado, las complejas relaciones entre la ética y la política, entendiendo por ello la aceptación o el rechazo de criterios morales de la acción política. Ambos accesos a la ética política están apoyados por destacados pensadores, que le han ido dando un cariz significativo que han condicionado enfoques recientes.

1. La vertiente política de la ética

Es constatable, desde sus orígenes griegos, que la reflexión ética se construye con unas concretas preocupaciones políticas de fondo. La indagación socrática de los conceptos universales, tales como el dejusticia, suscitó en Platón tanto la teoría de las ideas como el de justificación intelectual de la necesidad del filósofo-gobernante.

Toda la especulación platónica, como bien queda indicado en la Carta VII, comporta una intencionalidad política: una implacable crítica a la relativista democracia ateniense. Este texto autobiográfico del anciano Platón nos ha explicado, por encima de sus inquietudes personales, las raíces políticas de toda la auténtica reflexión ética y las implicaciones políticas de toda elevada filosofía moral. Y en no menor medida, también las razones morales de la reflexión política crítica junto a las consecuencias prácticas del diseño de un Estado. Así pues, ya en sus albores griegos, y a través de las sucesivas etapas de la historia occidental, la ética filosófica ha sido sobre todo ética política; y la teoría política fue, y no puede dejar de ser aún hoy, normativa y orientadora de la actividad pública. Es más, la función política de la filosofía (metafísica, epistemología, antropología, ética), por la que abogaba Platón, se nos ha ido revelando, al cabo de los siglos, como inherente al auténtico pensar. La búsqueda de la justiciaes uno de los argumentos principales del pensamiento occidental desde La Repúblicadel viejo ateniense hasta la influyente y polémica Teoría de la Justiciadel norteamericano J. Rawls. Y en esta larga historia no siempre ha sido posible percibir con nitidez las fronteras entre la ética y la política.Estudiar al hombre y las instituciones por él creadas, diseñar las virtudes que le son propias y los bienes que anhela, desentrañar los mecanismos del poder y sus límites morales, han sido y son una misma filosofía. Las reflexiones éticas contemporáneas más relevantes se han ido construyendo con una aguda permeabilidad, tanto a los presupuestos socio-políticos del pensar moral, como a sus implicaciones para una revisión crítica del sistema democrático. En estas últimas décadas, filósofos tan influyentes y distintos como Mounier (personalismo), Lévinas (fenomenología), Ricoeur (hermenéutica), Rawls (contractualismo), Apel (kantismo), Rorty (paganismo), Maclntyre (aristotelismo)..., se han mostrado conscientes de que sus reflexiones éticas, o emanan de profundas preocupaciones políticas o constituyen una referencia crítica al que-hacer democrático. Y esta penetración en el pensamiento político no proviene de una causal opción de cada pensador, sino que responde a las internas exigencias del propio pensar ético-filosófico.

El comportamiento moral, aunque emana de una conciencia subjetiva, es en gran medida relacional. Todo hombre ha de vérselas en su vida diaria con la presencia más o menos real y encarnada de los diversos pronombres personales. Y todo pensador ha de asumir, en sus categorías filosóficas y en sus argumentaciones teóricas, la relevancia del tú-él y delvosotros-ellos, desde los cuales cabe dar sentido pleno a la práctica moral de cualquier sujeto, singular (/yo) o plural(nosotros).No es posible explicar en profundidad el mundo moral desde la perspectiva de la primera persona; y una vez que el pensamiento se abre al otro y al nosotros, como personas o sujetos morales, se está adentrando ya en la senda que conduce a la faz política de la ética. A excepción de yo, todos los demás pronombres-seres-personales, que se introducen pronto o tarde en cualquier detallada reflexión ética sobre verbos substantivados de las tres terminaciones reconocidas en nuestra lengua (tan nucleares como el amar cristiano y el comunicar dialógico; el deber ontológico y el valer axiológico; el convivir comunitario y el elegir existencialista…) conducen a la constatación clara de la dimensión política de la persona.

Notas:

Fuente: http://www.elmundodetehuacan.com/opinion/columnas/1308108-TPP3%20COLUMNA3

17 de marzo de 2014

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