Etica y politica

La filósofa española Adela Cortina, considera que el radicalismo del siglo XXI consiste en “emprender en todos los ámbitos e instituciones una revolución ética”.

En el mundo existen múltiples combinaciones de ética y política. En México hay un divorcio tan brutal entre ambas que la política se hace cada vez más intolerable. ¿Existe solución?

El tema es antiquísimo y tiene dos grandes posturas. Una sostiene que ni la moral ni la ética tienen aplicación en la política; lo fundamental es obtener el poder y preservarlo por el mayor tiempo posible. Para otra corriente, que suscribo plenamente, una sociedad funcional bien estructurada y organizada debe guiarse por valores asociados con la ética: igualdad, libertad, justicia, tolerancia, respeto a la naturaleza y a la diversidad, etcétera.

El Partido Acción Nacional y lo que ahora es el Partido de la Revolución Democrática nacieron invocando valores con los cuales buscaban distinguirse de la manera tan feroz como ejercían y mantenían el poder los priistas. Manuel Gómez Morin se enorgullecía de que el PAN viviera en la “intransigencia diamantina de los principios” y Carlos Castillo Peraza aseguraría, años más tarde, que ellos anteponían “la ética a la política”. Y en la izquierda, personajes como Valentín Campa, Heberto Castillo y Cuauhtémoc Cárdenas confirmaron una y otra vez que es posible actuar con principios en la política.

Todos esperábamos que cuando el PAN y el PRD llegaran al poder encabezarían una revolución ética. No fue así y ello se demuestra en indicadores como el Índice de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional, según el cual este rasgo de la vida nacional no se ha modificado para nada en los años que llevamos de alternancia. Las mediciones numéricas se ven confirmadas con el acontecer diario.

La tragedia de la guardería de Hermosillo demuestra cuán vivo sigue el tráfico de influencias en los gobiernos priistas; la entrega de Lotería Nacional para la Asistencia Pública a Elba Esther Gordillo y su grupo confirma que para Felipe Calderón la “intransigencia diamantina” consiste en el pago de facturas a quienes le ayudaron a ser Presidente; el fandango de Iztapalapa es una vergüenza para el PRD y para Andrés Manuel López Obrador, y una constatación de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación sigue empeñado en contribuir a la incertidumbre jurídica.

El movimiento en favor de anular el voto nació porque la principal preocupación de nuestra clase política es preservar el poder y porque nos sentimos indefensos ante sus tropelías. En teoría, los organismos públicos de derechos humanos (y entre ellos incluyo al Tribunal antes mencionado) tienen la función de defender los derechos de las mayorías. Salvo contadas excepciones, estos organismos han sido avasallados por los partidos que no toleran la independencia y la autonomía. El saldo neto es que la función de la ciudadanía se reduce a votar cada tres años y a padecer el resto del tiempo las consecuencias de una democracia enferma.

La Italia de Berlusconi nos recuerda que no somos el único país que padece estos males. Lógicamente, han surgido propuestas como la de la filósofa española Adela Cortina, quien considera que el radicalismo del siglo XXI consiste en “emprender en todos los ámbitos e instituciones una revolución ética”. Según esta pensadora, los ciudadanos “tienen en sus manos la posibilidad de ser los verdaderos protagonistas de una nueva ética basada en los conceptos de dignidad, felicidad, compromiso y diálogo”. La revuelta anulacionista es un esfuerzo por sacudir las conciencias y lograr que quienes gobiernan en nuestro nombre incorporen el bien común en sus consideraciones.

Es inevitable que en este movimiento surjan expresiones maximalistas. José Woldenberg (Proceso, mayo 31, 2009) y otros han señalado que por momentos se cae en un peligroso maniqueísmo y que la “retórica antipolítica” pone en un lado a una clase política perversa, corrupta e ineficiente y en el otro, a un pueblo “noble, incorruptible, trabajador”. Advierte, entonces, que de esa contradicción puede surgir un “salvador, que puede ser un movimiento, un líder carismático” que destruya lo logrado. Intransigencias similares aparecen en quienes nos condenan pese a que la anulación de los votos está incluida en las leyes electorales.

Es muy probable que el movimiento anulacionista coincida en un pliego petitorio mínimo que de ser tomado en consideración por los partidos podría llevar a nuestra lenta y tortuosa transición a la etapa de la refundación democrática.

La Miscelánea

Entretanto, sigue habiendo avances consistentes en el entendimiento de la transición. Ilán Bizberg y Lorenzo Meyer presentaron la semana pasada los cuatro volúmenes de Una historia contemporánea de México, en edición de Océano y el Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México. En ellos, docenas de autores iluminan diferentes aspectos de nuestra historia reciente. Una fiesta del conocimiento y una obra de referencia que se hará indispensable.

Colaboró para esta columna Guadalupe Correa.

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Notas:

Fuente: Reforma.  reforma.com

MEXICO.  24 de junio de 2009

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February 23, 2010 - 1:58 PM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

LA AFINIDAD ENTRE ARTE Y ETICA EN LA METAFISICA


    Se aspira al conocimiento total con respecto a lo guardado en la fuente, el receptáculo de los valores; se busca la estabilidad, el reconocimiento de un buen desempeño, por parte de la más destacada de las asociaciones. Se persigue terminar con todo lo dañino, con el mínimo asomo de infamia de parte de los que aún guardan recuerdos de las malas costumbres. Afortunadamente son pocos los bárbaros, reducidos por parte nuestra a un mínimo de expresión; sin embargo, uno de ellos es suficiente para contaminar todo un reino;  por eso no se los puede dejar entrar en ninguna de las casas, se los debe dejar morir de hambre en sus cuevas. A eso se aspira, a la desaparición de todos los salvajes; a hacer bien las cosas a la hora de rendir cuentas.

    En el momento de la definición aparece la duda, se presentan los hostigadores e intentan meter las manos, sus manos sucias. Sin embargo se sale del trance y se vence a medias, pues algunas veces no se entregan todas las cuentas, dejando parte del trabajo para el otro día, no siendo este proceder lo recomendado; lo ideal, en este caso, sería acertar en el primer intento y de esta manera salir del embrollo. Es ésta la forma correcta. La otra forma se ha dispuesto para los más débiles. Cuando ocurre esto, lo de repetir la acción, es como si se obedeciera a los bárbaros así no se les dé alimento. En este caso, al repetirse la acción, ésta debe ser más cuidadosa, debe existir mayor pulcritud en el ejercicio.

  Estos desempeños son reiterativos, aunque los períodos no guardan unos con otros tiempos demarcados; todo depende de las fases de la luna, del comportamiento del mar, de la calidad de los trabajos de los vigilantes en los campos y en las entradas de las ciudades. Dependiendo de estas conductas, serán largos o cortos los ciclos; muchas o pocas las caídas y las levantadas de los competidores en el proceso de crear los reinos o los Estados; siempre habrá infectados a la hora del término, a veces antes, siendo la medicina la misma pulcritud de la definición.

    Todos conocemos lo de la necesidad de prepararse para llegar con vida hasta el lugar donde se deben rendir las cuentas; se deben adiestrar bien las tropas a fin de no sufrir ruinas; construir buenas naves. Todo el material de valor debe llegar intacto a su destino, así será mayor la riqueza obtenida.

    Nos estamos refiriendo a la forma correcta de preparar el terreno para cuando llegue la hora de tomar la decisión final, la más difícil, representada en el hecho de entregar los bienes, conocido también como la riqueza. Refiriéndose a la negativa de entregar los ahorros, algunos peregrinos comparan este proceder con el de colocar frenos a los bueyes, es decir determinan retener por más tiempo el producto, pensándose en sacarle el mejor provecho, pues el producto retenido significa la vida y, por tanto, el saber, la aproximación al material regio de la fuente, comparado este hecho a la aproximación al Sol, a Dios. De eso se trata: la retención del material regio abre las puertas a otros sitios; nada fácil, naturalmente; sin embargo la insistencia abona experiencia, base del vigor; en este caso no se trata de mezquindad ni de quebrantar la ley; todo lo contrario, se busca dejar señales firmes y profundas del cumplimiento del orden.

    En lo de colocarle frenos al buey, como dicen los peregrinos, se hace alusión al dominio de la fuerza de los elementos contenidos en el material regio; el propósito es amansar a los bueyes, cabalgar sobre ellos a manera de deporte, pudiéndose comparar esta determinación con los preparativos para la guerra, donde, si las estrategias son las más adecuadas, el combate resulta fácil, haciéndose casi inexistente el enemigo. Esta es la parte correspondiente al arte en la metafísica, donde aquél y la ética se confunden.

    El arte no está libre de riesgos, de conflictos; basta con iniciar la actividad para experimentar en seguida la oposición de los revoltosos; así ha sido siempre, aunque cada vez la oposición al arte se hace más débil y se espera por la desaparición total de estos opositores.

    La severidad es una manera de salir adelante y se aprecia su importancia frente a la de los revoltosos. Aplicando este método se ha llegado al buen resultado, dándosele uso a todos los términos, y se les continuará dando. Porque hasta contra eso se debe luchar, contra el rigor de los dados a obedecer a sus líderes en los bandos opuestos.

    No se puede preferir adoptar las disciplinas de los bárbaros, sería una locura, puede decirse haber perdido el tiempo, haber trabajado en vano; sería como perder el juicio pues entonces estábamos descendiendo de posición, bajando peldaños hacia la animalidad, trayéndonos esta falla mucho dolor y llanto. El buen desempeño en los términos debe servir de ejemplo en todas las demás culminaciones, sin tomar otras rutas, sin atender a las voces lisonjeras al pie del oído, de entidades enfermas. Se debe avanzar con pisadas firmes, la frente en alto, con tapones de cera en los oídos, y cerrados los ojos para no caer en la tentación de las dádivas y de algunas voces femeninas, sin ser exclusivas de mujeres.

    Durante este ciclo se puede presentar un reposo de la materia, dejando atrás las sustancias universalmente admitidas, inclusive, con lo cual se despeja toda idea del término; esto lo podemos considerar un prodigio, sobre todo si la inmovilidad de la materia es a largo plazo. Con este acontecimiento se salvan muchas vidas.

    Elegir las otras sustancias aceptadas por pocas personas (no las aceptadas universalmente, lo ideal), es semejante a determinar la conclusión en los cambios de la sustancia, de su estado bruto al sublime; estaríamos aplicando la justicia por nuestras propias manos, cuando esta decisión pertenece únicamente a los jueces. Al proceder de esa manera nos acercamos peligrosamente a la materialización del crimen, es decir nos convertimos en homicidas potenciales pues estamos sembrando el germen de la violencia, y todo violento es un asesino en potencia; obviamente retrocedemos; no solamente desbaratamos la casa; también perdemos la esperanza por emprender un viaje seguro hacia la libertad definitiva; nadie volverá a creer en nosotros así no seamos criminales auténticos, pero basta con las intenciones expresadas por nosotros al haber cruzado ciertos límites, por haber tocado la línea donde comienza el peligro. La fortaleza es indispensable; en esta labor no califican hombres indecisos, débiles frente a las dádivas; se trata de acciones cuantitativas; aquí no hay espacio para la insuficiencia; es como procesar oro.

    El acto de determinar el fin en los cambios de la materia puede conducir a acciones reiteradas de la misma índole, o tal vez peor, más desastrosas. El final debe darse por voluntad propia de los regidores del proceso; solamente así se llega a la confiabilidad absoluta, se puede proceder incluso con los ojos cerrados (valga la comparación); así, nada se corrompe, el resultado es excelso; es lo ideal, la reiteración en esta conducta. Al momento de darse esta acción no debemos desaprovecharla dándole más largo del permitido, pues, de ser así, se corre demasiado riesgo: el material puede corromperse, presentándose el caos, la confusión y hasta el final indeseado. Obviamente, la experiencia nos lleva a tomar decisiones fundamentales.

    Elegir una cosa en vista de otra supone que se escoge entre el bien y el mal, luego de mucho batallar y de sufrir las inclemencias de los terrenos agrestes. Elegimos el bien; elegir lo otro sería arrastrarnos hacia lugares degradantes donde se experimenta el dolor intenso. Precisamente la práctica filosófica nos encamina a ese fin, el de elegir lo mejor y no dejarnos engañar frente a los incentivos ofrecidos por la contraparte. Es de anotar, sin embargo, que en tiempos antiguos, a falta de experiencia, se optaba por decisiones de carácter personal, sin miramientos, sin temor a perder lo adquirido, sin miedo a las consecuencias, esperanzados en conseguir apoyo en la fuerza contraria, cuando en verdad ésta lo devora todo, aun el alma. Se prefería tomar dicho camino atraídos por la fragancia irresistible. Se carecía entonces de la ciencia, de la ética. No existían los hombres fuertes, y todas las tropas del enemigo estaban formadas de gigantes; así, nadie podía ponerse de pie, todos nos arrastrábamos. Con el transcurrir del tiempo, luego de múltiples tropezones, unos más violentos que otros, fuimos entrando en razón de nuestro desequilibrio y ceguera. Así nació la experiencia, base del saber, lanzándonos a la conquista del bien soberano.

    El fin requerido por sí mismo comprende también una orden, otro principio de menor presencia que bien podríamos señalar como la esencia de la esencia, lo cual nos daría un concepto nuevo del ser, un sentir conectado con la infinitud y lo inalcanzable, algo parecido a la nada, al círculo o huevo filosófico. La nada representa el punto de partida del ser; la materia hacia la antimateria, una forma del no ser, confirmándose así el cierre del círculo con los dos extremos, el del ser y el del no ser: éste representando su propia muerte; el ser representando la vida a partir del no ser. Decíamos que se trata de un concepto nuevo, donde se aprecia la existencia del ser a partir del no ser, siendo inmortal el ser a partir de la adquisición del conocimiento. Para interpretar esto imaginémonos una bolsa llena de aire; cuando la bolsa está llena, significa el ser; al salirse el aire, tenemos al no ser; el aire y la bolsa en sí representan al ser; no ser es ese estado de la bolsa vacía sin ser propiamente la bolsa y el aire; es decir, la bolsa vacía es el ser en reposo; la bolsa llena está siempre en movimiento, lento al principio, fuerte al final, relacionado esto con la potencia, el motor.

    Los demás fines obedecen al fin principal, el bien soberano. El fin principal está arraigado en la firmeza mayor de la experiencia; nada lo detiene en su impulso hacia la gloria, pues los obstáculos se han vuelto enanos; los demás fines también gozan de buena salud; solamente esperan la disolución de las aguas y de la tierra. Estos son como estaciones en el camino, especies de puntos de apoyo, discípulos. Estos luchan eventualmente contra los hombres primitivos que no entraron en el nuevo orden: los devoradores de almas.

Fragmento del libro: “LA ANTIFILOSOFIA Y LA BOMBA ATOMICA”,  autor:  ANTONIO RAMOS MALDONADO


May 18, 2012 - 9:56 AM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

INTELIGENCIA EMOCIONAL


Los hombres que poseen una elevada inteligencia emocional suelen ser socialmente equilibrados, extrovertidos, alegres, poco predispuestos a la timidez y a rumiar sus preocupaciones. Demuestran estar dotados de una notable capacidad para comprometerse con las causas y las personas, suelen adoptar responsabilidades, mantienen una visión ética de la vida y son afables y cariñosos en sus relaciones. Su vida emocional es rica y apropiada; se sienten, en suma, a gusto consigo mismos, con sus semejantes y con el universo social en el que viven.
Las mujeres emocionalmente inteligentes tienden a ser enérgicas y a expresar sus sentimientos sin ambages, tienen una visión positiva de sí mismas y para ellas la vida siempre tiene un sentido. Al igual que ocurre con los hombres, suelen ser abiertas y sociables, expresan sus sentimientos adecuadamente (en lugar de entregarse a arranques emocionales de los que posteriormente tengan que lamentarse) y soportan bien la tensión. Su equilibrio social les permite hacer rápidamente nuevas amistades; se sienten lo bastante a gusto consigo mismas como para mostrarse alegres, espontáneas y abiertas a las experiencias sensuales. Y, a diferencia de lo que ocurre con el tipo puro de mujer con un elevado CI, raramente se sienten ansiosas, culpables o se ahogan en sus preocupaciones.
Los hombres con un elevado CI se caracterizan por una amplia gama de intereses y habilidades intelectuales y suelen ser ambiciosos, productivos, predecibles, tenaces y poco dados a reparar en sus propias necesidades. Tienden a ser críticos, condescendientes, aprensivos, inhibidos, a sentirse incómodos con la sexualidad y las experiencias sensoriales en general y son poco expresivos, distantes y emocionalmente fríos y tranquilos.
La mujer con un elevado CI manifiesta una previsible confianza intelectual, es capaz de expresar claramente sus pensamientos, valora las cuestiones teóricas y presenta un amplio abanico de intereses estéticos e intelectuales. También tiende a ser introspectiva, predispuesta a la ansiedad, a la preocupación y la culpabilidad, y se muestra poco dispuesta a expresar públicamente su enfado (aunque pueda expresarlo de un modo indirecto).
Daniel Goleman también recoge el pensamiento de numerosos científicos del comportamiento humano que cuestionan el valor de la inteligencia racional como predictor de éxito en las tareas concretas de la vida, en los diversos ámbitos de la familia, los negocios, la toma de decisiones, el desempeño profesional, etc. Citando numerosos estudios Goleman concluye que el Coeficiente Intelectual no es un buen predictor del desempeño exitoso. La inteligencia pura no garantiza un buen manejo de las vicisitudes que se presentan y que es necesario enfrentar para tener éxito en la vida.


El concepto de “Inteligencia Emocional” enfatiza el papel preponderante que ejercen las emociones dentro del funcionamiento psicológico de una persona cuando ésta se ve enfrentada a momentos difíciles y tareas importantes: los peligros, las pérdidas dolorosas, la persistencia hacia una meta a pesar de los fracasos, el enfrentar riesgos, los conflictos con un compañero en el trabajo. En todas estas situaciones hay una involucración emocional que puede resultar en una acción que culmine de modo exitoso o bien interferir negativamente en el desempeño final. Cada emoción ofrece una disposición definida a la acción, de manera que el repertorio emocional de la persona y su forma de operar influirá decisivamente en el éxito o fracaso que obtenga en las tareas que emprenda.
Este conjunto de habilidades de carácter socio-emocional es lo que Goleman definió como Inteligencia Emocional. Esta puede dividirse en dos áreas:
Inteligencia Intra-personal: Capacidad de formar un modelo realista y preciso de uno mismo, teniendo acceso a los propios sentimientos, y usarlos como guías en la conducta.
Inteligencia Inter-personal: Capacidad de comprender a los demás; qué los motiva, cómo operan, cómo relacionarse adecuadamente. Capacidad de reconocer y reaccionar ante el humor, el temperamento y las emociones de los otros.

 


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