Humanismo tomista y orden politico en Carlos Alberto Sacheri

Reflexionar sobre la situación política actual desde la filosofía práctica de Santo Tomás,
según las enseñanzas de Carlos Alberto Sacheri.  Tucumán Argentina 22 de julio de 2009.

CONGRESSO TOMISTA INTERNAZIONALE
L’UMANESIMO CRISTIANO NEL III MILLENNIO:
PROSPETTIVA DI TOMMASO D’AQUINO

ROMA, 21-25 settembre 2003
Pontificia Accademia di San Tommaso – Società Internazionale Tommaso d’Aquino
© Copyright 2003 INSTITUTO UNIVERSITARIO VIRTUAL SANTO TOMÁS
Fundación Balmesiana – Universitat Abat Oliba CEU

La presente comunicación, nacida al calor del intento por manifestar el
carácter vivo y viviente del tomismo, abriga una doble aspiración: Reflexionar
sobre la situación política actual desde la filosofía práctica de Santo Tomás,
según las enseñanzas de Carlos Alberto Sacheri, preclaro filósofo argentino
forjado en el crisol sapiencial del Aquinate, y al hacerlo, responder al pedido de
1 Sacheri, Carlos Alberto, Estado y Educación, Verbo nº 82, Bs. As., 1968, pág. 18. En
adelante, todas las citas de escritos del autor aparecidos en Verbo, se refieren a la
publicación editada en Buenos Aires.

In the present work, we reflect upon the current politics from the practical philosophy of St. Tomas, as exposed by a
contemporary Argentinean Thomist, Carlos Sacheri. From the evidence of the theoretical and practical crisis of politics, some key theoretical guidelines are shown, all of them based on the truth about the human being. From that
anthropological instance, a healthy political theory is structured, integrated with unavoidable principles, such as
subsidization, solidarity and common good. An adequate consideration of the relation between the temporal common good and the supernatural common good is essential to rebuild the political theory. Political life cannot be reduced to the binomial person-state or freedom-authority, since it is made up by three elements, since together with the other two, Christ is present. Christ’s Social Royalty must be rediscovered and incorporated into an authentic political practice.
Without it, we would relapse in naturalist elaborations, which in practice, have led to the present secular
totalitarianism. Along with political theory, it is essential to create new and efficient methodologies for political practice, in all its multiple and varied possibilities. Finally, a genuine leading class should be formed according to the natural and Christian principles of politics. A class mode up by those from different social levels, who have a calling for service.
The exposition of Sacheri’s thought is a non exclusive proof the richness and strength that the Thomist Political
Philosophy has for the establishment of human Humanism, creator of a political order that is worth living.

“El mundo moderno no ha hecho en los últimos siglos sino contradecir cada vez más
abiertamente las exigencias propias del sentido cristiano de la vida, disociando profundamente la
vida pública de los valores sobrenaturales. Las graves consecuencias de ese proceso se manifiestan
hoy más claramente que nunca.”1

R. VON BÜREN, Humanismo tomista y orden político en Carlos Alberto Sacheri
p. 2
Juan Pablo II respecto de la necesidad de recuperar los testimonios y obras de
los mártires de nuestro tiempo:

“Al término del segundo milenio, la Iglesia ha vuelto de nuevo a ser Iglesia de mártires. Las
persecuciones de creyentes –sacerdotes, religiosos y laicos-, han supuesto una gran
siembra de mártires en varias partes del mundo… Es un testimonio que no hay que
olvidar… En nuestro siglo han vuelto los mártires, con frecuencia desconocidos, casi ‘militi
ignoti’, de la gran causa de Dios. En la medida de lo posible no deben perderse en la
Iglesia sus testimonios.”2

I) La política tomista y la crisis contemporánea

1.- La agobiante experiencia de la aguda y ya inocultable crisis
contemporánea de la política, ha puesto en cuestión no sólo una manera de
practicarla, sino lo que es más grave, los principios sobre los que reposan las
teorías en boga y las instituciones que ambas (teoría y praxis) han promovido.
Las pretendidas autocorrecciones “internas” a los diversos sistemas sólo han
permitido alargarles la existencia al igual que a sus beneficiarios visibles e
invisibles, pero no han posibilitado una convivencia comunitaria que plenifique
al hombre. La situación apuntada se transforma en una paradoja, pues se
aprecian en toda su crudeza los límites y carencias de tantos “humanismos” que
envueltos en pomposas declamaciones humanitarias, se han mostrado ajenos a
las exigencias humanas, develando su auténtico rostro ideológico. Luego de los
campos de exterminio, los gulag, las bombas atómicas, el aborto legalizado y
promovido, el avasallamiento de las conciencias por los mass media, y tantas
otras refinadas expresiones de deshumanización, el balance histórico es
francamente negativo.

2.- Hace tiempo, Meinvielle reafirmaba un postulado de la sabiduría
antropológica y ética de la tradición: “La Política debe servir al hombre”, y
agregaba:

“He aquí una fórmula que dice muy poco y muy confusamente si no se tiene un
verdadero concepto del hombre; fórmula que en cambio lo dice todo y muy
luminosamente, si se posee este auténtico concepto. El Filosofismo y la Revolución,
antes de corromper la política y lo mismo dígase de la economía, corrompieron al
hombre. La Iglesia, en cambio, antes de dar una política cristiana, ordenó al hombre y
nos dio al cristiano.“3

2 Juan Pablo II, Tertio Millenio Adveniente, nº 37. Cursivas en el original. En igual
sentido Incarnationis Mysterium, nº 13 y Novo Millenio Ineunte, nº 7.
3 Meinvielle, Julio, Concepción Católica de la Política, 4º edición, Dictio, Bs. As., 1974,
pág. 18. La 1º es de 1932.
Congresso Tomista Internazionale
p. 3

La íntima relación entre el hombre y la política, entre el “humanismo” y
el “orden político”, ha sido negada, desdibujada o adulterada por las diversas
ideologías que en el decurso histórico han configurado las instituciones y las
actividades políticas en los últimos siglos. Aquellas, tributarias del Iluminismo
del Siglo XVIII en lo más cercano, pero manifestaciones todas ellas del proceso
de secularización de la modernidad, van a ir acrecentando el olvido del ser a
favor de un pensar desgajado de la realidad. En vez de servir al hombre, lo
despojan de sus atributos entitativos hasta convertirlo en puro individuo. La
praxis ha sido sustituida por la poiesis y el Bien Común por la voluntad de
poder y la fría “razón de Estado”. El proceso histórico de “desrealización” del
orden político auténtico, ha seguido el destino de la cultura, de la que es una
expresión.4

La evidencia destructora de las ideologías modernas y post-modernas,
no debe hacernos olvidar su matriz intelectual, desde la que brotan los frutos
agraces que contemplamos. Mucho podríamos decir al respecto, pero sólo nos
detendremos a señalar un rasgo, que más allá de diferencias de superficie,
resulta distintivo de todas las corrientes dominantes: Su inspiración
decididamente antimetafísica y su consecuente rechazo del pensamiento
tomista. Hoy, no es políticamente correcto adherir al tomismo o defender una
filosofía práctica que lo tome como fuente inspiradora, e incluso mentar la
posibilidad de una filosofía práctica. Sin embargo, es precisamente el
agotamiento de las diversas vertientes filosóficas adversas, que se han revelado
falsas en la teoría e ineficaces y destructivas en su aplicación a la praxis política,
el que permite alentar la esperanza de la rehabilitación de la filosofía política
del Aquinate.

3.- Ahora bien; la fecundidad y vigencia del pensamiento de Santo
Tomás, puede constatarse estudiando directamente su magna obra, pero
también, indirectamente, recorriendo el itinerario intelectual de aquellos que
inspirados en sus principios e intuiciones esenciales, las han acogido,
profundizado, difundido y aplicado a los múltiples y cambiantes desafíos que
la historia ofrece cotidianamente a la humanidad. Dos modos, pues, de
4 El despliegue temporal de la crisis cultural signada por la secularización,
comprende un arco histórico vasto y complejo. Al respecto, cf. Calderón Bouchet,
Rubén: La Ciudad Cristiana , Ciudad Argentina, Bs. As., 1998; La Ruptura del Sistema
Religioso en el Siglo XVI, Dictio, Bs. As., 1980; Las Oligarquías Financieras contra la
Monarquía Absoluta, Dictio, Bs. As., 1980; La Revolución Francesa , Santiago Apostol y
Nueva Hispanidad, Bs. As., 1999 e Iluminismo y Política, Santiago Apóstol, Bs. As., 2000;
Guardini, Romano, El Ocaso de la Edad Moderna , Guadarrama, Madrid, 1963; Fósbery,
Aníbal O.P., La Cultura Católica, Terrra Media, Bs. As., 1999, Segunda Parte: “Cultura
Católica y Modernidad”, pág. 407-493.
R. VON BÜREN, Humanismo tomista y orden político en Carlos Alberto Sacheri

p. 4
asomarnos al manantial filosófico-teológico del Aquinate. Uno, por la consulta
directa de sus escritos. Otro, indirecto, estudiándolo por transparencia, en la
obra de los tomistas, conforme su mayor cercanía y contacto vivo con la fuente
original del Doctor Común.

Un ilustre pensador, Carlos Alberto Sacheri, va a acompañarnos en estas
reflexiones sobre “Humanismo y Orden Político”, mostrándonos que sólo por el
camino de la recuperación de la verdad del hombre y de sus proyecciones
políticas será posible el nacimiento de un auténtico humanismo, promotor de un
orden político al servicio de la persona:

“Era Sacheri un tomista, despojando rápidamente al término de los abusos semánticos de
la manualística filosófica. Lo que equivale a sostener, según oportuna aclaración de
Castellani, que es aquel que posee la inteligencia lo suficientemente alada como para
rumiar y degustar al Doctor Angélico, recreándolo antes que repitiéndolo, extendiéndolo
antes que anquilosándolo, aplicándolo en todo más que reduciéndolo a un manojo de
citas. No el Tomás catalogado y vivisecado de los CD para el personal computer, sino el
Santo Tomás vivo y fresco, perenne y enorme, a quien se le apareció una tarde el buen
Jesús ofreciéndole recompensas por sus empeños, mientras él balbuceara apenas: Señor, yo
no quiero otra cosa que Vos mismo.“5

II) El perfil biográfico e intelectual de Sacheri

4.- Carlos Alberto Sacheri nació en Buenos Aires el 22 de octubre de 1933,
destacándose desde joven por su capacidad intelectual y sus virtudes humanas
y cristianas. Perteneció en su niñez y adolescencia a la Acción Católica
Argentina. En tiempos de estudiante universitario y después durante diez años,
siguió al P. Julio Meinvielle, quien fue su principal formador, en la lectura y el
estudio de Santo Tomás de Aquino. Se graduó en Filosofía en 1957 y en 1961
ganó la beca del Conseil des Arts du Canadá, en concurso internacional.
Estudió bajo la dirección de Charles De Koninck en la Universidad Laval de
Quebec (Canadá), donde en 1963 obtuvo su Licenciatura en Filosofía, con
mención “Magna Cum Laude” y de Doctor en Filosofía, con mención “Suma
Cum Laude” en 1968, con una tesis sobre “La existence et nature de la
Deliberation”.

Fue profesor titular de Metodología Científica y de Filosofía Social e
integrante del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales y
Económicas de la Pontificia Universidad Católica Argentina; profesor titular de
5 Caponnetto, Antonio, Introducción a Carlos Alberto Sacheri, un mártir de Cristo Rey,
Roca Viva, Bs. As., 1998, pág. 15. En su estudio Autoridad doctrinal de Santo Tomás,
Diálogo, San Rafael, 1994, Sacheri muestra la adhesión expresa del Magisterio de la
Iglesia al pensamiento tomista.

Congresso Tomista Internazionale
p. 5

Filosofía y de Historia de las Ideas Filosóficas y Director del Instituto de
Filosofía de la Justicia de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de
Buenos Aires; profesor de Ética y de Filosofía Social del Institute de Philosophie
Comparée de París; profesor de Filosofía Social y de Teoría de los Valores en la
Universidad Laval, en Quebec (Canadá); de la Universidad Católica Andrés
Bello, en Caracas (Venezuela) y principal propulsor de la Sociedad Tomista
Argentina, de la que era Secretario. Actuó También como Coordinador General
del Instituto de Promoción Social Argentina y como presidente de la Obra de la
Ciudad Católica. En 1970, fue nombrado Secretario Científico del CONICET
(Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), del que era
Investigador Principal. En 1974 fue designado Coordinador General del Ingreso
Único a la Universidad Nacional de Bs. As.

Prolífico conferencista y formador de jóvenes dentro y fuera de
Argentina, colaboró regularmente con numerosas publicaciones especializadas
como Presencia, Verbo (Argentina), Verbo (España), Universitas, Premisa, Cabildo,
Mikael, Ethos, Diálogo, Universidad, Les Cahiers du Droit (Francia), Philosophica
(Chile). El Dr. Sacheri publica en 1971 la crónica teológica “La Iglesia
Clandestina”, obra de gran profundidad sobre la subversión en la Iglesia
Católica y la infiltración marxista en su seno, que alcanzó en pocos años (5)
cinco ediciones. En mayo de 1971, el diario “La Nueva Provincia” de Bs. As.
inicia la publicación de una serie de notas sobre el tema “La Iglesia y lo social”,
magistral síntesis de la Doctrina Social de la Iglesia, cuya recopilación se
publicó como “El Orden Natural”, que cuenta también con (5) cinco ediciones y
sobre la que el Nuncio Apostólico en Argentina Lino Zanini, escribiera:

“La Secretaría de Estado de Su Santidad, habiendo tomado conocimiento de dicha
publicación, me informa con Oficio nº 214455 del 19 de los corrientes (julio de 1972),
que el Santo Padre ha expresado su viva gratitud por los mencionados artículos. La
Secretaría de Estado, por su parte, dado el particular interés del tema, expresa su
satisfacción por esta feliz iniciativa”.

Señala Héctor Hernández que

“Sacheri se caracterizó por ser primero y como profesión y deber de estado, un filósofo.
Como tal estudió, meditó y contempló la Verdad, se doctoró, enseñó a nivel de
investigación, a nivel universitario y de divulgación. Su especialidad fue la filosofía
práctica, esto es, la filosofía de las cosas humanas, del actuar del hombre. Estudió
científicamente, como filósofo de profesión, el acto humano. Desarrolló con excelencia
las ‘técnicas de acción apostólica’. Sintió a lo vivo que el amor a la Verdad se manifiesta
viviéndola, y la encarnó como nadie, viviéndola, enseñándola positivamente y
combatiendo el error. Combatió el error no sólo en sus principios, sino en sus
aplicaciones… Hombre con capacidad teorética como el que más. Hombre de
R. VON BÜREN, Humanismo tomista y orden político en Carlos Alberto Sacheri
p. 6

pensamiento como nadie. Y hombre de acción… ¡Qué discípulo de Santo Tomás:
‘Transmitir a otros lo contemplado’! Hasta la muerte. Literalmente.”6
Su testimonio cristiano inmaculado, como esposo y padre de familia,
amigo, investigador, docente e impulsor de innumerables iniciativas de
restauración cívico-social de inspiración cristiana, lo signó como blanco
predilecto de las fuerzas anticristianas y en pleno auge de la violencia terrorista
de orientación marxista, el 22 de diciembre de 1974, luego de asistir a la Santa
Misa como lo hacía diariamente, fue asesinado inicua y cobardemente por el
ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), en presencia de su esposa y de sus
siete hijos, el mayor de 14 años y la menor de tan sólo 2 años de edad. Tenía 41
años.

Días después de su asesinato, sus autores remitieron una carta a la
revista Cabildo, adjudicándose cínicamente el crimen, al igual que el de otro
insigne pensador católico, sucedido un mes antes:

“Nos dirigimos a Ud. con la confianza que nos dan los dos contactos mantenidos… en
las personas de los queridísimos aunque extintos profesores Jordán Bruno Genta y
Carlos Alberto Sacheri… Enterados de la ferviente devoción que los extintos profesaban
a Cristo Rey, de quien se decían infatigables soldados, nuestra comunidad ha esperado
las festividades de Cristo Rey según el antiguo y el nuevo ‘ordo missae’ y ha permitido
que los nombrados comulgaran del dulce cuerpo de su Salvador para que pudieran
reunirse con Él en la gloria, puesto que en este Valle de Lágrimas eran depositarios de
la Santa Eucaristía…”
(Firma: ERP –Ejército Revolucionario del Pueblo-).7

Su vida ejemplar y su muerte mártir, no se entienden si no tenemos
presente que

“ante todo y por encima de todo, Sacheri era un apóstol. Esa era la tarea esencial de su
vida: Luchar en pro de la consagración del mundo y del país a Cristo, para que el Señor de
las naciones reine efectivamente en ellas. En ese sentido, Sacheri era uno, católico
íntegro, idéntico con su Fe. En este tiempo de tantas traiciones, de católicos que lo son
en casa y no en la función pública, en casa y no en la universidad, Sacheri lo era siempre
y en toda circunstancia.”8

6 Hernández, Héctor, Apuntes para una biografía de Sacheri, Cuadernos de
Espiritualidad y Teología, nº 24, San Luis, 1999, pág. 209 y 181. Cf. del mismo autor, Un
mártir argentino de la Cristiandad: Sacheri, Gladius nº 46, Bs. As., 1999, pág. 187-214.
7 Citado en Hernández, Héctor, Un mártir argentino de la Cristiandad: Sacheri, op. cit.,
pág. 211.
8 Caturelli, Alberto, Carlos Alberto Sacheri 1933-1974, Sapientia nº 115, Bs. As., 1975,
pág. 74. Cursivas en el original. Cf. del mismo autor, La Patria y el Orden Temporal,
Gladius, Bs. As., 1993, capítulo XII: “Carlos Sacheri, Testigo”, pág. 301- 315.
Congresso Tomista Internazionale
p. 7

5.- En ocasión de prologar El Orden Natural, Monseñor Adolfo Tortolo
caracterizó a Sacheri definiéndolo como “un gran pensador y un gran
maestro.”9 Y en efecto, Carlos Alberto Sacheri, a pesar de la corta edad con que
contaba al momento de su martirio, abordó con altura y profundidad los
diversos tópicos de la filosofía práctica, plasmando un pensamiento claro y
riguroso de fuerte raigambre tomista, pero al mismo tiempo, expuso sus ideas
de un modo pedagógico y sencillo, permitiendo que incluso personas ajenas a
los tecnicismos de escuela las entiendan. Tal su maestría.

Sacheri, “capaz de alcanzar los más altos niveles especulativos y al par,
eficaz y preciso en el campo del conocimiento práctico”,10 nos ofrece un ejemplo
paradigmático de intelectual tomista. Su profundo conocimiento del
pensamiento del Angélico, del que abrevara en sus fuentes directas, se aprecia
en sus abundantes y precisas citas, incluso cuando ellas se esconden en la
exposición, revelando una estructura mental tomista. Asímismo, es evidente el
aporte del Magisterio Pontificio -transido de tomismo-, que Sacheri asimila,
huellas del cual se aprecian constantemente en sus escritos, hasta revelar un
dominio acabado de la Doctrina Social de la Iglesia, de la que es un fino
conocedor e intérprete, pudiendo ser considerado como uno de sus más
importantes difusores en la Argentina. Al fin, en su discurso brillan las
enseñanzas de sus dos grandes maestros Meinvielle y De Koninck.
Con todo, Sacheri no fue un intelectual de gabinete. Además de elaborar
una sólida doctrina política, era consciente de la misión social del estudioso, lo
que lo llevó a sugerir y en muchos casos encarnar propuestas tendientes a
elaborar una estrategia de recuperación de un orden de convivencia respetuoso
de los derechos de Dios y los derechos del hombre. En particular, era consciente
de la necesidad de contar con un núcleo suficiente de hombres prudentes, que
inspirados en los principios naturales y cristianos de la política y munidos de
una adecuada versatilidad puedan actuar convenientemente en la praxis.
Sacheri, “hombre de pensamiento y de acción, fue el arquetipo de la conjunción
armónica y exacta de la teoría con la praxis.”11 Intentaremos mostrar sus
relevantes aportes en ambos planos de la política.

III) La teoría política: Algunos principios fundamentales

9 Mons. Tortolo, Adolfo, Prólogo al libro de Sacheri, El Orden Natural, Cruzamante,
Bs. As., 1975, pág. VII.
10 Zelmar Barbosa, Adelmar, Sacheri: El mandato de una acción concertada, Verbo nº 150,
1975, pág. 13.
11 Ramos, Fulvio, Sacheri: Modelo de apóstol laico, Verbo nº 179, 1978, pág. 32.
R. VON BÜREN, Humanismo tomista y orden político en Carlos Alberto Sacheri
p. 8

6.- Sacheri constata que

“dentro del amplísimo horizonte doctrinal constituido por la síntesis filosófica de Santo
Tomás de Aquino, su concepción del ordenamiento de las instituciones sociales no
siempre ha merecido la debida atención, ni ha escapado a interpretaciones erróneas por
parte de ciertos tomistas calificados.“12
Resulta necesario entonces una delicadeza particular al avanzar en el
estudio y la exposición de la política tomista, teniendo en cuenta que “hay en el
pensamiento político del Aquinate, aún cuando no se encuentren
sistematizados, los suficientes elementos para efectuar esa esperada
‘reconstrucción’ de la filosofía política.”13

En ese sentido, y supuesta una metafísica y una gnoseología realistas,
Sacheri señala que

“la elaboración social y política de Santo Tomás se funda en una admirable y completa
doctrina de la persona humana. Por aplicación del universalísimo principio operatio
sequitur esse, el obrar sigue al ser, según concibamos al hombre, así será nuestra
concepción de la sociedad humana.”14

La construcción doctrinal sacheriana reposa en un profundo y firme
soporte antropológico. Su visión del orden político brota de una detenida
consideración de la persona, concebida desde una perspectiva metafísica y
siguiendo a Boecio, como una “sustancia individual de naturaleza racional”.
Este sustrato antropológico reviste una importancia decisiva al analizar al orden
político, ya que éste no es una sustancia sino un todo accidental de orden cuyo
fin, el Bien Común Político es el nexo unificante de las partes. Surgen un plexo
de relaciones entre la persona y la sociedad política, resueltas en torno a la
defensa de la persona en el marco del Bien Común Político, el mejor de los
bienes personales.

Sacheri indica tres notas características en el ser humano: La
racionalidad, la responsabilidad y la libertad, indicando que su dignidad última
radica en ser una criatura hecha a imagen y semejanza del Creador. El
reconocimiento de la centralidad de la persona en el orden político, no hace
asumir a Sacheri las posiciones de un personalismo de modulación moderna y
secularizante defendido por Maritain o Schwalm, o de aperturismo marxista,
12 Sacheri, Carlos Alberto, Santo Tomás y el orden social, Mikael nº 5, Paraná, 1974, pág.
85.

13 Martínez Barrera, Jorge, Reconsideraciones sobre el pensamiento político de Santo Tomás
de Aquino, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo
(Mendoza), 1999, pág. 20.
14 Sacheri, Carlos Alberto, Santo Tomás y el orden social, op. cit., pág. 85.
Congresso Tomista Internazionale
p. 9

como Liegé, a quienes señala expresamente como ejemplos de desvirtuación de
la recta visión antropológica y política tomistas.15 Pero le permite resolver
diversas cuestiones como las de la propiedad privada -entendida como una
proyección del hombre sobre las cosas, de carácter no absoluto y con sentido
social-, la participación -con sus diferentes niveles de ejercicio de acuerdo a las
competencias y conocimiento de los temas en los que se toma parte- o del mejor
régimen político -admitiendo la legitimidad de cualquiera de ellos siempre que
coadyuve al Bien Común-.

7.- Es importante señalar que, sin confusiones epistemológicas, Sacheri
no desestima el dato revelado, elaborando una genuina filosofía política
cristiana. La verdad del hombre no puede omitir la consideración de su
dimensión religiosa (natural pero coronada por la Revelación), y
consecuentemente del pecado, original, personal y comunitario de los hombres.
Es el hombre real y no una entelequia el centro de las reflexiones sacherianas y
el que debe situarse en la base de una verdadero humanismo. Aparece,
ineludiblemente, la necesidad de la Gracia, no sólo para conocer la Verdad, sino
para vivirla en plenitud, individual y comunitariamente.16

8.- La sociabilidad humana, propiedad esencial de la persona, es “el
principio vinculador de la antropología con la filosofía social de Santo Tomás:
El ser humano es naturalmente social y político”,17 afirmación testimoniada por
la experiencia histórica y por el lenguaje humano, signo natural de sociabilidad.
Esta nota nos permite descubrir dos planos en el hombre: El orden de la
15 Cf. al respecto las observaciones efectuadas por José Luis Illanes, en su libro
Cristianismo, historia, mundo, EUNSA, Pamplona, 1973, pág. 11-14 y 211; Meinvielle,
Julio, Crítica de la concepción de Maritain sobre la Persona Humana , 2º ed. Épheta, Bs. As.,
1993; De Konick, Charles, De la Primacía del Bien Común Sobre los Personalistas, Cultura
Hispánica, Madrid, 1952 (con actualisimas apreciaciones en el cap. “Personalismo y
Totalitarismo”, pág. 113-123); Forment, Eudaldo, Lecciones de Metafísica, Rialp, Madrid,
1992, Lección X “Metafísica y Persona”, pág. 330-362 y Lachance, Louis O.P.,
Humanismo Político. Individuo y Estado en Tomás de Aquino, EUNSA, Pamplona, 2001, 2º
parte: “La Persona Humana y su inserción en el Estado”, pág. 93-242. De Sacheri puede
verse, Santo Tomás y el Orden Social, op. cit., pág. 86 y La Iglesia Clandestina , 5° edición,
Cruzamante, Bs. As., 1977, pág. 53.

16 Enseña Juan Pablo II en Centesimus Annus, nº 25. “El hombre creado para la
libertad lleva dentro de sí la herida del pecado original que lo empuja constantemente
hacia el mal y hace que necesite la Redención. Esta doctrina no sólo es parte integrante
de la Revelación Cristiana, sino que tiene un gran valor hermenéutico en cuanto ayuda
a comprender la realidad humana. El hombre tiende hacia el bien, pero también es
capaz del mal… El orden social será tanto más sólido cuanto más tenga en cuenta este
hecho”.

17 Sacheri, Carlos Alberto, Santo Tomás y el orden social, op. cit., pág. 88.
R. VON BÜREN, Humanismo tomista y orden político en Carlos Alberto Sacheri
p. 10

generación ligado al inicio de la vida humana y el orden de perfección,
orientado al pleno desarrollo ontológico-moral de la persona. El primero
origina la vida social y el segundo, la vida política.
Sacheri señala con preocupación que se ha descuidado la importancia del
medio social para la concreción de un genuino orden político y en definitiva
para permitirle al hombre plenificarse, olvidando que “las universidades y los
medios de difusión social, medios de comunicación masiva, configuran los dos
pilares institucionales, orgánicos de lo cultural en cualquier nación”,18 y que la
autoridad con todo el peso de la legislación y su estructura política y
administrativa tiende a crear un modelo de ciudadano. Ninguna medida
gubernativa es aséptica frente a la persona, su naturaleza y destino.

9.- Analizando la dinámica de la vida política, Sacheri presta particular
atención al principio de Subsidiariedad y al de Solidaridad. Al primero lo
considera fundamental para el adecuado funcionamiento de la sociedad,
destacando su doble perspectiva: La necesidad de respetar el orden propio de
cada persona y de cada grupo social, evitando la injerencia innecesaria de
órganos superiores, especialmente del poder político, y a la inversa la
obligatoriedad de auxiliar a los organismos menores, cuando éstos no están en
condiciones de desenvolverse por sí mismos y hasta que ello suceda, que pesa
sobre las instancias superiores, también en especial el poder político. El
adecuado ejercicio de la subsidiariedad, en su faz positiva y en su faz negativa,
es la clave para una auténtica promoción y defensa de la persona y sus
derechos. Respecto del segundo, lo concibe como la argamasa de la vida
comunitaria, y expresión concreta del hacerse cargo los unos de los otros.
Siguiendo las huellas aristotélicas y como mejor recurso para entender
qué es el orden político, Sacheri lo somete a un análisis etiológico del que surge
que su materia serían no las personas sino las acciones humanas, y su forma, el
orden o coordinación expresada en la ley. Al abordar la causa eficiente, expone
una originalidad al desdoblarla en eficiente principal (la autoridad) y eficiente
subordinada (la multitud o cuerpo social). Con esto, vuelve a expresar la
centralidad de la persona en la vida política, saliendo al cruce de posturas
contrarias como el individualismo liberal que cree que los individuos son la
causa eficiente o el totalitarismo para el que lo es la autoridad. De este modo,
Sacheri defiende al hombre y su protagonismo en la vida política, mostrando
que sin su participación activa en todas las instancias sociales no es posible
organizar un orden político.
18 Sacheri, Carlos Alberto, El universitario frente a la ideología marxista, Verbo nº 243,
1984, pág. 28.

Congresso Tomista Internazionale
p. 11

Sobre la causa final, las reflexiones de Sacheri han sido muy agudas,
advirtiendo que

“la noción de Bien Común, patrimonio casi exclusivo de autores católicos, por una de
esas aberraciones características de nuestro tiempo, es uno de los puntos menos
comprendidos aún por autores de nota. Con el agravante de que todo el mundo cree
comprenderlo perfectamente, lo cual no hace sino aumentar la confusión general. Basta
recorrer los principales textos que exponen o desarrollan la Doctrina Social de la Iglesia
para darse cuenta del poco cuidado que ponen en explicar esta doctrina tan
fundamental para un sano orden social.”19

Esta situación de confusión es sumamente grave considerando que ”la
doctrina tomista del Bien Común de la sociedad política constituye la clave de
todo el pensamiento político del Santo; todos los demás conceptos serán
elaborados en función de aquel.”20 Por ello, Sacheri se preocupa por precisarlo,
definiéndolo como la “feliz convivencia en la posesión de los bienes humanos
esenciales (virtud, cultura, orden, paz, etc.)”.21 A juicio suyo, no es una
conveniente conceptualización del Bien Común aquella que intenta definirlo
como un “conjunto de condiciones” que permiten la perfección humana. Sacheri
entiende que suscitar tal cosa, es el fin de la autoridad política más no del orden
político. El Bien Común es causa final, no condición. Implica perfección no
posibilidad de perfección. Concebirlo en el sentido que critica, supone
entenderlo como medio y no como finalidad.

Haciendo suya las posiciones de Meinvielle y De Koninck, afirma la
primacía del Bien Común, reafirmando que en realidad no es posible una
oposición entre la persona y el Bien Común, ya que éste es el mejor bien de la
persona: “No se puede procurar el Bien Común sin una fuerte pasión de amor por
el hombre. En este sentido cabe un legítimo humanismo.”22
10.- La consideración del Bien Común, permite a Sacheri señalar su
carácter analógico e indicar que es Dios el supremo analogado en la materia.
Corresponde entonces, no perder de vista esta relación entre Bien Común
Temporal y Bien Común Sobrenatural, fundamental en una recta concepción
política.

Para el pensamiento tomista, el reconocimiento de Dios, desde una
19 Sacheri, Carlos Alberto, Función del Estado en la economía social, Verbo nº 249, 1984,
pág. 44.
20 Sacheri, Carlos Alberto, Santo Tomás y el orden social, op. cit., pág. 92.
21 Sacheri, Carlos Alberto, Función del Estado en la economía -social, op. cit., pág. 52.
22 Meinvielle, Julio, El poder destructivo de la dialéctica comunista, Theoría, Bs. As., 1962,
pág. 252.
R. VON BÜREN, Humanismo tomista y orden político en Carlos Alberto Sacheri
p. 12

perspectiva filosófica, no repugna a la sana visión del orden político. Pero Sacheri
avanza en el horizonte que han compartido filósofos cristianos, recordando e
integrando a una auténtica teoría política un tema olvidado: La Realeza Social de
Cristo. Esta doctrina, con hondas raíces en la Revelación (Sagradas Escrituras y
Tradición) y en el Magisterio de la Iglesia, supone que el Señor debe ser
reconocido expresamente como tal por los hombres y las sociedades, pero que aún
desde la perspectiva de éstas, la impregnación del orden político por el Evangelio,
es una necesidad ineludible. Si es el fin el que mueve al agente, el hecho del
reconocimiento o de la negación de la Reyecía Social de Cristo, modifica
sustancialmente toda la teoría política:

“La disyuntiva es total y no admite posturas intermedias: O bien la civilización se edifica
en el respeto de los derechos de Dios y del hombre, o, por el contrario, se edifica en la
negación de tales derechos. La primera es la civilización del orden natural y cristiano, la
segunda, es la de la Revolución Anticristiana: Quien no está conmigo, está contra mí; quien no
recoge conmigo, desparrama. Tal es el juicio de Nuestro Señor, tal es el único criterio
auténticamente cristiano.”23

11.- La conveniente relación entre el orden sobrenatural y el orden
natural, determina también la necesidad de establecer una adecuada relación
entre la Iglesia y el orden político:

“El Bien Común Temporal supone de suyo el respeto y en la medida de lo posible, la
colaboración con la autoridad religiosa para establecer el Reinado Social de Cristo a
través de instituciones respetuosas del orden natural.”24

En esa dirección, Sacheri señala que
“la Iglesia tiene los siguientes derechos esenciales: 1) El Estado ha de acordar plena
libertad a su acción apostólica. 2) El Estado ha de respetar absolutamente las exigencias
del orden natural en su legislación. 3) El Estado ha de permitir la expresión privada y
pública del culto. 4) El Estado ha de apoyar con sus medios la labor pastoral de la
Iglesia.”25

La concreción de los principios apuntados, permiten la instauración en la
existencia histórica de un sano orden político, entendido como

“el ordenamiento de las actividades e instituciones del orden temporal, de conformidad
con el Derecho Natural y Cristiano.”26 La necesaria presencia de los principios cristianos
para la estructuración de un recto orden político no implica una sofocación de lo
natural, sino su coronamiento, de acuerdo al principio de que la Gracia supone la
23 Sacheri, Carlos Alberto, La Iglesia Clandestina , op. cit., pág. 15.
24 Sacheri, Carlos Alberto, Estado y Educación, op. cit., pág. 18.
25 Sacheri, Carlos Alberto, El Orden Natural, op. cit., pág. 188.
26 Sacheri, Carlos Alberto, La Iglesia Clandestina , op. cit., pág. 41 y 42.
Congresso Tomista Internazionale
p. 13
naturaleza, no la destruye sino que la sobreeleva. En realidad, “el orden natural y
cristiano supone la exaltación de los valores religiosos en espíritu de servicio, no en
espíritu de dominación o de vanidad.”27

Por otra parte, Sacheri otorga relevancia al asentimiento de las personas
y de la comunidad a los principios enunciados, caracterizando a una sociedad
que los acoge y se organiza según ellos, como aquella que ha alcanzado

“la plenitud armoniosa de los valores humanos y cristianos socialmente aceptados, que
informan todas las instituciones y todas las actividades, materiales y espirituales,
morales e intelectuales, técnicas y artísticas. Ella se funda sobre el consenso que la
comunidad humana presta a esos valores y traduce eficazmente en la vida cotidiana. Su
fundamento no es otro que la Ley Natural y el Evangelio, de acuerdo al principio ‘gratia
non tollit naturam sed perficit eam’. La plenitud de lo humano es completada por la luz
del orden sobrenatural, expresada en las verdades de la Fe y en los sacramentos de la
Salvación.“28

Recogiendo sus afirmaciones anteriores, Sacheri no teme afirmar que
“sólo la verdad entera y operante del Cristianismo y del orden social fundado en el
respeto de la Ley Natural podrá superar las calamidades del presente y asegurar a las
nuevas generaciones una vida auténticamente humana.”29

IV) La Praxis Política: Metodología para la acción

12.- El conocimiento de una sana teoría política es, en sí mismo, algo
bueno e imprescindible; pero no basta a los fines de reconstruir la vida política.
Es necesario proyectar los principios hacia la realidad mediante una adecuada
praxis. Y esto no es posible sin la existencia de personas que inspiradas en tales
principios, puedan hacerlo. De allí la preocupación de Sacheri por “terminar
con el teórico divorciado de la realidad, y por otra parte, con el práctico, con el
realista, es decir el individuo que busca eficacia concreta, el inmediatista”. Por
ello, considera que el único modo de superar ese escollo es
“la formación de hombres prudentes, de jefes sociales en todos los niveles, jefes sociales
en el sentido más amplio, cultural, político y económico. Formación de hombres
prudentes, de responsables sociales que operen con una doctrina real, concreta, práctica
y bien asimilada, dúctil en su formulación, sin esquemas rígidos que ahuyenten a la
gente sin necesidad, con verdadera ductilidad, con flexibilidad para operar ese paso de
los principios universales a la situación concreta, a las circunstancias que cada uno (y
27 Sacheri, Carlos Alberto, El universitario frente a la ideología marxista, op. cit., pág. 38.
28 Sacheri, Carlos Alberto, Naturaleza humana y relativismo cultural, Universitas nº 17,
Bs. As., 1970, pág. 63.

29 Sacheri, Carlos Alberto, Juventud y Subversión, Verbo nº 82, 1968, pág. 7.
R. VON BÜREN, Humanismo tomista y orden político en Carlos Alberto Sacheri
p. 14

no sólo el país), vive, en su puesto, con su profesión, con su responsabilidad civil.
Debemos operar ese paso del principio universal a la circunstancia, al caso concreto,
porque ese es el modo de superar la teoricidad del teórico que no tiene más que
principios en la cabeza y que pasa su tiempo en discusiones doctrinarias hasta el
infinito sin poner un dedo sobre la realidad concreta suya, nacional, personal, para
hacer algo. Nosotros formamos responsables, dirigentes sociales.”30


Se trata de descubrir los dirigentes naturales que espontáneamente
surgen en cada orden y nivel de la sociedad y apoyarlos para que se formen y
trabajen allí donde Dios los puso. No conduce a solucionar la crisis, la
pretensión de “crear” artificialmente dirigentes sociales y políticos para que
avancen sobre la sociedad. Es ella misma la que debe generarlos para su sano
desarrollo. Al mismo tiempo, se hace imperioso redescubrir la politicidad de
todo hombre para posibilitarle su despliegue de acuerdo a su vocación y
capacidad, actividad política entendida como “la multiforme y variada acción
económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover
orgánica e institucionalmente el Bien Común.”31

Esta ductilidad prudencial en la praxis, resulta una aplicación concreta
del principio de subsidiariedad, el cual

“exige que todo el orden social y económico se edifique desde abajo hacia arriba, como
todas las realidades vivientes. Sólo así podrá respetarse en los hechos la iniciativa, la
creación y la responsabilidad de las personas y los grupos. Proceder a la inversa sería
caer en los errores comprobados del estatismo comunista o al menos en uno de tipo
fascista. La vida social no puede ser ‘fabricada’ a golpes de decretos más o menos
arbitrarios, ni siquiera para “forzar” la pronta instauración de un orden más sano.”32
La acción de reconstrucción social y política, debe caracterizarse por su
capilaridad, pues de ese modo, va impregnando paulatinamente las distintas
instancias sociales hasta alcanzar los vértices superiores del orden político. Es
por ello, que incluso por razones de eficacia, debe desestimarse una acción
monolítica, unidireccional, que pretenda erigir en absoluto meras metodologías
para la acción. Anida en estas posturas personalistas, lamentablemente
demasiado extendidas, un espíritu de soberbia intelectual que debe ser
superado:

30 Sacheri, Carlos Alberto, Esencia, evolución y estrategia de la Ciudad Católica, Verbo nº
169, 1976, pág. 9 y 10. Ejemplo de esta preocupación de Sacheri por elaborar estrategias
concretas de reconstrucción de las diversas instancias sociales se manifiesta en su
trabajo Posibilidades de la acción universitaria , separata nº 5 de la Corporación de
Estudiantes Católicos, Bs. As., s/f.
31 Juan Pablo II, Christifideles Laici, nº 42.
32 Sacheri, Carlos Alberto, El Orden Natural, op. cit., pág. 102.
Congresso Tomista Internazionale
p. 15

“Todos tendemos en nuestra actividad personal a creer que lo nuestro es lo más
importante de todo. Esa es una obra de amor propio, no una obra de santidad; es una
tentación muy humana, lo sabemos bien, pero es el barro de lo humano. Nosotros
tenemos que tender por una ascesis personal a superar ese espíritu de clan. Es el único
modo de estar permanentemente abierto en una actitud de caridad al servicio de los
demás.”33

Al fin, Sacheri nos indica que quienes toman sobre sus hombros la
responsabilidad de intentar la reconstrucción de la política deben ser los
primeros en evitar de su parte todas aquellas actitudes que por generar
escándalo o enemistades innecesarias, impidan avanzar en la tarea de
reformular la convivencia social y política. De ahí que sea imprescindible
“aunar a una sólida formación doctrinal, un espíritu sobrenatural alimentado de
oración y de vida sacramental profundas, junto con una actitud de abnegada entrega…
con lo que el apóstol San Pablo nos describe como el espíritu de Caridad. Firmeza en la
doctrina pero gran amplitud y respeto por el otro. De lo contrario nos encerraríamos en
una prédica estéril, no ya por la verdad que pueda contener sino por nuestra actitud al
enunciarla.”34

V) El Orden Internacional

13.- Desde una recta antropología, es posible delinear una teoría política
capaz de engendrar una praxis entendida como una prudente solicitud por el
Bien Común. ¿Es factible hablar de un orden no ya político sino supra-político?
¿De un orden inter-nacional? Sacheri cree que sí. Pero para entender esta
afirmación es necesario no obnubilarse con las distorsionadas relaciones interestatales
vigentes, en las que el desparpajo de la superpotencia hegemónica ha
terminado por dar el golpe de gracia a la llamada Organización de las Naciones
Unidas, cuya existencia hoy es sólo formal. En realidad, al fundarla no se buscó
afianzar mecanismos e instituciones respetuosos de las naciones, que les
permitieran interrelacionarse en el marco de un bien común internacional. Lo
que se intentó era diseñar artificialmente un sistema pseudo-institucional que
asegurara el statu-quo establecido por los vencedores de la II Guerra Mundial.

En
“el trasfondo de la crisis institucional subyace otra, más grave aún, que afecta a los
principios mismos del orden internacional. Crisis ésta de raíz intelectual, por cuanto
vulnera los fundamentos doctrinarios, filosófico-jurídicos de dicho orden. Es
33 Sacheri, Carlos Alberto, Esencia, evolución y estrategia de la Ciudad Católica, op. cit.,
pág. 12.
34 Sacheri, Carlos Alberto, La Iglesia Clandestina , op. cit., pág. 139.
R. VON BÜREN, Humanismo tomista y orden político en Carlos Alberto Sacheri
p. 16

precisamente en este plano donde se detectan las lamentables consecuencias de la
mentalidad positivista que irrumpió en la tradición cultural de Occidente, afectando
muy seriamente no sólo el surgimiento de las ciencias sociales en el siglo pasado, sino
también disolviendo los presupuestos mismos de la ciencia jurídica. Incapaz de hacer
respetar en los hechos un sistema normativo formalista, de inspiración liberal, la
comunidad de las naciones se ve llevada a simples ‘relaciones de poder’, sometiendo
los destinos de los Estados más pequeños al juego de fuerzas y presiones que sobre
ellos ejercen los Estados más poderosos. Frente a tal situación, urge replantear con
máxima hondura el permanente tema de la legitimidad del orden jurídico internacional,
volviendo a los grandes principios reguladores elaborados en un esfuerzo secular por
los grandes espíritus de la tradición greco-latina… que culmina con Santo Tomás de
Aquino y los teólogos españoles del siglo XVI, cuya fecundidad doctrinal admite aún
hoy amplios desarrollos” 35.

VI) ¿Es posible reconstruir la convivencia política?

14.- La politicidad es un rasgo propio de la naturaleza humana, que
implica entre otras cosas, que todo hombre dispone de las potencialidades
necesarias para integrarse, a su modo y de acuerdo a sus intereses y vocación, a
la vida política, y que la comunidad perfecta, el Estado, es necesaria para que el
hombre se perfeccione, actualizando todas sus posibilidades entitativas. Desde
esta perspectiva, es indudable la factibilidad de reconstruir la convivencia
política, por ser ésta una exigencia inscripta en la naturaleza humana.
La cuestión adquiere complejidad al considerarla hic et nunc, es decir a la
luz de las circunstancias que hoy viven los hombres. La respuesta en este caso
debe ser matizada. En efecto, si las ideologías actuales, continúan actuando
sobre la teoría y sobre la praxis política, lo que se avizora humanamente no es
una superación de la crisis sino su ahondamiento, hasta límites que escapan a
toda imaginación. Las recientes normas antihumanas dictadas por los
Parlamentos más importantes y las conductas de los principales dirigentes
mundiales, nos aleccionan al respecto.
Sin embargo, la crisis puede ser superada. Para ello, es necesario
recuperar la dignidad de la metafísica y de la gnoseología realistas, y en el
plano estrictamente político, recuperar la verdad sobre el hombre. La raíz de los
errores políticos contemporáneos es antropológica. Provistos de una sana
antropología, es posible recrear la teoría política. Precisar qué es la política
como ciencia y como praxis, cuál es su relación con la moral y con el derecho.
Volver a colocar el fin de la política –el Bien Común-, en el centro de los
35 Sacheri, Carlos Alberto, Prólogo a Los Principios Internacionales de Félix Adolfo
Lamas, Instituto de Estudios Filosóficos Santo Tomás de Aquino, 2º edición, Bs. As.,
1989, pág. 7 y 8. La 1º edición data de 1974.
Congresso Tomista Internazionale
p. 17

estudios y del obrar políticos. Redefinir nociones fundamentales como las de
representación y participación, tan ligadas a una efectiva vigencia del principio
de Subsidiariedad, despojándolas de su ideologismo actual. Para todo lo cual el
sano realismo político del tomismo tanto puede aportar: “... Sólo en un
profundo retorno a las fuentes más puras de la tradición católica, podrá
superarse la tentación siempre renaciente del pensamiento utópico.”36
Expuesta bajo la forma de un silogismo clásico, podría enunciarse la
cuestión del siguiente modo: Una sana teoría política, aplicada según las
diversas circunstancias históricas, políticas, culturales y hasta geográficas,
permitirá ejercitar una praxis concreta al servicio del Bien Común. Para ello será
necesario afinar metodologías eficaces para la acción cívica y política, difundir
los sanos principios de la política por todo el cuerpo social y forjar dirigentes
que encarnando esta visión de la política como servicio estén presentes en todos
los niveles e instancias comunitarias.

En la tarea de reconstrucción de la vida política debe recurrirse a todos
los medios naturales y sobrenaturales de que disponemos, sin olvidar que
“los errores teológicos y filosóficos, como lo hemos señalado, están en la raíz de los
desastres políticos y económicos de esta cultura moderna en estado de descomposición
avanzada. Será menester, pues, proceder a una renovación intelectual y moral,
organizada a menudo al margen de las instituciones existentes sometidas a las
consignas subversivas. Esta restauración tendrá por fin –según la bella fórmula de
Gilson-, formar ‘una inteligencia al servicio de Cristo Rey’, mediante el retorno a las
fuentes permanentes de los filósofos griegos y cristianos, en particular de Santo Tomás
(como lo ha recomendado formalmente en dos documentos distintos, por primera vez
en la historia del Concilio mismo, el Vaticano II), y a través de un estudio y una acción
realizadas a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, doctrina práctica, guía de la acción
de los responsables sociales y políticos en todos los niveles y en todas las actividades
culturales. Del mismo modo que nos hace falta más que nunca consolidar nuestros
conocimientos de fe a la luz del Evangelio, así debemos restaurar en la vida cívica los
derechos de la persona y de la familia con miras a garantizar y reforzar las verdaderas
libertades fundamentales que no son la de leer su diario o votar su diputado, sino
aquellas de las cuales dependen nuestras familias, nuestras profesiones, nuestras
instituciones escolares y nuestras empresa comunes.”37

Con todo, y teniendo presente el estado de naturaleza herida que pesa
sobre todo hombre, el auxilio de la Gracia es imperioso. La necesidad de la
conversión personal y social debe ser previa o concurrente a los esfuerzos
políticos. De allí que la recuperación del fin de la vida política, el Bien Común,
36 Sacheri, Carlos Alberto, Sobre el pensamiento utópico, Universitas nº 17, Bs. As., 1970,
pág. 96.
37 Sacheri, Carlos Alberto, Naturaleza humana y relativismo cultural, op. cit., pág. 67.
R. VON BÜREN, Humanismo tomista y orden político en Carlos Alberto Sacheri
p. 18

en su concepto, contenido y practicidad y fundamentalmente en su dimensión
religiosa sea ineludible. La Realeza Social de Cristo debe ser proclamada sin
hesitar, transformándose en el norte de la tarea cívica y política:
“¡Abrid, más aún, abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid a su potestad
salvadora las puertas de los Estados, los sistemas económicos y políticos, los extensos
campos de la cultura, de la civilización y del desarrollo.”38
Sin una sabia y jerarquizada armonía de los valores naturales y
cristianos, volveríamos a caer en los infructuosos intentos recientes de elaborar
una teoría política basada en un imposible naturalismo cerrado a la
trascendencia, que aplicada a la praxis, nos ha sumergido en el totalitarismo
secularista que padecemos:
“Pidamos, entonces, a Nuestra Señora de la Santa Esperanza la insigne gracia de
nuestra mutua conversión, condición indispensable de una verdadera restauración de
la inteligencia cristiana y de un sano orden social.“39

VII) “Mire lo que hace el tomismo en quien se deje iluminar por él”40

15.- En su Alocución por un mundo mejor (10/02/52), Pío XII decía con
palabras que no han perdido su actualidad: “Es todo un mundo el que hay que
rehacer desde sus cimientos, de salvaje hacerlo humano, de humano volverlo
divino, es decir según el corazón de Dios”. Tarea ímproba que reclama una
triple línea de acción: 1) En el plano de los principios, se impone recuperar una
sana antropología que sirva de base para la elaboración de una recta teoría
política, hoy ausente; 2) Diseñar estrategias realistas y viables para recuperar
una auténtica vida política y 3) Forjar hombres impregnados de aquellos
principios y dispuestos a la noble tarea de ponerlos en acción. No es habitual
38 Juan Pablo II, Homilía en la Inauguración de su Pontificado, 2//2/10/78. Son tan
importantes estas enseñanzas en su Magisterio que las reitera literalmente en su
Discurso Inaugural, I, 9, a la III Conferencia Episcopal Latinoamericana, reunida en
Puebla y en Christifideles Laici nº 34. Resulta insoslayable el estudio de la encíclica Quas
Primas de Pío XI que instituye la Festividad de Cristo Rey, a la que el Catecismo de la
Iglesia Católica remite al hablar del deber social de la Religión y de la realeza de Cristo
sobre las sociedades humanas (nº 2105). El Concilio Vaticano II contiene también
innumerables enseñanzas sobre la cuestión. Por ejemplo: Lumen Gentium, 31, 34, 35 y
36, Gaudium et Spes nº 42, 43, 76, Apostolicam Actuositatem nº 5, 7, 13, 31, Dignitatis
Humanae, nº 1 y 3.
39 Sacheri, Carlos Alberto, Esperanza cristiana y mesianismos temporales, Verbo nº 82,
1968, pág. 48.
40 Palabras del P. Julio Meinvielle citadas por Héctor Hernández en A 20 años de su
martirio, Verbo nº 348-349, 1994, pág. 11 y 12.
Congresso Tomista Internazionale
p. 19

que las tres dimensiones señaladas converjan en una sola persona. Cuando ello
sucede, resulta un imperativo irrenunciable detenerse a reflexionar sobre ella, y
extraer de su vida y enseñanzas todas las virtualidades que encierran. Es el caso
de Sacheri.

Pero Sacheri, más allá de su disponibilidad y docilidad a la Gracia, no
habría podido alcanzar la excelencia personal e intelectual si no hubiera estado
provisto de la estructura filosófica y teológica de Santo Tomás de Aquino.
Discípulo fiel del maestro, nos muestra irrecusablemente las enormes
posibilidades que la política tomista ofrece para enfrentar y solucionar la crisis
contemporánea: Desde los principios del Doctor Angélico es posible iluminar la
realidad actual y trazar caminos para la recuperación no sólo de una verdadera
teoría política, sino también de una fecunda praxis política al servicio del
hombre. Sólo de ese modo será factible el surgimiento de un humanismo
humano, generador de un sano orden político digno de ser vivido.

Notas:

Fuente: http://cruzamante.blogspot.com/2009/07/humanismo-tomista-y-orden-politico-en.html

Tucumán Argentina 22 de julio de 2009

Hay 1 comentarios

September 20, 2010 - 8:16 AM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

Un grande Sacheri, un ejemplo para nuestros dias


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