Juzgamiento y comprensión, una mirada arendtiana

Coincidiendo con Platón, Kant afirma que pensar es dialogar en silencio con uno mismo (das Reden mit sich selbest). Es una” actividad solitaria” como observó Hegel. Pensar por uno mismo (Selbstdenken) es la máxima de una razón nunca pasiva.

La contemplación es una actividad solitaria o por lo menos puede desarrollarse en solitud (solitude). Arendt distingue entre solitude y soledad (loneliness). La solitude es aquella situación en la que uno se hace compañía a sí mismo. La soledad (loneliness) aparece cuando estoy solo sin poder separarme en dos ni hacerme compañía a mí mismo. Como solía decir Jaspers, “me falto a mi mismo” (Ich bleibe mir aus) o por expresarlo de otro modo, cuando soy uno y sin compañía.

El pensar hablando desde el punto de vista existencial, es una empresa solitaria (solitary) pero no aislada (lonely). Kant destaca que al menos una de nuestras facultades mentales, la facultad de juzgar, presupone la presencia de los otros. En materia de gusto nunca juzgo sólo por mí mismo, pues el acto de juzgar implica siempre el compromiso de comunicar mi juicio, es decir, se emite con la intención de persuadir a los otros de su validez.

Existe un pensamiento a priori que es el modo de representación de los demás para atener su juicio, por decirlo así, a la razón total humana. Esto se realiza comparando su juicio con otros juicios no tanto reales, como más bien posibles, y poniéndonos en el lugar de otro, haciendo abstracción de las limitaciones que dependen casualmente de nuestro propio criterio. Las máximas de sensus communis son pensar por uno mismo (la máxima de la Ilustración). Situarse con el pensamiento en el lugar del otro, que es la máxima de la mentalidad amplia. Por último, la máxima del pensamiento consecuente es estar de acuerdo con uno mismo (mit sich selbest Einstimmung denken).

La heteronomía de la razón, se llama prejuicio. Esto es, aceptar de manera pasiva el pensamiento de otros cuyos “ punto de vista” (es decir, el lugar en el que se encuentran, las condiciones a las que están sujetos, siempre diferentes en cada individuo, en cada clase o grupo) no son los míos.

Comprensión.

Para Ronald Beiner, los temas y problemas que aborda Arendt en las reflexiones sobre el juicio aparecen por primera vez en su ensayo “Comprensión y Política”, publicado en 1953 en Partisan Review. La comprensión, para Arendt, es una actividad sin fin por la que aceptamos la realidad, nos reconciliamos con ella, es decir, tratamos de sentirnos en armonía con el mundo. Sólo la imaginación nos permite ver las cosas con su verdadero aspecto, poner aquello que está demasiado cerca a una determinada distancia, de tal forma que podamos verlo y comprenderlo sin parcialidad ni prejuicio, colmar el abismo que nos separa de aquello que está demasiado lejos y verlo como si nos fuera familiar. Esta distanciación de algunas cosas, y este tender puentes hacia otras, forma parte del diálogo establecido por la comprensión con ellas. Para Beiner, el juicio humano tiende a ser trágico. Se enfrenta sin cesar a una realidad que no puede dominar del todo y con la que, sin embargo, debe reconciliarse. La función política del narrador- historiador o novelistas- es enseñar la aceptación de las cosas tal como son. De esta aceptación, que también puede llamarse veracidad, nace la aptitud de juzgar de manera acertada.

Pensamiento crítico.

Existe una manera de pensar, y ello es de manera crítica respecto a las doctrinas y conceptos recibidos. Crítica es limitación y purificación para Kant. Es precisamente el aplicar las normas críticas al propio pensamiento. Enseña Arendt (Conferencias sobre la filosofía política de Kant) que Sócrates no enseñó nada. El filósofo griego, no conocía nunca las respuestas a las preguntas que planteaba. El interrogaba por amor a la interrogación misma, no por amor al saber. Si hubiese sabido qué era el valor, la justicia, la piedad, etc., no habría experimentado la necesidad de someterlos a interrogación, es decir a pensar en ellos. La singularidad de Sócrates reside en que centra su atención en el pensamiento mismo, sin preocuparse de los resultados; su empresa no tiene motivos o propósitos ulteriores; todo lo que tiene que decir es que una vida no examinada es una vida que no es digna de ser vivida. De hecho, su actividad consistió en hacer público, en la conversación, el proceso del pensamiento, el diálogo que silenciosamente se desarrolla en mí, yo conmigo mismo. La acusación en el proceso de Sócrates- introducir nuevos dioses en la ciudad- era un cargo infundado; Sócrates no enseño nada, y menos aún nuevos dioses. Pero la otra imputación- corromper a la juventud- no carecía de fundamento. Lo molesto de los defensores del pensamiento crítico es, como señala Lessing, que hacen temblar los pilares de las verdades más conocidas donde quiera que ellos posan su mirada.

Notas:

Fuente:  http://diariojudio.com/opinion/juzgamiento-y-comprension-una-mirada-arendtiana/127484/

27 de agosto de 2015.

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