La Ciencia Medieval después de la Llegada de Aristóteles y los Árabes

La Ciencia Medieval después de la Llegada a Europa de Aristóteles y los Filosófos Árabes.

“La luz es complaciente desde cualquier punto de vista, y no solamente en número, peso y medida”. San Ambrosio de Milano. La Sabiduría de Dios [11:21]

Tal vez nos sorprenda que en el período del Medioevo podamos situar a algunos de los pensadores científicos más rigurosos y sofisticados desde Aristóteles hasta el siglo XXI.  ¡Es que la ciencia y la lógica-el pensamiento lógico sobre la ciencia-no comenzó con René Descartes!

De entre los filósofos más destacados de este periodo es con Robert Grosseteste (1168 - 1253) con quien vamos a conversar y dialogar ahora. Era obispo de Lincoln en Inglaterra y canciller de la Universidad de Oxford,  que comenzó a funcionar alrededor de 1160.  Grosseteste, tan elogiado por San Ambrosio, quien bautizó a San Agustín, no era solo un teólogo, matemático y filósofo, sino también uno de los que se dedicaba a la ciencia, la física, la óptica y la geometría de la luz.

Es importante esta introducción teológica, porque estaremos hablando de una figura sobresaliente de la iglesia, tan centrado en la teología como en la ciencia.  Leyó en latín, griego, árabe y hebreo, y comentó las obras Posterior Analíticos y Éticas a Nicomaquea de Aristóteles, este último trataba sobre el tema de la amistad, que Grosseteste extendió y desarrolló en la figura de la amistad de Cristo con la humanidad. 

El Obispo también comentó en sus exégesis sobre los pensadores árabes, tan avanzados que sobrepasaron el pensamiento de Europa Occidental en su momento: Al-Kindi, Avicenna, Algazel, Averroes, Ibn Jedival (Avicebrol).  Y eso lo hizo mientras sirvió como obispo de la Iglesia en la diócesis más grande de Inglaterra en el siglo XII y fungió también como el Canciller de la Universidad de Oxford.  Inglaterra era, durante este período -entre 1066 (la Conquista Normanda) y 1198- un lugar tan decaído en su educación que ningún estudiante inglés (y todos eran varones), tenía el menor deseo de quedarse en su país para cursar sus estudios universitarios si podía ir a París, Bolonia o Salerno.

Grosseteste, leyó y comentó sobre Aristóteles (en griego. Recientemente disponible en la Europa Occidental), también comentó los textos, en árabe, de los filósofos y científicos árabes. Simultáneamente, comentó sobre el Libro de Génesis (escrito en hebreo). Aun así, el obispo Grosseteste quedó firmemente dentro de la Iglesia y declaró:

“No se dejan entrar en delusiones ellos mismos, ni surcan en vano cuando quieren hacer de Aristóteles un católico, al menos que deseen consumar su tiempo y desgastar sus poderes mentales al tratar de cambiar a Aristóteles en un católico, mientras que se hacen herejes de sí mismos”.

R. Leone, ed. The Medieval Cristian   Hebraists of England; Bishop Grosseteste’s Superscriptio Lincolniensis. (1957).

Nuestro obispo Grosseteste nació en 1168 en una familia pobre de anglo-normandos después de la Conquista Normanda de Inglaterra en 1168.  Dado el tiempo en que nació, su idioma natal era francés, aunque habló y leyó el inglés, mientras comentaba las obras griegas, árabes, hebreas, romanas (entre ellos, Boecio, San Agustín, San Ambrosio, San Anselm de Canterbury y San Bernardo de Clairvaux). Desarrolló una metafísica de la luz, la clave, según sus escritos, de los fenómenos naturales de la luz, los colores, la óptica y la visión, haciendo uso de la exégesis patrística de la Biblia, especialmente sobre los textos del Libro de Génesis [“Que hará luz; y se hizo la luz” [Gen. 1:3] y I Juan 1:5:  “Dios es luz”.

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Con la paciencia del lector, indagamos en la modalidad filosófica y analítica en que Grosseteste entendía los métodos científicos y las explicaciones físicas del cosmos, pero quienes no se doblegaban ante las autoridades religiosas de pensadores de la Iglesia.  Todos quienes estudiaban estos textos sobre la creación del mundo y el universo según metodologías que los científicos y físicos de hoy mismo reconocen como desaparecidas en las verdaderas explicaciones de los fenómenos cosmológicos. Esta era la literatura hexameral [desde el griego hexa (seis) hemera (días)] que se trataba de los seis días de la Creación según el Libro de Génesis.

Repito, no debemos de sorprendernos que todos estos pensadores estaban en órdenes religiosas de la Iglesia y, bajo ninguna óptica, se los podemos considerar como pensadores laicos ni seglares, ni precursores de una visión laica.  La diferencia con su situación y la situación de Galileo, quien queda en el futuro distante y quien insistió en confrontaciones flamantes e infructuosas con la Iglesia, estos últimos mientras, se ve en la contraposición con las modalidades de presentación de Johannes Kepler y Copernicus, quien era un sacerdote.  Esos últimos no tenían ningún problema con la Iglesia cuando expusieron sus teorías heliocéntricas.

Algunos 300 años más temprano, en el siglo XII, Robert Grosseteste promulgó su teoría heliocéntrica del universo y su metafísica de la luz. Pero es claro que en el estudio intenso de la Universidad de París, en el siglo XIII, anfitrionada cercanamente por el Vaticano, la Iglesia vigilaba la forma y contenido de la argumentación presentada en la enseñanza de las universidades. Cualquier rector universitario haría lo mismo. En algunas ocasiones el rector y el canciller de la Universidad de París asumieron responsabilidades para rectificar lo que la Iglesia consideraba eran errores en las investigaciones que realizó la Facultad de Teología, “la reina de las ciencias”.

En 1277, fue convocado, por órdenes del papa Juan XXII (Pedro de España) y encomendado al rector de la Universidad de París, Etienne Tempier, un proceso canónico de condenación de ciertos argumentos que circulaban en la Universidad de París.

Fueron condenados 219 argumentos teológicos que se consideraban como no conformes con la doctrina de la Iglesia.  Muchos de estos argumentos provenían de Aristóteles (quien era pagano). Se impulsó la inadmisibilidad de la enseñanza de estas proposiciones. Por ejemplo, ¿Cómo se debe interpretar, en argumentos hexamerales, el accionar de Dios descrito en el Libro de Génesis? 

Entre muchos más, el obispo Robert Grosseteste, argumentó que Dios no creó el mundo solamente con emitir el orden “¡Fiat Lux!” [Qué habrá luz!] así como declara el libro del Génesis. Grosseteste, siguiendo sus estudios internacionales sobre la metafísica de la luz, argumentó en su Tractatus de luce [Tratado sobre la Luz].  Dios declaró que, de la nada, es decir, no del tiempo ni del espacio, ni de cualquier otro material, creó un punto único de luz de lo cual el orden físico entero fue derivado por medio de la extensión o la expansión de la luz. Grosseteste presentaba este punto de luz como un fenómeno sin dimensiones, como simple y único, como conteniendo materia implícitamente dentro de su forma como luz. Luz, por supuesto, que se amplía por propagación de sí misma, fenómeno que ocurría en el siglo XII así como ahora.

Siempre describiendo la Creación según Génesis, Grosseteste argumentó que en su proceso de expansión esta luz primordial creó espacio y extendió su materia derivada de la luz en la forma de una esfera enorme. La multiplicación o auto-propagación de la luz puede ser entendida, argumentó Grosseteste, por un modelo matemático infinito ya que la unidad de lo cual comenzó no ocupó dimensiones espaciales ni temporales y pudo crear una tridimensionalidad como consecuncia de una auto-generación infinita. Lo que resultó, sin embargo, era finito ya que el poder de la luz entra en la materia y así determina cuantitativamente la propagación infinita de la luz.

Siguiendo-como estamos aquí y ahora-el resumen del argumento presentado en su Tratado de la Luz, Grosseteste afirma que la naturaleza no admite un vacío (vacuum).  La esfera así creada por este proceso que se acaba de describir, por lo tanto, tendrá que ser una continuum de materia, porque la radiación de la luz encuentra una frontera natural en el punto donde la luz y la materia son balanceadas perfectamente y donde ninguna expansión, más allá de este punto pudiera comenzar a producir un vacío (vacuum) entre los partículas del continuum.

La actividad de esta luz, declaró Grosseteste, no exhausta su energía en la superficie de la esfera creada, comienza a formar un especie de fuelle de fragua [un atizador] entre la circunferencia y el centro, porque la luz es reflejada hacia atrás desde el punto inicial de la expansión y simultáneamente fluye de vuelta hacia el centro del sistema. De esta manera, crea la condensación de la materia para formar la esfera de esta tierra (Earth).

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Pero, la luz continúa trabajando, según Grosseteste, con un movimiento, alternándose en una acción de expansión y contracción para formar, uno por uno, las esferas celestiales y los globos concéntricos. La acción entera se cierra cuando el universo es puesto en movimiento alrededor de su centro. Así se explica el obispo la Creación descrita en Génesis.

¿Cómo creó Dios las aguas arriba de la Tierra?  El fuego de las esferas celestiales evapora las aguas del océano para que formen nubes y así cuando baja el nivel de las aguas, aparece la tierra firme, secada por el mismo fuego y la luz de las esferas celestiales. 

Esta es una explicación eminentemente científica prestada, en parte de los filósofos árabes, quienes disertaban sobre la luz y la óptica y, con base en la física del siglo XII—y de hoy. En otras palabras, Dios utilizó la física y metafísica de la luz (la ciencia) para efectuar la Creación.

Además, Grosseteste había seguido un hilo del pensamiento aristotélico en su interpretación del universo y así traza, con los árabes, griegos y hebreos (en Génesis), la metafísica de la luz como la fundación de la óptica geométrica de la luz y, así, trazaba el despertar de la razón y la ciencia que se puede conocer solamente por medio de la experiencia del sentido de la vista y la luz como su objetivo.

Concluimos con un comentario espectacular de un científico y medievalista de Rumania sobre estas maneras de pensar, siguiendo Aristóteles y sus comentadores árabes:

“Para los medievales existían la Razón y la Revelación, el mundo de los sentidos y Dios.  Existían, de igual manera, la parte del universo cuyo centro era la Tierra y aquella otra parte cuyo centro era Dios, como también existían lo visible y lo invisible. No les resultaba fácil conciliar aquellos mundos de las ideas y los sentidos. Por ello, vivían en tensión.  Parte de la extraordinaria fertilidad de la cultura medieval se debe al hecho de que lograron vivir dicha tensión a una altura intelectual que a nosotros, hombres y mujeres que hemos optado únicamente por la mitad siniestra de la imagen, se nos escapa la otra mitad de la imagen, la del lado derecho, y por ello sólo somos capaces de la creatividad de los visible, privados casi completamente de la creatividad de lo invisible.  Vivimos amputados”.

Patapievici, Hora-Roman.  Los Ojos de Beatriz.  ¿Cómo era realmente el mundo de Dante? (Madrid, 2007).

Notas:

Fuente: http://www.elsalvador.com/articulo/comunidades/ciencia-medieval-despues-llegada-europa-aristoteles-los-filosofos-arabes-141499

24 de febrero de 2017.  ESPAÑA

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