Marx, lector anómalo de Spinoza (V)

“La mistificación (Mystifikation) que sufre la Dialéctica en manos de
Hegel, en modo alguno es obstáculo para que haya sido él quien, por
primera vez, expuso de manera amplia y consciente las Formas generales del
Movimiento (allgemeinen Bewegunsformen) de aquella.”

Karl Marx

Debemos apartarnos momentáneamente del derrotero del joven Marx para
señalar varios sucesos simultáneos y paralelos que tendrán una impronta
decisiva en su formación intelectual y política. En 1838 un Privatdozent
de la Universidad de Halle, Arnold Ruge y el filósofo Theodor Etchermeyer
fundan una revista clave en el hegelianismo de izquierda: los Hallische
Jahrbücher für deutsche Wissenschaft und Kunst (Anales de Halle para la
Ciencia y el Arte alemán).[1] Los Anales, creados para combatir al
Romanticismo y la literatura romantisierende, al inicio contaban con muchos
colaboradores en el centro del Hegelianismo, políticamente se manifestaba
favorable a la forma-estado prusiana y a su predominio sobre toda Alemania,
fue derivando rápidamente hacia la izquierda liberal y el ateísmo radical.
El objetivo de fondo era combatir el órgano oficial de los hegelianos
conservadores, los Berliner Jahrbücher für wissenschaftliche Kritik
(“Anales berlineses de Crítica científica”). Un cronista e hisoriador
de la literatura observaba no sin mordacidad, que “los Hallische
Jahrbücher señalan la caída en la desgracia divina de la filosofía
hegeliana y su expulsión del Paraíso de los empleos del gobierno de
Prusia”.[2] De legitimismo y una ideología monárquico constitucional, la
revista evolucionó hacia la crítica político-religiosa, la defensa de la
Aufklärung y el racionalismo y la atención sobre la cuestión social,
anunciando una nueva etapa de liberación de los espíritus de las fuerzas
del turbio irracionalismo (cuyo cúlmen era la filosofía de Schelling, el
espíritu de la Reforma luterana y el Prusianismo). En 1839-1840 la revista
ya tenía el apoyo incondicional del Doktorklub y de los hegelianos de
izquierda de Berlín, que empezaron a colaborar con artículos. En los
Jahrbücher brillaba con luz propia, aparte del mismo Ruge, un filósofo que
marcará toda una época: Ludwig Feuerbach, quién ya criticaba al estado
prusiano por haberse transformado en una forma institucional absolutista,
burocrática, anticonstitucional y teocrática. Además con acidez fustigaba
a la filosofía hegeliana por haber querido conciliar Religión y Razón con
un idealista a priori.[3] Ruge era el escritor mas político del grupo y el
hombre práctico por excelencia, fue el que comenzó la crítica radical a
la forma-estado prusiana (y destruyendo por elevación los fundamentos de la
Filosofía del Derecho).[4] Ruge, como otros jóvenes hegelianos, no duda en
señalar el enorme avance de la Filosofía Política hegeliana con respecto
a sus antecesores o a sus contemporáneos, incluso llegando a afirmar que
Hegel había desarrollado “el concepto más profundo de Estado que la
Humanidad había logrado hasta ahora.”[5] Ruge también fue un pionero en
intuir que, si se escindía el método dialéctico de Hegel de su System
filosófico idealista, se podían obtener conclusiones que socavaban el
conservadurismo y la legitimidad del estado y la cultura prusiana vigente.
El aparente conformismo y realismo de la Sittlichkeit hegeliana, la
Eticidad, era algo extrínseco al método e incluso para Ruge “la ética
de Hegel equivale a la actividad consciente (Praxis) de la Dialéctica
Histórica”. La famosa frase de Hegel “Todo lo racional es real; y todo
lo real es racional” debía interpretarse, no como una sanción que
legitime filosóficamente lo estático, sino de manera dinámica, de que lo
real tiene que ser convertido en racional mediante la adecuación del
progreso a la Historia. El método dialéctico podía ser un elemento de
crítica y progreso si se entendía como reflexión, ya que en el concepto
de reflexión en Hegel, no se puede pensar una cosa sin negarla o superarla.
El Methode se convierte en crítica, al sopesar en su juicio “lo que es”
con lo que “podría ser”. Y además es un método no-contemplativo, ya
que exige que sus conclusiones se traduzcan en actividad, en acción: “El
verdadero contenido de la Geistesphilosophie de Hegel es Humanismo, su
verdadero método es Crítica.”

Otro sucesos literarios-políticos de importancia en el desarrollo del joven
Marx fueron la aparición de dos obras filosóficas críticas en Alemania.
En 1838 la inversión materialista del Hegelianismus, que buscaban con
desesperación los Jóvenes Hegelianos, tuvo su primer intento en el libro
del aristócrata progresista August Dolega von Cieszkowski Prolegomena zur
Historiosophie (“Prolegómenos a una Historiosofía”).[6] Cieszkowski
también había estudiado en la Universidad de Berlín, había sido
influenciado por las clases de Gans pero su lazo más estrecho de amistad lo
había hecho con el hegeliano de centro Karl Ludwig Michelet, hugonote y
affranchis. Michelet había tenido como alumno también a David F.
Strauss.[7] Ya en su disertación para el doctorado, Cieszkowski
desarrollaba una interesante visión sobre la filosofía antigua, en la cual
Thales era el padre del Materialismo, Anaximandro el del Idealismo y
Anaxímenes el creador, en una síntesis nueva, del Espiritualismo
Especulativo-Concreto.[8] El libro Prolegomena… hace un giro en la
temática del Hegelianismo, al abandonar la cuestión teológica por la
problemática histórica y la cuestión de la praxis. Muchos comentaristas
lo consideran la primera transformación “revolucionaria” de la
filosofía de Hegel.[9] Cieszkowski, tal como harán Engels y Marx, no
rechaza in toto al sistema hegeliano (llama a Hegel “el héroe de la
Filosofía Moderna”), sino que cree que tiene un núcleo racional y que el
pensamiento fundamental de Hegel es su idea de la Historia del Mundo
(Weltgeschichte). Nuestra época es el umbral de un nuevo período de la
Humanidad, abierto por Hegel, en el cual el hombre se posesionará de manera
racional el curso de la Historia. El único error de Hegel fue el de
considerar la actividad humana en determinaciones del pensamiento y no de
voluntad, lo cual es falso: “…por el contrario, el Pensamiento es el que
constituye nada más que un momento de la Voluntad, pues el Pensamiento que
quiere realizarse adquiere la forma de Voluntad y Acción.” A la
dimensión especulativa-pasiva de la filosofía de Hegel, sin influencia en
el futuro del hombre, se la debe complementar con una verdadera Filosofía
de la Acción, de la actividad práctica, de la Praxis. Cieszkowski señala
que “llegar a ser una Filosofía Práctica, o, mejor dicho, una Filosofía
de la Actividad Práctica, de la ‘Praxis’, que ejerza uan influencia
directa sobre la vida social; desarrollar la Verdad en el dominio de la
actividad concreta: ésta es la función que deberá desempeñar la
Filosofía en el futuro.”[10] Por primera vez aparece tratado de manera
filosófica el concepto de Praxis, concepto que será retomado por Marx, y
además también introduce la temática de la transformación de la
Filosofía como tal: “la Filosofía empezará a ser una Filosofía
‘aplicada’… y a ejercer su influencia normal sobre la determinación
de la vida de los hombres, a fin de desarrollar la Verdad objetiva, no sólo
en la realidad presente, sino en la realidad más evolucionada del futuro.
Esto permite entender el prurito de nuestra época, que ha llegado a ser una
verdadera monomanía, de edificar sistemas sociales y construir a priori la
sociedad, tendencia que hasta el momento había adoptado sólo la forma del
sentimiento oscuro de una exigencia de los tiempos presentes, de la cual los
hombres no habían tenido aún una conciencia plena.”[11] Para Cieszkowski
lo que transforma un pensamiento en una utopía es, por el contrario, el
exceso de adaptación y adecuación a las condiciones del presente, y no su
proyección hacia el futuro. Si el primer golpe serio contra la versión
ortodoxa de Hegel lo había dado Strauss y Bauer, ahora las tesis de
Cieszkowski provocaban un punto de no-retorno. El “completamiento” de
Hegel lo realiza, como ya señaló Lukács y Cornu,[12] a través de un
retorno a Fichte: se radicaliza el elemento de la autoconciencia (como
Voluntad, Acción y Acto), cuya forma más efectiva y actual es la praxis:
“…la determinación realmente práctica, aplicada, ejecutada,
espontánea, voluntaria, libre; de ahí que abarque toda la esfera de la
acción, los hechos y su significado, la teoría y la praxis, el concepto y
su realidad; y engendra los ejecutores de la historia.”[13] La nueva
ciencia filosófica de la Historiosofía es la interpretación de la
Historia que incluye una visión del futuro como parte de su propia
perspectiva. La determinación del futuro (para Hegel impensable, ya que es
mera utopía) debe ser el objeto sublime de la nueva filosofía. Cieszkowski
intentará un renacimiento del concepto de praxis de los griegos, en
especial inspirándose en Aristóteles. La Praxis puede pensarse en
diferentes determinaciones formales. Como actividad pre-teórica, propia del
mundo de los hechos y de la certeza sensible, implica una actividad sin
conciencia. A diferencia del carácter inmediato de los hechos, los actos
suponen una Praxis que llama “post-teórica”, en la que el Pensamiento
se coloca como figura de la mediación de la Acción: “…la Praxis
post-teórica se nos manifiesta como la verdadera síntesis de lo teórico y
de lo objetivo, puesto que el obrar en general es la verdadera síntesis
sustancial del Ser y del Pensar.”[14] Lo Absoluto hegeliano es ahora la
Acción, que anula toda escisión y separación: “del mismo modo que el
Pensamiento y la Reflexión han superado a las Bellas Artes, la Acción y la
Actividad Social están llamadas ahora a superar a la verdadera
Filosofía.”[15] Cieszkowski incluso se atreve a destacar la importancia
en última instancia en el Pensamiento de las relaciones de producción
industriales (siguiendo a Fourier y Saint-Simon), aproximándose a la
posición de un socialista utópico.[16] Habla sin tapujos, otra vez con
graves resonancias spinozianas, de una nueva rehabilitación del
Materialismo: “Y ésta, será entonces la verdadera rehabilitación de la
Materia, al mismo tiempo que la reconciliación absoluta, justa y
sustantiva, de lo Real y lo Ideal. Es este aspecto la Filosofía del Futuro
será una trascendencia de la Filosofía más allá de sí misma.”[17] Un
dèjá-vu asombroso de las famosas tesis sobre Feuerbach de Marx de 1845. Su
libro fue además la primera obra filosófica alemana en la cual se nombra
positivamente al socialista utópico Fourier.[18] Cieszkowski terminará sus
días en una deriva mística y católica. Si bien no se ha conservado en su
biblioteca personal un ejemplar de los Prolegomena, ni sobreviven extractos
de esta obra en particular en el Nachlass literario de Marx, es poco
plausible decir que en 1840 no se haya interesado por el libro. Engels en
1882 todavía recordaba con Marx el impacto en el ambiente hegeliano
berlinés de Cieszkowski, y demostrando su familiaridad con el autor, llama
al libro con ironía como un naturphilosopisch-botanische Buch.[19] Incluso
Marx confiesa haberse encontrado personalmente con él durante su exilio en
París en los años 1843-44.[20] Las tesis de la Filosofía de la Acción de
Cieszkowski también llegaron al joven Marx a través de una fuente
indirecta muy importante en su evolución intelectual, generalmente obviada
por la Marxologie, como fue la obra de Moses Hess, el “Rabino Rojo”.[21]

En 1840 apareció el libro del filósofo Friedrich Adolph Trendelenburg,
Logische Untersuchungen (”Investigaciones Lógicas”),[22] donde, desde
el aristotelismo y cierto spinozismo, se crítica la filosofía de Hegel y
su método dialéctico.[23] Dos críticas fundamentales que apuntan al
corazón mismo de Hegel: la primera es que la Logik hegeliana en sus tres
primeras categorías lógicas (Ser, Nada y Devenir) no tienen un punto de
partida “sin presupuestos”, por el contrario, Trendelenburg demuestra
que a partir del Ser puro como de la pura Nada es imposible concluir el
Devenir, el Movimiento “ a no ser que preceda la representación del
Devenir. A partir del Ser puro, abstracción confesada, y de la Nada,
igualmente confesada abstracción, no puede nacer de improviso el Devenir,
esa intuición concreta que domina la Vida y la Muerte… así, a partir de
aquella Dialéctica, que no quiere ninguna presuposición, se presupone sin
discusión, el Movimiento.”[24] La denuncia filosófica a las tramoyas de
Hegel son el ataque más radical desde el Realismo contra el Idealismo
objetivo: en el System existe un viciado proceso de interpolación
subrepticia de elementos extraídos de la realidad empírica (que el joven
Marx identificará como un proceso ideológico de hipostatización),
convertidos en premisas generadas por un aparente automovimiento del
Pensamiento en su pureza. La segunda crítica a Hegel de Trendelenburg
plantea el problema que al inicio de la Logik el Espíritu se asume como una
tabula rasa, entonces debemos preguntarnos: ¿qué mediación lógica posee
la Dialéctica para producir la Idea Absoluta a partir del Ser vacío? A
este fin Hegel posee dos medios: el de la Negación y el de la Identidad.
Trendelenburg se pregunta: “¿Cuál es la esencia de la Negación
dialéctica? Puede tener una doble naturaleza: o se concibe como puramente
lógica, de forma que niegue absolutamente lo que afirma el primer concepto,
sin poner nada nuevo en su lugar… o bien se la concibe como real, de modo
que el concepto afirmante sea negado mediante otro concepto afirmante en
cuanto que ambos deben estar referidos uno al otro… Al primer caso le
llamamos ‘Negación lógica pura’ (reine logische Verneinung); al
segundo ‘Oposición real’ (reale Gegensatz).”[25] Ahora bien, se
pregunta: “¿puede la Negación lógica pura (A–no-A) condicionar de tal
modo el progreso del Pensamiento hasta hacer que de él nazca un concepto
nuevo, concepto que conecte necesariamente la afirmación y la negación que
puramente se repelen? Esto es impensable. No existe un tercero ni entre, ni
por encima de los dos miembros de la contraposición… La Negación lógica
pura radica sólo en el Pensamiento…” Trendelenburg denuncia que Hegel,
al construir su proceso dialéctico, se ha visto forzado a asumir elementos
espúreos, tomados de la intuición empírica, porque “el Concepto
afirmante recurre a la Realidad.” Por lo tanto no se puede, sobre dicha
contradicción edificar el edificio dialéctico, porque el contenido nuevo
debe tomarse de la intuición de la realidad. O sea: la validez de esta
contraposición no se basa en la Form dialéctica, ya que debe recurrir, de
manera oculta y sin confesarlo, a la empiria. Entonces, se pregunta
Trendelenburg, ¿a partir de qué principio podrá resolverse el caso de la
Oposición real (reale Gegensatz)? Aristóteles postula (en su principio de
la no-contradicción) la imposibilidad de la coexistencia de dos
determinaciones reales, de las cuales la segunda niegue a la primera, y la
necesidad de elegir uno entre los dos términos contrapuestos. La única
manera imprescindible es un “recurso a la realidad”, una intervención
operativa que aprehenda lo real concreto, guiado por un programa de
investigación (constatación u observación) de la Cosa. Principio que es
no menos dialéctico que el principio de contradicción ortodoxo de Hegel,
fundamento de una Dialéctica real, concreta científica, y no de una
Dialéctica mistificada, idealista, apriorística, una Dialéctica
materialista que ya no considere como imprescindible motor la superación de
la reale Gegensatz en la mera Form de la contraposición. El joven Marx
llamará a este proceso “Hipostatización”, y consiste en separar un
predicado de su sujeto, hipostasiarlo para hacer de él una categoría
abstracta (a través de una separación/objetivación, una
Vergenständlichung/Objektivation) que luego se encarna en una existencia
empírica cualquiera. Hipóstasis era para Kant, quien le da un nuevo
sentido al término clásico, la transformación del pensamiento en cosa u
objeto, objeto fantasma que posee las mismas cualidades que uno externo al
sujeto pensante. Kant califica a este mecanismo como un bloße Blendwerk,
mera ilusión.[26]

Al mecanismo ideológico de inversión del sujeto-predicado lo llamará
Umkehrung, Inversión, componente esencial del Misticismo Lógico-Panteísta
(logische, pantheistische Mystizismus) del sistema hegeliano. Dirá en su
Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie (“Crítica a la Filosofía del
Derecho hegeliana), escrito en el verano de 1843: “Lo importante es que
Hegel erige siempre la Idea en tanto Sujeto, haciendo del Sujeto real y
verdadero, como la mentalidad política, el Predicado. Y el desarrollo se
opera siempre por el lado del Predicado… además de esta Inversión
(Umkehrung) de Sujeto y Predicado, se suscita la apariencia de que se habla
aquí de otra Idea más que del organismo.” Más adelante señala que la
Hegelsche Darstellung, la exposición hegeliana “toma como punto de
partida la ‘Idea’ o ‘Sustancia’ en cuanto Sujeto o Ser real
(wirklichen Wesen), el Sujeto real aparece solamente como el último
Predicado del Predicado abstracto… el contenido concreto, la
determinación real, aparecen aquí como algo formal; toda la determinación
formal abstracta aparece aquí como el contenido concreto” Marx expresa
incluso el hypokeimenon (ὑποκείμενον) aristotélico, el
subiectum de la Escolástica, precisamente cuando denuncie el vicio
“hipostatizante” del procedimiento místico-panteísta de la Filosofía
Política de Hegel: “La existencia del Predicado es el Sujeto: por tanto,
el Sujeto, la existencia de la Subjetividad, etc. Hegel sustantiva los
predicados, los objetos, pero los sustantiva poniéndolos aparte de su
Sustantividad efectiva (wirklichen Selbständigkeit), de su Sujeto. Luego,
el Sujeto real aparece como resultado, siendo así que tendría que tener
como punto de partida el Sujeto real, para considerar luego su Objetivación
(Objektivation). Lo que se convierte, por lo tanto, en Sujeto efectivo es la
Sustancia mística (mystiche Substanz) , y el Sujeto real aparece aquí como
algo aparte, como un momento de la Sustancia mística. Precisamente en
cuanto Hegel parte de los Predicados de la Determinación general
(allgemeine Bestimmung) y no del Ente real (ὑποκείμενον, Sujeto)
ha de haber, sin embargo, un portador (Träger) de esta determinación, la
Idea mística se convierte en dicho soporte.”[27] En Das Kapital Marx
seguirá recordando a sus lectores que su método es producto de la crítica
“el lado mistificador (mystifizierende Seite) de la Dialéctica
hegeliana… la mistificación (Mystifikation) que sufre la Dialéctica en
manos de Hegel, en modo alguno es obstáculo para que haya sido él quien,
por primera vez, expuso de manera amplia y consciente las Formas generales
del Movimiento (allgemeinen Bewegunsformen) de aquella.”[28] Recordemos
que en su libro sobre las categorías, Aristóteles define al hypokeimenon
(ὑποκείμενον) como algo que puede ser predicado por otras cosas,
pero no puede ser un predicado de los demás, es lo fundante y lo vuelve a
desarrollar en detalle en el libro Z de la Metafísica. No es casualidad que
en esa época Marx afirme que “Aristóteles tiene razón cuando dice que
la Síntesis es la causa de todos los errores.”, es decir el error es una
síntesis forzada y arbitraria de pensamiento y ser, o en el lenguaje
jovenhegeliano entre formelle Bestimmung (Apariencia, Forma, Pensamiento, lo
general) y materielle Bestimmung (Esencia, Ser, Materia, lo particular). El
joven Marx parece estar utilizando indistintamente tanto el significado
aristotélico como el mismo sentido que le da Spinoza a su Sustancia o Kant
al noumeno.[29] Marx descubre las incongruencias hegelianas: la Materia es
en Hegel, dirá, un mero capítulo de su Logik, y la Filosofía Política un
“paréntesis de la Lógica, un hors d’ouvre de la argumentación real”
(Marx). El elemento filosófico ya no es la Lógica de la Cosa (Logik der
Sache), tal como el joven Marx la intenta desarrollar desde sus toscos
principios materialistas (en la carta de 1837 a su padre), sino que se
produce la inversión mistificadora de la mano de Hegel: la Logik der Sache
se transforma, bajo una forma mistificada, en la Cosa de la Lógica (Sache
der Logik). Lo que Hegel presentaba como una exposición científica del
“Automovimiento de la Cosa” (carente de presupuestos), es en realidad un
movimiento elaborado a partir de la interpolación (Unterschiebung) de un
Contenido (inmediato), de determinación empírica, no reconocido en su
función preliminar en relación con la Forma. El movimiento dialéctico
esconde y transvalora (en el peor sentido metafísico) el movimiento de la
empiria. En la esfera de los problemas lógicos y de la conformación de
contra-argumentos antihegelianos, la aportación de Trendelenburg le acerca
tan esencialmente al joven Marx, que lo convierte en uno de sus más
rigurosos, precisos e inmediatos precedentes históricos. En un momento
Marx, a pedido de Bruno Bauer, intentó refutar a Trendelenburg:
“Trendelenburg será una de las primeras víctimas que tú ofrecerás a la
Filosofía ofendida”. Su otro amigo Köppen, también le pide que tenga el
honor de dar una respuesta filosófica contundente “con motivo de
Trendelenburg”.[30] La exigencia aristotélica del método de
Trendelenburg, uso de las categorías con valencia realista, le lleva a
realizar una crítica de método perfecta: será utilizada no sólo por
Marx, sino por el mismo Feuerbach.[31] Marx, que estudiaba en detalle la
Logik de Hegel como los textos de Aristóteles, Bacon, Hume y Spinoza, en
pleno Hegelianismo, se propuso defender al System de Hegel de la crítica
técnica de Trendelenburg.

La tarea de “invertir” la Dialéctica, para anular el Misticismo
lógico-panteísta de Hegel, lo sigue teniendo como principio metodológico
el Marx maduro, en el mismo Das Kapital, aunque hemos evolucionado de la
inocente Umschlagen juvenil, pasando por la Umsturz y Umwälzen de su etapa
intermedia, a la concreta y revolucionaria Umstülpen/Umkehrung de la
Dialéctica materialista: “En Hegel la Dialéctica está con la cabeza al
revés. Es necesario darla vuelta (umstülpen), para descubrir su núcleo
racional (rationellen Kern), que se oculta bajo una envoltura mística
(mystischen Hülle).” La Kritik joven-marxiana, que se remontaba a más de
treinta años atrás, ha logrado, según el Marx de 1873, eliminar la forma
mistificada (mystifizierten Form) de la Dialéctica hegeliana, que “parece
glorificar lo existente” y superarla en una nueva forma racional
(rationellen Gestalt). Es la rationellen Gestalt la que permite una
“comprensión positiva de lo existente (positiven Verständnis des
Bestehenden)” que incluye “la comprensión de su Negación (Verständnis
seiner Negation), de su necesaria ruina, porque concibe toda Forma en el
fluir de su Movimiento (Form in flusse der Bewegung), por lo tanto sin
perder de vista su lado transitorio; porque nada la hace retroceder y es,
por su esencia (ihrem Wesen) crítica y revolucionaria.”[32] Para el Marx
maduro era plenamente vigente y operativo su trabajo crítico antihegeliano
que había desarrollado entre los años 1838 y 1843. Obviamente
Trendelenburg nunca será un Junghegelianer, sino un antihegeliano de
derecha, teísta y políticamente conservador: su pensamiento tiende a una
restitución de la Metafísica y a una teleología orgánica que intenta un
híbrido entre Aristóteles (reconciliado con Platón) con el
trascendentalismo de Kant. Marx poseerá en su biblioteca el libro de
Trendelenburg, leído y anotado, y lo conservará hasta su muerte.[33]


Nicolás González Varela

Notas:

[1] Y por supuesto impresos en Leipzig por el editor Otto Wigand. Se han
re-editado: Hallische Jahrbücher für deutsche Wissenchaft und Kunst, 5
Bde. in 10 Halb-Bdn., Auvermann, Glashütten (im Taunus), 1972. Sobre la
historia de los Jahrbücher y su importancia en la generación de una
izquierda antihegeliana, véase: Mc Lellan, David; Marx y los jóvenes
hegelianos, Martinez Roca, Barcelona, 1971, p. 24; Rossi, Mario; La génesis
del Materialismo Histórico. I, La izquierda hegeliana, Alberto Corazón
editor, Madrid, 1971, p. 55 y ss. Sobre Ruge y los Anales: Cornu, Auguste,
Karl Marx. El hombre y la obra. Del Hegelianismo al Materialismo Histórico,
Editorial América, México, 1938, pp. 56-59. El poeta Heine con ironía
llamaba a los Anales “un terrible homicidio de hojas de papel”.

[2] Gottschall, Rudolf; Die deutsche National Literatur in der ersten Halfte
des neunzehnten Jahrhunderts, Band 2, Trewendt&Granier;, Breslau, 1872 (la
edición original es de 1855), p. 126 y ss. Gottschall le dedica todo un
capítulo a la Escuela Hegeliana, centrándose en Strauss, Bauer, Feuerbach
y Stirner. También su útil Arnold Ruge: Eine Charakteristik, Samter,
Königsberg, 1848.

[3] Feuerbach, Ludwig; “Karl Streckfuss und das Preusentum”, en: los
Hallische Jahrbücher für deutsche Wissenschaft und Kunst, nov. 1839.

[4] En dos artículos cruciales, escritos en 1840 y 1841; véase: Ruge,
Arnold; “Zur Kritik des gegenwärtigen Staats- und Völkerrechts”
[1840]; en: Hegel, G.W.F. ; Philosophie des Rechts, ed. H. Reichelt,
Ullstein, Frankfurt, 1972, pp. 598-623; y “Die Hegelsche Rechtsphilosophie
und die Politik unsere Zeit” [1842]; en: Riedel, Manfred, ed.; Materialien
zu Hegels Rechtsphilosophie, Band 1, Suhrkamp, Frankfurt, 1975, pp.
323–349. Sobre Ruge como jóven hegeliano, véase: Zanardo, Aldo;
“Arnold Ruge giovane hegeliano 1824-1849”, en: Annali Feltrinelli, XII,
1970, pp. 189- 382.

[5] En Riedel, Manfred, ed.; ibidem, p. 327.

[6] Cieszkowski, August von; Prolegomena zur Historiosophie, Veit und Co.,
Berlin, 1838. Después de haber sido olvidado durante más de un siglo,
sólo recientemente ha sido resctado de la oscuridad. Existe una meritoria
edición en español: Prolegómenos a la Historiosofía, Universidad de
Salamanca, Salamanca, 2002. Sobre Cieszkowski, véase: Liebich, André;
Between Ideology and Utopia: The Politics and Philosophy of August
Cieszkowski, D. Reidel, Dordrecht, 1978. El mismo Liebich es el editor de
una selección en inglés muy útil de sus escritos: Selected Writings of
August Cieszkowski, Cambridge University Press, New York, 1979.

[7] Sobre Michelet, véase: Waszek, Norbert; “Michelet, Karl Ludwig”,
en: AA. VV.; Allgemeine deutsche Biographie, Band 17, Bayerische
Staatsbibliothek, Berlin, 1994, p. 447. Lo trata en detalle, a pesar de sus
conclusiones equivocadas, afirma que Marx es el más sofisticado de los
escatólogos, Leszek Kolakowski en su desigual Las principales corrientes
del marxismo, I, Los Fundadores, Editorial Alianza, Madrid, 1980, pp. 92-95.
Le otorga el rol de primer precusor Shlomo Avinieri en su libro El
pensamiento social y político de Carlos Marx, Centro de Estudios
Constitucionales, Madrid, 1983, p. 183-190.

[8] De philosophiae ionicae ingenio, vi, loco, Heildelberg, 1838. El texto
no ha sobrevivido, André Liebich intenta una reconstrucción de su
contenido en su estudio preliminar a la compilación de sus escritos:
Selected Writings of August Cieszkowski, Cambridge University Press, New
York, 1979, p. 20 y 120.

[9] Cf.: Cornu, Auguste; Carlos Marx y Federico Engels. Del Idealismo al
Materialismo Histórico, Editorial Platina, Buenos Aires, 1965, p. 110.

[10] Cieszkowski, August von; Prolegomena zur Historiosophie, Veit und Co.,
Berlin, 1838, p. 129.

[11] Ibidem; pp. 131-132.

[12] Lukács, G.; “Moses Hess und die Probleme der idealistischen
Dialektik”, en: Archiv fur die Geschichte des Sozialismus und der
Arbeiterbewegung, 12, 1926, pp. 3-8, aunque Lukács cree que la superación
intentada por Cieszkowski de la absolutación de Hegel del presente por un
abstracto “Deber-Ser”, repudia el realismo hegeliano como un todo,
realismo que es el fundamento del materialismo de Marx.

[13] Ibidem; p. 16.

[14] Ibidem, p. 18.

[15] Ibidem, p. 130.

[16] Fruto de sus conocimientos de los teóricos del socialismo utópico y
de la economía política liberal será su libro Du Crédit et de la
Circulation, Treuttel et Wurtz, Paris, 1839.

[17] Cieszkowski, August von; Prolegomena zur Historiosophie, Veit und Co.,
Berlin, 1838, p. 127.

[18] Marx también tendrá en su biblioteca una obra posterior de
Cieszkowski, De la Pairie et de l’Aristocratie moderne, D’Amyot, Paris,
1844, donde proponía soluciones políticas reformistas al problema de los
restos reaccionarios de clases nobles y aristocráticas antiguas en la
Francia moderna. En el libro se criticaba a la Gran Revolución Francesa por
haber dado al hombre una libertad formal y abstracta, no real, una libertad
meramente burguesa.

[19] Carta de Engels a Marx, 13 de junio, 1882; en: Werke, Band XXXV, Dietz
Verlag, Berlin, 1973, p. 37. Dice Marx: “este Conde me visitó ciertamente
en París durante el período de los ‘Anales’, e hizo mi vida tan
insoportable que no puedo ni quiero leer sus pecados”. Los “pecados”
de los que habla Marx son sus nuevos libros, llenos de nacionalismo polaco y
misticismo católico.

[20] Carta de Marx a Engels, 12 de enero, 1882; en: ibidem, p. 35.

[21] Moses Hess fue, de todos los jóvenes hegelianos, el más influenciado
por las tesis de Cieszkowski. Véase: Cornu, Auguste; Moses Hess et la
gauche hégélienne, Alcan, Paris, 1934, pp. 31-34. Hess mismo confiesa que
se sintió profundamente conmovido por Cieszkowski, cf.: Hess, Moses;
Philosophische und sozialistische Schriften, Akademie Verlag, Berlin, 1961,
p. 77 y 79. Sobre la influencia, muchas veces subestimada, de Hess sobre
Marx, mi artículo “Moritz Hess: vida y opiniones del ‘Rabino
Rojo’”, on-line: http://www.rebelion.org/noticias/2007/8/54646.pdf

[22] Trendelenburg, Friedrich Adolph; Logische Untersuchungen, Band I,
Bethge, Berlin, 1840. Se ha publicado un facsímil de la edición de 1862
por la editorial Elibron Classics, New York, 2003. Sobre Trendelenburg,
véase: Bratuscheck, Ernst Carl L.; Adolf Trendelenburg, Henschel, Berlin,
1873. Más moderno: Wesseling, Klaus-Gunther: “Trendelenburg, Friedrich
Adolf”, en: Biographisch-Bibliographisches Kirchenlexikon, Band 12,
Herzberg 1997, pp. 449–458. Es sintomático que el filósofo trabajó
durante años como tutor del hijo de un amigo íntimo de Altenstein, el
ministro liberal prusiano y protector de los jovenes hegelianos. Sobre el
papel de Trendelenburg en la conformación de una izquierda filosófica
antihegeliana y en particular su influencia en Marx, cf.: Rossi, Mario; La
génesis del materialismo histórico, I, La izquierda hegeliana, Alberto
Corazón Editor, Madrid, 1971, pp. 78-86. Trata el tema de la relación
entre Trendelenburg-Marx Néstor Kohan en su libro Marx en su (tercer)
mundo: hacia un socialismo no colonizado, Editorial Biblos, Buenos Aires,
1998, pp. 92-93.

[23] Trendelenburg escribirá una historia filosófica de las categorías,
Historische Beiträge zur Philosophie, Bethge, Berlin, 1846, en la cual
aparece en un capítulo dedicado a Spinoza. Luego le dedicará todo un
libro: Über Spinoza’s Grundgedanken und dessen Erfolg, Bethge, Berlin,
1850.

[24] Trendelenburg, Friedrich Adolph; Logische Untersuchungen, Band I,
Hirzel, Leipzig, 1840, Kap. III, “Die dialektische Methode”, pp. 38-39.

[25] Ibidem, p. 56-57

[26] Kant, Immanuel; Kritik der reinen Vernunft, A 386, A 392, A 395, A 402
u.a. Kant creará en la jerga filosófica profesional el verbo
hypostasieren.

[27] En: Marx/Engels; Werke; Band I, Dietz Verlag, Berlin, pp. 209, 216 y
224. En español: Carlos Marx/Federico Engels, Obras fundamentales. Marx:
Escritos de Juventud, FCE, México, 1982, pp. 325, 331 y 336-7. Traducción
propia.

[28] Marx, Karl; Das Kapital, Ullstein Verlag, Berlin, 1983, “Nachwort zur
zweiten Auflage, 1873”, p. 12. En español: El Capital, Tomo I, Volumen I,
Siglo XXI Editores, México, 1983, “Epílogo a la segunda edición”, p.
20. Traducción propia.

[29] Sobre la influencia de Aristóteles sobre Marx, véase: McCarthy,
George E. (Ed.); Marx and Aristotle: Nineteenth-Century German Social Theory
and Classical Antiquity, Rowman & Littlefield, Savage, 1992, especialmente
el artículo de Michael DeGolyer, “The Greek Accent of the Marxian
Matrix”, p. 107 y ss.; también Natali, C.; “Aristotele in Marx
(1837-1846)”, en: Rivista critica di storia della filosofia, XXXI, 1976,
pp. 169-192. Sobre el papel de Aristóteles en las primeras críticas
antihegelianas, véase: Berti, Enrico; “Aristote dans las prèmieres
critiques adressées à Hegel par Feuerbach, Marx et Kierkegaard”, en:
Thouard, Denis (éd.); Aristote au XIXe siècle, Presses Universitaires du
Septentrion, Lille, 2005, pp. 23-35.

[30] Sucesivamente cartas de Bruno Bauer a Marx, 31 de junio de 1841 y de
Friedrich Köppen del 3 de junio de 1841. Köppen también le pide que
responda a la crítica de Hegel realizada por “ese loco del Doctor
Schopenhauer”, en referencia al libro Die beiden Grundprobleme der Ethik:
Ueber die Freiheit des menschlichen Willens, Ueber das Fundament der Moral
de 1841. Schopenhauer trata a Hegel de charlatán grosero, criatura
ministerial, pseudofilósofo despreciable, etc.

[31] A sugerencia de Bruno Bauer, incluso Marx había tenido la intención
de refutar a Trendelenburg desde el Hegelianismo, habiendo estudiado en
detalle el libro. El hecho que finalmente no la haya realizado, puede
sugerir ya un germen de diferencias político-filosóficas con Bruno Bauer
que más tarde significarán la ruptura entre el maestro y el discípulo.
Sobre el proyecto anti-Trendelenburg de Marx véase el estudio preliminar de
Rjazanov, David, B.; “Einleitung”, MEGA (1), I, 1, 2, p. XXI.

[32] Marx, Karl; Das Kapital, Ullstein Verlag, Berlin, 1983, “Nachwort zur
zweiten Auflage, 1873”, p. 12. En español: El Capital, Tomo I, Volumen I,
Siglo XXI Editores, México, 1983, “Epílogo a la segunda edición”, p.
20. Traducción propia.

[33] Marx poseía la primera edición de 1840 de Trendelenburg; véase:
Kaiser, Bruno; Ex Libris. Karl Marx und Freidrich Engels. Schicksal und
Verzeichnis einer Bibliothek, Dietz Verlag, Berlin, 1967, p. 227. Además
Marx utilizó las traducciones de Treendelenburg de la obra de Aristóteles
para sus Hefte de Berlin, como por ejemplo al edición de De anima:
Aristotelis. De anima libri tres, Ad interpretum graecorum auctoritatem et
codicum fidem recogn. commentar. illustr. Frider. Adolph Trendelenburg,
Walzii, Jena, 1833.

Notas:

Fuente:  Nicolas Gonzalez Varela

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