Redefinición del materialismo

Vamos a comentar en el artículo: «¿Para qué el Ego Trascendental?» ideas que consideramos importantes (acaso centrales) para el sistema del materialismo filosófico y que están desarrolladas (o apuntadas) en el artículo sobre el que trabajamos. Con esto queremos decir que no vamos a resumir linealmente, epígrafe por epígrafe el artículo, sino que al estudiar ciertas ideas, éstas se hallan cursadas en distintos puntos del artículo. No queremos por nuestra parte realizar un resumen del artículo, sino centrarnos donde nos parece más importante, y criticar ciertas interpretaciones sesgadas, erróneas y malintencionadas del artículo

A propósito del Ego Trascendental

En mayo de 2008 apareció en la digital Revista de filosofía un artículo de Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina titulado «¿Para qué el Ego Trascendental?», cuyo contenido podría resumirse en el rótulo de su trabajo. Siguieron a éste, intervenciones de Silverio Sánchez Corredera, Pelayo Pérez y Alberto Hidalgo en la misma revista. En octubre de 2008 apareció en El Catoblepas un artículo de Javier Pérez Jara titulado «El puesto del Ego Trascendental en el materialismo filosófico». Después de éste, Alberto Hidalgo publicó otro artículo (la continuación del primero), José Manuel Rodríguez Pardo aportó su punto de vista en «Noetología, la ciencia que se busca», Francisco Miguel Pérez Herranz interviene en la discusión, y de nuevo Silverio Sánchez, en su artículo sobre realidad virtual, toca el tema.

Las sesiones de la Fundación Gustavo Bueno, que se inician en octubre y se desarrollan los lunes, se dedicaron el curso 2008-09 a analizar la cuestión del Ego Trascendental en el materialismo filosófico. Como resultado de estas sesiones, en abril de 2009 sale publicado el número 40 de El Basilisco, dedicado íntegramente al artículo de Gustavo Bueno «El puesto del Ego Trascendental en el materialismo filosófico». Es de este último escrito del que vamos a hablar, en cuanto muestra lo que supone el Ego Trascendental en y para el materialismo filosófico en 2009 según Gustavo Bueno{1}.

Pensamos que el artículo es una redefinición del materialismo filosófico. Esto no quiere decir que se cambie de posición acerca de lo defendido hace veinte o treinta años sobre E o sobre M. Lo que significa es que en 2009 se vuelve a definir el materialismo filosófico, contando con todas las aportaciones y desarrollos (incluidas las críticas, claro está) de los que se han acercado al materialismo filosófico en estas últimas cuatro décadas. El propio Gustavo Bueno admite la idea de redefinición:

«José Manuel Rodríguez Pardo ha formulado, por contraposición, la relación que el materialismo filosófico establece entre E, Mi y M y mediante la cual se redefine el sistema del materialismo filosófico» (pág. 90, subrayado nuestro.)

Como nos vamos a referir básicamente al artículo de Bueno sobre el Ego, cuando citemos unas líneas y pongamos el número de página, nos estaremos refiriendo a ese artículo.

El artículo de Bueno no se presenta actu signato como una crítica a las críticas de sus críticos, sino como una elaboración de la idea de Ego Trascendental del materialismo filosófico treinta y siete años (en rigor aún no se han cumplido) después de haber sido introducida en los Ensayos materialistas (por razones sistemáticas, como mostraremos ulteriormente). Siendo así, actu exercito se está defendiendo la importancia del Ego Trascendental y respondiendo a las objeciones de los críticos. Quienes entienden que Bueno construye su artículo con la arquitectónica que tiene para irse por las ramas y no responder a las objeciones de sus críticos, no han leído con suficiente atención el artículo (como veremos, ya que no se trata de afirmarlo gratuitamente).

El artículo de Bueno se sitúa «a otra escala» del de sus críticos{2}. Bueno no entra a discutir punto por punto con sus críticos, lo cual no quiere decir que no les haya prestado atención –pensar es siempre pensar contra algo o contra alguien–. Y no hace falta citar explícitamente el nombre de alguien para darse cuenta que cuando se está exponiendo una cuestión referente a objeciones hechas, se está contestando a los críticos.

Estos debates siempre son interesantísimos porque obligan a repensar las cosas, y sirven para establecer criterios de demarcación entre distintos quehaceres filosóficos. Sirven para no hacer pasar por materialista un pensamiento positivista o fenomenológico, pongamos por caso.

Vamos a comentar en este artículo ideas que consideramos importantes (acaso centrales) para el sistema del materialismo filosófico y que están desarrolladas (o apuntadas) en el artículo sobre el que trabajamos. Con esto queremos decir que no vamos a resumir linealmente, epígrafe por epígrafe el artículo, sino que al estudiar ciertas ideas, éstas se hallan cursadas en distintos puntos del artículo. No queremos por nuestra parte realizar un resumen del artículo, sino centrarnos donde nos parece más importante, y criticar ciertas interpretaciones sesgadas, erróneas y malintencionadas del artículo{3}.

En este artículo intentaremos aportar nuestro humilde punto de vista acerca de la cuestión del Ego Trascendental en el materialismo filosófico. Repetimos por si no ha quedado suficientemente claro: en el materialismo filosófico. No se trata de analizar el Ego en Descartes o en Husserl, por poner dos ejemplos. Sin duda, es requisito indispensable conocer la historia del Ego para el desarrollo de una teoría del Ego Trascendental en el materialismo filosófico. Bueno dedica en su artículo muchas páginas para explicar lo que ha supuesto la idea de Ego Trascendental a lo largo de la historia. Se trataría de ser capaz de explicar desde la idea de Ego Trascendental del materialismo filosófico las ideas de Ego en otros sistemas filosóficos –y no al revés– (esto lo ha hecho Javier Pérez Jara en su artículo y Bueno se encarga de subrayar el acierto en el enfoque del mismo; Marcelino J. Suárez Ardura también ha sabido ver esto con agudeza en su artículo «Materialismo filosófico y literatura», nº 88 de El Catoblepas){4}.

Puede parecer osado escribir o apuntar cosas acerca del Ego Trascendental en el materialismo filosófico después de haber estudiado el artículo de Bueno. Tendríamos que decir aquello que comentó Óscar Wilde al ver representada una obra suya: «¿Quién soy yo para corregir esta obra maestra?». Pero, dicho esto, nadie tiene la última y definitiva palabra, porque los asuntos siguen estando ahí, y de lo que se trata entonces es de añadir algo interesante (no queremos hacer mera rapsodia), ya que si no, no tiene sentido abrir la boca o teclear en el ordenador. Así que el lector juzgue si seguimos o no el proverbio hindú que dice «Procura que tus palabras sean mejores que el silencio».

El artículo comienza hablando del mito y de la filosofía como mapa mundi. Bueno ha utilizado la palabra «mito» en cinco de sus libros hasta la fecha. Opta por la distinción entre mitos luminosos, oscurantistas y claroscuros (la mayoría){5}. Y se nos dice que el Mapa del Mundo del materialismo filosófico es un mito. Pero un mito luminoso. Y lo es debido a que no se interpreta al Universo como una totalidad «finita, cerrada y autocontenida» (como hace, por ejemplo, la teoría del Big Bang). Y para que no suceda esto hay que recurrir a lo que no es el Universo, a lo que no es Mi. Y esto es M. Y este mapa mundi con Mi y M lo traza un sujeto histórico, que ejerce la función de demiurgo de Mapa del Mundo. Esta conciencia demiúrgica es la misma conciencia filosófica: el Ego Trascendental.

El campo de la filosofía (materialista) es el Universo visible y tangible (U). Es el Universo fenomenológico, el Mundus Aspectabilis. Con esto estamos diciendo que el objeto del materialismo no es en primer lugar el análisis de la Materia Ontológico General. El punto de vista filosófico materialista debe de partir de las cosas que vemos y tocamos, de las cosas con que se puede operar. Y el privilegio de las operaciones, como tantas veces se ha dicho, no es ontológico sino gnoseológico. Así, los sujetos interpretan el mundo a su propia escala, es decir, a nivel antrópico. Los quarks (por citar un caso) no son unidades absolutas, sino que están dados a escala del hombre. Esto nos lleva al Homo mensura de Protágoras, que puede interpretarse de diversas maneras, y en alguna de ellas es utilizable para el materialismo.

Sobre la importancia de la perspectiva antrópica:

«Mediante la metáfora del filtro de M a través de E, se dice también que la morfología de los contenidos de Mi (en los distintos géneros de materialidad) no ha de entenderse como absoluta, sino como determinada en función de los otros contenidos dados a su escala, que en nuestro caso es la escala antrópica (o la escala zootrópica) (...) Sólo presuponiendo el principio de Protágoras, en su forma estricta, cabe aplicar el principio de anamórfosis en el momento de dar cuenta de la morfogénesis de los organismos vivientes.» (pág. 89.)

«Concluimos: E es, en cuanto actúa a través de un sujeto operatorio, la «conciencia filosófica», que reúne en la unidad del Mundo (Mi) a M1 U M2 U M3 a título de Géneros supremos de materialidad, de los que se compone el Universo. Esta totalización, es decir Mi, es resultado de una «operación» (totatio) que no podría considerarse ultimada al margen del enfrentamiento del Universo Mi, «finito e ilimitado», con lo que no es él, es decir M, como idea negativa en el terreno gnoseológico» (pág. 90.)

Pero no en el ontológico, ya que es una materialidad ontológico general (o una materialidad trascendental, como se decía en El papel de la filosofía en el conjunto del saber).

El resto de la realidad que no es el Universo (Mi), lo denominamos M, cuyo contenido positivo desconocemos, pero no quiere decir que no haya contenidos suyos en Mi ni que esté dado en potencia. Es una idea límite a la que llegamos de manera dialéctica, y desde luego, no cabe operación alguna con M. La existencia de M nos sirve para no hispostasiar el Mundo (Mi) o alguno de los géneros de materialidad que lo componen. Y lo que media entre Mi y M es el Ego Trascendental, introducido «necesariamente», por razones sistemáticas. Una de las cosas que quisiéramos que quedase clara es la estrecha vinculación entre E y M. E es fundamental para poder establecer M. Si E no existiera, M tampoco.

Explica Bueno por qué en el opúsculo Materia no aparece la idea de Ego Trascendental. Ella no aparece porque tampoco se habla directa y explícitamente de M. El trabajo era un encargo para una enciclopedia alemana (la Europäische Enzyklopädie zu Philosophie und Wissenschaften) y «hubiera sido improcedente y aún de mal gusto» aprovechar la ocasión para hablar de M y de E. Así, «parecía más adecuado, por no decir elegante» adoptar la posición general que un artículo de estas características debe poseer. Ya se dice en las solapas y en la página 7 que «La estructura de este opúsculo está ajustada a las normas propuestas por la dirección de la citada Enciclopedia para un Hauptartikel de la misma». Y una vez leído el texto no se comprende por qué se ha de interpretar la ausencia de E como una prueba de que se pueda cancelar sin afectar a la estructura del sistema. !Pero si es que tampoco se habla de M! Si se está hablando de la Historia del materialismo de Lange o de Materialismo y empiriocriticismo de Lenin, y se dispone de un espacio muy reducido, ¿cómo se va a adoptar otra escala para detallar la ontología del materialismo filosófico? Para eso ya está Ensayos materialistas y se citan en la literatura para que el público alemán (o de la nacionalidad que fuera) tenga la referencia y pueda acudir a ellos. Donde se apuntan estudios a realizar en un futuro desde el materialismo es en el capítulo 7 («Problemas abiertos»).

Una cosa es hablar de las correspondencias de M1, M2 y M3 con otras ideas de la tradición filosófica, y otra muy distinta, creer que hay una identidad entre los tres géneros de materialidad especial y otras tres ideas de algunos sistemas filosóficos.

«Resulta particularmente grosero decir –dice Bueno– que el materialismo filosófico «bebe de un Wolff prekantiano» como dice Quintín Racionero (...) Ese tipo de críticas olvida que el materialismo se constituyó a su vez [no es cosa de ahora] como una crítica del propio idealismo trascendental» (pág. 8.){6}

A muchos sorprenderá que Bueno diga que la semilla del Ego Trascendental pueda encontrarse en Yahvé («Yo soy el que soy»), y en Egos teológico-políticos vinculados a los Imperios universales.

Otros lo verán como un nuevo intento de ajustar la idea de imperio en otros contextos del materialismo filosófico. El propio Bueno sabedor de las «sensibilidades» que va a herir, deja constancia de ello y advierte que sólo se puede «recuperar» filosóficamente la idea de Ego de Yahvé desde una idea de Ego Trascendental análoga a la del materialismo filosófico. Desde el materialismo no hay por qué dar privilegio a ideas de Ego de los llamados «filósofos». Desde una auténtica filosofía materialista libre de prejuicios y de dogmas pasados, hay que reanalizar muchos asuntos, y a lo mejor, muchas cuestiones que harían tornar la cabeza a muchos denominados materialistas (como por ejemplo, el Dogma de la Encarnación cristiano), son más aprovechables que otras avaladas por la tradición. Y para ejemplificar que esto no es ni mucho menos de ahora:

«El desarrollo del pensamiento cristiano constituye uno de los tramos más ricos e interesantes de la historia del materialismo.» (Ensayos materialistas, págs. 73-74.)
Se hace la distinción entre primum cognitum y primum ontologicum, y se dice que el Ego del materialismo no es ni uno ni otro. Se habla de primum cognitum como un primer conocimiento, pero en sentido gnoseológico, no psicológico o epistemológico. La idea de primun cognitum tiene una estructura dialéctica, y se distingue entre cognitum, incognitum y praecognitum. Para el materialismo, el ego cartesiano (el yo pienso) es un primum cognitum, pero no un primum ontologicum (un summum ontologicum). Éste es Dios, y si no existiera, yo no podría estar seguro de que dos y dos son cuatro. Pero desde el materialismo hay que decir que «en el círculo constituido por la tríada E, Mi, M, no cabe señalar, como en ningún círculo, ningún primero absoluto, porque todos son primeros respecto de los demás» (pág. 16).

Al tratar del Ego el primer problema con el que nos encontramos es el de la ambigüedad, ya que no se sabe muy bien de qué se está hablando. La principal confusión suele estar en el uso del Ego Trascendental y de lo que se llama Ego psicológico. Pero hay muchos más. Bueno hace una clasificación (pág. 18) donde distingue entre denominaciones extrínsecas e intrínsecas del ego. Ésta última es el Ego institucional que comprende a los egos categoriales y al Ego Trascendental. Puede el lector ver en el artículo el desarrollo que se hace de cada tipo de ego. Labor fundamental pero que nosotros no nos vamos a detener aquí en ella.

Muchos psicólogos que acudan corriendo a la lectura del artículo de Bueno pensando que allí se habla «de algo suyo», se llevarán una gran decepción. Ellos entenderán que el Ego es asunto de su campo. Y esta idea gremialista que poseen del Ego como una idea unívoca, está prácticamente asimilada por la sociedad. A ello seguro que ha contribuido mucho Freud, cuya resonancia se deja notar en los más variados ámbitos (Bueno dedica unas páginas a Freud).

El Ego Categorial nos mantiene en el ámbito de Mi, y el Ego Trascendental no es que se sitúe en M, sino que media entre Mi y M. Pero podríamos decir que el Ego categorial se desarrolla en el ámbito de la ontología especial y el Ego Trascendental en el de la ontología general. El Ego Trascendental es un sujeto operatorio, histórico que actúa como un Ego Lógico al totalizar los contenidos de Mi, incluido M2, claro está (y no supone ningún trastorno bipolar).

Como se ve, al tratar de mostrar lo que puede significar E para el materialismo, no nos queda otra que referirnos constantemente a Mi y a M. De otra manera, estaríamos hipostasiando E y recaeríamos en la metafísica. Así, como también estamos hablando de M, se comprenderá que el artículo de Bueno es un trabajo sobre la Materia Ontológico General, en el que se indican muchas cosas interesantes. No hace falta que el artículo se titule «El puesto de la Materia Ontológico General en el materialismo filosófico» para que se trate de ella (lo cual no quiere decir que Bueno no publique dentro de un tiempo otro artículo sobre M, si lo considera oportuno).

Aunque la filosofía parta de la ontología especial, solamente podremos comprenderla desde la ontología general.

«En el sistema del materialismo filosófico el horizonte de la Ontología especial, el Universo, solamente se perfila desde la Ontología General de la materia ontológico general, que presupone el «cierre» del Universo como totalidad finita.» (pág. 18.)

Sobre la relación de E, Mi y M, se dice:

«Si el Ego E del sistema del materialismo filosófico asume su papel de Ego Trascendental, clave en el sistema (sin necesidad de ser un primum cognitum) es en la medida en la cual ese Ego se define en función de Mi (del Universo) y, por tanto (puesto que Mi como universo totalizado finito presupone necesariamente a E como sujeto operatorio de la operación totalización), en función de M (la Materia Ontológico General). Materia M entendida, entre otras cosas, como el «reverso virtual» o «entorno virtual» de un Universo finito pero ilimitado, que no tiene propiamente ni reverso ni entorno» (pág. 19.)
Como decíamos, es una tesis fundamental para el materialismo la de la condición antrópica del Universo, que se opone al Universo absoluto:

«El Universo antrópico es una idea que implica la Ontología General (a M), mientras que «antropomorfismo» es una idea crítica dada en el marco del Universo antrópico, cuando en él nos atenemos a las relaciones diaméricas entre partes del mismo» (pág. 37.)

El Ego no es una cuestión individual, sino social. Es un Ego institucional, y en este sentido es un artículo noetológico. Además, el Ego se encuentra ejercitado en el seno de algún Imperio Universal:

«El Ego, como institución, tiene necesariamente un origen institucional, circunscrito a un nosotros social, y al mundo entorno de su dominio, de donde se deduce que la vía de ampliación de ese ego, desbordando los límites originarios, sólo puede abrirse paso en el mismo proceso de ampliación de los horizontes de esos grupos, en el enfrentamiento con otros grupos, a fin de incorporarlos (incluyendo a los territorios respectivos) a su dominio intencional o «aureolar». El límite dialéctico (por catábasis, o por metábasis) de estos precios de ampliación del ego nos acercará al ego trascendental, que encontramos ejercitado (antes que representado en cuanto tal) a través de los dioses vinculados a los Imperios Universales, como puedan serlo Atón, Enlil y sobre todo, Yahvé, cuando dijo a Moisés: «Yo soy el que soy». Y con esto Moisés desborda definitivamente el horizonte de la Psicología, porque el «yo soy el que soy» (interpretado no necesariamente como Ipsum esse, sino como un dios real), no es un «contenido psíquico» (pág. 46.)

Si se presta la suficiente atención se verá el sumo cuidado con que se utilizan las palabras al exponer estos espinosos temas ontológicos. Se hace uso de las comillas y así, se habla de «un momento», «una fase», «el horizonte», «el eslabón», &c.

La operación de establecer la totalización de Mi la realiza E. Como lo que no es Mi, la complementaria de Mi es M, podemos decir que es absolutamente fundamental («un eslabón imprescindible») para la constitución de las ideas de Mi y M.

Una de las ideas brillantes del artículo es la utilización del concepto de «topología globular discontinua» referida al Ego. Se utiliza porque «preferimos utilizar el concepto de «glóbulo», o el de «ovoide», en lo que tenga de común entre una esfera y un toro de proporciones finitas, dados a la escala de los organismos o de los egos individuales. El góbulo, el ovoide orgánico, esfera o toro, contiene pues una convexidad y una concavidad» (pág. 59). Y Bueno utiliza la topología de los organismos como un argumento para criticar a quienes defienden la existencia de un cuerpo interno.

Nos parece de una concentración de contenido inmensa (por así decir) el apartado 6.4 del capítulo IV titulado «El paso de Mi a M a través de E». En estos seis párrafos se viene a decir que sabemos que existe M debido a la condición antrópica del Universo (no sólo aquí, desde luego). Como el Universo visible y tangible (es muy importante la idea de luminosidad) no es la realidad misma, tenemos que hablar de M. En este epígrafe se habla de la notable distorsión que representa M2, al tratarse de una «porción» muy pequeña de Mi. Los contenidos M1, M2 y M3 no «agotan» Mi debido a la condición antrópica del Universo. Se presenta a M como «fuente» de donde brota M1, y luego, a través de éste, M2. Se puede observar (e incidimos en ello otra vez) el sumo cuidado con el que se utilizan las palabras para referirse a los procesos de M1 o M. Se habla de que Mi no queda «agotado» por M1, M2 y M3; que M1, M2 y M3 actúan como «filtros» a través de los cuales la realidad se nos muestra como Universo visible; M como «fuente» de donde brota M1, &c. Y no estará de más recordar la condición de mito luminoso de la que se habla al principio del artículo.

El Ego Trascendental no es un ego categorial (por ejemplo, psicológico) ni tampoco el sumatorio de los egos individuales (entendidos de manera psicológica, además). Es una idea lógico-sistemática, no empírica, y que cumple uno de los papeles centrales en el sistema filosófico del materialismo. Se le puede eliminar, pero se estará haciendo otra cosa (se estará filosofando de otra manera).

La idea de Materia Ontológico General no está dada previamente a Mi. La función de E consta de dos fases «dialécticamente implicadas en un proceso circular», a saber, la de totalización de M1, M2 y M3 en Mi, y la de nexo o eslabón entre Mi y M. No cabe totalizar Mi al margen de E, y a su vez, esta totalización no podría tener lugar al margen de la complementaria de Mi, lo que no es Mi, es decir, M.

Y M se nos manifiesta como «la parte de M» filtrándose a través de E, en la medida en que este E, en cuanto sujeto operatorio lógico mantiene la condición de sujeto corpóreo (no cabe hablar desde posiciones materialistas de sujetos incorpóreos o de conciencias hipostasiadas).

Se pone en relación el desarrollo del Ego Trascendental y el proceso de las organizaciones totalizadoras, de las que se habla ya en El papel de la filosofía en el conjunto del saber, ilustrándolo con los ejemplos de la Iglesia Católica y la URSS (en El mito de la derecha ya se habla de «instituciones totalizadoras» (pág. 208), los Imperios universales). Bueno recuerda que el sentido con el que se citaba a la Iglesia Católica como una organización totalizadora era en el de una totalidad distributiva o parcial. Afirma que existe alguna diferencia notable respecto a lo que se escribió en 1968 de la Iglesia como institución donde maduró la filosofía cristiana. En realidad, «filosofía cristiana» sería una expresión contradictoria, y lo que de veras, habría sido, es Teología Dogmática. Pero habría sido esta Teología Revelada presisamente (y no la Natural) «la que habría determinado la verdadera «revolución copernicana» de la filosofía antigua, es decir, la transformación de la filosofía griega mediante la cual definimos a la filosofía moderna (ya sea en su dirección idealista, ya sea en su dirección materialista)». Así, la filosofía moderna no sería otra cosa que la «vuelta del revés» que el cristianismo habría efectuado a la filosofía griega{7}.

Bueno insiste bastante en su artículo en destruir la distinción cuerpo externo/cuerpo interno. El cuerpo es un concepto primogenérico, y por tanto, el cuerpo es siempre cuerpo externo (sería incluso redundante). Así, no hay tal cuerpo interno o intracuerpo, por lo que es una distinción errónea, residuo espiritualista del alma alojada en el cuerpo (del «animismo corporeísta primitivo»). Sería una hipóstasis de M2 o de alguna parte suya.

Las páginas finales del artículo de Bueno se dedican a poner unos ejemplos del papel que pudo desempeñar el Ego en la filosofía antigua, enlazando con la fasificación de la Historia de la Filosofía que se proponía en la introducción a La metafísica presocrática atendiendo a la posición de E en relación a Mi y a M.

El Ego no es cuestión sólo de M2, sino también de M1 y M3. El interpretar el Ego como M2, el psicologismo, es el gran error y la gran confusión a la hora de comprender y teorizar sobre el Ego Trascendental. Para decirlo con Bueno, «el Ego es una entidad demasiado importante como para dejarla en manos de los psicólogos» (pág. 66).

Vamos a transcribir parte de la respuesta de Bueno (14 Noviembre 2006) a las preguntas formuladas por Pérez Jara con las que quería saber «¿Por qué el materialismo filosófico se vio obligado a apelar a la idea de Ego Trascendental?»:

«El Ego es un ego lógico más que psicológico (...) El Ego Trascendental tiene que ver sobre todo con un ego que es sujeto operatorio y que está operando (diríamos, lógica y gnoseológicamente) al establecer análisis del mundo con los géneros de materialidad (...) El Ego Trascendental no tiene que ver con el segundo género de materialidad (que es psicológico), y la predicación que está haciendo de los tres géneros de materialidad es trascendental en el sentido escolástico (no kantiano) (...) El materialismo filosófico apeló a la idea de Ego (sobre todo) por razones sistemáticas, no por razones empíricas (...) El Ego no es un conocimiento empírico.»

Si lo que queremos es tener conocimiento empírico del Ego, lo que hacemos es adoptar una posición nominalista y acabamos en el sumatorio de todos esos egos individuales. Pero eso no es el Ego Trascendental ni desempeña una posición similar a la que éste ocupa en el materialismo filosófico.

La cuestión del Ego no involucra el asunto de la filosofía verdadera más de lo que lo puede hacer M, el espacio antropológico o el concepto de eutaxia. Desde luego, para nosotros el materialismo filosófico es verdadera filosofía. Y si alguien piensa que E fue introducido ad hoc para demarcarse de otras filosofías y erigirse en la filosofía verdadera, se estará equivocando y no habrá entendido el puesto que desempeña la idea de E junto con otras muchas del materialismo filosófico (y en lo concerniente a la ontología, junto a M, Mi, M1, M2 y M3). Sin duda, hay muchas filosofías que no tienen la idea de Ego entre las ideas de su sistema. Tantas como las que sí la tienen. Y el materialismo es un sistema filosófico con la idea de Ego Trascendental, y salvo que se entienda de modo metafísico (sustantificando a E), no se ve por qué debería suponer un hito respecto a la valoración del materialismo como una filosofía verdadera (tengamos presente la importancia de la idea de symploké). Y esto no contradice en absoluto lo que se dice en Ensayos materialistas de que toda filosofía verdadera ha de ser materialista{8}.

Acordémonos que lo que motivó a Bueno a publicar el artículo sobre el Ego fue la polémica suscitada a partir del artículo de Urbina. Y en él se dice, en efecto, que el Ego Trascendental es un filosofema ocioso. Pero no sólo eso. En realidad no se está criticando sólo E sino cualquier intento de establecer una ontología general (que será declarada tan ociosa y superflua como E). De este modo, M también será ocioso. Por lo que se estará trabajando desde un (llamémosle así si queremos) materialismo fenomenológico{9}.

¿Pudo haber sido introducido el Ego en los Ensayos materialistas como criterio de demarcación frente a las Ciencias Humanas? Y si no fuera así, ¿por qué no figura en El papel de la filosofía en el conjunto del saber? Pues por la misma razón que no figuran ni M (llamada así) ni Mi. Porque no distingue entre ontología especial y ontología general (eso lo hará precisamente en los Ensayos materialistas). Porque el libro está escrito apresuradamente para contraatacar las tesis de Sacristán (Bueno dice que utilizando sólo los libros fáciles de coger en la estantería y no los que se encuentran arriba del todo). Porque es un libro en el que se hallan multitud de ideas seminales, esbozadas, que un futuro serán desarrolladas. Porque es un primer libro publicado por otro motivo distinto al de establecer una ontología materialista (esta oportunidad se la brindará el padre Aguirre). Porque es un cajón de sastre en el que unos años después se cogerán unos elementos, se pulirán y se desarrollarán. Porque aún no se había sistematizado y conceptuado las ideas ontológicas del materialismo. Fijarse sólo en el hecho de que no aparece E, como si lo hiciesen el resto de ideas del materialismo filosófico de forma expresa, nos parece que es un modo incorrecto de argumentar.

Hay quien defiende que Bueno recela referirse al sujeto psicológico y a utilizar la idea de conciencia en un sistema filosófico materialista. Esto, al parecer, se vería refrendado por expresiones de Bueno del tipo: «La Conciencia, ¿quién es esa señora?» Cosas de este tipo gustarían a un auditorio «positivista» (por ejemplo, de médicos o químicos), y Bueno poco menos que estaría «dorando la píldora» al público para conseguir lectores. Quienes dicen esto no saben lo que están diciendo. Bueno lo que está criticando es la hipóstasis de la conciencia, el hablar de La Conciencia. Y lo mismo vale para La Solidaridad, La Tolerancia, &c. Las conciencias no existen de manera aislada (no cabe hablar de una Conciencia solitaria).

«Lo cierto es que las críticas muy fundadas a la sustantivación del ego (o de la conciencia) en la dirección del espiritualismo, arrastraron a los contenidos M2. Este arrastre alimentó en gran medida al que hemos llamado tabú del ego. Tesis fundamental para el materialismo es la de la materialidad de M2, y, por tanto, la negación de su separabilidad, supervivencia o metempsicosis de la conciencia egoiforme. En cualquier caso, M2 no se reduce al ego, así como tampoco el ego se reduce a M2. M2 tiene contenidos que no son egoiformes (...) Consideramos inconveniente la conceptuación de M2 como «vida psíquica interior» (...) Al contraponer la «vida psíquica» a la «vida física», se está de algún modo sustancializando aquella vida psíquica, con el peligro de entenderla como si fuera el «alma sensitiva» de la tradición escolástica (...) Lo importante es que veamos a los contenidos M2 como involucrados en el mismo organismo M1.» (págs. 59-65.)

Dicho esto, se equivocan quienes acusan a Bueno de negar la existencia de un ego subjetivo o psicológico (o diminuto{10}). Se distingue entre el Ego tal como es tratado por los psicólogos profesionales (Wundt, Lipps, William James o Freud) y el ego diminuto, narcisista (en nuestra sociedad, los culturistas de gimnasio –habría que ver si es que se diferencia de la vigorexia– y los que se someten a operaciones de cirujía estética). Así, quienes ridiculizan o parodian las posiciones del materialismo filosófico distorsionándolas por completo, lo hacen o por desconocimiento o por mala fe (quizá podríamos enjuiciarles en una miseria de tipo M2 según la teoría expuesta por Tomás García, que se publica en este mismo número de El Catoblepas).

El hombre tiene siempre una dimensión histórico-social. Esta tesis es fundamental en el materialismo. Y el Ego tiene un origen social, no individual («proceso de transformación del Ego Trascendental como un proceso que tiene lugar mediante la acción de fuerzas suprapersonales –sociales, históricas, comunitarias, políticas–», pág. 79). Respecto a M2:

«Lo que queremos subrayar es que la materialidad de la vida psíquica se manifiesta, ante todo, precisamente en el momento de totalizar todas las vidas psíquicas actuantes en las «convexidades de los glóbulos subjetivos vivientes», momentos en los cuales todos esos glóbulos subjetivos vivientes, constituyen una unidad discontinua, con «soluciones de continuidad» entre cada glóbulo. La «topología discontinua globular» de M2 la entendemos como una totalidad discreta que se va organizando (a menos que se admita la generatio aequivoca) a lo largo de una evolución derivada de la transformación de los organismos» (pág. 62).

Quien vea en el artículo de Bueno sobre el Ego algo que contradiga lo expuesto sobre M2 en Ensayos materialistas, que lo demuestre.

Hay quien identifica M2 y sujeto humano. Se está confundiendo y olvidándose de la etología como uno de los referentes de nuestro presente. Hay contenidos segundogenéricos no sólo en el hombre sino que
«reconoceríamos, en principio, alguna forma de materialidad segundogenérica ya a escala celular (protozoos, tales como amebas o infusorios) y, desde luego, a escala de organismos pluricelulares (como puedan serlo las esponjas, los pólipos, los equinodernos, los gusanos, los artrópodos, los moluscos o los vertebrados). Los contenidos segundogenéricos de las «concavidades globulares» especificadas de tan diversos modos, es decir, lo que llamamos «vida psíquica», no se circunscribe pues a los primates o a los vertebrados (...) El reconocimiento de la vida psíquica de los animales (en nuestros términos, de M2), como es sabido, tuvo que abrirse camino frente a la concepción tradicional del cartesianismo que, siguiendo la doctrina de Gómez Pereira sobre el automatismo de las bestias, consideraba a los animales como máquinas desprovistas de toda vida psíquica, es decir, de materialidad segundogenérica.» (pág. 62.)

Bueno reinterpreta la doctrina de la Inhabitación de la Santísima Trinidad en el alma de los justos y la pone en relación con las transformaciones del Ego. El ego individual o psicológico no se transforma por sí mismo en Ego Trascendental, sino que lo hace en función de condiciones sociales, históricas y supraindividuales (y que en la teología cristiana era la Gracia). Por otro lado, se pone en relación las tres personas de la Trinidad con los tres géneros de materialidad especial: M1 con el Espíritu Santo, M2 con el Hijo y M3 con el Padre.

Todas estas cuestiones del Ego y de la Materia Ontológico General pueden parecer a muchos totalmente estériles. Asuntos no comprobables empíricamente, y por tanto carentes de valor. Pero se estaría olvidando la importancia del pensamiento abstracto (que sin duda tiene), y por tanto, de la filosofía. Recordamos el papel luminoso que pueden jugar algunas construcciones, algunos mitos. Quien vea en la construcción de una ontología materialista algo infértil no comprenderá como se puede invertir tiempo en esta temática, más que a modo de pasatiempo. Una vez que la ciencia nos ha descubierto «la realidad» y que nos explicará lo que aún no conocemos, ¿qué necesidad hay de perder el tiempo en oscuras cuestiones metafísicas?¿En discusiones bizantinas, cosas de curas o pura imaginación? Este fundamentalismo científico ha calado hondo entre el gremio de filósofos, y se recela del hecho de establecer una ontología. Pero se olvidan que cuando los físicos están hablando de muchas cosas, ya no están dentro de su campo categorial, y están tratando con ideas. De este modo, están haciendo filosofía, y de lo que se tratará es de (como tantas veces se ha dicho) evaluar si es mala o menos mala. Y en cuanto a un exceso de imaginación por parte de los «filósofos» («no hay tontería que no haya sido dicha ya por un filósofo»), no estará de más acordarnos de muchos modelos de astrofísicos acerca del Universo{11}.

Gustavo Bueno sabe que la importancia de estas cuestiones ontológicas no son menores, pero como ninguna editorial a nivel nacional se atreve a pedirle estos temas (y se puede entender, porque probablemente poco venderían –por motivos distintos al de otras cuestiones, como la pena de muerte, que es tabú–) y además serían vistos como algo esotérico (quizá empezando por las propias facultades de Filosofía), pues hasta que no sale una polémica como ésta, no se publican. En una de las entrevistas a Gustavo Bueno que figuran en la tesis doctoral de José Andrés Fernández Leost (2006), el primero dice:

«Lo que pasa es que eso ya supone una ontología muy fuerte, la ontología materialista, que supone volver a unos temas, que yo ya los tengo muy tratados, pero que no los publico porque no te los leen, porque además te desprestigian, la gente dice: «¿pero qué es esto?» Son una temática de ontología general, y si publicas eso dicen que estás en plan metafísico, aunque no es eso.» (La teoría política materialista de Gustavo Bueno: Gnoseología, Estado y Moral, pág. 393.)

Un error que nos parece común a la hora de enjuiciar al materialismo filosófico es el de ver a éste desde un gran pensador (un «clásico») de la tradición filosófica; desde Platón o Aristóteles hasta Heidegger o Husserl pasando por San Agustín, Santo Tomás, Descartes o Hume. El gran reto del materialismo y que se lleva haciendo de una forma u otra durante los últimos cuarenta años es el de redefinir, reinterpretar toda la Historia de la Filosofía precisamente desde las coordenadas materialistas. Para poner un ejemplo rápido de un pensador reciente y de gran importancia para la filosofía materialista: desde el materialismo filosófico se puede interpretar a Marx, pero no al materialismo filosófico desde Marx. Se trata de estudiar cada autor y cada sistema filosófico desde otro sistema presente en la actualidad sin violentarlos. El objetivo no es retorcer toda la Historia para que ajuste a nuestro «lecho de Procusto» (con la filosofía materialista), sino de comprobar si se posee la potencia filosófica necesaria como para reestructurar la historia del pensamiento filosófico. Y este titánico esfuerzo no es sólo cosa de Gustavo Bueno, sino que son partícipes otra mucha gente que ejercita la filosofía materialista, siendo así que el materialismo filosófico no se acaba ni mucho menos en Gustavo Bueno. No podemos saber qué futuro le espera a la filosofía materialista, pero a juzgar por el número creciente de personas que la cultivan, parece que seguirá presente (aunque no hay que hacerse ilusiones respecto al dominio del materialismo frente a otras filosofías).
Pola de Siero, lunes 13 de Julio de 2009

Notas
{1} Que nos centremos en este artículo no quiere decir que no hayamos estudiado cuidadosamente los artículos anteriores y no los tengamos presentes a la hora de escribir estas líneas.
{2} Un estupendo ejemplo de situarse en una perspectiva distinta, general, es el de Javier Pérez Jara, mostrando que la idea de Ego Trascendental es fundamental en el materialismo filosófico, y para nada, un filosofema ocioso.
{3} Si hemos de ser sinceros, estábamos dudando si realizar este artículo comentando el trabajo de Bueno. Entre los distintos quehaceres diarios se va postergando. Pero nos ha espoleado a escribirlo (para bien o para mal) ciertas lecturas equivocadas del artículo –como intentaremos mostrar–. Así, agradecemos a esas «lecturas» que nos hayan «obligado» a escribirlo.
{4} Algo similar ocurre a la hora de clasificar ciertos sistemas filosóficos como materialistas. Algunos que pasan por ser materialistas de cabo a rabo y que parecería heretico decir lo contrario, igual no lo son desde el materialismo filosófico, y otros que nunca figurarían como pensamiento materialista en ningún manual, a lo mejor resulta que pueden ser calificados como materialistas.
{5} Marcelino J. Suárez Ardura ha llamado la atención sobre esta distinción conceptual en su artículo antes citado. Sobre la idea de mapa mundi nos remitimos a la introducción al Diccionario filosófico de Pelayo García Sierra.
{6} No sólo él. Manuel A. Fernández Lorenzo también insiste en ello. La última vez (o penúltima ...) en lo que vendría a ser el Studia Philosophica VI, publicación bienal de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Oviedo, titulado La oscuridad radiante. Lecturas del mito de la caverna de Platón. (En homenaje al profesor Santiago González Escudero) (2009). En la nota 12 de su artículo (pág. 211) se rechaza la idea de Materia Ontológico General porque «desde el punto de vista de una filosofía crítica (Kant) es una nueva forma de dogmatismo filosófico (...) lo cual nos lleva al rechazo del materialismo por ser incompatible con tal modo de fundamentación (platónica-reinholdiana)».
{7} Véase el artículo de Javier Pérez Jara, en El Basilisco nº 39 titulado «Europa y cristianismo».
{8} «La tesis de este ensayo es mucho más radical: el materialismo no es una doctrina filosófica más o menos respetable y defendible entre otras. El materialismo estaría tan estrechamente vinculado a la conciencia filosófica que toda filosofía verdadera ha de ser entendida como materialista, incluyendo por tanto, aquellas construcciones filosóficas que puedan ser consideradas como no materialistas, y que habrán de aparecérsenos como necesitadas de una enérgica, aunque rigurosa y probada, reinterpretación» (pág. 24, Ensayos materialistas.)
{9} Bueno en la página 6 dice que «Urbina parece haber asumido (quizá recuperado) la perspectiva de un ‘materialismo fenomenológico’».
{10} Como el de Pedro Ruiz que entre el sábado 4 y el domingo 5 de julio de 2009 se sometió a la entrevista en directo más larga de la historia de la televisión. La entrevista de doce horas fue emitida por Veo 7 TV (El título promocional de la entrevista era «Doce horas sin piedad» en alusión a la ópera prima de Sidney Lumet Doce horas sin piedad (Twelve angry men, 1957), con guión de Reginald Rose, y que en España fue adaptada y dirigida por Gustavo Pérez Puig en 1973 para un Estudio 1).
{11} En esta revista se ha discutido sobre cuestiones de cosmología y ontología, siendo destacado actor en la polémica Javier Pérez Jara, el cual ha seguido insistiendo en estos puntos en sus estupendos y extensos artículos posteriores.

Notas:

Fuente: http://www.nodulo.org/ec/2009/n089p13.htm

SPAIN julio de 2009

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