Slavoj Žižek y la “negación de la negacion” hegeliana

“A lot of what I write is blah, blah, bullshit, a diversion from the 700-page book on Hegel I should be writing.”

Como se sabe, Slavoj Žižek no es lo que podríamos llamar un “pensador sistemático” (si es que existe tal cosa en la filosofía). He estado leyendo estas últimas semanas su ya conocido libro El espinoso sujeto. El centro ausente de la ontología política (Buenos Aires: Paídós, 2005.

El original fue publicado en la Editorial Verso en 1999). A pesar de que Žižek es Žižek (me refiero a su particular estilo y manera de reflexionar filosóficamente o de “hilar” sus propias ideas), por momentos éste libros parecería ser lo más cercano que el esloveno tiene a un libro de filosofía “normal” (si tal cosa existe). Al margen de esto, el libro me llamó bastante la atención (aunque todavía no lo termino, me faltan los dos últimos “capítulos”), sobre todo por el segundo capítulo titulado “El espinoso sujeto hegeliano” (lo recomiendo bastante). Es sabido que Žižek se considera a sí mismo como hegeliano, aunque los hegelianos académicos lo consideran un “hereje”, en la medida en que sus lecturas son “no canónicas”, por decirlo de una manera amistosa (“excesivamente pajeras” podría ser un término más exacto o crudo). En todo caso, en este capítulo desarrolla algunas ideas sobre su manera de comprender a Hegel. Dado que Žižek me parece un filósofo relevante (discutir su relevancia podría ser materia de otro post), reflexionar a partir de su apropiación de algunos conceptos o motivos clásicos de la filosofía de Hegel puede servir, tanto para quien quiera introducirse en la filosofía de Žižek de manera “seria” (si tal cosa es posible), como para el que quiera discutir su apropiación de Hegel. Lo que no voy a hacer es un mero “resumen” o intentar una “síntesis” de lo que sostiene Žižek aquí. La idea es presentar algunas ideas y reflexionar sobre ellas.

***

§ 1. Negación de la negación.

Tenemos aquí la matriz propiamente hegeliana del desarrollo: la Caída es ya en sí misma su propia autosuperación: la herida es ya en sí misma su propia curación [Žižek no lo dice acá, pero esta imagen siempre la relaciona con el Parsifal de Wagner], de modo que la percepción de que estamos ante la Caída es en última instancia errónea, un efecto de nuestra perspectiva distorsionada: basta con que pasemos del “en sí” al “para sí”, con que cambiemos de enfoque y reconozcamos que la anhelada inversión ya está obrando en lo que sucede.

La lógica interna del pasaje de una etapa a otra no es que hayamos pasado de un extremo a otro, y depsués a su unidad superior: el segundo pasaje es simplemente la radicalización del primero (80).

Lo primero que puede decirse es que Žižek no cree en la dialéctica, en el paso del “en sí” al “para sí”, o en la “negación de la negación” como en un movimiento que nos lleva a algo “diferente” sin más. No es pasar de un momento “A” (tesis) a un momento “no-A” (antítesis) que luego se unen en un estado superior “B” (síntesis). Tal es una caricatura del pensamiento hegeliano que no se encuentra en el propio Hegel (Martín ha hecho un post breve aquí donde, siguiendo a Allen W. Wood, muestra el origen de dicha falsa interpretación). Žižek toma la “negación de la negación” como una segunda negación, que es más radical que la primera porque niega algo así como la “posición (discursiva/ simbólica)” que la primera negación no habría podido negar.

No podemos volver a ponernos de pie anulando los efectos de la Caída, sino que debemos reconocer en la Caída misma la anhelada liberación (81).

¿En qué consiste pues la “negación de la negación”?

Su matriz no consiste en algo que se pierde y se recupera, sino sencillamente en un proceso de pasaje desde el estado A al estado B: la primera, inmediata negación de A niega la posición de A sin abandonar sus límites simbólicos, de modo que debe seguir otra negación, la cual niega el espacio simbólico común de A y su negación inmediata (el reino de una religión es primero subvertido por una herejía teológica; el capitalismo es primero subvertido en nombre del “reino del trabajo”). La brecha entre la muerte “real” negada del sistema y su muerte “simbólica” es esencial: el sistema tiene que morir dos veces (81-82).

Es interesante que Žižek, a través de la terminología lacaniana, expresa la segunda negación como una negación que niega el espacio simbólico que compartirían, tanto A, como su primera negación. La primera ruptura, al compartir el espacio simbólico lo que busca negar, termina siendo concebida desde dicho espacio simbólico común. Creo que lo que más me interesa de esta concepción de la negación de la negación hegeliana es que nos permite pensar en cómo se dan, y redefinen, los antagonismos, en múltiples sentidos y niveles.

En el campo académico ello puede verse en la potencial pérdida de capacidad crítica de los intelectuales si llegan a devenir en meros expertos o “especialistas” (pensar que la condición suficiente es la especialización, cuando realmente se trata de una condición necesaria). Los expertos, de acuerdo a la visión de Žižek,  solucionan problemas, pero no los formulan. La importancia de la crítica no radicaría en esa primera negación inmediata (“no estoy de acuerdo con la solución concreta al problema y propongo una solución diferente”), sino sobre todo en la segunda (“no estoy de acuerdo en cómo se formula el problema y lo reformulo de otra manera”). La importancia de la reflexión crítica es central porque en ella también se da la lucha por definir el espacio simbólico (es a lo que Bourdieu aludía cuando hablaba del la lucha por “[el monopolio legítimo del] poder simbólico”, pero también de la manera en la Gramsci reconocía importancia a la ideología y a la hegemonía del bloque-histórico. Finalmente, es algo de lo que también habla Laclau, cuando habla de las cadenas equivalenciales y de la constitución de un “pueblo”, aunque en oposición a Žižek). Formular y redefinir problemas, antagonismos e identidades es algo central que también compete a la reflexión crítica.

Ahora bien, lo que uno podría preguntar, a partir de lo anterior, podría ser lo siguiente: ¿Podríamos llegar a una “última negación de la negación” que ya no pueda ser negada a sí misma, es decir, que pueda constituir un espacio simbólico que no pueda ser negado por otra posición? Žižek pensaría que no, que no habría tal cosa como el “final” de dicho proceso. Acá Žižek y Laclau puede asemejarse un poco, en la medida en que ambos se apropian de la concepción lacaniana del lenguaje (la gran diferencia es que Laclau piensa que es incompatible con la lógica hegeliana y por eso el proyecto de Žižek estaría condenado al fracaso, mientras que Žižek probablemente rescataría el hecho de que Lacan fue muy lacaniano a lo largo de su vida y que ello fue así por motivos esenciales). En la medida en que el orden simbólico no puede “cerrarse”, a menos que se “saque” algo (no tengo palabras más técnicas por mi propia insuficiencia en el asunto), siempre podrá negarse toda posición y redefinirse el espacio simbólico mismo.

“¿Sustancia o sujeto?” “¡Sí, por favor!” (2)

§ 2. Sujeto y sustancia (negación de la negación II).

Siguiendo con lo desarrollado en el post anterior, me gustaría ahora ver algunas observaciones hechas por Slavoj Žižek en lo que respecta a la relación del “sujeto” con la “sustancia”.

  (…) la concepción hegeliana del Absoluto “no sólo como sustancia, sino también como Sujeto” denota exactamente lo contrario de lo que parece significar (que el Sujeto Absoluto absorbe o integra la totalidad del contenido sustancial mediante su actividad de mediación): ¿acaso Hegel, en la Fenomenología del Espíritu, no nos describe reiteradamente el fracaso repetido de los esfuerzos del Sujeto por realizar su proyecto en la sustancia social, por imponer su visión al universo social? Es decir, Hegel narra la historia de cómo el Otro, la sustancia social, una y otra vez desbarata ese proyecto y lo pone cabeza abajo (85).

Žižek hace una lectura de Hegel que rompe los clichés habituales. Uno de ellos es esta imagen del “Sujeto Absoluto” como lo que media y resuelve las contradicciones en una superación omniabarcante. Frente a eso, Žižek cree que lo esencial es prestar atención al proceso de la Fenomenología del Espíritu: el sujeto quiere realizar su proyecto en la sustancia (social o simbólica, si seguimos la apropiación en jerga lacaniana), pero siempre fracasa (esto se relaciona con la lectura que hace Žižek de la “negación de la negación” que ya muy vimos brevemente).

  Por esta razón, la negación de la negación hegeliana no constituye un retorno mágico a la identidad después de la experiencia dolorosa de la escisión y la alienación, sino la venganza del Otro descentrado contra la presunción del Sujeto: la primera negación consiste en el movimiento del Sujeto contra la sustancia social (en su acto “criminal” que perturba el equilibrio sustancial) y la subsiguiente negación de la negación no es más que la venganza de la sustancia (…) (86).

Lo que hace Žižek es sostener que la primera negación es la negación del sujeto particular hacia la sustancia social, mientras que la segunda negación es la negación que hace la sustancia hacia el sujeto, autor de la primera negación.  Para tratar de articular esto con lo que ya hemos visto antes, podríamos quizá decir que la “venganza” de la sustancia social tendría por fin manifestar el espacio simbólico común inicial de la posición del sujeto particular y de la sustancia social hacia la cual se enfrenta.

Žižek ejemplifica esto con el ejemplo del “alma bella” hegeliana de la Fenomenología del Espíritu:

  Para volver al ejemplo trillado del alma bella: la negación es la actitud crítica del alma bella respecto de su ambiente social, y la negación de la negación es la comprensión de que la propia alma bella depende del universo perverso que dice rechazar, y participa en él. La negación de la negación no supone ninguna inversión mágica; simplemente señala el desplazamiento o la desaparición inevitables de la actividad teleológica del Sujeto (86).

En este caso, desde la lectura de Žižek, tenemos que el momento de negación de la particularidad del sujeto hacia la sustancia social a la que se opone, termina siendo negado desde la propia sustancia, manifestando como dicha negación particular está posibilitada y soportada en la sustancia social. La pregunta que debemos hacernos es qué sucede cuando la actividad del sujeto se desplaza… ¿Qué es “desplazar” para Žižek? ¿Hacia dónde se “desplaza” la actividad (cuando dicha actividad no desaparece)?

Si seguimos con el ejemplo que nos interesó antes, en relativo al papel crítico que pueden tener los intelectuales o la comunidad académica, podíamos ver cómo ahora esa primera negación se manifiesta en las críticas particulares que se suelen hacer hacia la sustancia social. Sin embargo, lo que la sustancia social hace al negar a dicha negación es mostrar cómo dicha crítica para ser posible, en tanto posición simbólico-discursiva (por ponerlo de alguna manera), supone el espacio simbólico común con la sustancia. Podríamos decir (en términos bastante caricaturescos) que el crítico, para ser crítico, presupone el mundo que critica.  Lo que si no me queda claro, si seguimos este hilo, es qué sucede una vez que uno reconoce que su crítica comparte el espacio simbólico, o que es posibilitada por la sustancia social.

§ 3. Naturaleza y Espíritu.

En todo caso, algo clave es tratar de pensar en la propia sustancia social. Recordemos que aquí hay múltiples esferas y momentos, pero brevemente podríamos pensar en la relación que mantiene un sujeto particular con la Naturaleza y con el Espíritu (subjetivo y, sobre todo, objetivo). Recordemos que Hegel (en sus Principios de la Filosofía del Derecho o Derecho Natural y Ciencia Política) se refiere muchas veces a dicha sustancia social, en tanto eticidad eticidad (Sittlichkeit). Dicha eticidad es ejecutada en costumbres, mediada e incorporada a través de la formación (Bildung) y heredada por la historia y la tradición, pero sobre todo objetivada en instituciones políticas: la Constitución, el Derecho y el Estado (el interés universal del pueblo). Se trata de una “segunda naturaleza”, nuestra segunda piel.

Frente a una visión que quiera ver en estas ideas de Hegel algo muy “armonioso”, Žižek sostiene que dicha segunda naturaleza está marcada por una enorme precariedad. Y creo que esta lectura es una de las que me parecen más valiosas: leer este momento del Idealismo Alemán con aportes de la teoría lacaniana permite comprender y complementar este paso de la Naturaleza al Espíritu.

  No obstante, aún debemos encarar el interrogante de si la sustancia social es en efecto la reconciliación consumada entre la Naturaleza y el espíritu finito: ¿no subsiste por siempre una brecha entre la “primera” y la “segunda”? ¿No es la “segunda naturaleza” un estado precario de equilibrio que en cualquier momento puede destruir una contingencia externa (el proverbial cometa que choca contra la Tierra) o una guerra o catástrofe ecológica generadas por la propia humanidad? Además, el objeto del psicoanálisis ¿no es precisamente esta brecha entre la primera y la segunda naturaleza, la posición insegura del Sujeto humano que, después de haber perdido pie en la primera naturaleza, nunca puede sentirse totalmente cómodo en la segunda, lo que Freud llamó das Umbehagen in der Kultur [El malestar en la cultura], los diferentes modos (psicosis, neurosis) en que puede descarriarse el pasaje desde la primera a la segunda naturaleza? Hay, por lo tanto, un núcleo que se resiste a la reconciliación completa del Sujeto con su segunda naturaleza: a este meollo Freud le da el nombre de pulsión; Hegel lo llama “negatividad abstracta” (o, en los términos más poéticos del Hegel joven, “noche del mundo”). ¿No es por esto por lo que Hegel insiste en la necesidad de la guerra que, de tiempo en tiempo, debe permitir que el Sujeto recobre el gusto por la negatividad abstracta y salga de su completa inmersión en la totalidad concreta de la sustancia social como su “segunda naturaleza”? (91-92)

Hay siempre un fracaso en la socialización, en la formación de los ciudadanos: la pulsión freudiana, o negatividad abstracta hegeliana, se presenta como un núcleo que se resiste a la reconciliación plena de la primera naturaleza con la segunda. Existe una brecha y la brecha de dicho impasse inevitable (lo que podríamos, de alguna manera, llamar la “condición trágica de devenir un sujeto” o de ingresar a un espacio simbólico, de estar inmerso en la sustancia social) es la que trata de tematizar el Psicoanálisis para Žižek. Desde esta perspectiva resulta, como ya dije, muy enriquecedor y pertinente la apropiación de la teoría lacaniana para una interpretación de Hegel que tome en cuenta estas cuestiones.

Notas:

Fuente:  http://erichluna.wordpress.com/2011/07/20/zizek-y-la-negacion-de-la-negacion-hegeliana/

Slavoj Žižek, entrevista en The Guardian, 2011

20 de julio de 2011

(2)

Fuente: http://erichluna.wordpress.com/2011/07/21/%C2%BFsustancia-o-sujeto-%C2%A1si-por-favor/

27 de jul. de 11

Hay 0 comentarios

Deja tu comentario


¿Eres humano o robot?, escribe el código de arriba: