Todas las utopías conducen al infierno con el pretexto del paraíso

Michel Onfray: “Todas las utopías conducen al infierno con el pretexto del paraíso”

Ateo, materialista, hedonista y fundador de una universidad popular y libre, este pensador francés llega a Valparaíso para exponer su filosofía de la naturaleza: el resultado de más de cuarenta años de trabajo a contracorriente de las historias canónicas y las instituciones a cargo de las ideas.

Si se trata de asuntos humanos, suele ocurrir que las cosas son como alguien quiso que fueran. Por ejemplo, que la historia de la filosofía sea un relato que nos lleva desde Platón a Heidegger, pasando por Aristóteles, Agustín, Tomás, Descartes, Kant y Hegel, no es un designio de la naturaleza, sino que el producto de una contingencia, de una decisión.

“El cristianismo llegó a ser la religión oficial del imperio con la conversión del emperador Constantino a principios del siglo IV. Toda la filosofía idealista, espiritualista, religiosa precedente, y que era compatible con esta religión, fue conservada, enseñada, copiada: Platón, Aristóteles, el estoicismo. Todo lo que era incompatible fue destruido deliberadamente: incendio de bibliotecas, cierre de escuelas filosóficas, detención de la copia de obras por parte de los monjes. Así ocurrió con los epicúreos, para quienes todo es materia, lo que es radicalmente incompatible con las historias para niños contadas por el cristianismo…”.

Por eso, para relatar otra versión, el filósofo francés Michel Onfray (Argentan, 1959) -de él son las palabras citadas- ha dedicado catorce años de su vida “a escribir una contrahistoria de la filosofía en doce robustos volúmenes” e incluso creó “un lugar para enseñar este contenido que las instituciones descuidaron: la Universidad Popular de Caen, donde el acceso es libre y gratuito”, cuenta sobre el espacio que fundó luego de renunciar, en 2002, a la academia formal. Ese que funciona en torno a seminarios, en el que para ingresar ni siquiera hay que inscribirse, y que sobrevive gracias a las donaciones (upc.michelonfray.fr).

Una perspectiva cosmológica

Este ateo en sentido positivo y militante, materialista, epicúreo, cínico, terrenal y, por qué no, ilustrado y libertino es uno de los invitados al Festival Puerto de Ideas, en donde hablará del “Cosmos: el ideal pagano de la sabiduría”. La conferencia toma el título (y contenido) de “Cosmos”, su libro más reciente (todavía sin traducción al español) y primera parte de la trilogía “Breve enciclopedia del mundo”. En él, Onfray formula una filosofía de la naturaleza… una “filosofía personal de la naturaleza”, según se anuncia en el sitio web del festival, que “revive el ideal pagano de la sabiduría humana en armonía con el mundo”.

Un proyecto singular en un tiempo que sospecha de la metafísica y las visiones universales. Y, sin embargo, un proyecto que, “sí, por supuesto”, es posible, según dice Onfray. Pero para el que “hacen falta años y trabajo. Mucho trabajo durante largo tiempo. Además de las condiciones de posibilidad biográficas (la muerte de mi padre luego de la muerte de mi pareja), se requiere una larga preparación. Yo empecé a leer a los filósofos alrededor de los quince años, desde entonces son más de cuarenta años. En un momento, uno puede abarcar un territorio vasto”.

-¿De qué se trata la “sabiduría sin moral” anunciada en el subtítulo del libro?

“Dediqué un libro de quinientas páginas para detallarla: digamos que esta sabiduría es el conocimiento del determinismo, que nos lleva a saber sobre qué tenemos poder y sobre qué no. En dos palabras: no somos libres, pero saber que no somos libres nos libera”.

A propósito de libertad: sí, Onfray renunció a la academia y creó su universidad para recordar a los olvidados. Pero también “porque no tengo que rendirle cuentas a nadie, sino que a la verdad, la justicia y la exactitud. Soy libre y no tengo obligación hacia una institución que me pagaría. Nadie me puede amenazar, amordazar, prohibir, limitar, castigar, despedir…”, explica. En “La comunidad filosófica” su “Manifiesto para una universidad popular”, dice que aspira a un nuevo tipo de Jardín de Epicuro, un jardín nómada, una antirrepública de Platón: “Una manera de vivir según los principios epicúreos en el mundo y no a su lado”, “una comunidad filosófica construida sobre la amistad “, se lee, no ” una monarquía injusta, jerárquica, totalitaria , en donde el rey-filósofo -cuando no el filósofo-rey- disponga de plenos poderes y la clase de los productores entregue sin rechistar las riquezas a la casta de los gobernantes”.

“Epicuro o Platón, ¡la alternativa sigue siendo actual!”

Como vimos, la tradición iniciada por el filósofo hedonista y atomista es una de las que divergen de la “espiritualista”. ¿Quiénes son los otros? “No podría darle los nombres de esos olvidados desconocidos”, responde Onfray, “hay una cuarentena: desde Leucipo en el siglo VI a. C. hasta Mikel Dufrenne en el siglo XX, pasando por los gnósticos libertinos o los hermanos y hermanas del Libre Espíritu; son mil años de pensamiento”. Para más detalles, basta mirar el índice de los cuatro volúmenes de su contrahistoria traducidos al español: en el primero -“Las sabidurías de la antigüedad”- están, por ejemplo, Leucipo, Demócrito, Diógenes y, claro, Epicuro; en el segundo -“El cristianismo hedonista”-, Erasmo y Montaigne; en el tercero -“Los libertinos barrocos”-, Gassendi, Cyrano de Bergerac y Spinoza, y en el cuarto -“Los ultras de las luces”-, Meslier, Helvétius, D’Holbach y Sade… Solo para nombrar a los que más suenan.

-¿Cuál es el rol de los intelectuales?

“¡Los intelectuales son múltiples! Unos aconsejan a los poderosos (desde Platón a Bernard-Henri Lévy, pasando por Leibniz), otros enseñan a resistirlos (de Diógenes a Bourdieu, pasando por La Boétie). Unos impulsan el crimen y justifican la tortura, la guerra, la pena de muerte, los otros se oponen expresamente. Que cada uno siga haciendo su trabajo y habrá, como siempre, filósofos para comer en la mesa del príncipe y filósofos capaces de reírse de los príncipes”.

Hundirse con una sonrisa

La Ilustración y la modernidad fueron la promesa de una sociedad racional, sin Dios. Y, sin embargo, pasados los siglos no solo tenemos a gente que promueve la enseñanza del creacionismo como hipótesis alternativa al evolucionismo o a un papado que sigue siendo fuente de liderazgo mundial, sino que también nos las vemos con el fundamentalismo musulmán y sus atentados terroristas.

Cuando se le pregunta a Onfray qué pasó con esa promesa, entrega una respuesta que revela algo así como una alegría sin esperanzas o un realismo liviano, libre. Dice: “Pasó que la civilización judeo-cristiana tuvo su tiempo. ¡De Jesús al día de hoy hay dos mil años! Del cristianismo como religión de Estado con Constantino a principios del siglo IV, dieciséis siglos. Nuestra civilización se agotó, dio todo lo que podía dar, como un árbol, un volcán, una vida. Lo que no es ni bueno ni malo, no hay que querer frenar este movimiento, como desean los reaccionarios o conservadores, ni precipitarlo, como quieren los nihilistas, sino mirarlo y contarlo con la placidez de un sabio oriental”. Y dejar de lado la idea de retomar esa promesa. “Es demasiado tarde… Aun cuando sea necesario por razones individuales el triunfo de las Luces en nuestros tiempos de oscuridad, de todas maneras el barco se hunde. Ningún parche impedirá el naufragio. Queda pensar de pie, con una sonrisa”.

-¿Es usted un ateo gracias a Dios?

“Esa es una bella fórmula, pero hace falta, para hacerla, creer en Dios. Ese no es mi caso, le recuerdo… Yo soy ateo gracias a la razón. Lo que es más que suficiente para la vida de un hombre”.

-¿Paganismo o monoteísmo?

“Ni lo uno ni lo otro. Para el pagano, hay dioses en todas partes; para el monoteísta, no hay más que un dios, y está en todas partes también; para el ateo, no hay dioses ni dios. Pero si tuviera que elegir, me quedo con un mundo lleno de dioses, porque siempre existe la posibilidad de hacer espacio a uno nuevo, mientras que los monoteístas no soportan más que al suyo, solo y único, celoso y vengativo, lo que es causa inevitable de fricciones”.

-¿Cuál es su utopía o, si prefiere, su República platónica?

“Ninguna utopía, todas conducen al infierno con el pretexto del paraíso. Solo una invitación personal para llevar una vida recta y justa. Uno no cambia el mundo, pero puede ser cambiado en el mundo, lo que contribuye un poco al cambio. Que cada uno haga su parte, pero eso es otra utopía…”.

Notas:

Fuente: http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=194868

26 de octubre de 2015.  CHILE

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