Un maestro de Alemania. Heidegger y su tiempo

Rüdiger Safranski (Rotweil, Alemania 1945) es el autor de las biografías de Nietzsche. Biografía de su pensamiento, Schiller o La invención del idealismo alemán, Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía, Goethe. La vida como obra de arte y Martin Heidegger y su tiempo. Un maestro de Alemania, todas ellas editadas en España por Tusquets, ahora integrada en el grupo Planeta, que presenta esta última biografía en la benemérita colección Austral.

Aunque en muchos casos el lector medio encuentre alguna dificultad en la lectura ya que el autor nunca renuncia a la presentación de lo fundamental de estos filósofos, que no es otra cosa que su obra filosófica, hay un esfuerzo por clarificar y acercarse a ese lector. La prueba son las sucesivas ediciones de sus libros en España.

Si cuando nos acercamos a la historia alemana del siglo XX una de las preguntas recurrentes es siempre ¿Cómo fue posible Hitler y el nazismo en un país en el que la filosofía, la ciencia y la cultura era la punta de lanza europea?, esas preguntas se multiplican ante el caso de Martin Heidegger (Messirk, 1889-1976), el filósofo más influyente en el pensamiento occidental en el siglo XX.

A esas preguntas fundamentales está dedicado buena parte de este libro, y uno simplemente con la recopilación que viene a continuación sacada del capítulo XIII, pretende poner al posible lector sobre la pista de por donde se mueve la indagación de Safranski en pos del pensamiento y la actitud política del Heidegger en el año 1933. Pienso que merecía la pena copiar estos párrafos:

“Platón, por más que se aislara de la vida corriente, no dejó nunca de ser un habitante de su ciudad y no podía desligarse de ella; incluso la Academia que fundó más tarde se puso bajo la protección y al servicio de la polis.” (Capítulo trece, página 269)

“Heidegger no entiende mucho de política, y de este modo, su repugnancia frente a todas las mediocres deficiencias le permite esperar algo del Partido, que promete hacer cosas decisivas y, con ello, sobre todo oponerse eficazmente al comunismo… …y así hay que dar la aprobación a una dictadura que no se asuste de los medios acordados en Boxheim. (Documento aprobado en 1931 por el partido nazi en Boxheim, que debía entrar en acción si llegara a producirse un intento de revolución comunista) sólo mediante tal dictadura puede evitarse otra peor, la comunista, que destruye toda cultura de la personalidad y con ello toda cultura en el sentido occidental. Heidegger apenas se ocupa de preguntas particulares. Quien vive aquí arriba tiene patrones para todo esto”. (Hermann Mörchen escribe en su diario tras una visita a la cabaña de Todtnauberg. Página 270-1)

“Pero ahora le sale al encuentro la historia, lo arrolla y lo arrastra consigo. Ya no tiene necesidad de saltar; podría dejarse llevar, si no estuviera allí el orgullo de pertenecer él mismo a los conductores. “Hay que adherirse”, dice Heidegger a Jaspers en marzo de 1933. (Página 271)

“En los años tardíos, buscando retrospectivamente una justificación… Heidegger dice que él quiso unirse a las fuerzas en las que notaba una voluntad real de empezar de nuevo. El 19 de septiembre de 1960, en una carta al estudiante Hans-Peter Hempel, escribe que había tenido la esperanza de que “el nacionalsocialismo reconocería y acogería a todas las fuerzas constructivas y productivas”.

“Lo que sucedió con la conquista del poder por parte de los nacionalsocialistas significaba para Heidegger una revolución; era mucho más que política, era un nuevo acto de la historia del ser, un cambio de época. Para él, con Hitler comienza una nueva época. Por eso Heidegger, en la carta a Hempel, con el fin de disculparse apunta a Hölderling y Hegel, que se habrían equivocado de manera semejante: Tales errores les han ocurrido ya a otros mayores: Hegel vio en Napoleón el espíritu del mundo, y Hölderling lo vio como el príncipe de la fiesta, a la que están invitados los dioses y Cristo. (Página 272)

“La política se consideraba como una traición a los valores de la verdadera vida, a la dicha familiar, al espíritu, a la fidelidad, al valor. “Un hombre político me resulta repugnante”, había dicho ya Richard Wagner”. (página 274)

“Jaspers ofrece la siguiente descripción de su última visita en mayo de 1933: “El propio Heidegger parecía transformado. A mi llegada se produjo ya una sensación que nos separaba. El nacionalsocialismo se había convertido en un delirio de la población. Busqué a Heidegger para saludarlo arriba en su habitación. “Es como en 1914…”, comencé, y quería continuar: “De nuevo esta engañosa embriagues de las masas”;  pero ante el radiante asentimiento que Heidegger daba a las primeras palabras, se me paralizó la voz en la garganta… me quedé paralizado ante un Heidegger que estaba poseído él mismo por el delirio. No le dije que estaba en el falso camino. Dejé de confiar en su esencia transformada. Y sentí en la propia piel la amenaza ante la violencia en la que Heidegger participaba ahora…”.

“Para Heidegger mismo era una violencia de la redención. Había llegado la hora de la verdad. Heidegger, que con tanto agrado practicaba el negocio del pensamiento, invocaba ahora el día del juicio contra la filosofía. En el último diálogo con Jaspers dijo, con enojo e ira en la voz, “que era un abuso el hecho de que hubiera tantos profesores de filosofía, y que en Alemania sólo habían de quedar dos o tres”. Cuando Jaspers preguntó: “¿Cuáles?”, Heidegger calló con elocuente silencio.

Se trata de un filosófico salto mortal hacia el primitivismo… … “Ser primitivo significa estar por impulso e instinto interno allí donde comienzan las cosas, ser primitivo es estar movido por fuerzas interiores.”

“Hannah Arendt en su gran estudio Los orígenes del totalitarismo, describiría mas tarde lo que aquí sucede como la “alianza entre chusma y élite”. Una élite espiritual, para la que con la primera guerra mundial habían sucumbido los valores tradicionales del mundo de ayer, quema tras de sí los puentes en el instante en que los movimientos fascistas llegan al poder. La élite de posguerra desea sumergirse en la masa. (Página 275-76)

“El que aquí se presenta como realización de los sueños secretos de artistas y pensadores es Adolf Hitler en su alocución del día de Postdam, el 21 de marzo de 1933.

Karl Kraus dijo una vez que sobre Hitler no se le ocurría nada más. A Heidegger se le ocurrieron muchas cosas sobre Hitler. Tal como declaró en 1945 ante la Comisión de Depuración de la Universidad de Friburgo, él creyó en Hitler. El protocolo de la comisión de depuración resume así las confesiones de Heidegger sobre este punto: “Creyó que Hitler crecería por encima de su Partido y de su doctrina y que el movimiento podría dirigirse espiritualmente por otros cauces, de modo que todo confluiría en el suelo de una renovación y concentración de cara a una responsabilidad occidental”.

Retrospectivamente, Heidegger se presenta como alguien que actuó movido por serias consideraciones de política real y por responsabilidad social. Pero de hecho, en estos primeros años Heidegger estaba hechizado por Hitler.

“¿Cómo puede ser gobernada Alemania por un hombre de tan escasa formación como Hitler?”, pregunta desconcertado Jaspers a Heidegger con ocasión de su última visita en mayo de 1933. Y Heidegger responde: “¡La formación es indiferente por completo…, mire usted solamente sus preciosas manos!”. (Página 276)

“No es una maniobra táctica, ni una adaptación exterior, sino un asunto del corazón el hecho de que Heidegger, el día 3 de noviembre de 1933, con ocasión de la votación popular para abandonar la Sociedad de Naciones, concluyera su Llamamiento a los estudiantes alemanes en los siguientes términos: “Que las reglas de vuestro ser no sean principios doctrinales e “ideas”. Sólo el Führer mismo es en el presente y en el futuro la realidad alemana y su ley”.

“Aquello que silencia Heidegger (en 1960 en contestación a Hans-Peter Hempel), aquello que confiere su sentido y pasión especial a sus manifestaciones y actividades durante estos meses, es el hecho de que la revolución nacionalsocialista le electrizó filosóficamente, el hecho de que en el vuelco de 1933 descubrió un evento metafísico fundamental, una revolución metafísica: una “transformación completa de nuestra existencia alemana” (Alocución de Turingia, 30 de noviembre de 1933)”. (Página 277)

“Con la revolución de 1933 había llegado para él el instante histórico de la propiedad”.

“Vemos, pues a un Heidegger que está metido en la red de su sueño de una historia del ser, y sus movimientos en la escena política son los de un soñador filosófico. Más tarde, en una carta (8 de abril de 1950) confesará ante Jaspers que soñó “políticamente” y por ello se equivocó. Sin embargo, nunca podrá admitir que se equivocó políticamente porque soñaba “filosóficamente”. Pues como un filósofo que quería escrutar el tiempo histórico, tenía que defender –incluso ante sí mismo-su competencia en la interpretación filosófica del acontecer hitórico-político”. (Páginas 278-79)

““Hay que adherirse”, había dicho Heidegger a Jaspers. Este “adherirse” comienza en marzo de 1933 con la entrada de Heidegger en la Comunidad de Trabajo Político–Cultural de Profesores de la Universidad Alemana (KADH), una especie de fracción nacionalsocialista en la Asociación Universitaria Alemana (DH)”. (Página 279)

“Heidegger afirmará que se dejó empujar al cargo de rector en Friburgo, y que se dejó llevar con el fin “de poder salir al paso de la penetración de personas inadecuadas y de la amenazante hegemonía del aparato de Partido y de su doctrina.” …Sin embargo, de los materiales que han reunido Hugo Ott, Victor Farías y Bernd Martín se deduce una imagen totalmente distinta. Según esto, un grupo de profesores y otros docentes nacionalsocialistas, bajo la guía de Wolfgang Schadewaldt y Wolfgang Aly, y con el consentimiento de Heidegger, trabajó intencionadamente por la conquista del rectorado”. (Página 282)

“La asamblea plenaria elige a Heidegger casi unánimemente, si bien de los noventa y tres profesores trece ya estaban excluidos por ser judíos, y de los ochenta restantes solamente cincuenta y seis participaron en la elección. Hubo un voto en contra y dos abstenciones.”

“Heidegger quería la revolución, Schmitt buscaba el orden.”

“El primero de mayo, día de la “fiesta nacional de la comunidad del pueblo”, se hace miembro ostentosamente del NSDAP”. (Página 285)

“Cuando el comisario de la policía imperial Robert Wagner, un conocido agitador y responsable del transporte de los miembros de la oposición al campo de concentración de Heuberg, fue nombrado gobernador en los primeros días de mayo, Heidegger le envió su felicitación con las lapidarias palabras: “Altamente satisfecho por el nombramiento de gobernador, el rector de la Universidad de Friburgo saluda al caudillo de la demarcación patria con un ¡gloria a los vencedores en la lucha! Fdo.: Heidegger”.

“El 26 de mayo, un día antes de la fiesta del rectorado, Heidegger pronuncia su primer discurso público en la fiesta conmemorativa de Leo Schlageter, un combatiente del cuerpo de voluntarios que en 1923 ejecutó atentados con bombas contra la guarnición francesa en el Ruhrgebiet, y por eso fue ejecutado en juicio sumarísimo:… “Schlagter realiza el ideal de la existencia de Ser y tiempo, asume la muerte como la posibilidad más propia, más vacía de referencias e irrebasable”. Los participantes en el acto conmemorativo “han de dejar que fluya en ellos la dureza y la claridad de esta muerte”. (Página 286)

“Y luego, un día más tarde, llegó el discurso del rectorado… En una circular Heidegger añadió la explicación de que “la elevación de la mano derecha” no expresaría la unión con el Partido, sino la unión con el alzamiento nacional. Además señalaba la disposición al compromiso: “Después de hablar de nuevo con los jefes de los estudiantes, he limitado la elevación de la mano a la cuarta estrofa de la canción Horst-Wessel”. (Página 287)

“Pone el discurso del rectorado bajo el siguiente título: La autoafirmación de la universidad alemana. Comienza allí con la pregunta: ¿Cuál es la “mismidad” de la universidad?¿Cuál es su esencia? (Página 288)

“Por tanto la revolución nacionalsocialista es para Heidegger el intento de “originar una estrella” en un mundo sin dioses (Nietzsche). Y por eso Heidegger extrae todos los registros de su estremecimiento romántico para dar a los acontecimientos una profundidad inesperada. Los estudiantes y los jefes del Partido, los profesores, los notables, los empleados ministeriales y los profesores, junto con sus esposas, que escuchan a sus pies, son interpelados como si pertenecieran a la metafísica tropa de choque que penetra en la región “de la más aguda amenaza al ser-ahí en medio de la preponderancia del ente”. Y Heidegger mismo es el caudillo de la fuerza de choque. Es sabido que los caudillos son los que pueden llegar más lejos en la oscuridad, allí donde ya no están cubiertos por la propia gente; ellos no se atemorizan “ante la completa exposición sin cobertura a lo abierto e inseguro”, y así demuestran su “fuerza para poder ir solos”.” (Página 289)

“Heidegger se mezcla en la política como sacerdote, y toma la palabra cuando se trata de infligir el golpe de muerte a la república de Weimar.” (Página 291)
“Pero ahora Heidegger está allí erguido y tintineando marcialmente con palabras, como un sacerdote sin mensaje, como el caudillo metafísico de una brigada de asalto, rodeado de banderas y estandartes; en las lecciones sobre Platón se había entregado al sueño de ser la figura del liberador, que desencadena a los prisioneros de la caverna y los saca fuera. Ahora nota que los moradores de la caverna están ya todos en marcha. Ya sólo necesita ponerse a su cabeza.” (Página 292)

Notas:

Rüdiger Safranski. Un maestro de Alemania. Martin Heidegger y su tiempo. Traducción de Raúl Gabás. Ed. Austral, 2015. 544 páginas. 11,95€. 
         
Fuente:  http://www.eldigitalcastillalamancha.es/articulo_opinion.asp?idarticulo=211636&idfirma=&lugar=&ant=

27 de marzo de 2016.  ESPAÑA

Hay 0 comentarios

Deja tu comentario


¿Eres humano o robot?, escribe el código de arriba: