Nucleos de la Modernidad: Razon, ciencia y progreso
Posted: 03 June 2016 04:36 PM   [ Ignore ]
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El progreso ininterrumpido (en lo económico, lo político, lo cultural, lo científico, etc.), es la actitud propia de la Edad Moderna. El conocimiento será el motor del progreso, ya que cuanto mayor saber se obtenga sobre la naturaleza, más poder y control se podrá ejercer sobre la misma. Esta es una perspectiva pragmática del conocimiento en donde, lejos de consistir en el simple saber desinteresado (un “conocer por conocer”), es una herramienta que el hombre moderno va a aplicar sobre toda la realidad.

El nuevo espíritu del hombre moderno va a caracterizarse fundamentalmente por su inclinacion hacia la aventura intelectual y a la conquista de nuevos territorios; Colón, Cortés y otros, se han aventurado a cruzar mares desconocidos, descubriendo otras civilizaciones con otros modos de comprender la realidad. Esto abre nuevas posibilidades al comercio que lleva, progresivamente, a la constitución de un incipiente mercado mundial a partir del siglo XVI. La identidad de conquistador y el egocentrismo cultural europeo, determinaron que el habitante del nuevo mundo era un otro inferior a quien se debía colonizar en nombre del progreso de la civilización humana. El espíritu de conquista se impuso por medio de la fuerza o la evangelización cristiana, y la literatura científica y flosófica de la época comienzan a explicar este nuevo mundo.

La razón en la Modernidad es entendida como una fuente lumínica, superior y reveladora absoluta de la verdad; es por eso que al s.XVIII se lo llama “El siglo de las luces” o también “El siglo del Iluminismo”. Desde esta óptica se denomina “oscurantismo medieval” al periodo previo. Este predominio de la razón exige la separación entre religión y filosofía, ya que el pensamiento religioso medieval, con la hegemonia del cristianismo en occidente, había centrado su reflexión en la fe, en la verdad revelada, es decir, considera a la Biblia como la palabra de Dios, subordinando a la razón como un instrumento para traducirla de la mejor manera posible, no permitiendo ver al mundo ni al ser humano, salvo como expresión y significación de la grandeza de Dios, es decir, como criatura.

“El quedar el ser humano atenido a sí mismo ocurre, no porque en rigor le falte Dios –toda la filosofía moderna cuenta con él, y aun piensa en él (…)-, pero sí porque Dios se le ha hecho lejano; de inmediato suelo sustentador se le ha convertido en horizonte, y esta remoción de lo divino ha sido causa de que ya no pueda el hombre filosofar desde Dios y tenga que hacerlo desde sí mismo (...) La nueva situación del ser humano le exige construir una imagen de la realidad para la cual las verdades de la fe ya no son suficientes (...); son intangibles y hay que ponerlas aparte” (Antonio Rodríguez Huescar).

La mentalidad medieval buscaba la verdad en las causas, buscaba un fundamento último que justificara la realidad y los fenómenos, que al ver cada objeto intentaba captar su esencia para conocerlo. La revolución científica desde Galileo y Copérnico hasta Bacon plantean un viraje epistemológico que va a consistir en no tratar de captar más las esencia ni los fundamentos, sino en generar leyes científicas que expliquen la realidad. Ya no se veía cada cosa aislada; se la veía agrupada, clasificada, formando parte de un todo. La experimentación, la matemática y la inducción se convierten en las herramientas utilizadas.

“Desde fines del siglo XIX, los sabios se acostumbraron a considerar sus leyes y teorías no ya como la imagen exacta de lo que ocurre en la Naturaleza, sino como esquemas (...) destinados a ser corregidos por una investigación más precisa; en una palabra, como conocimientos aproximados. Los hechos que nos propone la experiencia están sometidos por la ciencia a una análisis que no podemos esperar que alguna vez se concluya, puesto que no hay límites a la observación (...) El sabio de hoy no tiene ya, como el del período clásico, la ilusión de acceder al corazón de las cosas, al objeto mismo” (Maurice Merleau-Ponty, “El mundo de la percepcion”, FCE, p. 13).

En el siglo XVI, Copérnico postula el sistema astronómico heliocéntrico en reemplazo de la concepción tradicional que ubicaba a la Tierra en el centro del universo. Poco después, a principios del siglo XVII, Kepler, corrigiendo a Copérnico, enunciará las leyes del movimiento de los planetas. Estas ideas se abrirán camino luchando contra la intolerancia de la Iglesia que llevará a Giordano Bruno, defensor de las teorías de Copérnico y de la idea de la infinitud del universo, a la hoguera (1600) y que obligará a Galileo a abjurar de sus teorías. A fines del siglo XVII, Newton enunciará la teoría de la gravitación universal, paradigma de la física moderna. En el siglo XVIII, con Lavoisier, se constituye la química como ciencia autónoma, y posteriormente ocurre lo propio con la biología y las llamadas ciencias humanas o sociales: psicología, sociología, etc.

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Posted: 13 June 2016 07:20 AM   [ Ignore ]   [ # 1 ]
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Una magnífica síntesis de la evolución de la cultura occidental, solo cabe añadir que la globalización de este modelo ha producido una violenta reacción en culturas que todavía se basan en las premisas teológicas de la Edad Media

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