Acerca de la melancolía

Aristóteles escribió un corto opúsculo sobre la melancolía, que, según su teoría, es el producto del desequilibrio de los humores que segrega el cuerpo humano. Melancolía significa en griego bilis negra.

Llega a la conclusión el pensador ateniense que la melancolía es característica de los genios, una especie de fuerza que les lleva a la autodestrucción. Cita como ejemplos a Heracles, Ayax, Empédocles, Platón y otros.

Hay en este texto de Aristóteles, conocido como ‘El Problema XXX’, una identificación de la melancolía con la locura y la desmesura. Viene a decir el maestro de Alejandro Magno que el melancólico es un ser que no se adapta a la realidad.

Creo que la palabra ha ido evolucionado de sentido y ha pasado de unas connotaciones épicas y heroicas a otras más cercanas a una modernidad en la que el ser humano intenta encontrar un sentido a la existencia.

Heracles, por ejemplo, asesinó a su mujer y a sus hijos en un arrebato de locura, pero luego tuvo que realizar hazañas como matar a la Hidra, capturar al toro de Creta y otras muchas para redimirse ante los dioses. Se suicidó víctima de la bilis negra que le había producido unas ulceraciones insoportables que no podía eliminar el cuerpo, según subraya Aristóteles.

La melancolía se ha convertido hoy en un mal generalizado, en un estado de ánimo que embarga a la mayoría de los ciudadanos. Y, a diferencia del concepto de los griegos, no tiene nada que ver con la desmesura y sí guarda relación con la incertidumbre sobre el futuro y la pérdida de los ideales.

Ante unos tiempos venideros sombríos y llenos de amenazas, el hombre vuelve a mirar hacia el pasado, donde encuentra la seguridad y el bienestar que han desaparecido con la crisis económica, el frenético cambio tecnológico y el terror yihadista que ha vaciado Bruselas y París durante todo este fin de semana.

Podríamos decir que la melancolía es el signo de nuestra época. Se ha apoderado de nuestro espíritu y amenaza con inmovilizarnos. No en vano Aristóteles compara la bilis negra con una borrachera que nos hace perder el sentido de la realidad.

La melancolía nos empuja al aislamiento, a quedarnos en casa y a cortar los lazos con un mundo que no nos gusta. Este solipsismo, que etimológicamente significa que sólo yo existo, es muy peligroso porque nos deja inermes frente a esas amenazas que vienen del exterior y que cuestionan nuestros valores y nuestro estilo de vida.

Si Europa quiere sobrevivir, tendrá que exorcizar esas bilis negras de la melancolía e inspirarse en el concepto del ‘daimón’, que, según escribe Platón en ‘La República’, reside en la responsabilidad de cada hombre de elegir su propio destino, una especie de voz interior que nos guía hacia el bien.

El ‘daimón’ es mucho más que la conciencia, es el sentimiento de participar en unos valores colectivos y la necesidad de implicarnos en su práctica. Una vez más, los griegos nos muestran el camino de lo que tenemos que hacer para seguir siendo lo que hemos querido ser.

Notas:

Fuente:  http://www.elmundo.es/opinion/2015/11/23/5651f796e2704e891d8b458d.html

23 de noviembre de 2015.  ESPAÑA

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