Año nuevo…

Hoy es el primer día del año undécimo del tercer milenio de la era cristiana. Una jornada que hemos elegido un tanto arbitrariamente para marcar un inicio y conceder a una fecha, atributos simbólicos que tienen el difícil cometido de provocar en la comunidad, sentimientos de esperanza y alegría para los meses venideros.

Se trata de una faena ardua. Los tiempos no parecen los más adecuados para despertar confianzas y seguridades. Un breve recuento de lo que estamos siendo cimienta más bien la incertidumbre. Si definimos por comunidad lo que somos: Un País, un territorio y una cierta identidad nacional, y nos acercamos a él con una mirada crítica y, porqué no, amable, constatamos que nos encontramos en una encrucijada particularmente delicada.

En la base del problema se encuentra una economía que parece esquizofrénica: Capaz de generar riqueza, torpe para distribuirla con un mínimo de equidad. Contamos en esta colectividad con el hombre más acaudalado del mundo al que acompaña un reducido conjunto de ultra millonarios, y, al mismo tiempo, casi un tercio de los mexicanos vive en una pobreza tal, que se traduce en una persistente inanición crónica.

Es una estructura económica diseñada por algún sector de la comunidad nacional para generar valor y apropiarse de él, en perjuicio de las mayorías. Se sustenta en un equívoco tramposo: que la riqueza acumulada por unos pocos se distribuye un tiempo después hacia el resto de la población; supuesto que, en nuestro País y en esta colectividad no se ha cumplido, y no parece posible lograr. La situación es tan apremiante que no resulta posible desearnos un feliz año sin tomar en cuenta la ingente labor de transformación que resulta cada vez más urgente.

Y la premura se hace evidente, se concreta de forma aterradora en la vivencia cotidiana de la violencia e inseguridad que padecemos. No es posible viajar por ciertas regiones sin exponer la vida; hay entidades que parecen tener doble sistema de gobierno, el que detentan los políticos tradicionales, presuntamente electos democráticamente y que no parecen demasiado capaces y aptos, y el que instauraron sin demasiados obstáculos las bandas de delincuencia organizada que controlan territorio, impiden o permiten el tránsito, cobran impuestos para proteger negocios y vidas, y retan con su presencia y siniestra eficacia a unas autoridades que se muestran ausentes y, a veces, obsequiosas con los truhanes.

El desempleo endémico, el espectro del hambre y la falta de horizonte en lo económico –llevamos ya dos generaciones que sólo han visto frente a sí penurias y crisis progresivas–, son un acicate para ingresar a la delincuencia, que para una porción mayoritaria de los mexicanos representa casi la única posibilidad de empleo remunerado, por más que extraordinariamente arriesgado…

La violencia, muerte e inseguridad son consecuencias directas del modelo económico que hemos elegido: Generar riqueza a partir de recursos comunes para su apropiación individual por una grotesca minoría. Eso deja a la mayoría situada en una proclividad inestable hacia la miseria y desesperanza; y da al traste con la percepción de una comunidad nacional: El País se ha transformado en un conjunto de grupos y clases sociales y económicas que cada vez más se enfrentan entre sí, ayunos de una legitimidad que no logran conseguir los que detentan el poder, sean políticos, o sean ciertos patrones que no aspiran lograr el mínimo sentido social de sus empresas.

La situación no parece fundar un cierto optimismo, y contradice estruendosamente los deseos y parabienes que suelen ofrecerse en estas fechas. Pero tiene, me parece, un obcecado cimiento en el presente, que no podemos ignorar si aspiramos a construir una comunidad mejor, más pacífica, más justa, más legítima…

Por eso, decir “feliz año” sólo tendrá sentido si deseamos significar una voluntad eficaz de provocar cambios, de exigir respuestas, de abandonar la pasividad, de reprobar la absurda polarización social y económica y trabajar por una armonía contra la que, hasta ahora, los dirigentes y administradores parecen haber conspirado a conciencia.

Ernesto Camou Healy

Es Doctor en Ciencias Sociales. Maestro en Antropología Social y licenciado en Filosofía; investigador del CIAD, A.C. de Hermosillo.

Notas:

Fuente: http://www.elimparcial.com/Columnas/VerColumna.aspx?NumNota=879449

MEXICO.  Hermosillo.  1º de enero de 2011

Hay 1 comentarios

January 03, 2011 - 10:29 AM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

Miguel Ramirez Barber, en CNNEXPANSION escribe:

¿Qué esperas del 2011?

“Somos lo que hacemos de manera repetida,  por lo tanto la excelencia no es un acto sino un hábito.”       Aristóteles 

Al comenzar un nuevo año muchas personas tienen la esperanza de que su vida será mejor en cuanto al amor, salud y trabajo.  Pensamos que las circunstancias que rodean nuestra vida se modificarán en nuestro favor por alguna razón que no podemos precisar. 
La verdad es que los expertos en psicología positiva nos indican que las circunstancias solo representan alrededor del 10% de nuestro bienestar, pues los humanos tenemos una gran capacidad de adaptación.  Es decir que tanto los que ganan la lotería como los que sufren un evento muy desagradable (muerte de un ser querido o incapacidad física propia) se ajustan a su nueva realidad muy rápidamente, al grado de no ser ni mas feliz ni mas desdichado que el resto de la población. 

Estos mismos expertos dicen que sus investigaciones señalan que la genética humana explica el 50% de la felicidad humana.  Es decir nuestros genes, nuestra manera de ser, nuestro temperamento, y todo lo heredado de nuestros antecesores, establece alrededor de la mitad de nuestro bienestar.  Nuestra estatura, complexión física, color de cabello y de ojos, al igual que nuestra forma de ser, está determinada al nacer por factores genéticos que nosotros no podemos controlar. 

Entonces, ¿qué podemos esperar del 2011?; considerando que el 10% derivado de nuestras circunstancias, en el largo plazo no representa una diferencia importante y que el 50% de nosotros depende de nuestros padres y sus antecesores. 

Afortunadamente, esta demostrado por los resultados de los estudios de bienestar humano, que el 40% de nuestra felicidad depende de los actos voluntarios que nosotros llevamos a cabo.  Es decir, nosotros podemos controlar nuestra vida con nuestros pensamientos, emociones y actos.  De manera que el 2011, puede ser mejor o peor que nuestros años anteriores, dependiendo del conocimiento y control que desarrollemos sobre nuestros pensamientos y emociones.  Nuestros actos u omisiones nacen de la manera en que nosotros controlamos o somos controlados por nuestros pensamientos y emociones, y tales actos determinan nuestro nivel de felicidad. 

¿Qué puedes esperar de tus pensamientos y emociones en el 2011? 

¿Cómo los vas a controlar?

¿Cómo vas a encaminar tus actos u omisiones para tu beneficio?

¿Vas a culpar a tus circunstancias y tu genética de tu futuro, o vas a dirigir tu vida con tus actos?

www.profitconsulting.com

Fuente:http://blogs.cnnexpansion.com/asesor-en-empresas-familiares/?p=853

Sábado, 01 de enero de 2011

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