Apocalipsis ahora. José Cueli

Ludwig Feuerbach, quien en el siglo XIX sostenía que el objeto real de la filosofía es el ser humano, decía que “la irreflexión es la fuerza más invencible de la Tierra”. Desgraciadamente hemos encontrado al enemigo, y somos nosotros mismos.

El título de este artículo no alude a la célebre película que dirigió Francis Ford Coppola en 1979, cuyo guión está inspirado en la novela El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad.

La palabra apocalipsis procede del griego y significa revelación. El último libro del Nuevo Testamento se llama precisamente Apocalipsis, porque contiene las revelaciones escritas en la isla de Patmos por el apóstol San Juan. La mayor parte de estas revelaciones se refieren al fin del mundo y, por ello, se ha dicho que la literatura apocalíptica es una variante de la literatura profética. En el capítulo sexto de esta obra se hace una descripción de los cuatro jinetes del apocalipsis, que son: la victoria, representación simbólica de Jesucristo, montada sobre un corcel blanco; la guerra, que va en un equino rojizo; el hambre que viaja encima de un caballo negro, y la peste, literalmente la muerte, que conduce una cabalgadura color verde amarillento.

Me he acordado del Apocalipsis porque el 8 de noviembre de 2009 se clausuró en Roma la reunión de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés). En este foro internacional, el presidente Lula declaró que “el hambre es la más terrible arma de destrucción masiva”. Las cifras que se dieron a conocer en esta ocasión son escalofriantes: en el mundo hay mil millones de seres humanos en extrema pobreza, es decir, que viven con menos de un dólar al día. Cada seis segundos muere un niño por hambre, o sea, casi 15 mil niños diarios. La FAO necesita 44 mil millones de dólares cada año para detener este flagelo. Pero el G-8, que reúne a algunos de los países más ricos del orbe, sólo ofrece ¡20 mil millones de dólares repartidos en tres años! A los gobernantes de estos países no les importó gastar cientos de miles de millones de dólares en rescates bancarios y financieros, y siguen ofreciendo bonos formidables a ejecutivos inmorales que sólo buscan la privatización de los beneficios y la socialización de las pérdidas. También es una tragedia que, con subsidios agrícolas y medidas proteccionistas, los países poderosos sigan castigando a los más débiles.

En resumen, Maiakovsky tenía razón cuando afirmaba que “en este planeta morir no cuesta nada, vivir es lo que cuesta”. También es válida la denuncia que hacía Montserrat Roig: “llenamos de aparatos nuestras casas para no oír los gritos de los que mueren de hambre”. Estas verdades son evidentes para muchos mexicanos que en los tres años recientes han sufrido en carne propia desempleo, pobreza y desigualdad.

Otro problema apocalíptico que ya tenemos encima es el del cambio climático, que podría provocar una crisis humanitaria sin precedente. Entre el 7 y el 18 de diciembre se desarrollará en Copenhage la décimoquinta Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre el Cambio Climático, que busca la aprobación de un programa para sustituir el Protocolo de Kyoto, el cual expira en 2012 y que no ha sido cumplido de manera cabal por los países firmantes. Aunque algunos gobiernos ya están saboteando anticipadamente la reunión, es necesario que la actividad humana reduzca la emisión de gases de efecto invernadero que tanto contribuyen a la contaminación atmosférica. El cambio climático ya está afectando los patrones de precipitación pluvial y la temperatura ambiente, al elevar el riesgo de inundaciones, sequías, deshielos y nevadas. El cambio climático también puede ocasionar disminución de cosechas, escasez de agua, alteraciones de ecosistemas y, sin duda, transformaciones sociales y económicas que podrían comprometer la supervivencia de la especie humana.

Los problemas del hambre y del cambio climático se verán agravados por el crecimiento demográfico. Según estimaciones de la ONU, la población mundial pasará de 6 mil 700 millones actuales a 9 mil 200 millones de habitantes en 2050. Este aumento poblacional ocurrirá sobre todo en las regiones menos desarrolladas.

Ludwig Feuerbach, quien en el siglo XIX sostenía que el objeto real de la filosofía es el ser humano, decía que “la irreflexión es la fuerza más invencible de la Tierra”. Desgraciadamente hemos encontrado al enemigo, y somos nosotros mismos.

Sé que la verdad es apenas un rayito tenue en el centro infinito de la noche, una pobre barquichuela en el extenso océano de la mentira. No perdamos más el tiempo ni gastemos muchas palabras. En la actual encrucijada la sociedad civil debe recordar a Gramsci: “frente al pesimismo de la razón, opongamos el optimismo de la voluntad”

Notas:

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2009/11/27/index.php?section=opinion&article=a07a1cul

MEXICO.  27 de noviembre de 2009

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