Aprender a pensar, ¿para qué?

Efectivamente, Moufida Gaucha, responsable de la “renovada” Sección para la Seguridad Humana, la Democracia y la Filosofía de la Unesco, acaba de firmar (hecho inaudito en la década de 1990 para los desdichados funcionarios autores de libros o de conferencias) una obra que es el resultado de una encuesta mundial, incluyendo América Latina y Panamá –Philosophy.

A School for Freedom–, acerca de la enseñanza de la filosofía a todos los niveles del sistema educativo formal, desde el pre–kinder, la primaria y la enseñanza media hasta la universitaria. Unas 303 páginas en donde se analizan las respuestas de los Estados miembros de la organización, incluyendo a Panamá, por supuesto, destacando además los diversos acuerdos que enmarcan la encuesta.

Y cito algunos: la estrategia intersectorial de la filosofía, adoptada en 2005, acuerdos regionales que asientan dicha estrategia, la Declaración de Arequipa, Perú; las cátedras Unesco de filosofía y, por último, para los fines de este escrito, la Red Internacional de Mujeres Filósofas, auspiciada por la Unesco, cuya creación data de 2007.

Al recorrer rápidamente los tres grandes ejes de la obra que comento interesa destacar que nuestro país, aun cuando no se cita ningún estudio de caso significativo de enseñanza de la filosofía, ha estado “consumiendo” seminarios de formación para la enseñanza de la filosofía a nivel de la educación pre–primaria y primaria, como lo atestigua Diego Antonio Pineda, profesor asistente en la Pontificia Universidad Xaveriana de Bogotá. La utilización de la literatura oral y los cuentos infantiles en el aprendizaje de la filosofía para niños escolarizados o no, también se destaca en la obra publicada por la Unesco.

En muchísima de esta literatura hay ejemplos de manipulación de ciertos valores a los cuales los niños y los adultos, son sensibles: el valor de la justicia, el rechazo de la crueldad y la tortura, la búsqueda de la verdad…

Todos los Estados miembros de la organización tienen mecanismos definidos de cooperación con la Unesco y esto en los dos sentidos: de las comisiones nacionales, como se les denomina hacia la sede y de ésta, vía las delegaciones permanentes, hacia los países. Si ello es así, cabe preguntarse cómo es posible que en este país se esté proponiendo la supresión de la enseñanza de la filosofía a nivel de la educación media, cuando Panamá ha apoyado las estrategias que consolidan esta enseñanza y no solo a nivel medio, sino como ya queda dicho, a todos los niveles, comenzando con el pre–escolar (creo que así le llaman).

Y es que hay un hueso duro de roer: ¿cómo se está enseñando la filosofía y la lógica, una de sus disciplinas, en este país? No se ha visto todavía la otra cara de la moneda, cual es, la filosofía como “pensamiento comunitario”, es decir, producto no ya de la repetición de las copias mimeografiadas (muchas veces una página de un texto clásico) sino de la búsqueda en el terreno, en la calle –como quien dice– de eso que es su razón de ser: la comprensión y el ordenamiento lógico de una determinada realidad, dándole sentido y coherencia… o sencillamente dejar que la realidad se abra al escrutinio de la razón. En definitiva, que salga de la cárcel de los departamentos universitarios para que alimente las conversaciones de la vida diaria, los debates políticos, en los autobuses, en los cafés… en el mercado de abastos al escoger la mejor fruta, el mejor pescado, etc.

Es decir, impulsar un enfoque de transversalidad de su enseñanza, de modo a entrar en los diversos terrenos de su aplicabilidad: la filosofía y la física, la filosofía y la bioética, la filosofía y la música, la filosofía y las artes plásticas, etc. En otras palabras, yo le pediría al proyecto de “reforma” que se está debatiendo, que examinara no la supresión de la enseñanza de la filosofía a nivel medio, sino que emprendiera una consulta comunitaria a todos los niveles de la enseñanza, para determinar cómo redefinir su papel y rol en la enseñanza y formación de ciudadanos (as) plenamente conscientes de sus deberes y derechos…, he escrito ciudadanos (as), no marionetas movidas por titiriteros (as).

Edilia Camargo

Fue consejera en la delegación de Panamá ante la Unesco y funcionaria de la entidad

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Notas:

Fuente: http://www.prensa.com/hoy/opinion/1409514.html

Panamá, jueves 19 de junio de 2008

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