Averroes vuelve a Cordoba

Se están celebrando durante esta semana distintos actos—cine, conferencias, etcétera—cuyo objetivo es ensalzar y reconocer las aportaciones que el pensamiento de Averroes, llamado el Comentador de Aristóteles, ha tenido en Occidente, al mismo tiempo que se reconoce el patrimonio cultural que Córdoba legó a la humanidad durante el siglo XII (1126-1198).

En estas jornadas se están exponiendo las aportaciones del pensamiento de Averroes, como la integración de la Filosofía y la Teología, diálogo ciencia-fe en aras de la convivencia y del diálogo intercultural. Pero existe una faceta que pudiera ser uno de los pilares sobre los que se asienta su pensamiento y fue la observación de las contradicciones sociales plasmadas en la sociedad de su tiempo, y que va a criticar con un radicalismo feroz.

Averroes hace una reivindicación del carácter instrumental-político de la religión como una doctrina destinada al gobierno de las masas incapaces de darse una ley a sí mismas por medio de la razón. La ley religiosa, había dicho Averroes en su Tahafut al-tahafut , proporciona la misma verdad que el filósofo alcanza indagando en la causa y la naturaleza de las cosas; sin embargo, ello no implica que la filosofía actúe en modo alguno como sustituto de la religión. Su crítica la va a dirigir contra las tres religiones—cristiana-judía-islámica—que, fruto de sus interpretaciones de Dios y de la vida, olvidaban la situación en la que la mayoría del pueblo vivía.

Tras estudiar a Aristóteles, Averroes descubre la importancia que tienen los conceptos teológicos, la ética, su interpretación de cara a la comprensión de la realidad social, y el anquilosamiento a los que habían estado sometidos durante siglos. El presupuesto del que parte su crítica, según el historiador francés Renan (Averroes y el averroísmo.  Edit. Hesperion.) es el de “¿qué cambios aportan las tres religiones a la justicia social, a las necesidades vitales del pueblo?

Por lo que respecta a la sociedad, Averroes concebía ésta como una escuela y el gobernante un educador que posee las virtudes dianoéticas (la prudencia, que constituye la sabiduría práctica y que casi siempre consiste en el término medio entre el defecto y el exceso) propias de la sabiduría y de la razón, y busca “satisfacer el orden universal natural de las necesidades, como el derecho a una vida digna y honorable, a constituir una familia, a gozar de buena salud, tener, a disponer de un bienestar, etcétera.

Dice el arabista Cruz Hernández (Averroes, vida, obra, pensamiento e influencia ):

“Quien gobierna sin tener la cualidad de educador y sin perseguir dichos ideales es un vulgar tirano, que utiliza el poder en provecho propio sin poder intuir y realizar el orden universal de la necesidad… El tirano solo puede gozar de una sociedad de los que son tan indignos como él, y que a él se vinculan por la injusticia, el egoísmo, la violencia y la rapiña comunes”.

Es decir, que la filosofía y la teología ayudarán a las personas en aras de su bienestar y justicia social, en un contexto histórico en que la mayoría de ciudadanos sufrían las consecuencias producidas por gobernantes teocráticos que vivían en el esplendor de sus palacios y olvidaban las obligaciones para con el pueblo. Esto fue una de las causas que le produjo el destierro a Lucena y posteriormente a Marruecos donde murió.

Pienso que Córdoba se merecería ser capital cultural si se valorara la aportación de Averroes a la filosofía, la ciencia y la fe, porque Europa no se entiende sin Córdoba.

JOSE ANTONIO López

Diplomado en Ciencias Religiosas

Notas:

Fuente:  http://www.diariocordoba.com/noticias/noticia.asp?pkid=614495

SPAIN.  3 de febrero de 2011

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