¡Ay, Amenábar!

Gracias a Internet, he comprobado que no soy el único en haberse dado cuenta del anacronismo en el que incurre Amenábar cuando muestra una chumbera en el Egipto del siglo IV. Todos los cactus proceden de América y no salieron de allí hasta que llegó Colón, once siglos más tarde. Sin embargo, no he encontrado todavía ninguna referencia a otro error más sutil, este de índole filosófica. Lo comete el laureado director con el experimento que hace realizar a Hipatia, dejando caer un objeto desde lo alto del mástil de un navío en marcha. Lo importante no es que quien ideara dicho experimento fuera Galileo, trece siglos después. Acostumbrados estamos a las licencias poéticas.

Lo importante es que Hipatia jamás hubiera hecho ese experimento. Ni ese ni ningún otro. Hipatia era seguidora de Platón, para quien la realidad no era sino una apariencia de los sentidos, de manera que no merecía la pena preocuparse por ella. La auténtica realidad, la de las ideas, sólo podía encontrarse en el pensamiento. Por lo tanto, la mejor manera de conocer los secretos del firmamento no era mirarlo, sino cerrar los ojos. Eso es, exactamente, lo que ha hecho Amenábar con tal de construir un personaje progre, simpático y feminista. Y eso que una de sus primeras películas recomendaba, precisamente, abrir los ojos.

Notas:

Fuente: http://www.levante-emv.com/opinion/2010/02/16/amenabar/679175.html

SPAIN. 16 de Febrero de 2010

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