Cerradas páginas web argentinas con textos gratuitos de Nietzsche y Heidegger

El profesor de filosofía argentino Horacio Potel creó desde 1999 unas extraordinarias páginas web en la que se ofrecían gratuitamente los principales textos filosóficos de Nietzsche y Heidegger traducidos al español. Ahora las páginas han sido cerradas por decisión judicial y su editor puede ser condenado a una pena de un mes y seis años de cárcel por difundir textos filosóficos de forma gratuita.

Y dicen defender las libertades…

El propio Horacio Potel denuncia el sinsentido de la represalia:

«Invito a mis denunciantes a que me digan, dónde puedo encontrar el material que con su acción judicial obligaron a destruir, en qué librería se puede comprar, en qué biblioteca se puede consultar.

»Yo tardé años en reunirlo. Muchos textos no pueden ser adquiridos y aún así están protegidos por leyes de propiedad intelectual. Además los precios de las editoriales extranjeras son prohibitivos para los latinoamericanos.»

Pero parece que quienes se llenan la boca hablando de la «democratización» de la cultura son los más totalitarios y elitistas del mundo. El profesor Potel manifestó también:

«Nunca me lucré ni tuve la intención de lucrarme con la publicación de las páginas. En 1999 estaba fascinado por las infinitas posibilidades que la red ofrece para el intercambio de conocimientos. Estos sitios son mi mejor obra, y para mí es trágico haber tenido que removerlos. Son el fruto de muchísimo trabajo y fueron totalmente financiados por mí. No entiendo por qué tanta necesidad punitiva por parte de una corporación que dice defender la lectura, la educación y la cultura.»

Quien no ve el doble discurso es porque no quiere verlo. Ahora bien, hay una pregunta que se nos formula con el último enunciado de Potel. ¿Por qué esa necesidad punitiva? ¿Por qué perseguir y clausurar ámbitos culturales?

Porque esa idea utópica de la cultura como envoltorio que encierra todas las manifestaciones del hombre por el mero hecho de propagarlas es una falacia. No hay nada más sesgado que la cultura. Incluso la religión es más incluyente que la cultura. Siempre que hablamos de cultura, como de todas las manifestaciones del hombre en general, nos estamos refiriendo, en realidad, a la cultura dominante de una época y un lugar específicos; a la cultura que conocemos, que nos “llega” a través de los medios de comunicación masiva. Pero hay otra vertiente cultural existente, otra que no conviene mostrar, otra que los dirigentes saben que es preciso ocultar, hostigar y lograr que desaparezca del mapa para poder perpetuarse en el poder. A esta última le llamaremos “alternativa”, mientras que a la primera, a la pública, a la difundida masivamente, la llamaremos “imperante” o “dominante”.

Sin duda, esta lucha de culturas no es moderna. Esta dialéctica es histórica. Son innegables las restricciones culturales que hubo en el pasado, pero es más lamentable que sucedan hoy en día, ya que hace doscientos años que vivimos bajo el discurso de la igualdad, la libertad y la fraternidad, y ninguno de estos conceptos parece haber asomado su cabeza por estas tierras. ¡Pero, ojo! No los anhelo ni recrimino su prometida llegada, pues no soy un utópico; yo vivo en base a la historia. Lo que sucedió es lo que sucederá. Los esquemas se repiten, giran. Hay que saber adaptarlos a la época para convivir de la mejor forma posible como sociedad.

Volviendo al tema, esta dialéctica cultural no carece de fundamentos. Que haya una bilateralidad de manifestaciones culturales representa que, en todas las épocas, hay dos modelos de pensamiento: dos, ni más ni menos. Algunas veces se ha hablado de “tercerismos”, pero éstos, en el fondo, son la segunda opción ideológica y, en realidad, lo que los medios de comunicación masiva nos ofrecen son, por más que los presenten como absolutos adversarios, son dos caras de la misma moneda.

Nuestra época y nuestra sociedad, que aquí llamamos modernidad, no escapa a la regla. Ésta una orientación ideológica y, por lo tanto, intenta impedir cualquier alternativa. Porque estoy seguro de que no es coincidencia que se hayan clausurado los sitios de Potel y no un sitio para bajar textos de autores marxistas o liberales, que se combinan en la ideología moderna. Los sitios de Potel daban cabida a unos autores profundamente críticos de la modernidad que podían ser (y son) dañinos para la ideología imperante.

Moraleja: estamos viviendo en un sistema que aún habiendo proclamado la libertad y la igualdad como principio máximos se atreve a cerrar espacios culturales, frente a la cual la inmensa mayoría se queda, cual apacible rebaño, tan tranquila.

Notas:

Fuente: http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=3177

Madrid,Spain 2 de julio de 2009

Hay 2 comentarios

July 03, 2009 - 4:37 PM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

Hemos vivido épocas de barbarie, pero nunca como ésta donde estamos sometidos a un modelo de pensamiento único: competir contra quien sea, para ganar dinero como sea, para consumir tanto como sea posible. Es aterrador cómo se pretende alinear todos los demás valores al valor de la rentabilidad económica. Saludos

November 23, 2010 - 11:37 PM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

No estoy de acuerdo con las normas de derecho de autor. Sin embargo las autoridades deben de tener criterio en la elaboración y aplicación de las leyes, si no existe ediciones vigentes en el mercado, en cualquier presentación (eletronica, o libro fisico), aunque sean de pago, no se puede detener la cultura, e impidir la circulación por otro medios. Esto viola los derechos a educación y la cultura con igualdad de condiciones, que permitan la adquisición de conocimientos. El poder legislativo y judicial del estado que debería velar por estos derechos, deberian avocarse a hacerlas cumplir.
Lamentablemente, impera la ley factica, el poder economico, que desnivela la balanza, para velar los derechos de la grandes empresas (que los tienen sin lugar a dudas).  Pero cuando los derechos de estas grandes corporaciones, pasan por encima de los derechos de la ciudania, sus derechos dejan de ser derechos y se convierten en ignominia.

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