¿Como ejercer el pensamiento filosofico?

En estos dos libros uno de los más grandes pensadores de la historia de la filosofía, Martin Heidegger (1889-1976), no solo se enfrenta con la mejor teología alemana del siglo pasado, representada por el teólogo Rudolf Bultmann (1884-1976), sino también con dos clásicos de la tradición filosófica: Heráclito y Nietzsche. Aunque la correspondencia entre Heidegger y Bultmann (entre 1925 y 1975) se centra principalmente en la relación entre la filosofía y la teología, y los cursos de 1941-1942 están dedicados a algunos fragmentos fundamentales de Heráclito y Nietzsche, es el ejercicio filosófico en su significado más genuino el que está en el centro de estos dos textos


Martin Heidegger (1889-1976), en una ilustración de Sciammarella

Durante su larga carrera Heidegger siempre recordó que la filosofía no es una disciplina positiva como la física o la sociología que, una vez comprendidos todos los principios y mecanismos, se pueden empezar a aplicar para obtener resultados, sino un “pensamiento sobre el pensamiento” donde no hay resultados. Aunque esto pueda parecer un juego de palabras, en realidad es lo que define la filosofía y la diferencia de las otras disciplinas donde el pensamiento está subordinado a las necesidades de las diferentes ciencias, ideologías o religiones. Esta subordinación es precisamente el mayor problema que el pensador alemán atribuyó a la filosofía de sus tiempos porque la llevó a olvidar su cuestión fundamental: la pregunta por el ser, por lo esencial, por la existencia de las cosas. Por estas razones, para ejercer el pensamiento filosófico es necesario partir del presupuesto de que la filosofía no es pensamiento o sabiduría al servicio de otras disciplinas, sino más bien “amor a la sabiduría” donde la verdad no se “analiza y aplica”, sino que se “cuestiona e interpreta”. Es en este contexto en el que Heidegger nos invita a “ejercer el pensamiento” interpretando sentencias filosóficas como las de Heráclito (“Si todo lo ente se desvaneciera en humo, entonces podrían ser las narices las que lo diferenciaran: lo ente en cuanto ente”) y las de Nietzsche (“Verdad es el tipo de error sin el cual un determinado tipo de seres vivos no podría vivir. Lo que decide en último término es el valor para la vida”) en la que el pensamiento no está subordinado, sino “liberado” por la pregunta de la existencia humana.

Esta misma determinación y este mismo ejercicio del pensamiento filosófico ocurren en la correspondencia entre Heidegger y Bultmann, quienes además de estar unidos por una gran amistad eran colegas en la Universidad de Marburgo en los años veinte. Aunque Heidegger respetaba la teología desmitificadora de Bultmann, prefería renunciar a las numerosas invitaciones que recibía del teólogo (para publicaciones y conferencias conjuntas), porque consideraba que la forma “óntico-positiva” con la cual su teología abordaba los problemas fundamentales de la existencia, no era compatible con su perspectiva “ontológica-critica”, es decir, filosófica. Ejercer el pensamiento filosófico para Heidegger significaba también renunciar a colaboraciones independientemente de la amistad que subsistía con sus ilustres colegas, porque la forma de existencia “que pertenece esencialmente a la filosofía” tiene que ser ejercitada sin subordinaciones a intereses positivos como los de la teología.

Ejercitación en el pensamiento filosófico.
Ejercicios en el semestre de invierno de 1941-1942.
Martin Heidegger.
Traducción de Alberto Ciria.
Herder.
Barcelona, 2011. 192
paginas. 19,80 euros.
Correspondencia 1925-1975.
Rudolf Bultmann / Martin Heidegger. Traducción de Raúl Gabás.
Herder. Barcelona, 2011. 400 paginas.
35 euros.

Notas:

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/portada/ejercer/pensamiento/filosofico/elpepuculbab/20111119elpbabpor_25/Tes

SPAIN.  18 de noviembre de 2011

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