Conclusiones al congreso “Factor Humano. Voces de nuestro tiempo”

Durante cuatro días hemos celebrado un encuentro en el que personalidades relevantes de diversas disciplinas se han interrogado sobre el peso que debemos otorgar al factor humano en la constitución de nuestras sociedades.

¿Por qué factor humano?

La expresión misma tiene más de una acepción y lo que aquí ha estado en juego todo el tiempo ha sido la reivindicación de las Humanidades. Ha de entenderse bien que se trata de unas humanidades vinculadas a los grandes problemas de nuestro tiempo e indisociables tanto del saber científico y tecnológico como de los grandes impulsos artísticos que atraviesan nuestra época.

Así, estas jornadas comenzaron con una reflexión en torno al peso de la palabra, que, al fin y al cabo, es lo que nos constituye como seres humanos. Junto al poeta Carlos Edmundo de Ory han intervenido el director del Instituto Cervantes, César Antonio Molina, y el catedrático de Estética de la Universidad de Barcelona Rafael Argullol, ambos comprometidos igualmente en la difícil tarea de la escritura.

Uno de los temas del debate que siguió a sus intervenciones fue el de la necesidad de preservar el libro en la era digital y las razones tanto materiales como simbólicas e incluso estéticas de esta necesidad.

La palabra y su articulación sonora ocupó la última sesión del miércoles a cargo de Luis Eduardo Aute en un recital poético cargado de un fuerte compromiso social y, desde luego, humanista. También Fernando Arrabal ha abundado en estas cuestiones acerca de la condición humana contemplada desde su singular punto de vista.

Victoria Camps, reconocida personalidad en el mundo de la ética contemporánea abordó el tema central de cuál ha de ser nuestra posición ante la tecnología de nuestro tiempo y los retos que ésta presenta. Un planteamiento que se completó con la exposición del director del Museo de las Ciencias de Valencia, el científico y excelente historiador de la ciencia, Manuel Toharia, quien dejó bien claro que cuando se habla de cultura no puede dejarse de lado la ciencia, recordando que en ocasiones, sin embargo, se ha llegado a caer en este error debido a un uso excesivamente estrecho del término “cultura” al que subyace la oposición ciencia-humanidades.

Abierto el debate sobre las tecnologías, el matemático y filósofo Javier Echeverría y el catedrático de Estética José Luis Molinuelo protagonizaron un interesantísimo debate sobre el peso de la percepción digital y en particular de Internet en la configuración de nuestros juicios éticos y estéticos, así como el papel revolucionario que las nuevas tecnologías juegan en el plano del conocimiento.

Recordando que las Humanidades se refieren explícitamente al humanismo de los siglos XV y XVI que, a su vez, hunde sus raíces en la antigüedad clásica y en los debates de la gran tradición escolástica, no podía faltar en este encuentro una reflexión sobre el hecho religioso en las sociedades actuales. Esta reflexión ha corrido a cargo de Edualdo Forment, catedrático de la Universidad de Barcelona y uno de los máximos representantes del tomismo en nuestro país y, desde una perspectiva muy diferente, por el filósofo Javier Sádaba, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid. Desde su singular visión de lo humano y lo divino, el eminente filólogo Agustín García Calvo abordó el tema de las modalidades de la creencia y de la fe, generando un largísimo debate entre los asistentes.

Víctor Gómez Pin puso de relieve que la asunción de nuestra comunidad genética con ciertos primates no excluye en absoluto la singularidad humana y reivindicó la causa del hombre frente a interpretaciones abusivas que ven en la llamada “inteligencia artificial” un modelo de nuestra propia inteligencia. Nadie mejor que Fernando Savater para abordar la pregunta fundamental. “¿Para qué aún filosofía?”

La perspectiva histórica y la necesidad de una postura crítica frente a la transmisión de los hechos acaecidos no podía faltar en nuestros debates y ha venido de la mano del reconocido historiador Santos Juliá bajo el significativo título de “¿Qué y quién contará la historia de hoy.

Este elenco de invitados ha estado acompañado por relevantes profesores de nuestra universidad. Rafael de Cózar, Consuelo Flecha, Diego Romero de Solís, Ramón Serrera, Juan Carlos Suárez Villegas, Manuel Castillo, José Luis López López, Alberto González Troyano y Leandro Álvarez Rey quienes han asegurado, además, uno de los aspectos más significativos de estas jornadas: el diálogo con un público atento y participativo. Nuestro agradecimiento a todos ellos por su participación.

Podemos, pues, concluir que una constante de las reflexiones mantenidas estos días ha sido la afirmación de las humanidades como el núcleo mismo del pensamiento científico desde la fundación de las universidades. Con todas sus consecuencias. Pues esto nos plantea fundamentalmente la necesidad de superar esas formas las humanidades que puedan manifestar un excesivo apego a la distinción entre “ciencias” y “letras”.

Y esto tiene particular importancia en el momento mismo de proyectar los contenidos de nuestras titulaciones. Parece claro que está en el ambiente que no debemos atenernos a una formación sustentada en una “parcialización” del saber en compartimentos estanco. Ello no significa, obviamente, que pueda uno saltarse las exigencias de la especialización. Y siendo difícil especializarse en una disciplina parece casi imposible ser especialista en muchas.

Esa no es, evidentemente la cuestión: el problema que nos plantean las humanidades es el de ofrecer una formación integral de los universitarios. Es decir, que cada uno de ellos, sea cual sea la disciplina propia, tenga acceso a los puntos de intersección con otras disciplinas.

Éste es el auténtico reto de la interdisciplinariedad. Encontrar aquello que a todos nos concierne y luchar para que todo el mundo lo reconozca como propio. O, dicho en otras palabras, asumir que las Humanidades, conciernen a todo universitario porque en ellas se abordan cuestiones que conciernen a la dignidad misma del espíritu humano.

Hay ejemplos clásicos y muy concretos: la formación técnica de un arquitecto es indisociable de su formación en materia de estética. Pero esto afecta también a otras muchas disciplinas: ¿puede un filósofo no sentirse concernido por la evolución del pensamiento científico-técnico? ¿Puede un estudiante de física ser ajeno a las implicaciones en el campo de la filosofía de su disciplina? ¿Puede un genetista permanecer indiferente a los debates actuales en el marco de la ética? y viceversa: ¿cómo sustentar racionalmente el discurso ético sin un intercambio de información con los genetistas?

Es así particularmente significativo que la defensa de las Humanidades tenga lugar precisamente en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de nuestra universidad. representada por su director, Emilio Freire, al que agradecemos la calurosa acogida de este programa y felicitamos por la extraordinaria eficacia de la infraestructura que ha soportado la organización del evento.

Para terminar, cabría recordar que para Kant la universidad era el lugar donde se plasmaban las exigencias espirituales de un país y la función de nuestra universidad es, sin duda, responder a esta concepción. Si Factor Humano. Voces de nuestro tiempo, ha constituido una llamada de atención al conjunto de la sociedad a favor del humanismo podemos afirmar que uno de los objetivos marcados desde la universidad se ha logrado.

Notas:

http://www.andalucia24horas.com/textoLoc.asp?id=296535&prov=4&loc=16

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