Conservar la realidad o cambiarla

La realidad le juega a veces malas pasadas a la teoría. Nos podemos preguntar si las teorías tienen como misión hacer comprensible la realidad y, por tanto, son verdaderas o falsas en la medida en que se adaptan a la realidad preexistente. O si por el contrario las teorías tienen como misión transformar la realidad y, por tanto, la realidad es buena o mala en la medida en que se adapta a una teoría previamente formulada. Esta es la dialéctica que estará permanentemente presente en la historia del pensamiento entre el realismo y el idealismo. ¿Quién tiene el privilegio de la verdad, el ser o la idea?

Esta dialéctica está planteada desde muy antiguo. Por poner un principio, digamos que desde Platón y Aristóteles . Platón era un idealista, la verdad reside en las ideas; las ideas son anteriores a las cosas, y las cosas son verdaderas o falsas, perfectas o defectuosas en la medida en que reproducen con mayor o menor precisión las ideas. Aristóteles razonaba de otra forma, el camino para descubrir la verdad no es la especulación abstracta, sino la observación del entorno histórico, y las ideas son verdaderas o falsas en la medida en que explican y hacen comprensible ese entorno. Desde entonces para acá el mundo está dividido en platónicos y aristotélicos.

Adam Smith , el primer teórico del capitalismo, fue un aristotélico. Se pasó largos años observando lo que estaba ocurriendo en la Escocia de la primera revolución industrial. Cómo la aparición de las factorías industriales, el incremento de la productividad, los nuevos sistemas de trabajo, la acumulación de la riqueza, las relaciones económicas basadas en un sistema de precios de mercado, y de comercio internacional, estaban acabando con una sociedad basada en las relaciones de parentesco aristocrático, y en la propiedad y jurisdicción sobre la tierra que detentaba la nobleza.

Carlos Marx fue un idealista. Cien años después de Adam Smith fue testigo de que esa sociedad emergente observada por Adam Smith no había desembocado en el equilibrio preconizado por el intelectual escocés. Las contradicciones sociales del capitalismo naciente conducían a la proletarización de la clase trabajadora. La realidad circundante no podía ser aceptada como un hecho, la verdad no residía en lo que estaba ocurriendo, sino en lo que había que construir de nuevo. Tras una etapa de acción política en Francia, Bélgica y Alemania, se encierra en el Museo Británico de Londres para diseñar lo que, a su juicio, habría de ser la nueva sociedad del futuro, en la cual el eje fundamental del sistema sería el hombre trabajador, no el capital. Como reza el epitafio de su tumba: “Los historiadores estudian la historia para conocerla, nosotros la estudiamos para transformarla”.

Realismo e idealismo, dos actitudes mentales que siguen estando presentes y disputándose el auténtico camino hacia la verdad. Es en esta dialéctica en la que creo que pudieran situarse dos manifestaciones políticas que conviven actualmente: los partidos con base nacionalista y los partidos con base social.

Los partidos con base nacionalista dan la impresión de estar principalmente preocupados por la conservación de su entorno más cercano: su lengua regional, las ventajas inmediatas que puedan obtener de la administración central, la preservación de determinadas prerrogativas que tuvieron ya en tiempos pasados. Sus objetivos políticos los definen, o al menos parecen definirlos, a la conservación y mejora de lo que ya tienen, o de lo que tuvieron en el pasado. Aun siendo partidos de metodología revolucionaria, ejerciendo incluso la violencia y la agresión, tal revolución o tal violencia no es más que un método de procedimiento. Su objetivo es conservar lo que piensan que han recibido de generaciones anteriores, incluso retornar a lo que piensan que fue el mundo de sus antepasados. Estos son los que habríamos de situar en el ámbito intelectual del realismo.

Los partidos con base social, sea de derechas o de izquierdas, acarician un modelo de sociedad que no han visto todavía suficientemente realizado. Ni la derecha ni la izquierda tienen como objetivo reproducir modelos de sociedad que existieron antes, sino conducir a la sociedad actual hacia estructuras mejores que las actualmente existentes. La diferencia estriba en que unos piensan que esa sociedad mejor estructurada se logrará dando mayor juego a la iniciativa privada y los otros opinan que la sociedad será mejor y más justa ampliando la intervención de la administración pública. La diferencia estriba en los instrumentos que unos y otros consideran más eficaces, pero el objetivo es similar: progresar hacia una sociedad mejor. A estos los habríamos de situar en el ámbito intelectual del idealismo.

JAIME Loring

Profesor jesuita

Notas:

Fuente: http://www.diariocordoba.com/noticias/noticia.asp?pkid=435347
Córdova   05/10/2008

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