Danilo Cruz Vélez: El rastro del filósofo

Mientras la filosofía antigua preguntaba por el ser de los seres, la moderna preguntaba por la objetividad de los objetos, como si todos los seres se hubieran convertido en objetos para un sujeto.

A diferencia de la filosofía antigua, cuyo punto de partida era el asombro que hace preguntar por el ser de las cosas, la filosofía moderna, parte de la duda que Descartes había extendido a todo lo que se presentara a la conciencia sin la claridad y distinción de las ideas matemáticas.

Mientras la filosofía antigua preguntaba por el ser de los seres, la moderna preguntaba por la objetividad de los objetos, como si todos los seres se hubieran convertido en objetos para un sujeto.

Esa sentencia es del filósofo colombiano Danilo Cruz Vélez, fallecido el 10 de diciembre en Bogotá. Nacido en 1920 en Filadelfia (Caldas), fue uno de los introductores del estudio de la filosofía moderna en Colombia en el Instituto de Filosofía de la Universidad Nacional, cuando la tendencia dominante en filosofía era la fenomenología.

La meta de la fenomenología era alcanzar un saber absolutamente cierto, es decir, sin supuestos, ateniéndose sólo a la pura descripción de lo que “se aparece” a la conciencia. Ahora bien “lo que se aparece” se llama también “fenómeno”. De ahí el nombre de fenomenología.

Fundada por Edmund Husserl en Alemania, la fenomenología se hacía cada vez más influyente desde los dos centros de estudios filosóficos más importantes de América Latina. Uno fue el de México, donde se refugiaron, huyendo de la dictadura de Franco, eminentes filósofos españoles como José Gaos, traductor de “Ideas I” de Husserl y “Ser y Tiempo” de Martin Heidegger , el original discípulo de Husserl a cuyo seminario asistiría Danilo Cruz durante varios años en Alemania, después de ejercer la docencia en el Instituto de Filosofía de la Universidad Nacional.

El otro centro filosófico importante fue la Argentina, donde Francisco Romero, amigo y corresponsal de Danilo, escribió su “Teoría del Hombre”, basada en la filosofía de Husserl. Allí Mario A. Presas, estudioso y traductor de Husserl, en una reseña que hizo en la Revista Latinoamericana de Filosofía de la obra más importante de Danilo, “Filosofía sin supuestos”, sostuvo que es lo mejor que se ha escrito en Latinoamérica, en la primera mitad del siglo XX, sobre la primera etapa de la obra de Husserl, antes de la aparición de su obra póstuma sobre la crisis de las ciencias europeas.

En una entrevista que le hace Rubén Sierra en 1996 se indican como los temas prioritarios de Danilo el del ser del hombre, el del ser de la filosofía y el de la ética.

En los años cuarentas del siglo pasado, Danilo publicó su primer libro, “Nueva Imagen del hombre y de la cultura” donde muestra la oposición entre las tesis del fenomenólogo Max Scheler, para quien el hombre , por ser la unión de “espíritu” e “impulso”, es el ser que crea la cultura, y las tesis del neokantiano Ernst Cassirer, para quien el hombre, por necesitar del símbolo como intermediario entre él y su medio ambiente, es, a la inversa de lo que afirmaba Scheler, creado por la cultura, producto de ella.

Danilo ve que aquí hay una especie de círculo vicioso y propone la solución con la concepción del ser del hombre de Heidegger como “Ser en el Mundo”. A diferencia de Husserl, a quien considera como el último gran representante de la metafísica de la subjetividad fundada por Descartes, Heidegger propone una nueva visión de la fenomenología que no parta de la concepción del hombre como una “cosa pensante” (como decía Descartes) o como una conciencia, sino como un conjunto de posibilidades, como un proyecto o programa de acción.

Esto quiere decir, que el hombre no es un objeto que tiene propiedades como el espíritu, la razón, la animalidad, etc., ni es un mero sujeto del conocimiento, sino, ante todo, un ser capaz de autodeterminarse, un ser capaz de trascender sus orígenes en la naturaleza para crearse un mundo donde habitar.

El mundo no es, pues, concebido como totalidad de las cosas sino como algo existencial, un programa de acción del ser humano que es un una praxis, y no una cosa.

Danilo también enfocó el problema del nihilismo y del inmoralismo que apareció en la filosofía de Nietzsche. El nihilismo era, según Nietzsche, la consecuencia de la “muerte de Dios”, pero, explicaba Danilo, la “muerte de Dios” no es, para Nietzsche, el anuncio del fin de una determinada religión, sino de la metafísica de Platón, que valoraba más el mundo trascendente de las ideas, que este mundo donde se lleva a cabo la lucha por la vida.

Ahora bien, como consecuencia del derrumbe de esa creencia en otro mundo verdadero y trascendente, el hombre occidental quedaría sin “nada”, es decir, sin ningún valor en que apoyarse y a la acción destructora de esta “nada” (que en latín se dice: “nihil”) la llamaba él “nihilismo”. Junto con el nihilismo vendría el inmoralismo, que Danilo interpretaba como el fin sólo de toda moral basada en valores trascendentes y universales. La moral que veía venir Nietzsche, era, para Danilo, la moral del nuevo ser humano que Nietzsche ya no interpreta como Descartes, como un “ego cogito” (“yo pienso”), sino como un “ego volo” (“yo quiero”).

La fuente de toda valoración es ahora la voluntad de poder, el hombre como verdadero creador de nuevos valores diferentes de los valores tradicionales. Esta moral había que buscarla no en los libros de ética sino en novelas como “Los endemoniados” de Dostoievski, que presentaba personajes nihilistas. Danilo por cierto, no sólo era buen lector de novelas, sino un conocedor profundo de la literatura, en especial la española, la latinoamericana y la colombiana y mantuvo vínculos con los poetas de “Piedra y Cielo” y otros movimientos literarios.

A esta relación entre filosofía y política dedicó el libro: “El mito del rey filósofo”, en el que se expone, en primer lugar, a Platón, como el que propone fundamentar el gobierno de la Ciudad-Estado en la idea de la justicia y en las leyes que se derivan de ella, para evitar que gobierne la voluntad de un tirano. Platón es para Danilo el ejemplo de que, cuando la filosofía se quiere convertir en praxis política fracasa, pues, a pesar de esta importante teoría, cuando trata de ponerla en práctica invitado por los gobernantes despóticos de Siracusa, termina en una cárcel. En segundo lugar, analiza la experiencia marxista, en la que la filosofía es llamada a que deje de interpretar el mundo y más bien tienda a transformarlo, para lo cual debe comenzar por convertirse en práctica crítica destructora del establecimiento.

Como se puede ver en la obra de Marcuse, aquí también hay cierto fracaso, pues la revolución rusa condujo a una dictadura de la burocracia estatal, pero por lo menos se salva la idea de la filosofía como crítica de la sociedad y de la política imperante, sobre todo cuando es despótica.

En tercer lugar, Danilo estudia el caso de su maestro Heidegger, quien, a pesar de ser un filósofo original, rinde oficialmente tributo a un déspota como Hitler, a quien saluda como el guía o “Fuhrer” de cuya voluntad debe surgir todo valor político y toda ley del pueblo alemán. Así que la posición de Heidegger es un retroceso comparada con la de Marcuse. Además, Heidegger retrocede incluso detrás de Platón, pues éste buscaba evitar que la voluntad de un tirano se convirtiera en fuente de la justicia y la ley, mientras que Heidegger, como todo enemigo de la democracia hoy, confía más en un líder mesiánico que en la ley y pone por encima de la constitución y la ley la voluntad voluble de las mayorías que siguen fanáticamente al tirano, cuando éste les promete librarlas sea de la “corrupción de la politiquería, sea de la violencia o “terrorismo”.

Danilo siempre sostuvo que la labor del filósofo en política era teórica, no práctica, y entre otros motivos poderosos, el fuerte movimiento estudiantil de los setentas pudo haber influido en su retiro prematuro de la docencia en 1972.

Digamos, para terminar, que Danilo ha influido desde la cátedra no sólo en filósofos. A su regreso de Alemania en los años cincuentas, comenzó su labor docente en la Universidad de los Andes. A sus seminarios de filosofía asistían matemáticos y músicos eminentes, futuras periodistas como María Elvira Samper, futuras escritoras como Laura Restrepo y María Mercedes Carranza, futuros directores de teatro como Ricardo Camacho Jorge Plata y Jairo Soto y futuros críticos literarios como Conrado Zuluaga y Guillermo Alberto Arévalo.

Sus clases se caracterizaban, como sus libros, por el orden, la claridad, el uso de los textos en su lengua original, su argumentación cuidadosa y un lenguaje castizo, conciso, sin retóricas. Muchos estudiantes que le presentaban trabajos de buen contenido pero con deficiencias de lenguaje, recibían su consejo de leer a los grandes maestros de la lengua, Ortega y Unamuno.

Antes de hacer filosofía era necesario hacerla hablar en español. Decía que no podía leer los trabajos de los nuevos colegas de filosofía porque escribían en una especie de jerga difícil de entender y parecían desconocer las exigencias morfológicas y sintácticas del idioma español. Paz en su tumba

Notas:

Fuente: http://www.eluniversal.com.co/noticias/20090104/spl_dom_danilo_cruz_velez_el_rastro_del_filosofo.html

Cartagena de indias – Colombia. Domingo, 04 de enero de 2009

Hay 1 comentarios

June 25, 2010 - 6:44 AM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

Lastima que el conocimiento filosófico, no haya sido fuente de pensar. Chillan sus posturas resentidas. !!! Qué desperidicio!

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