De la pérdida de principios

La falta de moral es una de las mayores quejas en la sociedad actual. Se dice que alguna de las autoridades que nos han gobernado carece de ella, y por ello el latrocinio. Pero también la falta de ética se percibe en la ciudadanía en general, que vive una cultura de corrupción; de manera que el tema de la ética viene a ocupar una de las preocupaciones más importantes del Estado en su conjunto.

La ética, como disciplina filosófica, estudia las costumbres y comportamientos humanos, y como tal, ha sido motivo de reflexión de la humanidad desde sus albores. Prácticamente todos los filósofos han abordado el tema, incluyendo a los presocráticos. Pero no es sino a partir del cristianismo cuando el conjunto de los principios éticos se sistematiza y se presenta como un cuerpo doctrinario de influencia trascendental para la humanidad; a partir de ello es que se va conformando lo que hoy conocemos como “capital social”, que no es mas que ese saber vivir en sociedades solidarias e inspiradas en el principio de subsidiariedad, lo cual permite a las personas actuar acorde a sus capacidades y expectativas, sin actitudes de dependencia y sujeción.

Es a la orden Jesuita, fundada por San Ignacio de Loyola, a quien la humanidad le debe el establecimiento de una educación secundaria de acceso generalizado y basada en principios, lo que no existía antes de él. Ello ha permitido una preparación más adecuada para el ingreso a los estudios “superiores” o universitarios. De manera que la educación incluye, desde hace cinco siglos, lo que hoy conocemos como educación primaria y secundaria, para luego acceder a la universitaria o de profesionalización.

Otro aporte del cristianismo a la humanidad ha sido la formalización y enseñanza de la ética en las instituciones educativas, especialmente las católicas, las que por cientos de años han formado a la juventud, especialmente europea, de algunas regiones asiáticas y de Latinoamérica.

Esta educación inspirada en principios cristianos fue configurando en la sociedad los valores sobre los que se conformó la cultura occidental, cuyo sustrato le dio dirección al actuar de los líderes. Hasta que en el siglo XVIII, a partir de la Revolución Francesa, del pensamiento racionalista y de la propuesta liberal por una parte, y la marxista por otra, se inició un proceso de secularización de la sociedad, cuyo fin era, para los liberales, la separación del Estado y la Iglesia; y para los marxistas, el inculcar la filosofía materialista y un asumir por parte del Estado todas las atribuciones posibles.

Estas poderosas influencias incidieron profundamente en las sociedades hasta hacernos llegar a lo que hoy vivimos, es decir, una época en la que prevalece el relativismo, que no se sustenta en principios, sino en hacer lo que a cada uno apetece y que le genere comodidad, independientemente de que sea o no ético.
Hay que dejar claro que la separación de Iglesia y Estado es positiva, pues permite que cada entidad conserve su autonomía y funciones; pero el problema estriba en que en muchos casos el proceso de secularización ha ido mas allá de lo prudente, al eliminar lo que le dio la esencia a la educación ética, es decir, el sustento de la tradición cristiana. Ello ha sucedido especialmente por influencia del socialismo marxista en la sociedad, con su planteamiento materialista.

Por su parte, del liberalismo se ha ido generando una propuesta neoliberal, que induce la responsabilidad social en todas las instituciones que funcionan bajo su inspiración. En su modalidad empresarial, el neoliberalismo plantea la incorporación de políticas de responsabilidad social, que considera a los trabajadores en su dignidad humana, haciendo también énfasis en las otras responsabilidades que se tienen ante el Estado, especialmente el fisco, y ante las generaciones futuras.

Vemos pues, con renovada preocupación, cómo debido al moderno laicismo, la humanidad ha perdido un capital social formado durante siglos por el cristianismo. Nos corresponde hoy reconstituirlo desde la familia, desde la empresa y desde la escuela.

¡Esta es nuestra verdadera responsabilidad social!

Notas:

Cortesía de El Periódico de Guatemala
http://www.elperiodico.com.gt

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