D(e)mocracia o d(i)mocra cia: Platon vs Protagoras

Con un ritmo pausado pero incontenible, las naciones del mundo avanzan cada vez más hacia la construcción popular e imprimen la orientación de las políticas públicas a favor de los más desposeídos. En tanto, millones de personas salen a la calle en los países emergentes y ahora en los países centrales exigiendo ser escuchados en un modelo de producción con mas inclusión y participación ciudadana.

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Conocemos a Protágoras a través de Platón y sabemos acerca de los sofistas por las palabras que Platón pone en boca de Sócrates.

Aristóteles, si bien puso de cabeza los postulados platónicos, mantuvo incólumne sus críticas al sofismo, y mantuvo la posibilidad efectiva planteada por el emerita de que la verdad puede ser conocida por el hombre en su totalidad.

La filosofía occidental ha tenido en el eje Platón-Aristóteles uno de sus pilares fundamentales. El desarrollo de esa filosofía sentó las bases del capitalismo moderno, luego de atravesar decenas de siglos mudando su piel: desde la escolástica medieval hasta la racionalidad kantiana. Variaciones de una misma melodía que ponía a la mayor parte de los postulados de los sofistas enfrentados a una cosmovisión del mundo racional y certera, que aseguró por siglos la dominación de las clases poderosas y la acumulación que permitió el surgimiento del capitalismo como matriz hegemónica a partir del siglo XIX.

Sin embargo, si bien el eje Platón-Aristóteles instaló como corriente mayoritaria en el pensamiento filosófico la posibilidad humana de encontrar una verdad que fuera explicación para todo lo que existe, no logro por completo imponer el segundo de sus pilares epistemológicos. A saber: no todos los hombres son capaces de formar parte de una sociedad que se dirija a sí misma de modo democrático.

Platón y Aristóteles construyeron sus sistemas ideicos sobre dos fundamentos. El primero es la verdad absoluta como accesible al entendimiento humano: fundamento opuesto al relativismo pregonado por varios filósofos griegos que los precedieron y los sucedieron. El segundo, un intento de restringir la participación de todos los ciudadanos en los procesos políticos que implican la construcción del colectivo humano. Ese fundamento encontró también sus oponentes entre los pensadores griegos que los precedieron y sucedieron.

CONCEPTOS AUSENTES. El relativismo para comprender el mundo y la apertura de los procesos sociales para la participación igualitaria de todos los miembros de una sociedad en la construcción de su vida colectiva son los dos conceptos ausentes sobre los que el eje platoaristotélico discurrió todo el devenir de occidente hasta su coronación en el capitalismo. Por el contrario, el eje platoaristotélico fundió el concepto de verdad absoluta al de un orden natural, que otorgaba diferentes lugares a los hombres en la construcción de una sociedad, dándole a través de la escolástica los fundamentos filosóficos a la sociedad feudal y a través del kantismo, el respaldo discursivo al capitalismo sin control.

Fue así como las revoluciones políticas y económicas del siglo XVIII, que dieron origen a los estados nacionales, el capitalismo y la democracia, sólo consiguieron construir un modelo parcial, pues sostenidos en la idea de la verdad como única y no para todos, edificaron una democracia restringida para poder establecer un capitalismo arrollador. El núcleo de esa disputa se remonta a las discusiones entre Protágoras y un Sócrates utilizado por Platón como máscara de su propio pensamiento.

El pensamiento de Protágoras, al poner énfasis en el relativismo del pensamiento humano y la necesaria aceptación de los razonamientos dispares como distintos modos de entender un problema, desemboca en una teoría política que permite la participación de todos los ciudadanos de la polis en la discusión y aun en la conducción de los asuntos comunes.

La argumentación de Protágoras se inicia cuando recuerda que fue Prometeo quien, al regalarle el fuego y la habilidad de las artes, les dio a los hombres la capacidad para organizarse como comunidad y proveerse del sustento que les permitiera sobrevivir frente a la adversidad de la naturaleza. Pero ese regalo no fue suficiente para que la comunidad se organizara de modo tal que se evitaran las peleas y para unirlos en una actitud cooperativa. Fue entonces cuando Zeus decidió revertir esta situación y envió a Hermes para que repartiera entre los hombres las cualidades del respeto hacia los otros (aidos) y el concepto de Justicia (diké). Hermes quería cumplir esa tarea de modo correcto, por lo cual le preguntó a Zeus cómo debía distribuir esos dones. Zeus le contestó que debía hacerlo de modo tal que todos obtuvieran su parte por igual, pues sólo habría sociedades civilizadas si todos poseían esas virtudes.

Para Protágoras, la administración del fuego y los beneficios de sustentación que de él derivan debían realizarse con la participación de el aidos y la diké que había sido otorgado a todos los hombres por igual. La virtud cívica que ordena la vida civilizada tiene su garantía en que todos los hombres obtengan los mismos derechos ciudadanos para administrar sus bienes y los bienes de la comunidad.

Por ello, cuando Sócrates critica que en la democracia ateniense cuando “se trata de los intereses generales de la ciudad, vemos que se levantan indistintamente para tomar la palabra arquitectos, herreros, zapateros, curtidores, comerciantes y marinos, ricos y pobres, nobles y gentes del vulgo y nadie les echa en cara que se presenten allí sin estudios previos” (Protágoras 319 c-d). Protágoras le contesta que “no yerran al escuchar en cuanto política, los consejos de un herrero o un zapatero” (Protágoras 324 d). Su pensamiento no es más que una expresión de la vitalidad democrática ateniense que Solón y Clistenes llevaron adelante. Platón, en el diálogo entre Sócrates y Protágoras, intenta desarmar los argumentos del segundo pues, en realidad, lo que desea es recortar la democracia inclusiva que Atenas había construido tras la caída del tirano Hipias.


ISONOMÍA, ISEGORÍA. Repasemos las reformas de Clistenes para luego entender el ataque de Platón a los argumentos de Protágoras.

La isonomía y la isegoría fueron los dos pilares sobre los que Clistenes construyó la primera “democracia inclusiva” que registra la historia. La llamaremos de aquí en más d(i)mocracia para diferenciarla de la d(e)mocracia, es decir, la “democracia excluyente” que la vencedora línea argumental del platoaristotelismo logró imponer en occidente. La isonomía es la igualdad política de todos los ciudadanos ante la ley y la isegoría, el derecho de esos ciudadanos a reunirse en asambleas para debatir en forma directa y discutir sin intermediaciones las políticas públicas. La totalidad de los ciudadanos libres (que excluía a los esclavos) era el pueblo visto como una entidad política, pues al no haber delegación de facultades la soberanía seguía reincidiendo en él ante la toma de cada una de las decisiones que afectaban la vida en común.
Para garantizar esa participación directa en el autogobierno, Clistenes dividió a la población ateniense en “demos locales” que llevaban adelante las asambleas y elegían a los magistrados que respondían a ella por sus actos de gobierno. Los demos confluían en un consejo de Estado, llamado boulé, conformado por 500 miembros, que lentamente fue quitándole las prerrogativas de gobierno cotidiano y supervisión de los asuntos de la comunidad al aristocrático y tradicional consejo aeropago, formado por las clases altas de la sociedad. Con ello, la participación directa de los ciudadanos era una condición básica en el gobierno de la democracia ateniense.

La boulé supervisaba la tarea cotidiana de los funcionarios de gobierno y de los magistrados, pero las decisiones importantes seguían correspondiendo a las Asambleas Populares que Clistenes estableció con una periodicidad nunca menor a una cada nueve días. Es más, para algunos asuntos de Estado se requería una presencia mínima de 6000 ciudadanos, lo que significaba casi una sexta parte de los atenienses.
Es evidente que Protágoras defiende esa construcción democrática y lo hace al defender frente a Sócrates la posibilidad y la capacidad natural que tiene cada ciudadano de aprender la virtud.

La educación de la virtud cívica es para Protágoras el fundamento para una democracia participativa, en contraposición, Sócrates afirma que esa virtud les está reservada a algunos hombres por naturaleza y, como si esto fuera poco, refuerza su argumentación diciendo que la virtud tampoco puede ser aprendida por todos.
Para Sócrates, los artesanos y campesinos son políticamente incapaces pues, al no haberles sido concedida la virtud del entendimiento por naturaleza y al verse incapacitados de aprenderla merced a su falta de tiempo y a lo estrechamente vinculados que están al mantenimiento de sus propias necesidades, sus opiniones no pueden valer lo mismo que quienes han nacido dotados por la virtud del manejo de la cosa pública.

Volviendo a Clistenes, había establecido una d(i)mocracia donde todos los ciudadanos participaban en las asambleas públicas con su voto, además de la rotación permanente de los miembros de la polis en los puestos ejecutivos por períodos mensuales y no renovables permitía que, cada 15 años, todos los atenienses cualquiera fuera su formación intelectual o manual, ejercieran actividades de gobierno.

Para Sócrates, ese tipo de organización política no basada en la meritocracia del saber o el dinero, resultaba extraña al orden natural de las cosas, ya que los hombres habían nacido desiguales por naturaleza y difícilmente eso pudiera ser corregido con la educación. De ese razonamiento hacia la d(e)mocracia excluyente hay un solo paso, pues sólo algunos son capaces de tomar las decisiones que competen al gobierno de la polis. Ni Platón, ni Aristóteles se animan a avanzar de frente contra la democracia pero, al restringir la participación ciudadana, la transforman en lo que el politólogo O’Donnell llamó “democracias de baja intensidad”.

Esa operación cognitiva es imposible sin primero descalificar las posturas relativistas de Protágoras, quien al poner al hombre como medida de todas las cosas, desmitifica el axioma de la verdad absoluta y, poniendo la proa en el concepto de diversidad de ideas, lleva su barco hacia la d(i)mocracia, inclusive donde las opiniones variadas de todos, pobres y ricos, intelectuales y legos, y creyentes o agnósticos, tienen el mismo valor a la hora de otorgar los derechos civiles del voto y el ejercicio de cargos públicos.

El relativismo en la construcción de discursos acerca de la realidad es condición necesaria para la construcción de la d(i)mocracia, pues sólo en la diversidad somos iguales en derechos, mientras que los sistemas apalancados en la verdad del discurso único hacen de la que sólo sean iguales los iguales. Y la manera de decidir quiénes son esos iguales, sólo respeta los códigos que excluyen a los que el sistema económico ya ha dejado afuera.

Occidente ha construido la mayor parte de sus sistemas políticos como d(e)mocracias excluyentes alejando a la opinión pública de la participación, ya sea por métodos coercitivos o por inducciones más sutiles como el voto no obligatorio, la necesidad de inscribirse en un padrón antes de cada elección o el preferido de las clases dominantes de los últimos años: ensuciar la política desde el discurso dominante para mancharla de tal manera que nadie quiera acercarse.

Las diversas crisis de representatividad han obligado a replantear ese modelo y, con un ritmo pausado pero incontenible, las naciones del mundo avanzan cada vez más hacia la construcción de d(i)mocracias, donde la participación popular imprime la orientación de las políticas públicas a favor de los más desposeídos, empoderando de esa manera a los que fueron excluidos durante siglos de la toma de decisiones.
El paradigma de la d(e)mocracia ha llevado a que millones salgan a la calle, primero en los países emergentes y ahora en los países centrales exigiendo ser escuchados en un modelo de producción con mas inclusión y participación ciudadana

Sócrates, Platón y Aristóteles parecen verse conmovidos por el glorioso regreso de Protágoras. <

 

Sergio B. Szpolski M.A.

Co editor responsable de Tiempo Argentino

Notas:

Fuente:  http://tiempo.elargentino.com/notas/democracia-o-dimocra-cia-platon-vs-protagoras

ARGENTINA.  17 de oct. de 11

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