Descubriendo la filosofía / Temperamento y carácter

“Conócete a ti mismo”, es el llamado socrático que retumba aún en nuestros oídos. El mayor esfuerzo de un hombre consiste, pues, en saber quién es, en definirse a sí mismo con los rasgos de su ser y sus reacciones a fin de conocerse mejor. No es trabajo de poca monta. Supone que la vida de un hombre se desarrolla de acuerdo con expectativas personales y humanas por un acrecentamiento de la conciencia de ser. Pone de relieve, por tanto, que el ser se liga con objetivos y fines morales. Y lo que es más importante, que todo lo que se quiere del ser se puede enseñar. La virtud, por ejemplo, es cosa de enseñanza. Y en cuanto que enseñanza también lo es de aprendizaje.

(Todo arte requiere de enseñanza y aprendizaje; y a medida que un hombre práctica un arte, con los días y la experiencia puede llegar a ser un hombre virtuoso).

La compostura observada por una persona, a pesar de las adversidades, y la firmeza de criterio en asuntos de vida permiten atribuirle valores eximios y reconocer en ella su calidad de ser como resultado de su propio esfuerzo.
Decimos que es una persona de rectitud a toda prueba. Para lograrlo se requiere de la mayor dedicación, inteligencia y férrea voluntad. Diríase, de firmeza de carácter. Así, el carácter se define como la capacidad o el modo en que la persona reacciona a las situaciones frustrantes cuando procura alcanzar una meta. El carácter se moldea en el crisol de la experiencia del hombre que atisba profundo y que construye para sí mismo el ideal de lo que quiere ser. Entonces el carácter es asunto de conciencia, de conciencia de ser. Por eso el carácter difiere del temperamento, que viene a ser lo “dado” en el individuo.

De un glotón, relajado, con tendencia a la vida muelle, se dice que es un ser de temperamento disoluto. Para ser de este modo no se necesita mayor empeño; basta con dejarse llevar y vivir como a bien convenga. La gente, por lo común, tiene su temperamento, su modo de ser, gústenos o no. Y frente a ello es poco lo que se puede hacer.

Se dirá de una persona que es entusiasta, pero envidiosa, desagradable y colérica. A otra se la considerara amable, servicial, pero dispersa y carente de energía. En general, todo aquello en que consiste mi temperamento no demanda ningún esfuerzo. Es lo que yo soy, y eso es suficiente. Si soy un ser distraído, sentimental y sumiso vaya y venga, poco importa si es mi modo de ser.

Pero si hay insatisfacción y es mi deseo cambiar aspectos de mi persona debo luchar por superar todo aquello que me afecta. Lo clave está en reconocer que el contenido de lo que reprocho de mí no se presenta de un modo aislado; nadie es sumiso porque sí, se necesita para tal efecto de otro elemento: de quien somete y domina. Destacar la naturaleza relacional o bipolar de la formación del carácter es decisivo para comprender muchas cosas de la vida en sociedad. Porque desde muy temprano se inculcan en el individuo patrones de conducta que lo marcaran de por vida. Y dependiendo de la calidad de los mismos un individuo observara disposiciones de carácter que lo hacen sumiso y pesimista o entusiasta y vigoroso. De ahí el peso de la familia, y de la escuela, en la formación del carácter.

Notas:

Fuente: http://cronicadelquindio.com/index.php?module=Pagesetter&func=viewpub&tid=3&pid=42292
Armenia Quindio, Colombia.  Domingo, 06 Julio, 2008
2008.07.05

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