El cine contra Platón: Divergente

Toda la historia de la filosofía son una serie de notas a pie de página de Platón, dijo Alfred N. Whitehead. Aunque todo Platón no sea sino una serie de notas a pie de página de los sophos preplatónicos, de Tales a Sócrates.  El cine, a su modo, también constituye parte de este conjunto de anotaciones platónicas.  Si, como recordaba ayer, para hacer una película sólo hace falta una chica y una pistola es porque, al fin y al cabo, el cine ha elaborado su propia versión del “amor platónico”, por un lado, y del “poder platónico” por otro.

Así las películas fundamentales del cine silente fueron versiones románticas del eros que tematizó Platón en El Banquete: de Amanecer de Murnau a Y el mundo marcha… de Vidor pasando por L’Atalante de Vigo.  Y, desde el punto de vista político, monumentos al clasismo social como El nacimiento de una nación de Griffth, El acorazado Potemkin de Eisenstein y Metrópolis de Lang.

Sin embargo, en la época del cine sonoro han sido mayoría las películas que de una manera más o menos sutil y subliminal se han opuesto al modelo político propuesto por Platón.  Así, El show de Truman, El señor de los anillos, La guerra de las galaxias, Los juegos del hambre, Antz, Matrix o el capítulo Salvaron el cerebro de Lisa en Los Simpson, constituyen flechazos artísticos contra el Leviatán platónico basado en:

1. una concepción orgánica de la sociedad, según la cual cadda individuo se define no por sí mismo sino en cuanto que partícula de un todo superior al que se debe subordinar para cumplir una función fundamental que le es propia.
2. una jerarquía aristocrática que divide a dichos individuos-partículas en miembros de clases sociales organizados según su grado de importancia, midiéndose el mismo de acuerdo a su relevancia para el todo orgánico.
3. una epistemología hiperracionalista que considera que únicamente lo racional es propiamente humano, por lo que los aspectos sensoriales y sentimentales del ser humano se desprecian y se combaten en cuanto que pertenecerían a una parte animal de nuestra naturaleza que debe ser anulada y extirpada para que quede únicamente la dimensión “divina” humana que se corresponde, claro, con lo racional.

Divergente es la última andanada contra esta concepción platónica de la política.  Lo que resulta del máximo interés porque al estar dirigidia a un público joven en formación pasa a ser una estupenda “educación para la ciudadanía liberal”.  Divergente plantea una distopía en el futuro.  Tras algún conflicto inespecificado una gran ciudad, tipo Chicago, se ha vuelto autárquica y separado del resto del planeta por un gran Muro que la protege de una amenaza inespecífica.  Tras el trauma creado por el mencionado conflicto los valores fundamentales en esta sociedad son la Paz y la Seguridad, a los que se sacrifica la libertad individual en aras del bien colectivo.

La sociedad se ha dividido en una serie de clases o “facciones” de acuerdo a la disposición psicológica fundamental de cada individuo:

 

Recordemos en que el estado ideal platónico las clases sociales eran tres: los “sabios”, aquellos en los que predomina la inteligencia y la sabiduría, por lo que les corresponde gobernar; los “guardianes”, en los que predomina el valor y la fuerza de voluntad; por último, los “trabajadores”, en los que prima el hedonismo y la superficialidad.  Paradójicamente, los que viven mejor desde el punto de vista burgués actual serían precisamente los “trabajadores” porque los aristócratas del conocimiento, los “sabios”, viven en un régimen de propiedad común caracterizado por la austeridad y la abnegación.  Son “dictadores” pero no en beneficio propio sino del colectivo, como unos padres se quitan el pan de la boca para dárselo a sus hijos pero, al mismo tiempo, son los que mandan mientras que los otros obedecen.  Cada clase social tiene su virtud propia: los “sabios”, la prudencia; los “guardianes”, la templanza; los “trabajadores”, la moderación.  Aunque al virtud más importante es global: la justicia, consistente en la armonía entre todas las partes.

En Divergente, por el contrario, se plantean seis clases sociales: Erudición, lógicos e inteligentes; Abnegación sencillos y altruistas; Cordialidad, amables y contentos; Osadía, intrépidos y protectores; Veracidad, ordenados y sinceros.  Por último, Divergencia, una no-facción en realidad, amorfa y ambigua, u cajón de-sastre en el que entran los que no tienen cabidad en las otras facciones.

En la película hay dos conflictos.  Por un lado, entre Erudición y Abnegación, ya que Abnegación se ocupa del gobierno pero Erudición plantea un golpe de estado debido a la relajación con que Abnegación hace cumplir las leyes.  Por otro lado, todos contra los divergentes, esa panoplia de inadaptados, diversos y frikis que constituyen un peligro para las tan ansiadas Paz y Seguridad.

La película pone en solfa todo el proyecto platónico.  Así, el ataque contra la familia como institución nuclear de la sociedad, que para Platón constituía el principal foco de corrupción social por lo que plantea su elimianción, reflejado en el lema de esta sociedad: “La facción antes que la sangre”.  O la diatriba contra la “naturaleza humana” en boca de la líder de Erudición (no es casualidad que sea una mujer la que lídera a esta facción y es que de Platón se pueden criticar muchos aspectos pero que no fuese un feminista avant la lettre):

“La naturaleza humana es el enemigo.  La naturaleza humana es mentir y robar.  Y yo quiero erradicar eso.  Así lograremos una sociedad estable y pacífica”.

Una sociedad platónica a fuer de cientificista en la que el “libre albedrío” no sólo se considera un mito sino un peligroso ideal.  Por el contrario, la distopía criticada en Divergente está basada en una “Visión”, una ideología racionalista y dogmática, que a partir de Platón se va a configurar a través de la historia en sucesivas “Utopías” como la de Tomás Moro o Campanella hasta llegar a sus sangrientas realizaciones prácticas en la Revolución francesa de Robespierre (cuyo Comité de Salvación Pública ejercía las labores que en la película realizan Erudición, Osadía y Abnegación a la vez) o la Revolución rusa de Lenin (esa “vanguardia del proletariado”, ídem de ídem)

La crítica liberal y democrática, sensual y sensorial, al proyecto platónico metaforizado en Erudición se manifiesta en el reconocimiento de la líder de Erudición a la heroína, en el fondo Divergente, cuando le reconoce:

“Hay algo hermoso en tu resistencia a la categorización”

En la última secuencia de la película, las puertas del Muro que cierran la Ciudad al exterior se abren…

 

Santiago Navajas


Es Profesor de Filosofía Crítico cultural, cinematográfico y literario

Notas:

Fuente: http://cineypolitica.blogspot.com/2014/08/el-cine-contra-platon-divergente.html

15 de agosto de 2014

Hay 0 comentarios

May 22, 2016 - 6:54 PM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

Excelente análisis y reflexión, me dejaste con ganas de leer más.

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