El Estado y la banda de ladrones

Al inicio de cada curso de primero de la carrera de Derecho se le explica a los alumnos la diferencia entre el Estado y una banda de ladrones. Esta cuestión es un tema recurrente desde Platón, pasando por San Agustín y hasta nuestros días. Durante muchos años de docencia pude advertir que los alumnos siempre ponían una cara de incredulidad ante una pregunta cuya respuesta les parecía obvia. La diferencia se les antojaba tan evidente que no precisaba de mayor razonamiento. Sin embargo, necesita de una explicación diferenciar hechos y conductas que externamente son semejantes. Por ejemplo, una carta de la Agencia Tributaria reclamando el pago de una determinada cantidad y una carta de una organización criminal exigiendo el pago de esa misma cantidad. Cuando nos ponen una multa que entendemos injusta o desproporcionada decimos que es un atraco a mano armada.

En los dos último años ha cambiado la reacción del alumnado ante la misma pregunta. Sonríen deseando una explicación de la diferencia, porque la apariencia es que el Estado (confundido con sus gobernantes) semeja una banda de ladrones. Podría decirse que lo mismo piensan muchos ciudadanos, hartos de tanta corrupción e impunidad del poder.

En uno y otro caso, tanto cuando ven una clara distinción como cuando perciben pocas diferencias, el razonamiento sigue el esquema de aquellos filósofos, porque es el más fácil de comprender: El Estado, se dirá, actúa con una finalidad de justicia y la banda criminal no. Pero este argumento solo sirve si vinculamos la existencia del Estado a un ideal de justicia, lo cual supone una identidad entre moral y derecho. Cuando desde el siglo XVIII se separa el derecho de la moral y las normas ya no valen porque sean justas, sino porque han sido aprobadas por el poder establecido, la cosa cambia, y más aún cuando la sociedad se hace compleja y no hay un criterio unívoco de la justicia, de manera que lo que para unos es justo, para otros no lo es.

Llegados a este punto, la diferencia entre el Estado y la banda de ladrones se difumina si ésta demuestra tener un poder de dominación eficaz sobre la población del territorio y sus órdenes son obedecidas por los individuos. No otra cosa sucede cuando en una guerra civil cada bando domina una parte del país y recíprocamente se tildan de usurpadores del poder y se niegan existencia legal, afirmándose al mismo tiempo como el único poder en el espacio que ocupan con eficacia. Como el uso permanente de la fuerza física hace a la larga inviable esa dominación, incluso si se trata de dictaduras, se buscan mecanismos de legitimación del poder, o sea, de justificación de por qué se ostenta el poder, y se intenta revestir de ropaje jurídico la coacción física. El gobierno de los hombres se sustituye por el gobierno de las leyes y, desde finales del siglo XVIII, la ley se presenta como la expresión de la voluntad general y la Constitución como la ley de leyes, es decir, aquélla que expresa las reglas del juego por las que se han de regir tanto los gobernantes como los ciudadanos, y en ella se incorporan los valores de justicia, libertad e igualdad y se establecen las normas de acceso al poder y de regulación y limitación de su ejercicio.

Cuando las expectativas derivadas de la Constitución no se cumplen y quienes ostentan el poder se valen de él para sus intereses particulares bien vulnerando impunemente la ley, de manera directa o a través de organizaciones políticas o sindicales, bien adaptándola para que beneficie a quienes saquean los ahorros o el salario de los ciudadanos, la legitimidad del poder se resquebraja. La legalidad deja de ser la fuente de legitimidad y se percibe como una mera tapadera jurídica de una banda encorbatada de ladrones. La resistencia, incluso violenta, al cumplimiento de una legalidad y de una justicia que se considera que no son iguales para todos se abre paso.

De tanto mearse en la Constitución, esta acaba por convertirse en papel mojado. Es urgente su reforma, pero más aun ponerla a secar.

Francisco J. Bastida

Catedrático de Derecho constitucional

Notas:

Fuente: http://www.farodevigo.es/opinion/2014/02/10/banda-ladrones/964323.html

10 de febrero de 2014.  España.

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