El hombre unidimensional. Vigencia de un clásico

Sólo quien no entiende lo que está pasando puede estar satisfecho y conforme con los beneficios del sistema -Herbert Marcuse, filósofo alemán

El ser humano unidimensional se guía por la creencia de que todo lo que no puede definirse en términos de lo actualmente existente no tiene cabida en el sistema. Su creencia ciega de que lo actual es lo único real, y de que en el sistema encontrará todos los bienes que necesita le lleva a tener una “conciencia feliz” con la que busca la preservación de un orden de hechos que considera necesario.

Este año se celebran los primeros 50 años de la publicación original de “El hombre unidimensional”, texto cumbre del filósofo alemán Herbert Marcuse. Con el fin de analizar la vigencia de este clásico, el pasado viernes se llevó a cabo una mesa panel organizada por el doctor Esteban Krotz de la Unidad de Ciencias Sociales del Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi” de la Uady y por el maestro Rodrigo Llanes Salazar, de las asociaciones civiles Proyecto Utopía y México vía Berlín. Además de los dos académicos referidos, participamos en la mesa la maestra Ligia Cámara Ferráez (Universidad Marista) y el autor de esta columna.

A medio siglo de la publicación de “El hombre unidimensional”, es posible afirmar que los principales elementos que constituyen la base del pensamiento unidimensional descrito por Marcuse no se han modificado sustancialmente y que tan sólo han sufrido variaciones de grado. Sería imposible resumir las causas de este fenómeno sin sacrificar su profundidad, por lo que este análisis se enfocará en su capa más exterior y, por ende, más visible.

En las últimas semanas diversos legisladores yucatecos han desplegado costosísimas campañas para intentar posicionarse con miras a las elecciones internas en las que cada partido seleccionará a sus candidatos para las elecciones de 2015. Todo parece indicar que el sistema de partidos yucatecos operará con las mismas reglas de siempre y que nuestra partidocracia terminará repartiéndose las posiciones y el acceso a los recursos públicos que éstas implican. Sus elecciones internas serán simulaciones, participarán en este proceso diversos “delfines”, familiares de integrantes de las élites de cada partido y usufructuarios de cuotas partidistas. Las campañas se caracterizarán por el dispendio y por la falta de propuestas. Esto es, se nos dice, democracia.

Sin embargo, para Marcuse estaríamos en realidad ante la funcionalización del concepto “democracia”. De acuerdo con este filósofo, la funcionalización del lenguaje no es otra cosa que el rechazo de los conceptos que trascienden los hechos. El lenguaje funcional es, como la sociedad industrial, cerrado y operacional, ya que identifica a cada cosa con su función y privilegia la inmediatez. En este tipo de lenguaje, el concepto deja de ir más allá de la cosa particular y es engullido por la palabra. Los conceptos no operacionales son calificados entonces como no realistas y en sustitución de éstos el lenguaje da paso a palabras que representan imágenes.

La diferencia entre un concepto, siempre universal, y una palabra, que designa a un particular, estriba en que el primero hace referencia a la potencia y la segunda al acto. Un concepto es “una representación mental de algo que es conocido, comprendido y abarcado como resultado de un proceso de reflexión”. La riqueza del concepto radica en que, más allá de representar lo que existe en acto, éste también designa lo que no es y lo que debería ser; es decir, lo que existe en potencia.

“Democracia” es un concepto que puede ser definido como “doctrina favorable a la intervención de un pueblo en su gobierno o predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado”. Con este concepto sabemos lo que la democracia es, lo que no es y lo que debería ser. Es por ello que nos sirve como marco de referencia para enjuiciar la lastimosa realidad del estado de cosas de la democracia yucateca, y para enfocar los procesos de selección interna de los partidos locales y a los posibles candidatos de forma tal que queden expuestas sus carencias, en lugar de aceptar su existencia como el único escenario posible.

El lenguaje unidimensional cancela los opuestos en la totalidad existente y presenta lo mismo a los seres humanos que a las cosas siempre operando. Por eso Marcuse lo acusa de anticrítico. Al considerar todo lo que es por la manera en que aparece nuestra percepción del mundo es circular y se valida a sí misma. Si tomamos la definición operacional de “democracia” -es decir, la imagen del estado de cosas del proceso electoral yucateco- y la volvemos nuestro punto de referencia, entonces siempre validaremos como democracia esta imagen, por contradictoria que sea, sin importar su relación con el deber ser implicado en el concepto.

Si bien es cierto que es en la comunicación funcional donde mejor se puede apreciar el componente político de la conciencia feliz, ésta es tan sólo la capa exterior de la racionalidad tecnológica de este universo unidimensional. Para Marcuse, a través de su modo de producción y distribución, el poder tecnológico del aparato productivo afecta la racionalidad de los seres humanos a los que, en teoría, sirve. Bajo el imperio de la racionalidad tecnológica los hechos se rigen por las leyes de producción en masa que se caracterizan por la eficiencia y por la productividad.

A pesar de su disfraz de neutralidad, las implicaciones políticas del pensamiento unidimensional son evidentes. La conciencia feliz de nuestros días, como la de 1964, se refleja en un nuevo conformismo que constituye una forma de conducta social. Salir de la trampa en la que hemos caído no es tarea fácil. Tal parece que más bien nos encontramos atrapados en el círculo vicioso de la liberación que para Marcuse consiste en que para trascender más allá de las condiciones existentes primero es necesario trascender dentro de estas condiciones. Para ello los yucatecos necesitamos el desarrollo de condiciones técnicas, verdaderos artistas y pensadores críticos.

La verdadera racionalidad que nos lleve a “vivir, vivir bien y vivir mejor” está todavía por ser descubierta. Su descubrimiento depende de la supervivencia de lo que Marcuse denomina libertad negativa: la libertad que consiste en el reconocimiento de una crítica enraizada en lo conceptual y en lo histórico como fuerza contraria a la opresión y al poder ideológico de los hechos dados. La lectura de “El hombre unidimensional” es, ahora más que nunca, una inmejorable forma de dar comienzo a este recorrido.- Mérida, Yucatán.

Antonio Salgado Borge

Es Maestro en Estudios Humanísticos con especialidad en Ética (ITESM). Profesor y director en la Universidad Marista de Mérida

Notas:

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@asalgadoborge

asalgadoborge.wordpress.com


Fuente:  http://yucatan.com.mx/editoriales/opinion/el-hombre-unidimensional

3 de noviembre de 2014.  MÉXICO

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