El ser humano es destructivo porque no esta en paz consigo mismo: Safranski

Además de sus ensayos El Mal (2000) y ¿Cuánta globalización podemos soportar? (2004), Tusquets Editores ha publicado cerca de 15 títulos del filósofo que forma parte de la delegación alemana presente en la FIL. Hoy a las 17:30 horas, Safranski charlará sobre su obra con el intelectual mexicano José María Pérez Gay en un acto titulado: El enigma del mal.

‘Los cambios de conciencia siempre son buenos, porque en general nos dominan ideas bastante tontas’ declaró. Rüdiger Safranski (1945) es considerado uno de los grandes filósofos alemanes vivos. Sus amplios estudios en Filosofía, Historia, Germanística e Historia del Arte, le han permitido desarrollar una significativa obra escrita que incluye las biografías de los más importantes pensadores alemanes como Arthur Schopenhauer , Martin Heidegger y Friedrich Nietzsche.

A unas horas de dicho encuentro, Safranski ofreció al INFORMADOR la siguiente entrevista:

¿Cuál es la pertinencia de una reflexión sobre el mal en el presente?

Yo más bien diría, ¿qué es lo que no tiene que ver? El mal es un tema sobre el que siempre hemos reflexionado porque el mal existe por los mismos seres humanos. Y existe en diferentes niveles: el individual, el social y a nivel religioso. Aquí en México existe el problema de la injusticia social, que es un problema del mal. Por un lado, hay en México una economía muy rica, pero los  beneficios no llegan a todos y esto no es natural, es un aspecto malo de la sociedad. La realidad está llena de aspectos del mal, tomemos la guerra contra las drogas: está caracterizada por mucha crueldad, si esto no es el mal, ¿qué es?

¿Cómo cree que una reflexión filosófica puede ayudarnos a afrontar los problemas sociales, por ejemplo el problema del  narcotráfico en México?

Las reflexiones filosóficas no pueden ayudar directamente. Lo que ayuda es pensar sobre las raíces del problema. Porque sí que debe de haber una lucha social y política contra estos fenómenos, pero detrás debe de haber ideas. Y para llegar a estas ideas, a los conceptos detrás de esta lucha, las reflexiones filosóficas son una condición necesaria. Hay un actuar y hay una reflexión. La reflexión es la condición para el actuar, pero no puede sustituirlo. Pero un actuar sin reflexión es ineficiente.

En una sociedad global que es cada vez es menos religiosa, ¿en dónde podemos encontrar la representación del bien? La precondición del bien se encuentra en cada persona. No necesitamos elaborar una gran teoría para el bien y la justicia porque
está dentro de nosotros, así como tampoco necesitamos una gran teoría para darnos cuenta que aquí hay injusticias, es casi algo como un instinto. Entonces, solamente necesitamos este instinto del bien que nos orienta, y la libertad es necesaria para poder actuar. Ese sentir, esa conciencia de la justicia, o de que algo cruel es malo, no es un evento de la religión. Lo único que hicieron las religiones es intensificar este sentir.

Habla usted de una libertad necesaria para elegir entre el bien y el mal. En occidente parece haber triunfado una meta narrativa de que somos sociedades libres y democráticas ¿qué tanto cree usted que esto es así?

Depende a dónde dirigimos la mirada. Siempre hay que ver muy precisamente de qué libertades hablamos y cuáles son los efectos de la libertad. Por ejemplo en Alemania, cuando Hitler fue vencido en 1945 por las potencias aliadas, sí hubo una liberación política. En todo el bloque del este de Europa también se liberaron del estalinismo y del socialismo autoritario. Las personas lograron una libertad que podía vivirse. Ahora, desde 1990 aproximadamente, existe una libertad del neoliberalismo, lo que quiere decir que hay un libre movimiento del capital. Eso también es una libertad, pero a la vez ha conducido a la desgracia para muchas personas. La libertad siempre ha sido un gran objetivo para las personas desde hace siglos, pero la cuestión es con qué se llena concretamente esa libertad. La libertad no lo es todo, pero todo es nada sin libertad.

Hace unos días circuló la noticia de que un experto alemán en la cultura maya afirmó que no se acabará el mundo en 2012, ¿cómo ve usted esta expectativa global del fin de los tiempos?

El apocalipsis es una idea humana muy antigua ¿Por qué? Porque todos tenemos un fin, vamos a morir. También la humanidad va a morir. Ahora brilla el sol, pero en un momento dado va a dejar de brillar, se va a enfriar el planeta y el planeta va a morir. Así que vista de una forma absoluta, el apocalipsis es una idea loca pero correcta. En la Biblia dice que Dios mandó el diluvio y hoy en día la idea del apocalipsis gira en torno a la forma en que nosotros hemos tratado al planeta. La idea existe con o sin Dios. Y no necesitamos las fantasías, ya hemos vivido apocalipsis reales a lo largo de nuestra historia: la primera en Europa en 1340 cuando fue la gran peste y murieron dos terceras partes de la población en Europa central. La segunda, cuando los europeos vinieron a América Latina y la población indígena fue exterminada en su mayoría. Y en la Europa del siglo XX, con dos guerras mundiales. Si esos no son Apocalipsis ¿qué son?

Habría que distinguir entre los factores de la naturaleza y el de los seres humanos que mutuamente se eliminan, y ese es el verdadero desafío para el mal. La energía destructiva es inherente en el ser humano y es impresionante. Por eso las civilizaciones necesitan cierto orden y esa es la tarea de la política: controlar esa capacidad del humano de destruirse mutuamente. Mi tesis es que el ser humano es tan destructivo porque no está en paz consigo mismo. Siempre se habla de lo global y lo colectivo, pero el problema radica en uno. Por ejemplo, el nazismo asesinó a 6 millones de judíos y mucha gente lo apoyó activa o pasivamente, simplemente porque envidiaban a la elite judía. De su envidia surgió ese impulso, no de asesinar, pero sí de tolerar el asesinato. Entonces todo radica en el individuo.

Una teoría menos radical afirma que en el 2012 habrá un cambio de conciencia, ¿será que existe un deseo de que esto suceda?

Los cambios de conciencia siempre son buenos, porque en general nos dominan ideas bastante tontas. Pero que si esto vaya a suceder precisamente en 2012, no lo sé. Una cosa se podría decir: lo que sí va a haber en 2012 es una gran crisis económica afectando principalmente a Europa, pero también a Estados Unidos. Tal vez a México no tanto, entonces aquí podrían surgir mejores oportunidades.

Notas:

Fuente:  http://www.informador.com.mx/fil/2011/342070/6/el-ser-humano-es-destructivo-porque-no-esta-en-paz-consigo-mismo-safranski.htm

MEXICO. GUADALAJARA, JALISCO. 3 de diciembre de 2011

Hay 1 comentarios

December 04, 2011 - 8:34 AM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

Jesús Alejo en Milenio escribió:

No sabemos cómo enfrentar el abismo del mal: Rüdiger Safranski

En un diálogo con José María Pérez Gay, el filósofo alemán aseguró que en la literatura se encuentra una iluminación más intensa de los abismos del ser humano, porque la filosofía “tal vez sea demasiado racional”.

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Foto: Especial

“Las experiencias crueles y atroces también se tienen que ver y enfrentarse a ellas”, dijo Safranski.

Se conocieron hace poco más de 45 años en la Universidad Libre de Berlín: uno ocupaba el cuarto 12 y el otro el 14 del Pueblo de Estudiantes; sus diálogos en esos años estudiantiles contribuyeron en su formación, si bien han dejado de verse por épocas largas: José María Pérez Gay y Rüdiger Safranski se reencontraron en una de las salas de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL).

El filósofo alemán Rüdiger Safranski aseguró que el problema del mal es tan complejo y tan profundo, tiene tantas facetas, que únicamente se puede abordar con una reflexión a la vez moral y filosófica, para aproximarse a ese fenómeno.

“La literatura es una manera de pensar menos reglamentada que las demás disciplinas, por eso tiene una relación muy estrecha con los abismos del ser humano. Hay que leer a Baudelaire para poder llegar a una confrontación adecuada con el fenómeno del mal. En la literatura vamos a encontrar una iluminación más intensa de los abismos del ser humano, porque la filosofía tal vez sea demasiado racional como para abordar totalmente el mal.”

Safranski recordó que Kant no concebía que el ser humano hiciera el mal por el mal: la crueldad, la destrucción y todo lo que relacionamos con el mal, pero se trata de entender bien que dentro del ser humano existe la posibilidad de hacer el mal.

“El racionalismo diría que lo que uno quiere es ser algo bueno, solamente uno se equivoca en el sentido de lo que es positivo. Platón dice que el mal sólo es un problema de conocimiento”, mencionó el filósofo, quien destacó que no hemos captado que el mal es una opción normal del ser humano, horrible pero normal, porque no es nada enfermizo, el problema es que no sabemos cómo enfrentar el abismo del mal en el ser humano.”

Desde su perspectiva, la opción del mal es también parte del registro de nuestras maneras de actuar. No tendríamos libertad si no tuviéramos la opción de ir por los caminos oscuros: el mal ejerce una fascinación, simplemente es cuestión de rascarle un poco más profundo de lo que lo hacen los psicólogos.

Por lo cual, si queremos abordar esa parte en los seres humanos, debemos ver las experiencias crueles que nos han acompañado durante siglos, más que nada en el siglo XX: “las experiencias crueles y atroces también se tienen que ver y enfrentarse a ellas, y eso es un desafío para el pensamiento”.

Debido a problemas de salud, si bien estuvo presente, a Rafael Pérez Gay le fue encargada la tarea de leer dos textos sobre Safranski de su hermano José María, en uno con interés en la época en la que se conocieron, mientras en el segundo centrado en el libro El mal o el drama de la libertad, lo que le permitió reconocer que gracias a la curiosidad de Rüdiger, la lucidez de su juicio, que podemos entrar en un entramado que refleja la “perenne necesidad de comunicar el enigma”.

“Sus libros ofrecen, al mismo tiempo, el botín de los valientes exploradores del pensamiento, los dones de un escritor que sabe hacer con sus materiales el entramado de una aventura apasionante, inagotable, detectivesca, alicientes para emprender el asedio del idioma alemán.”

Homenaje a Pérez Gay

José María Pérez Gay realizó su maestría y doctorado en filosofía y germanística en la Universidad Libre de Berlín. Había estudiado ciencias y técnicas de la información en México, pero sus pasiones lo llevaron por otro camino, el cual lo condujo a Alemania y, con ello, a establecer una relación estrecha con ese país, lo mismo desde su faceta como miembro del Servicio Exterior Mexicano, que como traductor de pensadores como Thomas Mann, Franz Kafka, Robert Musil, Herman Broch, Joseph Roth, Jürgen Habermas, Karl Kraus y Elias Canetti.

Para entender desde otra perspectiva sus aportaciones a la relación entre Alemania y México, cabría mencionar algunos de los reconocimientos que ha obtenido, como la Cruz al Mérito 1992 del Gobierno Alemán, la Medalla Goethe en 1995 o la Cruz de Honor para Ciencias y Artes Primera Clase 1996 del Gobierno de Austria, como sabemos un país muy cercano a la cultura germana.

José María Pérez Gay presentó su más reciente libro, La profecía de la memoria. Ensayos alemanes (Ediciones Cal y Arena, 2011), en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, cuya presentación se convirtió en un homenaje a su figura y a sus aportaciones, a través de las palabras de Elena Poniatowska, Héctor Aguilar Camín, José Woldenberg, Consuelo Sáizar y Rafael Pérez Gay: el reconocimiento a quien se ha convertido en un pilar para el entendimiento entre los dos países.

Soboczynsky: el fingimiento y el disimulo

••• El escritor polaco Adam Soboczynsky defendió en la FIL el valor civilizatorio que tienen el disimulo y el fingimiento en un libro que entronca con la tradición de la filosofía moral que estableció con maestría el español Baltasar Gracián (1601-1658).

En El arte de no decir la verdad (Anagrama, 2011) Soboczynsky (Torun, Polonia, 1975) refiere 33 historias que ayuden al lector a desenvolverse con habilidad en un mundo plagado de trampas e intrigas.

En entrevista, Soboczynsky explica que con la obra ha tratado de recalcar que “el disimulo es en gran medida parte de la civilización”, algo que han hecho distintos autores a partir del siglo XVII. Baltasar Gracián, autor de El criticón (1651-1657), lo fue también del Oráculo manual. El arte de la prudencia (1647). “Estaba fascinado (con el trabajo de Gracián) y traté de escribir algo para el presente”, explicó Soboczynsky, quien considera el arte del fingimiento” parte de una “tradición milenaria” muy rica. Las historias están dedicadas a aprender al mundo de hoy. (Alberto Cabezas. EFE)

Guadalajara


Fuente: http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9073561

MEXICO.  3 de diciembre de 2011

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