Elogio del asombro

A pesar de la barbarie gubernamental, que se traduce de continuo en una ignorancia, analfabetismo, incompetencia y dogma tiránico tales que habrían provocado el suicido de Hegel de ser coetáneo nuestro por el fracaso de su teoría política ante la experiencia de esta cumbre del Estado abisalmente ignara y ahora debeladora de la libertad de expresión, la sociedad española sigue, sin embargo, dando frutos de ingenio, cultura, deporte y arte espléndidos y maravillosos.

Comentábamos la semana anterior la aparición de un magnífico libro de poesía, y en ésta queremos acercarnos a un soberbio libro de pensamiento, de metafísica comparada — podríamos decir -, que es el Elogio del Asombro. Conversaciones con Agustín Andreu, de Juan Arnau, Editorial Pre-Textos, 2010.

Se trata básicamente de un diálogo filosófico entre el gran pensador metafísico Agustín Andreu, sin duda alguna la mejor voz española hoy de la metafísica y el gran estudioso de la filosofía india Juan Arnau; diálogo en que dialogan la tradición filosófica occidental ( judaísmo+helenismo+cristianismo+ilustración ) y la filosofía de la India ( más occidental tal vez de lo que pueda parecer ).

Aunque la crítica sobre la civilización europea en este libro pueda parecernos feroz, los fundamentos y principios éticos sobre los que se asienta son básicamente europeos. Todos sabíamos que la salvación radicaba en nosotros mismos, si bien la antropología de la india nos puede ayudar a conocer mejor nuestra alma verdaderamente europea, que anda un poco desorientada y pervertida desde el siglo XVII.

Si el cosmos es un epifenómeno de los espíritus, de la conjunción de sus deseos íntimos y profundos, debería ser un imperativo la curación del alma europea a través del propio ser europeo, como la herrumbre de la lanza aquea, que hiere y sólo ella puede curar la herida que ha causado. El hombre no es separable del cosmos porque en el hombre está el cosmos ( ya lo había dicho Anaxágoras ), ni puede ser separado del lenguaje porque el hombre es lenguaje; somos palabras. Donald Davidson ha conseguido romper con la noción del lenguaje como “medio”, un medio de representación o de expresión, un mero instrumento para comunicarse. Pues en la idea del lenguaje como medio subyace el supuesto de un yo no lingüístico que el lenguaje ayudaría a expresar, cuando tanto el pensamiento indio como Nietzsche, Heidegger o Davidson han demostrado que el yo también es lenguaje y palabras. Las palabras gestan el yo, de suerte que el lenguaje no mantiene una relación de adecuación o inadecuación con el mundo o con el yo, sino que yo y el mundo somos sólo lenguaje. No hay nada fuera del texto…( Derrida ). Se reconoce aquí con Ortega que cada lengua paraliza la inteligencia en determinadas direcciones, y permite circular por otras. Somos nuestra lengua. Ahora bien, gracias al Espíritu el Verbo no es la cárcel del yo, sino que el espíritu desborda a la palabra, se la del recipiente palabra, transciende, se transciende. Es el hombre palabra transcendida. El hombre es el ser de la palabra. Para la meditación budista tántrica los sonidos de los mantras eran algo más que una mera herramienta para la operación mágica; funcionan como marcas y símbolos del estado interior de aquél que pretende alcanzar la condición de despierto. El reconocimiento del potencial liberador de las palabras es una constante en el penasamiento indio. En sus tradiciones encontramos una firme confianza en que la pronunciación de sílabas, palabras o frases facilitará la liberación o el despertar. Ello explicaría que los primeros grandes estudios de fonología nacieran en la India. El príncipe Trubetzkoy no hizo otra cosa que traducir la gran obra del gramático indio Panini, y la diferencia básica entre fonética y fonología ya se encontraba en la diferencia que aducía Panini entre el “chandah” y el “bhâsa”.

El vocablo sánscrito “vâc” coincide con el lógos del evangelio joánico en su condición de “palabra del principio”, de estructuración cósmica plena de sentido. Una vez más el ser se encuentra atravesado de palabras y configurado por ellas.

Brahmâ, esposo de Sarasvatî ( diosa de la sabiduría ) creó a los seres a partir de su mente, de modo que las criaturas del cosmos ( y no sólo los hombres ) participan o, en cierto sentido son, la inteligencia del cosmos, idea que se acerca a la del lógos griego. Habría que hablar, por ello, de un teomorfismo del hombre, imagen y semejanza de Dios.

Es evidente que la ósmosis entre todas las culturas del Mediterráneo con Oriente ha sido siempre enorme. Así, no cabe duda de que la mística del Islam viene de Plotino y de conocimientos y noticias hindúes. Pero sobre todo de Plotino. Es la misma mística que aparece en el murciano Ibn Arabí. Por otro lado, frente a la concepción tántrica encontramos el platonismo y su doctrina de que la vida intelectual configura la vida del alma “encarnada” o adecuada al universo de los cuerpos. De acuerdo con esta concepción, el Timeo platónico explica que los diversos niveles del reino animal de la naturaleza fueron apareciendo según se producían pérdidas de inteligencia, y ello por motivos morales. Al no ser justos y rectos los varones, resultaron éstos en su segunda encarnación, mujeres. Al no ser éstas rectas y justas, descendieron a pájaros. Y así, pasando por los cuadrúpedos y hasta llegar a las serpientes. Un régimen pues de encarnaciones más alejadas cada vez del conocimiento. Se supone que puede haber vuelta, remontada en dirección contraria, hacia arriba. Y se supone que si el hombre hubiera sido correcto y justo, habría evolucionado hacia arriba, en la dirección de los dioses puros. Del mismo modo en la concepción de la India el individuo es creado y configurado por estados anteriores, que se remontan no sólo a la propia vida, sino a existencias previas al nacimiento. Así, de manera un tanto paradójica ( el budismo en concreto niega el yo como entidad cerrada y autoconocida, es decir, como sustancia ), cada uno es hijo de sí mismo. De este modo, la antropología budista se dirigió a la búsqueda de procedimientos que acelerasen o neutralizasen el fruto y la consecuencia de las acciones del pasado…Cuando el hombre muere, el gandharva, un cuerpo sutil que hace de intermediario, se encarga de transportar la conciencia del fallecido a una nueva matriz.

El gandharva inicia su andadura en el lugar en donde se produce la defunción de un ser vivo y parte, gracias a la energía del karma, en busca de una matriz en donde renacer. El gandharva tiene una vida breve, para algunos textos tan sólo de siete días, y se mueve guiado por el deseo y por los aromas de la pasión amorosa. Entra en competencia hostil con el esposo y se adhiere al lugar en donde se unen los órganos sexuales imaginándose que él es quien está poseyendo a la esposa como si se tratara de un Edipo prenatal.

El amor tanto en Occidente como en la India ( en el supuesto de que la India no sea también Occidente ) nace de la sed que tenemos de llegar a ser metafísicamente otros, esencialmente otros, gracias al camino que nos inicia la amada. El amante cree que la posesión de la amada transformará su ser en otro ser más completo y feliz. El amor es un camino iniciático que recorremos para llegar a ser otros ( en “La Divina Comedia” esto está claro ). Y la decepción terrible que sobreviene una vez alcanzado lo deseado puede ser metafísica si el individuo comprueba que la posesión no ha transformado su ser. El ansia de amor se funda así en llegar a ser lo que esencialmente somos, a llegar a ser nosotros mismos, gracias al guía metafísico que es la amada. Y nuestro deseo de amor muestra nuestro afán de transcendencia, de llegar a la otra orilla, por decirlo a la manera budista.

Pero el “Elogio del Asombro” trata de otros muchos temas como la crítica al lenguaje cientificista, pretendidamente monosémico, riguroso, preciso y de un aire pontifical. Porque la ciencia actual también necesita la metáfora para revelar mejor sus conocimientos más abisales. Sólo la metáfora puede hacer posible el contacto con las últimas realidades de, por ejemplo, la física. La reducción lingüística de la ciencia tradicional no puede transmitir los últimos modelos del cosmos, y la metáfora es, precisamente, la confesión de la inefabilidad de la última realidad. En la actualidad ya resulta muy difícil hablar con precisión en el campo de la ciencia; se necesita echar mano de la lírica, y no olvidemos que las matemáticas son lírica pura ( María Zambrano ). La metáfora es necesaria hoy al lenguaje científico, porque tiene muchos aspectos: dice realidad, descubre realidad, relaciona realidad con realidad…Juega con la infinitud de la cosa, nos saca del universo único y nos libera de la sensación de encierro que puede recibir la mente en un mundo dicho y hecho…Es así que Agustín Andreu y Juan Arnau se convierten en nuevos modistas trayendo de nuevo los modi significandi del Medievo.

Este magnífico “Elogio del Asombro” explora también otros muchos más campos de interés para la filosofía en general, como el demiurgo, el futuro de la metafísica, la razón del asombro, la alternativa a la convencional ilustración o la inteligencia de la vida. Libro, en fin, de enorme interés para todo amigo de la filosofía y del deseoso en saber el estado actual de ésta.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Es doctor en Filología Clásica, autor de ensayos sobre literatura latina, política e historia y Catedrático de Instituto.

Notas:

Fuente: http://www.elimparcial.es/cultura/elogio-del-asombro-67323.html http://www.elimparcial.es/cultura/elogio-del-asombro-67323.html

SPAIN. 7 de julio de 2010

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