Ensayo sobre la ciencia, la literatura y la muerte

Heidegger diría, un disponer –dis–poner– singular del hombre a partir del predominio de la ciencia y la técnica: Gestell. 12.

A José Emilio Pacheco

1. Lo que llamamos mundo en la ciencia, no es el mundo como tal, sino una proposición y una presuposición de él.

2. Extraño que, pese al impacto del Sofista, de Platón, la ciencia haya tardado tanto tiempo en reconocer que su ámbito y condición de posibilidad es la representación, y que entre ésta y la realidad sólo media un hueco que ningún espíritu positivo puede colmar.

3. El empirismo parte siempre de un supuesto, y de un su–puesto de la realidad. Nunca accede a ella directamente.

4. La conciencia siempre le hace trampa a la realidad para subsistir como conciencia.

5. Si el mundo no fuera una cadena significante, no habría mundo.

6. La causalidad, las leyes etcétera, son sólo un supuesto de la ciencia, y la demostración más preclara de su nexo con la metafísica, nunca una descripción objetiva de la naturaleza. Mucho antes que la teoría de la indeterminación o la física del caos, Sade lo declaró en un apotegma: la naturaleza no tiene sentido, ni moral.

7. Cualquier desarrollo científico se sostiene en sus componentes imaginarios, aunque luego reniegue de ellos.

8. La física continúa el camino de la magia o de la poesía: la analogía; el modelo de transmisión proteínica de un microorganismo puede explicar la mecánica toda del universo.

9. La física se toca, se compenetra y se confunde con los modelos de realidad que describe –quarks, espines. Una y otros se sostienen, más allá de la liquidación de los paradigmas, en la gasificación de los mismos. La generalización del uso de gases, durante la Primera Guerra Mundial, no sólo marco un cambio en la cuesta de la guerra, ni acaso una reorientación en el destino de la propia física, sino y, fundamentalmente, en el significado de la condición humana.

10. Después del desarrollo de la energía atómica, el puesto del hombre en el cosmos es radicalmente otro. Todavía no alcanzamos a reconocer el impacto de la primera en la transformación de la condición humana.

11. La defensa a ultranza del humanismo, sin tener en cuenta el modo como la ciencia y la técnica han trastocado la condición humana es de un anacronismo insoportable. Toda discusión ética, hoy día debe pasar por el reconocimiento de dicho trastocamiento, sin precedente en la historia humana. Heidegger diría, un disponer –dis–poner– singular del hombre a partir del predominio de la ciencia y la técnica: Gestell.

Por eso es también urgente retornar al fundamento del saber, donde ciencia y poesía se comprenden, más allá de todo gesto romántico o esotérico

12. También la ciencia, hoy día, como cualquier otro saber o experiencia del mundo, está marcada por la fugacidad: no hay modelo explicativo que aspire a durar más de tres años.

13. El conocimiento también esta mediado por la dialéctica del amo y del esclavo; saberlo es la única vía de acceso a la autoconciencia.

14. Mucho antes que Kant, Manrique nos mostró que las condiciones de posibilidad del conocimiento son el espacio y el tiempo, pero sobre todo, el tiempo.

15. En el principio de todo conocimiento está el asombramiento –a–sombra–miento: guarecer el misterio, bordeándolo con palabras, pero sólo bordeándolo.

16. Declaro mi filiación a una tradición que al tiempo que celebra el universo, lo piensa: Parménides y Lucrecio. Y reconoce como el destino más alto del logos la reunión, legein.

17. El sostén de la ciencia es la muerte.

18. Como en el principio de los tiempos, el mundo ahora vuelve a convertirse en lo más ajeno al hombre; entonces, lo que perseguía al hombre, y sobre lo cual no tenía injerencia alguna, lo llamabamos sagrado, o numinoso. Hoy, esa fuerza inexorable –Mysterium tremendum– la denominamos tecnología.

19. La ciencia se sostiene en la muerte. No sólo no consiguió romper el vínculo con la magia, como lo pretendió el pensamiento ilustrado. La diferencia estriba en que la magia acota la muerte a un tiempo y un espacio definidos, y la ciencia la ha extendido a la totalidad del tejido social, sin ritualización posible.

20. La teorización de la muerte, a través de la pulsión en Freud o de la existencia en Heidegger, es el hallazgo más importante del pensamiento moderno. No hay lenitivo, ni máscara, ni ilusión racionales que tapien su efecto. Ahí esta el siglo XX, y lo que va de éste para demostrarlo.

21. La poesía no abjura de la muerte, pretendiendo dominarla o aplazando su encuentro hasta lo imposible, como lo hacen la ciencia y la técnica. Por el contrario, seduce la muerte para que derive por los huecos de cada letra o entre los intersticios que hay una palabra y otra, y con ello tejer algo que simule la vida.

22. La muerte es el soplo que mueve cada palabra que escribimos. Sin embargo, hay escritores que consiguen mantener ese soplo como un eco o un murmullo; otros, en cambio, al intentar acallarlo, convierten toda escritura en ruido. En esa diferencia estriba la impronta del estilo.

23. Las palabras son para un poeta lo mismo que el instrumental de un malabarista en el circo: ambos permiten un frágil equilibrio, concernido siempre, y a cada instante, por el vacío y la sorpresa.

24. No importa que tanto mantengamos los ojos bien abiertos, en el amor, caminamos siempre a ciegas. El amor nunca sabe, esa es su condición.

25. Lo que la ciencia no logra reducir a un hecho, mensurable y predecible, lo cercena o aniquila. Pero la realidad humana siempre es más que un hecho.

Notas:

Fuente: http://www.lajornadadeoriente.com.mx/2010/02/18/puebla/min17.php

MEXICO. 18 de Febrero de 2010

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