Entrevista a Nicolás González Varela sobre Heidegger. Nazismo y política del Ser

Nicolás González Varela es ensayista, editor, traductor y periodista cultural. Ha estudiado Filosofía y Psicología y enseñado Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires, así como traducido a Heidegger, Graves, Negri, Marx y Pessoa, entre otros. Es autor de diversos artículos y estudios sobre Arendt, Blanchot, Céline, Heidegger, Engels, Graves, Gramsci, Lenin, Stalin, Marx, Pound, Spinoza y colabora en distintos medios gráficos y digitales de actualidad y cultura. Sus últimas obras publicadas son: Nietzsche contra la Democracia (Montesinos, Barcelona, 2010), Los Archivos de Nación Apache (Libros del Sur, Buenos Aires, 2011) y ha sido traductor y cuidador de la edición del Cuaderno Spinoza, de Karl Marx (Montesinos, Barcelona, 2012), así como de la edición de Sobre el suicidio, también de Marx (El Viejo Topo 2012). En 2013 publicó una edición crítica de textos de Fernando Pessoa: Política y profecía. Escritos políticos 1919- 1935.

Esta conversación se centra en su último libro Heidegger. Nazismo y política del Ser, publicado muy recientemente en la editorial Montesinos.
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SLA: Mi enhorabuena por tu nuevo libro. Para entrar en el tema poco a poco. ¿Cuántos años de trabajo ha representado tu libro sobre Heidegger? La bibliografía abarca 33 páginas, incluyendo la obra completa de Heidegger, y son más de 800 las notas a pie de página.
NGV: Tienes toda la razón. Se condensa un trabajo de más de 20 años rumiando textos de y sobre Heidegger. Se puede decir que era un lector “ingenuo” de su Filosofía, como diría Barthes, la lectura escolar de superficie, hasta que tuve una primera conmoción sobre el tema de Heidegger y la Política, que implicaba directamente su militancia activa con el Nazismo. Leyendo a Herbert Marcuse, un artículo de 1934, descubrí que citaba literalmente textos desconocidos en español de Heidegger que lo presentaban como un ideólogo tosco y agitador de las ideas de Hitler. El momento de estupefacción académica dejó paso a la pregunta que inicia toda investigación: “¿qué pasa aquí?” Había leído a Heidegger con la anteojeras catedráticas, pero el Heidegger-Hyde, filósofo de barricada racista y anticomunista, me conmocionó. Esto fue mucho antes del libro de Víctor Farías de 1987. No podía creer que Heidegger pudiese considerar siquiera la posibilidad de votar y mucho menos de militar activamente en el Nacionalsocialismo.

Heidegger y el nazismo.
Exacto. Estamos hablando de principios de los 1980’s, la mayoría de sus textos más cercanos a lo político eran inhallables, inaccesibles, no se podían leer ni siquiera en alemán en sus “Obras completas” (llamémoslas así). Gracias a un dossier sobre Bloch y Heidegger (a cargo de Richard Wolin) en un prestigiosa revista de germanística de los EEUU, New German Critique, era ya el año 1988, pude leer en inglés por primera vez los textos que escandalizaban el mundillo académico. Se trataba de la traducción de los textos más importantes de su compromiso político con el SS-Staat, que había compilado en una edición de autor un (indignado) exdiscípulo de Heidegger, Guido Schneeberger, libro aparecido en Suiza en 1962. Mi primer instinto filosófico fue intentar traducirlos del alemán y entregarlos rápidamente al lector español, tarea que inicié consiguiendo el ejemplar de Schneeberger, la “edición princeps” del Heidegger político. No quedó mi tarea allí: busqué más material importante de Heidegger sobre el tema, así como testimonios de profesores, discípulos o de su correspondencia. Conseguido ese punto cuantitativo de acopio material, proceso tortuoso en esos años, trabajé en un tosco estudio preliminar que presentara ese Heidegger desconocido y shockeante. El libro estuvo a punto de ser editado en la Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), de la cual fui editor, pero se frustró su salida por problemas de derechos de autor y exigencias de la política editorial de los albaceas de Heidegger. Esa introducción fue creciendo en las sombras, ampliándose, incorporando todos los escalones del debate, los nuevos materiales de que disponemos, para transformarse en una obra más exhaustiva. El producto de todo ello es el libro que presentamos, que ha intentado explicar el nexo necesario entre la Filosofía existencial de Heidegger (sin dudas junto con Wittgenstein, el filósofo más decisivo del siglo XX) y su disposición por incorporarse al proyecto de Adolf Hitler. Pero además, Con Heidegger es una especie de trabajo militante, de crítica a la ideología casi profesional, buscando la médula espinal de esa reacción filosófica llamada “Postmodernismo”. El ensayo debe ser autosuficiente del inicio al final, el lector no debería necesitar nada externo a él, salvo la precisa inserción de la cita erudita, ese URL del siglo XVII. La cita erudita en una nueva valencia crítica, además de cumplir una función formal “antidilettante”, es la posibilidad infinita de la intertextualidad, la deriva del conocimiento, la plenitud de la cadena infinita del conocimiento. Pero además el uso de la cita erudita es hoy es ir a contracorriente, es una postura ideológica precisa, antipostmodernista. La cita erudita instrumentada en esta función histórico-crítica incuba un nuevo texto, un nuevo sendero del pensamiento.

SLA. Junto con Wittgenstein, acabas de afirmar, Heidegger es el filósofo más decisivo del siglo XX. ¿Por qué? Más allá de mis simpatías y fobias, déjame citarte otros filósofos que también han sido muy decisivos: Bertrand Russell, Walter Benjamin, Antonio Gramsci, Karl Popper, W. O. Quine
      NGV: “Decisivos”, Salvador, no en el sentido de mi canon personal (creo que hay más que esos dos nombres ilustres) sino en el desarrollo hegemónico, amplio, imperial, de la idea de Filosofía occidental que tenemos actualmente. No hablo de mis preferencias (todos tenemos nuestra listita secreta) sino el impacto de larga duración y el grado de amplitud de ese impacto, incluso a nivel institucional…

SLA: ¿Qué lector busca tu libro? ¿Los especialistas, los filósofos académicos?
NGV: Los libros tienen su destino, pro captu lectoris habent sua fata libelli decían los romanos… Lo que primero se nota en un (buen) ensayo, sea cual fuera su extensión, como decía Schopenhauer, es si el autor realmente tenía algo que decirnos, el resto viene por añadidura… Si lo he logrado con este ensayo mi tarea casi se ha cumplido. Tengo una tendencia a que los ensayos, por definición arbitrarios en forma y contenido, puedan incorporar niveles de lectura distintos, horizontales o verticales. Quizá sea alguna hipoteca de lector múltiple o un pecado de librero. Creo que la misma forma del ensayo le empuja hacia la propedéutica, lo acerca a la ilustración, hacia lo escolar… los alemanes tienen un proverbio muy bueno que dice “Der Essay ist der große Bruder des Aphorismus”, o sea: el Ensayo es el Hermano mayor del Aforismo, con todo lo que esto significa en términos comunicativos, informativos y de figuras retóricas. El término ensayo tiene una curiosa etimología del Latín, ya que proviene de “exagium”, la acción de (so)pesar algo, poner a prueba o examinar una cosa… Intento siempre que el ensayo tenga al mismo tiempo una función pedagógica indirecta, que anule la jerga de la autenticidad académica, evitando la popularización, la escolarización obligatoria, la subestimación final del lector. Al mismo tiempo, no sé si a veces lo logro, pienso el ensayo como una pequeña estructura literaria, una suerte de ensayo-historia, ¿ensayo-cuento?, cuya primera parte atraiga la atención desde el incipit y conduzca a aguas más profundas a través de la curiosidad y la estrategia indirecta. Es de alguna manera ordenar las cosas de otra forma. De alguna manera, y esto ya lo intuía Hegel, el ensayista crítico sólo dice a través de la configuración del texto, pero sin dejar que ella participe. Parafraseando a Goethe, el ensayo debe deja entrever lo preciso, lo iluminado, no la luz cegadora. El ensayo debería ser un lanzamiento de anzuelos, con señuelos distintos para cada recepción y para cada interés, con su estructura argumental y lógica de punta-ojo-curva-cuello-brecha. El ensayo debe “tutear” al lector, hablarle de vis-á-vis, ¿como en una mesa de café?, abrir la posibilidad de ir más allá y más acá del tema. La lucha del ensayista contra la violencia del dogma, del concepto sin movimiento, consiste precisamente en este dislocamiento, de descentrar la ley de gravedad oficial sobre cualquier obra, persona o suceso, en este caso Heidegger. El (buen) ensayo es eminentemente anticartesiano, ya no hay nada claro y distinto. El producto creativo de este proceso sería que el a posteriori, el ensayo, termina siendo al final de la lectura el a priori para el lector… El libro de Heidegger busca esta idea ensayística, va al encuentro de todas estas vocaciones y a los lectores que puedan responder a ellas, desde el interesado en Filosofía, en la Historia, en la Política, en el Nacional-Socialismo o en el Fascismo europeo o también, por qué no, el especialista académico. Creo el cumplir con lo que el buen ensayo siempre fue desde su origen: la forma crítica par excellence…

SLA: Gracias -hablo desde el punto de vista de lector- por el léxico heideggeriano que has incluido. ¿Están ahí los conceptos centrales de su obra?
NGV: Lo del léxico lo sentí como una necesidad casi de cualquier lector para poder alcanzar una comprensión mediana de la compleja Analítica existencial de Heidegger, tal como se expone en el libro. Es a la vez un instrumento de lectura y una herramienta de estudio, lamentablemente no cubre ni siquiera las categorías y conceptos centrales de sus obras, tarea ciclópea que ya algunos han intentado, sino los más utilizados y centrales entre 1919 y 1945, y que usamos de manera intensiva en el libro. O sea: se trata de una pequeña muestra categorial. Heidegger tiene una característica creativa muy especial entre los filósofos profesionales, que ya notaron sus contemporáneos: una enorme y desbordante creatividad, una inquietud filosófica que genera un vertiginoso devenir en su pensamiento y en la misma categorización de ese pensamiento. Su apodo entre sus amigos y círculo académica era precisamente “Dínamo”. Heidegger es tan rico, complejo, variable y creativo que necesitaría un léxico casi por obra escrita.

SLA: Heidegger, dices, es tan rico, complejo, variable y creativo…¿y oscuro? ¿Heidegger es un también un pensador oscuro como decimos o hemos dicho a veces de Heráclito?
        NGV: Bueno, ¡o el mismo Hegel! La “oscuridad” de Heidegger, la denostada “Jerga de la Autenticidad” denunciada por Adorno, incluso para quién maneja los trucos técnicos del filósofo profesional, es una barrera primigenia para cualquier lector incauto. Uno se encuentra con un planificado hermetismo, choca con “Heidegger, el Oscuro”. Muchas dificultades se encuentran en el (hiper) cripticismo exasperante del Grand Stil heideggeriano, que sabemos fue una táctica buscada y refinada, pero que no solo es una cuestión estilística sino que remite a su propia Filosofía y, como no, a la Historia del Ser. Heidegger logró conformar textos filosóficos “exotéricos/esotéricos” al mismo tiempo, en los cuales lograba transmitir el sentido correcto de sus ideas. Este obstáculo terminológico se engarza y confunde con la propia tarea explícita heideggeriana, su radical Sprachkritik, crítica al Lenguaje, una de las funciones fundamentales de la Fenomenología hermenéutica: tomar el vocabulario dominante en la propia Ciencia y el glosario del sentido común (hipotecado en un nivel onto-teológico) para transformarlo críticamente, con violencia: el proceso de Abbau-Erwiderung. Para Heidegger todos los títulos esenciales en Filosofía (pero no sólo) se han vuelto imposibles por el desgaste de todas las palabras fundamentales y la destrucción de la genuina relación de la palabra con la cosa. De tal manera que, a través de esta destrucción-transformación, nuestra propia arraigada jerga nos ayude a describir mejor fenómenos e incluso las cosas mismas que antes eran imposible de describir- Obviamente lo “político” y sus categorías también deberán soportar este proceso tormentoso de Destruktion para su reinicio auténtico y originario. Es decir: la complicación en Heidegger, invirtiendo el caso de Hegel y su Dialéctica, excede la que le impone el contenido. Heidegger defendía ya en 1925 su terminología y su jerga revolucionaria, llena de arcaísmos y neologismos de esta manera: “si nos vemos en la obligación de introducir aquí palabras pesadas y que quizá no resulten bonitas, eso no se debe a un capricho mío, ni se basa en una afición especial a una determinada Terminología, sino que responde a las exigencias de los fenómenos mismos… No hay que escandalizarse por el hecho de que tales formulaciones aparezcan con frecuencia… las ciencias, y menos la Filosofía, no pueden presumir de una terminología más bonita… Nuestro tema de investigación no es una cosa extraña y desconocida, sino, por el contrario, la más próxima, por lo cual puede inducir a ver falsamente”.  Pero Heidegger siempre advierte que este recurso ortográfico nada tiene de extravagancia o moda, no es sino la fachada exterior de un esfuerzo radical y profundo para desvincularse-superar el Lenguaje contaminado de la Metafísica, y en primer lugar del concepto tradicional del Ser. El Lenguaje y su consideración, para Heidegger, se atascan en formas rígidas “como en una Red de Acero”…

SLA: También es muy útil la cronología, la sección “datos biográficos” del ensayo. Dos o tres preguntas sobre ellos. ¿Por qué exigió Heidegger la publicación póstuma de la que creo que fue su última entrevista, la de Der Spiegel?
NGV: Bueno, podría hablarse de una auténtica “Aktion-Heidegger”. La historia es digna de una conspiración: el cuidadoso reportaje (póstumo como bien señalas) apareció el 31 de mayo de 1976, después de la muerte de Heidegger según expreso pedido de él mismo. La entrevista se realizó en su propia casa, con un convenio explícito aún no hecho público. Erhart Kästner, gran amigo y estratega de la defensa de Heidegger, y H.W. Petzet, su hagiógrafo, convencieron a Heidegger, a comienzos de 1966, precisamente cuando el tema de su adhesión al NSDAP se estaba debatiendo en “Der Spiegel” debido a la aparición del libro de Alexandre Schwan en 1965, para que le concediera una larga entrevista a la revista, con el objeto de defenderse. Esta entrevista, muy bien preparada inclusive en sus preguntas, y que después fue corregida por Heidegger, se llevó a cabo al término del verano de 1966. Este documento planificadamente “póstumo” (lleno de verdades a medias o pre-fabricadas) es, junto con “Tatsachen und Gedanken” publicado por su hijo Hermann Heidegger en 1983, los dos informes “justificativos” oficiales sobre su actividad en los años 1933/1945. El reportaje fue supervisado por el mismo director de la revista, Rudolf Augstein, el chefredakteur Georg Wolf (curiosamente un exoficial de las SS/SD, es el que diseñó la entrevista y lleva la voz cantante), el mismo Petzet y la fotógrafa D. Meller-Markovic. Se trataba de “fijar” desde la autorictas de Heidegger las líneas fundamentales de interpretación de su compromiso político y de la relación de su Filosofía con la Política. Incluso en esta entrevista Heidegger no tiene ningún tapujo en seguir reconociendo en el Nacionalsocialismo, a pesar de sus errancias y desvíos, a pesar de sus crímenes a la Humanidad, a pesar de ser un régimen agresor y racista, tanto el rasgo ontológico de “Grandeza” (Grosse) como el de poseer una “Verdad interna” (inneren Warheit). Hemos hecho una traducción cuidadosa del reportaje con un aparato de citas que puede consultarse en Internet. Heidegger exigió que no hubiera “preguntas inquisitoriales”, y controló toda la entrevista, su corrección y su forma final. No se pregunta sobre su compromiso con el NSDAP antes de 1933, no se le interroga por su afiliación pública al partido nazi, etc. Como fue grabada en cinta, puede incluso percibirse el tono de sumisión-veneración del entrevistador. Lo llamaría con diplomacia una suerte de “consentimiento sumiso” que tiñe todo el reportaje. Aquí Heidegger pudo establecer el canon de defensa para el Futuro. Es al mismo tiempo su testamento filosófico-político definitivo (o al menos eso creía)…

SLA. Grabada en cinta, no lo sabía, no había pensado en ello. ¿Es pública? ¿La has podido escuchar?
      NGV:  No lo sé, pero no lo creo. He leído parte de sus transcripciones en un libro exhaustivo que investiga el trasfondo sobre la entrevista de un investigador alemán, Lutz Hachmeister…

SLA: ¿Qué versos fueron los que recitó su hijo Hermann el día de su entierro? ¿Nos los traduces? ¿Por qué Hölderlin?
NGV:  Heidegger fallece el 26 de mayo en Freiburg, Zähringen; es enterrado en su pueblo natal, Messkirch, el 28 de mayo y sobre su tumba su hijo Hermann recita, según sus deseos, los siguiente versos de Hölderlin: Brod und Wein (cuarta estrofa), An die Deutschen (primera y segunda estrofa), Versöhnender, der du nimmergeglaubt, Der Titanen y Brod und Wein (tercera estrofa). Es muy sintomático, pero incluso en el momento de su despedida del mundo de los vivos, Heidegger quiso reafirmar su versión oficial de su compromiso con el Nacionalsocialismo. ¿Heidegger cometió una “travesura” porque se sintió mayor para intervenir en la Política? ¿el filósofo debe ser siempre por definición un indigente en su praxis y un opulento en la teoría? Como en una suerte de (falso) epitafio de su vida filosófica Heidegger pidió expresamente que recitara su hijo y albacea literario Hermann la verdad encerrada en especial en la primera y segunda estrofa del poema: “A los Alemanes” de Hölderlin, que dice así:

“Nunca se burlen del niño, cuando sólo comete travesuras
creyéndose mayor y atareado sobre su caballo de madera
¡Oh, nuestra bondad! También nosotros somos
pobres en actos y ricos en pensamientos

Pero: ¿viene, tal como el rayo surge de las nubes,
de un pensamiento acabado una acción espiritual y madura?
¿Surge la acción, como el fruto de las sombrías
hojas del follaje, del escrito apacible?”

  En cuanto a Hölderlin debemos señalar que en una etapa de su pensamiento “meta) político Heidegger recurre al poeta en su etapa madura, más reaccionaria, ya no es el joven Hölderlin, amigo de Hegel, que plantaba árboles revolucionarios en honor de la Gran Revolución francesa, no es el romántico republicano idealista de su juventud, sino el tardío reaccionario, el de la disposición apocalíptica heroica y contra-ilustrada…

SLA: ¿Cómo consiguió recuperar Heidegger la venia docenti que le fue retirada previamente? ¿Fue decisiva la intervención de Hannah Arendt?
NGV: En el proceso de des-nazificación que las fuerzas aliadas, en este caso la zona de Freiburg quedaba bajo jurisdicción francesa, la épuration, Heidegger fue investigado, calificado de “nazi típico” y por poco no le fueron confiscados todos su bienes personales, incluida su biblioteca tan querida. Como consecuencia se le retira por tiempo indeterminado la llamada venia docenti (que había obtenido en 1916 con un trabajo sobre Duns Scoto). Después de tener una gran crisis nerviosa, Heidegger se resguarda en su cabaña de Todnauberg, se siente perseguido, incomprendido y proscripto se mantiene en silencio. En 1949 cumple 60 años, una edad que en la academia alemana es una milenaria tradición festejar al catedrático de turno con homenajes, escritos hagiográficos y libros conmemorativos, es la época en que se está por constituir la República Federal de Alemania (RFA), se entendía que la desnazificación y la justicia aliada ya habían terminado su tarea. Parecía el momento para “liberar” al castigado Heidegger de su situación de limbo jurídico. La Facultad de Filosofía de Freiburg, con mayoría conservadora, propone dados los nuevos tiempos y el enorme interés “de todo el Mundo” por su pensamiento, re-integrar a Heidegger su nómina y todos sus derechos como funcionario, discusión que se traslada al Senado académico. Éste termina aprobando por una exigua mayoría la medida. El artífice de esta “reparación” no fue Hannah Arendt sino Max Müller, titular de la cátedra de Filosofía cristiana y discípulo de Heidegger, quién logró reunir informes de expertos del extranjero, por ejemplo Romano Guardini, para impresionar al Senado acerca de la estatura universal de la Filosofía heideggeriana. También ayudó el inicio de la Guerra Fría, cuando la contradicción Liberalismo-Nazismo había dejado de ser la principal. La Facultad finalmente le otorga una pensión extraordinaria (a pesar que Heidegger no había cumplido legalmente los 62 años) y el levantamiento de la prohibición de enseñar. Otra parte del papel principal en esta rehabilitación recayó además sobre el rector de la época, Tellenbach y un grupo mayoritario de profesores conservadores de la Universidad.

SLA:  Por cierto, relacionado con lo anterior, ¿hay alguna vinculación filosófica entre el pensamiento de Arendt y el de Heidegger?
NGV: Entre Heidegger y Arendt se establece una relación de dominio unilateral, asimétrica, de autoridad de su persona y Filosofía sobre ella. Tenemos que retrotraernos al año 1924, la ciudad es Marburg. Una estudiante de familia judía de dieciocho años desembarca en la estación del ferrocarril ansiosa por estudiar con un tal Martin Heidegger. Arendt procedía de una familia de una ciudad que ya no existe (Königsberg, la patria chica de Kant); su daemon filosófico despertó después de leer “Kritik der reinen Vernunft”.

La Crítica de la razón pura de Kant.
Exacto. Dominaba el griego y el latín. Su primer viaje fue a Berlín, buscando la sabiduría del teólogo-ensayista veronés, Romano Guardini (el mismo que con su informe ayudará a re-establecer la ‘venia docendi’ a Heidegger en 1949), cuando oyó rumores sobre un “fenómeno” en la enseñanza de la filosofía: “El nombre recorrió toda Alemania como el rumor sobre un rey secreto…” recordaba Hannah en 1969. Preguntas con razón: ¿Tuvo este amor profundo pero clandestino, la suficiente fortaleza como para crear una convicción en la perspectiva filosófica? Heidegger había confesado que Hannah había sido sin duda la musa de su gran obra incompleta (“sin ella no habría podido escribir nada”). Recordemos que desde 1922 Heidegger estaba construyendo (aunque no lo sabía) los borradores de su opera magna: Ser y Tiempo. Lo cierto es que el voltaje del romance aumenta y aparecen en la estructura primitiva del Dasein nuevos continentes teoréticos abiertos por la propia experiencia. La primera figura relacionada con el amor es el “ser-con-otros”, categoría inexistente hasta 1925, el “Mit-Sein/Mit-Dasein”, introducida subrepticiamente para articular el encuentro con el Otro, pero lo otros que comparten la autenticidad conmigo: otros que “son aquí con” (mit da sein) mí” y yo soy “con (sein mit) el Otro”. El otro no es todos los demás, sino más bien aquellos entre los cuales uno “es”. La propia pasión en Hannah es la que le permite superar las aporías de la comprensión de la subjetividad de su maestro y mentor Husserl. Heidegger descubre un camino que va desde su propia praxis hacia la aprehensión de una fenomenología crítica. Muchos especialistas deducen esta aufheben heideggeriana en su hermenéutica obsesiva sobre Aristóteles, pero eso es insuficiente para explicar esta nueva constitución del Dasein, del “ser-ahí” como praxis humana unitaria. La relación con Hannah, finalmente, es la que le permite abandonar la teoría tradicional de la autoconciencia (entendida como un repliegue del alma sobre sí misma) y entender el Dasein como obligado a “tener-que-ser” (Zu-sein). Es la propia concepción de Heidegger, para quién la teoría es una forma de praxis. Y esta auto referencia de tipo eminentemente práctico no se desarrolla sólo por medio de los actos intelectivos superiores sino que pasa por los actos más inferiores: pasiones, estados de ánimo, afectos, las Stimmungen: es decir a través de los componentes sensibles, pasivos, carnales de la vida humana. Otro concepto clave que aparece en la época del romance es el de “Befindlichkeit” (disposición), que eleva a potencia ontológica las determinaciones del sujeto que tradicionalmente se trataban en la teoría de las pasiones: pasividad, receptividad, finitud, angustia, miedo, corporeidad, erotismo. Heidegger quiere indicar que el Dasein está constituido originariamente por momentos turbios, opacos, contradictorios, por el caos de afectos y pasiones.

¡Quién lo diría! Ni lo sospechaba.
En las cartas encontramos el lado explotador del Meister: órdenes, códigos cifrados, excusas sobre la doble vida, cursilerías de un hombre casado, temores; del lado de Hannah una perversa y total entrega. Finalmente, por presiones de Heidegger, Hannah “se obliga” (como el primer soldado del Tercer Reich, Albert Leo Schlageter) a marcharse a otra Universidad, recomendada por Heidegger a otro mandarín del existencialismo: Karl Jaspers. Se las arreglará para seguir con encuentros furtivos y cada vez más fugaces. Como el funcionario Klamm, en “El Castillo” de Kafka, dispone a voluntad de Frieda. Con Jaspers desarrollará, ¡como no!, su tesis doctoral sobre el concepto de libertad y amor en San Agustín: “Augustinus und das paulinische Problem der Freiheit”. Aprovechará para criticar el sesgo utilitarista y manipulador del “Ser-en-el-mundo”: el objetivo de su trabajo es desarrollar una visión del mundo que Heidegger ha olvidado, “el mundo concebido como lo ven los amantes del mundo”. La reconciliación vendrá después de la guerra y la caída del nacionalsocialismo, en 1950. Arendt, que lo siguió amando, le perdonará todo: la adhesión al nazismo, su admiración por Hitler, su silencio cómplice de posguerra (duramente censurado por Marcuse o Celan), se transformará en su agente literario, revisará traducciones y contratos, se cree de cabo a rabo la leyenda propagada por el mismo Heidegger de que fue un “resistente espiritual” desde su cátedra, exonerará de todo fascismo a su sistema filosófico (mientras Adorno afirmaba que la filosofía de Heidegger es fascista “en su núcleo más íntimo”), le dedicará explícita (su libro póstumo, “The Life of the Mind” lleva una cita completa de Heidegger) o implícitamente (dixit Hannah: mi obra “Vita Activa”, le escribe en otra carta, “te debe casi todo en todos los aspectos”) todas sus obras de madurez. Curiosamente su “heideggerianismo de izquierdas” nunca la abandonó, llegando a defender liquidar el sufragio universal, el elitismo natural de los grandes hombres, y las oligarquías aristocráticas en política: “el modo de vida político nunca será el de la multitud”. Arendt además ayudo a la expansión planetaria de Heidegger e incluso a permitirle tener una cierta “aura” de respeto académico. Arendt parece mantener las posiciones sobre la Historia del Ser, incluso el antimodernismo y antibolchevismo, de Heidegger! Actualmente existe un polémico estudio de Emmanuel Faye sobre las raíces diríamos “racial-populares” de la teoría de Arendt, una “contaminación totalitaria” que se mantiene en segundo plano, que nunca dejó de ser una conservadora alemana modélica.  La pregunta es: ¿cómo una autora puede al mismo tiempo conciliar una defensa hiperbólica de Heidegger in toto y realizar una crítica eficaz al Totalitarismo nacionalsocialista o al caso Eichmann?

SLA: ¿Y es posible, en tu opinión, esa tarea? ¿Tu pregunta es retórica?
NGV: Creo que es imposible para Arendt hacerlo de manera eficaz y hasta la última consecuencia. Y este déficit se nota a lo largo de su obra sobre el Totalitarismo. Su raro juicio sobre Eichmann, la peligrosa idea de la “Banalidad del Mal” de los verdugos voluntarios y fanáticos es una suerte de confirmación ex post, posterior de su condonación a Heidegger…

SLA. Antes de que me olvide, has hablado de Celan. ¿Su poesía, su poesía ciertamente oscura, es una poesía heideggeriana?
        NGV:  Soy un gran admirador, lector y re-lector de la obra de Celan (Celan es anagrama de Ancel, su apellido judío en rumano), que lamentablemente no es muy extensa. La situación aquí es a la inversa: Heidegger es el que podría denominarse “celaniano”, fue a iniciativa de Heidegger que se produjo el famoso (des)encuentro en la cabaña de Todtnauberg en 1967, luego de recitar sus poemas en Freiburg con gran éxito. Heidegger veía en la poesía de Celan un vigor filosófico y una búsqueda de nuevas relaciones entre la palabra y la cosa (neologismos, cripticismo, rodeos verbales). Celan en un primer momento rechazó la petición de Otto Pöggeler de hacerle una dedicatoria a Heidegger en su libro Rejas de lenguaje ya que consideraba inapropiado que su nombre se viese vinculado al de Heidegger. Celan había sufrido primero la invasión de la URSS de Bukovina en 1940, con deportaciones de familiares y amigos a Siberia; después la invasión alemana de 1941 a la URSS y el horror de la solución judía de Hitler, su familia internada en un ghetto, sus padres aniquilados, él se salvo de ser eliminado en un campo de la muerte en Moldavia por el avance del Ejército Rojo. Celan en su visita esperaba de su admirador-lector Heidegger al menos un “beu geste” de arrepentimiento explícito sobre su relación con el Nazismo, cosa que Heidegger no hizo, ni haría en el futuro. Hoy sabemos que Celan fue un fino y crítico lector de Heidegger a partir de 1951, pero nunca fue un heideggeriano. De ese tenso encuentro, Celan incluso se negó a fotografiarse con Heidegger, surgió el poema “Todtnauberg”, donde convierte el senderismo con el filósofo por la Selva Negra en un descenso a los infiernos del Nacionalsocialismo. En el libro de visitas de la cabaña, Celan escribió: “Al libro de la cabaña, con la mirada a la estrella de la fuente, con la esperanza de una palabra venidera del corazón”. La rara mención a una “estrella de la fuente” tiene su explicación: era un surtidor de agua en el exterior de la cabaña que durante los años 1933-1945 lucía una bonita swastika, que se transformó mágicamente en una estrella después de la derrota del IIIº Reich…

SLA. En cuanto a Marcuse, ¿siguió estando marcado por Heidegger a lo largo de su evolución filosófica? Resulta un poco chocante que un filósofo que inspiró a una parte sustantiva de la izquierda estudiantil del 68 en muchos países del mundo fuera un heideggeriano.
NGV: Creo que la seducción de Marcuse con Heidegger duró muy poco tiempo, la inmunización vino de que ya era lukácsiano y marxista antes de recibir el influjo del Dasein. Marcuse reconoce que leyó Sein und Zeit en 1927 y que esa lectura fue lo que le decidió a ir a estudiar a Freiburg. Estuvo allí entre 1928 y diciembre de 1932, tomando la Analítica de la Existencia heideggeriana con mucho cuidado y cautela crítica. Creyó ver en Heidegger lo que le había fascinado también en el último Husserl: la posibilidad de un nuevo inicio de la Filosofía como tal, concreta y fundamentada en la existencia del Hombre, basado en la praxis radical, y no en principios académicos-abstractos. Heidegger podía ser un punto de partida, dentro del marco general esbozado por Marx, para superar tanto al Neokantismo como al Positivismo, es decir, a la Kathederphilosophie. Pero el intento fue de corto alcance: Marcuse reconoce que en 1932 cuando conoció gracias al trabajo de Riazanov, los Manuscritos de Marx de 1844 “el problema de Heidegger versus Marx dejó de ser un problema”. Fue el primer discípulo en criticarlo abiertamente y muy temprano, en 1934, y además fue el primero en 1947 en exigirle que pidiera disculpas públicamente de su compromiso político con el SS-Staat y de su responsabilidad como filósofo por apoyar a un régimen que produjo el Holocausto. Heidegger ni siquiera se dignó a leer su Habilitationschrift: además bloqueó sus posibilidades de habilitación aparentemente por su tendencia de izquierda y su hegeliano-marxismo.  Analizando a posteriori su obra Sein und Zeit Marcuse afirmará que términos técnicos como Da-sein, das Man, Sein, Seiendes, Existenz serían “malas abstracciones”, abstractos defectuosos, en el sentido de que no son vehículos conceptuales adecuados para comprender la concreción real de lo aparente. Heidegger habría construido un nuevo Idealismo trascendental, más extremo, más alejado aún de la existencia que el del mismo Husserl…

SLA: Vuelvo a la biografía de Heidegger. ¿Qué fue eso del “campo de trabajo científico” que organizó siendo rector de Friburgo?
NGV: El famoso “Campo Científico de Trabajo” de Todtnauberg, que dirigió Heidegger siendo ya Rektor-Führer, supuestamente tenía también la misión de ser una prueba piloto, laboratorio de ensayos y pre-diseño de la futura Academia que estaría situada en Berlín. La Kampfgemeinschaft, “Comunidad de Lucha” de los trabajadores intelectuales, una suerte de orden de correligionarios de raza, se asemejaba a una cofradía religiosa, por lo que la comunidad universitaria se basaría en las relaciones de Lealtad, Confianza y Obediencia entre el cuerpo de profesores universitarios y el cuerpo de los estudiantes, arraigada en el suelo común de una novísima (meta) Ciencia Política. De esa Kampfgemeinschaft surgiría una auténtica vinculación de la Universidad con la vida profesional del Volk, que debía iniciar un trabajo común, en todas las distintas especialidades, entre el cuerpo de estudiantes y los trabajadores intelectuales ya profesionalizados. La idea de una (meta) Ciencia Política, ahora pensada ontológicamente, tematizada en su proyecto para la nueva Academia, se basaba en su propia definición emitida en la Rektoratsrede: la Ciencia debe ser ahora el Centro que resiste, desde lo profundo, todo su Da-sein como Volk y como Estado, para Heidegger un Poder que abarca y da dureza a todo el Da-sein: “la Ciencia es el firme mantenerse preguntando en medio de la Totalidad de lo que Es (Seiende), que sin cesar se oculta. Este paciente accionar sabe de su impotencia ante el Destino (Shicksal)..” Se trataba, de tal manera, de inculcar una formación totalmente novedosa y radical, gracias a la íntima vinculación con una Wissenschaft que procede de lo más íntimo del Geist alemán, y de su íntima conexión con el Anfang, el Inicio de la Ciencia en Grecia, una Ciencia que se ha despertado, como Alemania, a la Realidad efectiva, vital del Pueblo, de la Naturaleza y de la Historia. Esta Erziehung, ya no mera Bildung iluminista, habría superado la Weltanschauung del Mundo teológico-cristiana y el Pensamiento técnico-matemático del Das Man liberal, así como la Dualidad sujeto-objeto cartesiana. El sentimiento de Obediencia era considerado, en perfecta consonancia con el Füherprinzip, central y clave en la estructura de la futura Universidad nacionalsocialista y, concretamente, en la relación entre la jefatura y la auténtica sumisión de aquellos que están decididos y poseídos por el nuevo valor, los poseedores de la phrónesis auténtica, de la sabiduría práctica genuina. La nueva Kampfgemeinschaft debía aprovechar su tiempo muerto en actividades colectivas y grupales, recreacionales, incluyendo ejercicios marciales, largas marchas y celebraciones neopaganas del nuevo calendario del NS-Staat. Pero no todo era actividad en común, por supuesto, en estas Napolas heideggerianas: después de las conferencias y consignas del Führer local, que servían para establecer el ambiente, el clima de base y la actitud fundamental, llegaría el tiempo del Besinnung para la soledad y el recogimiento en pequeñas células de conversación. Y hay más: estaba previsto, para cada miembro de la Academia, su propia y monástica celda. Esta pre-visión   de la futura Volksgemeinschaft nacionalsocialista, que se prefiguraría, según Heidegger, en este tipo de nuevas instituciones, tiene claras reminiscencias de las comunidades monásticas más radicales y primitivas, incluso se asemeja a los retiros espirituales extremistas de los “ebrios de Dios” en el Cristianismo primitivo. 

SLA: Perdona mi desconocimiento. Napolas: ¿qué es eso?
NGV: Napolas: Nationalpolitische Erziehungsanstalten; abreviatura oficial: NPEA, escuelas superiores y secundarias de elite en el IIIº Reich pensadas como lugares de educación comunitarios y disciplina militar, que se proponían generar la nueva generación de líderes y grandes burócratas; las primeras se crearon a lo largo de 1933, llegando a ser cuarenta y tres en 1945.

SLA: El Volk del que hablabas hace un momento, ¿cómo lo concibe Heidegger? ¿A qué “pueblo” hace referencia, qué “pueblo” tiene en mente?
        NGV: El componente esencial de la nueva Comunidad popular-racial del Nazismo no es ya ni el “Yo liberal” ni el comité central del Partido único (los “pocos nominados” de Stalin), sino el auténtico Da-sein alemán en cuanto sujeto colectivo: el Pueblo, das Volk. El Volk es imaginado como una Unidad racial primordial atemporal, ontológica, en relación con la cual el Führer habría sido elegido por el Destino para ejercer su autoridad total e ilimitada. El Volksgenosse, el miembro pleno de la Comunidad racial-popular, enfrentado al Kamerad de la izquierda cosmopolita, se encuentra más allá de toda segmentación social, es la encarnación de la superación de la atomizada Gesellschaft liberal y todas sus divisiones, incluso las religiosas; por otro lado es la superación definitiva de la Lucha de Clases en sentido marxista. La noción de pertenencia en la Volksgemeinschaft viene legitimada ontológico-biológicamente (jamás a la inversa)y es ella la que forma los actos y declaraciones de lealtad. El concepto en la Ideología NS como en la (meta) Política de Heidegger se nos hace inteligible si no lo remitimos a la historia semántica de la palabra alemana de Volk. Volk significa algo muy distinto a la palabra española “Pueblo” y por eso preferí no traducirla en este libro y mantener su carga semántica en alemán.  En la cosmovisión nacionalsocialista Volk significaba “Comunidad étnica”, ethnische Gemeinschaft, lo que implicaba todos los miembros de una Raza, vivos y muertos, así como las futuras generaciones. Se trata de una Unidad eterna, Einheit ontológica cuyas cualidades se exhiben en los miembros particulares; Volk es más que una blosse Mehrzahl, una mera “Mayoría simple” de las matemáticas parlamentarias burguesas, como Heidegger lo subraya, incluso la apariencia física, el carácter psicológico, inclusive la forma de pensar vienen predeterminados desde la profundidad por esta predisposición racial que porta la Einheit primordial. El re-conocer esta pertenencia, cuidarla y protegerla desde nuestro puesto de trabajo, es lo que para Heidegger nos permite llegar a ser un brauchbares Glied, un miembro útil de la naciente Comunidad racial.

SLA: ¿Han existido investigaciones similares a la tuya en el ámbito de la filosofía y de la historia del pensamiento? Pienso, por poner un ejemplo, probablemente erróneo, en el ensayo -antes hemos hablado de él- de Víctor Farias -Heidegger y el nazismo- que tanto revuelo ocasionó en su momento.
NGV: Bueno, el caso Heidegger requiere dos niveles críticos que muchos investigadores y comentaristas no llegan a cumplir: explicar primero el compromiso nazi de Heidegger en tanto filósofo académico, como una cuestión ética, sin considerar el eventual trasfondo filosófico; después buscar si esa decisión, diríamos “personal”, tuvo o no un nexo de necesidad con su propia Filosofía, tarea que es la más difícil y a las que pocas obras han podido, en especial rastrear la “transmogrificación” de categorías ontológicas en logos político. Farias, como Adorno o Lukács, tiene ese problema del abismo entre los dos niveles y si bien puede explicarnos la irresponsabilidad de la Filosofía alemana en esta adhesión política vergonzosa, queda en el limbo si la decisión política de Heidegger emanó (o no) naturalmente de su famosa Analítica de la Existencia.

Y éste es el punto filosóficamente hablando.
Heidegger afirmó en todo momento que sí, afirmaba que en su concepto de “Historicidad” (Geschichtelichkeit) estaba el verdadero fundamento de su compromiso político con Adolf Hitler. Muy bien, pero el problema crítico es exponerlo y demostrarlo, mostrar su necesidad y su movimiento de lo filosófico a lo político. El no poder combinar de manera adecuada los dos niveles, o hacer hincapié solo en el primero, tiene el problema de la exterioridad, de una crítica errando blanco o recurriendo a recursos de la Ideología para reducir la complejidad filosófica de Heidegger y amoldarla a una etiqueta previa. He intentado, espero haberlo logrado, explicar este intento de Heidegger de dotar de una Metapolítica adecuada al “Principio bárbaro” (como le denominaba) del Nacionalsocialismo…

SLA. Creo que sí, creo que lo has logrado. Por cierto, ¿de dónde tu interés por la obra del ex rector de Friburgo en tiempos turbulentos?
NGV: Sin Heidegger no puede explicarse la evolución moderna y posmoderna de la Filosofía en Occidente. Ni de sus formas naturales de Ideología, como el Post-modernismo (o ahora: Post-Marxismo!). Para mal y para bien. La clásica, objetiva y flemática Encyclopaedia Britannica, obra de indispensable referencia, afirma que “su Ontología y Metafísica determinaron todo el curso de la Filosofía del siglo XX en la Europa continental”. La posmoderna Wikipedia dice lo siguiente: “es considerado, junto con Ludwig Wittgenstein, como uno de los pensadores más influyentes en la filosofía contemporánea.” El impacto de la filosofía heideggeriana en Europa y el resto del Mundo después de 1945 (por no hablar de su dominio imperial absoluto en Francia) ha sido comparado con el suceso que tuvo Kant en Alemania y en Europa al publicarse su Kritik de reinen Vernunft en 1781. Tal como sucedió a fines del siglo XVIII, muchos filósofos europeos no tenían interés en la teoría de Kant e incluso algunos se opusieron a ella. Pero en su mayor parte, la popularización de su filosofía (y la discusión en torno a su validez) dominó la discusión inmediata post-kantiana en la filosofía por casi dos siglos. Sin comentar a Kant, ya sea pro o contra, sin “posicionarse”, un pensador no tenía visibilidad ni posibilidades de publicar o ser considerado en los cenáculos intelectuales. De alguna manera se repite la historia: algunos filósofos están interesados en la teoría de Heidegger, otros les resulta incomprensible y otros la rechazan in toto (desde Carnap y Ayer, a todos los filósofos analíticos anglosajones), pero por más de setenta años ha seguido ejerciendo una influencia decisiva en la discusión filosófica institucional, ascendiente que aún no da señales claras de abatimiento. Como una estrella oscura que sólo deja ver su magnetismo, Heidegger se ha convertido en el pensador maestro de la filosofía académica mundial, es ella la que configura el horizonte en el que la filosofía formula sus problemas y busca las soluciones, entonces Heidegger es literalmente comparable al sujeto kantiano, en su unidad trascendental de apercepción, en la transmisión de sus categorías en el debate, en la estructuración de la discusión filosófica.

SLA. “Todos los filósofos analíticos anglosajones”, has dicho. ¿Y por qué esa oposición tan generalizada? Por lo demás, ¿todos? ¿Rorty no sería un contraejemplo?
NGV: Bueno, volviendo a los dos filósofos “decisivos”: Rorty confesó que Wittgenstein (el de la segunda etapa) y después Heidegger fueron los dos pensadores que dieron un vuelco en su Filosofía. Lo que confirma nuestro diagnóstico epocal. Además terminó adorando a Nietzsche, Derrida, Lyotard, Foucault… Creo, no soy un especialista en Pragmatismo, que Rorty no puede considerársele un “analítico”, salvo en sus inicios, su uso de Literatura y del Lenguaje, su sincretismo entre Dewey y el poeta Whitmann, ¡horrorizaría a Carnap! No puede considerarse un “filósofo analítico” típico como del que hablamos…

SLA. Tienes razón. Insisto en un punto. ¿De dónde la importancia que se concede a su obra en la filosofía, en algunas de sus tendencias, de los siglos XX y XXI?
NGV: El dominio imperial de Heidegger y su influencia en la cultura occidental es impresionante (desde el Existencialismo pasando por el Estructuralismo a la Hermeneútica hasta el Posmodernismo) y vasto, incluso en lugares insospechados como el Existencialismo francés (producto de un malentendido! Malraux, Camus, Sartre), la Hermeneútica (Banfi, Bultmann, Gadamer, Ricoeur, Vattimo), la Política postmarxista (Badiou, Laclau, Zizek) la Genealogía del Poder (Foucault), la Teoría arquitectónica (Sharr), la Crítica literaria (Ziarek), la nueva Teología (Caputo), la Psicoterapia (Binswanger, Guignon, Irigaray), la Ciencia cognitiva (Dreyfus; Kiverstein, Wheeler), el Neopragmatismo (Rorty), el Euroasiatismo de Putin (Dugin), etc. Y me quedo corto con esta angustia de las influencias!

SLA: Daría para muchas preguntas lo que acabas de señalar pero no se puede hablar-preguntar sobre todo. Cuándo hablas de política del Ser, ¿de qué estás hablando exactamente? Puedes precisarlo un poco. Incluso, previo a ello: ¿de qué entidad, entidades o categorías habla Heidegger cuando habla del Ser?
NGV: Heidegger pasó de considerar al “Mundo de la Vida” (Lebenswelt) como fundamento-fundamentado del Da-sein a poner esa determinación ontológica en la “Historia del Ser” (Seinsgeschichte). El Heidegger medio (1929-1945) sostiene que todo está determinado por la “Historia del Ser”, una narrativa histórica metódico-funcional a la puesta en escena filosófica de la gran cuestión del Ser. Esta Seinsgeschichte se despliega en épocas, Epochen, como por ejemplo la de los presocráticos, la Edad Media cristiana o la Modernidad burguesa (Neuzeit). Cada una de ellas tiene una relación de verdad y de ocultamiento peculiar y especial basada en la Historicidad del Da-sein. En la Modernidad burguesa, cada vez más esclavizada a la Técnica, a medida que la relación del Ser de Dios se disolvió poco a poco, sólo existía el moderno sujeto cartesiano (ego cogitatum) que reconoce el Ser meramente como objeto y fingió su propia medida, evidente por ejemplo en la Voluntad de Poder de Nietzsche. Esta afirmación y reajuste falso entre el Da-sein y el Ser indica un “olvido” de la cuestión ontológica, que depende de la época puede ser más desgarrador, más profundo o menos significativo. Cuando en mi libro hablo de “Política del Ser” estoy diciendo que la intervención de Heidegger en la Política cotidiana (su adhesión al Nazismo) siempre está guiada por una Meta-política, que se mueve en los requerimientos y exigencias de esta particular época de la “Historia del Ser”. Esta reversión del Olvido, que Heidegger califica como “reformatorische Wende“, será el rol que jugará el propio Heidegger dentro del Nacionalsocialismo en tanto un principio bárbaro… Modificar la Historia y la Gran Política a través de la interpretación y práctica sobre lo no-histórico.

SLA: Otra pregunta muy general: ¿qué es la metafísica para Heidegger?
NGV: Esa pregunta depende mucho de qué Heidegger es el que la piensa. La creación filosófica es siempre sucesión y gradación. Por ejemplo, en el de 1929 de ¿Qué es Metafísica? (que es el que intenta criticar Carnap) Metafísica es aquello que pregunta por la totalidad de los entes (no por uno en particular), que intenta clausurar la diferencia ontológica, volver a re-encontrar al Ser en su Historia. Desde este punto de vista es válido incluso el intento de construir una Metafísica “científica”. El mismo texto tiene una addenda de 1943, allí Heidegger se autocritica, y la Metafísica es parte decisiva en el Nihilismo y en la profundización del Olvido del Ser que impera en la época de la Modernidad. Por supuesto la Lógica formal, instrumento necesario de la Ciencia y de la Técnica pero secundario, no puede ni entender ni siquiera rozar la cuestión del Ser.

SLA. Seguramente la lógica formal no tiene ese objetivo. ¿Hablamos bien si afirmamos que su pensamiento es profundamente antirracionalista y anticientífico? ¿De dónde, si fuera así, su antirracionalismo?
NGV: Desde el punto de vista “positivista” sí, desde el punto de vista del propio Heidegger (y desde la perspectiva de la Historia del Ser) en absoluto. Muchas de sus metas consistían en tratar de otorgarle, por ejemplo a la Metafísica, un status “científico”. El calificativo de “antiracionalismo” a Heidegger, el famoso “Asalto a la Razón” de Lukács, puede ser entendido como una reacción frente al Racionalismo filosófico europeo, incluso enfrentando globalmente al Iluminismo, pero no lo tenemos que banalizar para entenderlo como una suerte de oposición absoluta a la Lógica moderna, al logos. Heidegger pretende en realidad mostrar como toda Lógica (teoría de conceptos, juicio e inferencia) se encuentra atada a una Metafísica de la Verdad, no explicitada, no “pensada”, y, más específicamente, que las restricciones normativas y lógicas del pensamiento discursivo derivan del carácter práctico y teleológico del propio fundamento del Ser. La Lógica simbólica no puede tener “fuerza reguladora” ni preeminencia judicativa en el examen de las condiciones ontológicas que hacen posible la Lógica. La Teoría de la Verdad de Heidegger, por ejemplo, creo que puede ser compatible con la Teoría de la Verdad de Tarski. Cuando Carnap pretende liquidarlo analizando la palabra “Nada”, se equivoca ya que Heidegger propone usar la palabra “Nada” pero ni para referirse a una entidad existente ni en el sentido de cuantificación existencial negativa. Aparte fue gran estudioso de filósofos racionalistas modernos como Leibniz o de lógicos como Lotze o Lask. Heidegger intentaba incluso construir, desde el Neokantismo, ¡una Lógica trascendental! Otra desviación heideggeriana, en el caso de la Racionalidad metodológica, es que el argumenta que la intuición y la imaginación trascendental son superiores a la deducción tradicional. Hay que absolver a Heidegger de la etiqueta de “Irracionalismo” en el sentido laxo e ideológico de una oposición completamente no cualificada a la Lógica y a la Racionalidad de la ciencia occidental. Heidegger no es, pese a Carnap y a Bunge, un “oposicionista” a la Lógica moderna, mucho menos a la a la Lógica matemática desarrollada por Frege, Russell, Carnap y otros, que quede claro.

SLA: ¿Y en qué sentido la intuición y la imaginación trascendental son superiores a la deducción tradicional? ¿Superiores en qué y desde qué perspectiva?
NGV: Para Heidegger toda Intuición que se da originariamente es una (la) fuente legítima del Conocimiento; el llamado “a las cosas mismas”, un alejamiento a todo tipo de Intelectualismo y a todo exceso teórico. “Representar el Ente”, pensar racionalmente, fijarlo en categorías, es la praxis de la Vida, el originario aseguramiento de la existencia consistente de sí mismo, hacer que lo objetivo se detenga en un estar y aferrarlo en la re-presentación, o sea, la ‘Formación de conceptos’, no es una ocupación especial y secundaria de un Entendimiento teórico, no es algo ajeno a la Vida, sino, dirá Heidegger, “Ley fundamental del ejercicio humano de la Vida en cuanto tal”. Heidegger sugiere que, apoyándose en el fundamento medio de los esquematismos espacio-temporales de la Imaginación trascendental (traszendentale Einbildungskraft), se puede “salvar” la oposición entre Certeza sensible y Razón, entre particular y universal, entre Sujeto y Objeto, por medio de Universales co-originarios e únicos (e unívocos) del Arte, la Filosofía… y por supuesto de la (meta) Política. En su libro sobre Kant de 1929,  Heidegger hacía hincapié en que la Imaginación trascendental es el “Medio formativo” del Conocimiento ontológico más fundamental, y además es la Constitución originaria de la Esencia del Hombre. Esta Esencia se encuentra inextricablemente enraizada en la Imaginación trascendental, es lo ‘desconocido’, que Kant debe haber entrevisto, pues habló de una ‘raíz desconocida para nosotros’. Lo Desconocido no es aquello de lo que no sabemos absolutamente nada, sino aquello que, en lo conocido, se nos impone como un elemento de Inquietud. Sin embargo, Kant no llevó a cabo la Interpretación más originaria de la Imaginación trascendental, ni siquiera la emprendió, a pesar de los indicios claros, que fue el primero en reconocer, para un análisis de esta índole. Por el contrario: Kant retrocedió ante esta raíz desconocida. 

SLA: Cuando hablabas antes de otorgar a la Metafísica un status “científico”, ¿cómo debemos entender aquí el término ciencia?
NGV: Aquí seguramente la memoria nos recuerda aquella polémica fórmula heideggeriana: “La Ciencia no piensa”. Primero hay que entender la Ciencia en Heidegger desde la propia tradición neokantiana alemana (y no la positivista anglosajona, a la que estamos acostumbrados y escolarizados). En alemán la Ciencia se divide en “Ciencias del Espíritu” y “Ciencias Naturales” (modelo galileo-newtoniano), como sabes, lo que rompe con la matriz anglosajona, pero al mismo tiempo reproduce la separación cartesiana entre res cogitantes y res extensae, presupuesto ideológico que permanece “oculto” a ojos del científico o del investigador. Heidegger a menudo utiliza “Wissenschaft” a lo largo de su escritura en referencia a la Física, pero también a la Biología a finales de 1920’s. En otros lugares, se refiere a la Teología, a la Filología, a la Arqueología, a la Historia del Arte ya la Historia misma como científica. Por otra parte, es bien conocido por su argumento en Problemas fundamentales de la Fenomenología que la Filosofía misma es inherentemente científica, por lo que afirmar que hay una “Filosofía científica” es un exceso vicioso y una demasía retórica que consiste en añadir enfáticamente más palabras de la necesarias para su comprensión. La Filosofía es per definitionem “científica”.  Por lo tanto, parece que Heidegger pretende por “Wissenschaft”, por Ciencia “dura” diríamos, reinos radicalmente diversos de la investigación humana y el conocimiento en diferentes puntos en el desarrollo de su pensamiento. Y es lógico desde su Filosofía, ya que el Dasein en cuanto estructra tiene tanto aspectos mentales como físicos, la autocomprensión humana necesita ambos enfoques.
Heidegger utiliza la palabra Ciencia de manera genérica cuando se refiere o bien a la Física (paradigma de la Ciencia en la Modernidad) o bien a la Biología (y de manera irónica cuando la empareja con Política). Como en el caso de la Política heideggeriana, las reflexiones sobre la Ciencia y su concepto dependen de qué período tomemos. Heidegger cree que Ciencia moderna, en tanto scientia, se ha alejado de lo que entendían los griegos por episteme. Como sabes Salvador, no existen “la” Ciencia sino “las” Ciencias, es extremadamente difícil unificarlas bajo un denominador común.

SLA. Sin duda, se ha hablado mucho de ello en la epistemología contemporánea.
NGV. Heidegger lo sabía. Una concepción totalizadora incluso de la imperialista Ciencia natural es inherentemente problemática, dada la diversidad del método. Un fundador del Utilitarismo y Empirismo anglosajón como Mill hablaba de “Ciencias morales”, por ejemplo en su Lógica de 1848; otro ejemplo, aunque la Física matemática es principalmente una investigación teórica que recoge datos empíricos a través del experimento para probar y apoyar hipótesis, la Geología y la Biología son las ciencias de zona o campo que utilizan la observación no sólo para establecer evidencia sino también para generar directivas de investigación. Etiquetas disciplinarias como “Ciencia política” y “Ciencias sociales” complican aún más lo que significa el término “Ciencia”. Incluso la Matemática no es ninguna de todas esas cosas. Estas disciplinas no son científicas en el sentido de utilizar “métodos experimentales” o directivas de investigación similares, sin embargo, pueden considerarse ampliamente científicas en la medida en que sus métodos de investigación incluyen normas de rigor y sus estrategias probatorias se basan en la cuantificación. No obstante, ignorar el papel y el valor de los métodos cualitativos en las ciencias políticas y sociales es interpretarlos de forma reductiva y no conceptualizar sus prácticas de manera adecuada. Es caer en el pecado del Positivismo lógico. Nombrar estas disciplinas “ciencias” puede servir poco más que el propósito de establecer su validez a la par con las ciencias naturales que establecen estándares epistémicos definitivos y paradigmáticos en la Modernidad.

SLA: Una curiosidad. ¿Heidegger estaba al día, conocía de forma no especialista, la ciencia de la naturaleza que había irrumpido en sus alrededores? Pienso, por ejemplo, en la teoría de la relatividad restringida y general o en la mecánica cuántica.
NGV: Y como. En 1917 debatía los modelos de Galileo Galilei y Newton. Tiene una discusión sobre las tesis sobre el Espacio y el Tiempo de Bergson, Bohr, Einstein y Heisenberg (con quién tuvo encuentros personales), por ejemplo en su obra “Sobre la cuestión de la cosa”, en 1935-1936. Posteriormente dirá que Einstein no pudo superar el ámbito y los límites del modelo de Ciencia de Galileo Galilei… Incluso muchas veces cita ejemplos de Newton…
Creo, aunque no soy especialista en ello, que Heidegger no llegó a entender en profundidad lo que significaba para el paradigma galileo-newtoniano la Física cuántica.

SLA: Me permito insistir en un punto anterior. La filosofía analítica, o una parte de ella cuanto menos, ha tratado con mucho desdén la filosofía de Heidegger. Incluso hablaron, pienso en Carnap (aquí, entre nosotros, Jesús Mosterín), de lenguaje asignificativo. ¿Estaban bien informados estos críticos analíticos? ¿Lo habían estudiado suficientemente?
NGV: Desde el punto de vista del Wiener Kreis, el Círculo de Viena, del positivismo lógico más extremo, simplemente se niega que lo que Heidegger escribió tenga sentido. Recordemos que las concepciones fundamentales del Círculo de Viena se pueden agrupar en tres ideas directivas: 1) Ciencia y Vida están separadas, Ciencia es ciencia exacta (natural y lógica); 2) las proposiciones lógicas son analítico-tautológicas, las proposiciones de la ciencia real (empírica) son sintéticas, se refieren a hechos; 3) la referencia de las proposiciones de la ciencia real le corresponde una experiencia real o posible, a diferencia de las proposiciones “metafísicas”. Cuando Russell puso en claro que el Empirismo no puede probar empíricamente su principio de la concordancia entre realidad y proposición, los positivistas simplemente pusieron entre paréntesis la referencia a la realidad. Popper (por cierto: quién “refutaba” a Marx falisficándolo!) redujo los enunciados científicos con sentido a un convenio o acuerdo; Neurath los interpretó como enunciados coherentes entre sí (ya no con un Mundo exterior); Carnap los consideró bajo un punto de vista de la pura y formal sintaxis. En un ensayo de Carnap muy conocido y tomando como ejemplo el texto de la conferencia de Heidegger Was ist Metaphysik? de 1929, la que mencionamos antes, y seleccionando párrafos en los cuales reflexiona sobre la Nada (Das Nichts), Carnap pretendía haber resuelto, en un plumazo empirista lógico, toda la tradición idealista alemana demostrando su sinsentido desde el punto de vista lógico-positivista.

SLA. ¿Heidegger le respondió?
NGV. Heidegger le responderá en el Nachwort de la edición de 1943. El modelo de lenguaje era para los empiristas lógicos, el de la Física, por lo que al pasar los razonamientos de Heidegger por el tamiz de la sintaxis y el vocabulario lógico del lenguaje, simplemente “eso” no podía llamarse de ninguna manera filosofía en sentido estricto. Sein und Zeit, no hacía falta leerlo a fondo, ni siquiera las obras anteriores de Heidegger, era una enorme “pseudoproposición desprovista de sentido”, o como dice Mario Bunge: “bla-bla”. Y punto. Heidegger ilustra la magnificencia y solidez del logicismo. No quieren ni desean “entender” a Heidegger. Para el Círculo de Viena la Filosofía tiene la acepción de una disciplina más bien ligada a Lógica y el Empirismo de corte inglés, que define lo relevante de los enunciados. La “Claridad” es el nuevo dogmatismo, claridad basada en la Lógica como un “don del cielo”, que es la base, Aufbau, de la concepción científica del Mundo. Lo curioso es que los positivistas lógicos no aplicaban, ni aplicarán, esta regla de criterio a la Biblia del movimiento lógico: el Tractatus de Wittgenstein, un libro lleno de aforismos, de fervor profético misterioso, oscuridad sibilina y semántica inexplicable. Y un autor que caminaba por Cambridge leyendo a Tagore!

Tomo nota de todas sus observaciones.
¿Wittgenstein era un auténtico filósofo desde la óptica positivista lógica? Lo cierto es que para el empirista lógico el único método de esclarecimiento es el análisis lógico, el viejo sueño leibnizniano que intentaron forjar Frege, Russel y Carnap. Pero el empirismo lógico, con este análisis formal, con esta reducción ad absurdum al dictado de un idealista syntaktische Kategorie, de una categoría sintáctica, en realidad no refuta ni demuestra nada: es una crítica totalmente externa a la Filosofía de Heidegger. La otra cara de muchas críticas estilo Dia Mat que intentan hacer a Heidegger. Su hipótesis de una Der logische Aufbau der Welt, de una estructura lógica del Mundo subyacente, es una proposición tan metafísica como el Dasein o la Historia del Ser de Heidegger. En realidad Carnap (y el Positivismo lógico) jamás han logrado refutar en su esencia la Filosofía de Heidegger. Ni siquiera pueden comentarla de manera escolar, como he demostardo en el caso de Bunge. La razón es simple: el Empirismo lógico es una negación in toto de lo que en Occidente entendemos por Filosofía desde los griegos. No suena extraño: muchos adherentes al Círculo de Viena directamente proponían la supresión de ese rescoldo psicológico-teológico llamado Philosophie. Ya en la mayoría de los abanderados del Logical Positivism se notaba una tendencia a despreciar o tomar muy superficialmente la tradición filosófica, o desconocerla en su totalidad la propia Historia de la Filosofía.

SLA. ¿La otra cara de muchas críticas estilo DiaMat es una referencia implícita a Lukács?
    NGV: No tanto, sino al enfoque que el DiaMat en la URSS y en el bloque del Socialismo “real” (con grandes excepciones como la crítica de Karel Kosik, un heterodoxo) daban a Heidegger. Lukács no se propuso nunca una crítica a Heidegger en sí mismo, sino considerarlo como un momento más en la genealogía del ataque a la razón que terminó con Hitler.

SLA. También de acuerdo. Por cierto, a propósito de Lukács y aunque me voy un poco del tema. Acabo de recibir una información (nos las enviado tú al colectivo Espai Marx). Esta: “El gobierno municipal remueve estatua de Lukács en Budapest y la reemplaza por un héroe nacionalista húngaro a pedido del partido neonazi Jobbik y con el apoyo dle partido populista de Orban”  ¿Qué opinión te merece esta iniciativa municipal?
        NGV: Es algo terrible e inquietante. La deriva hacia el Populismo y hacia formas blandas de Fascismo en América y en Europa ya no es un caso aislado. La Kulturkampf del Populismo contra las tradiciones democrático-liberales, social-demócratas y comunistas es ya un dato insoslayable. Primer nivel de gravedad: la remoción de la estatua de un filósofo por la de un héroe noble nacionalista (San Esteban Iº, primer rey de Hungría, que está canonizado por el Vaticano) ya es algo totalitario y chauvinista; pero si además se le suma que la medida viene “reforzada”, justificada porque Lukács era judío y marxista (hubo una campaña sucia sobre su pensamiento como carente de raíces autóctonas, con lo que volvemos a Heidegger) es un suceso inquietante. Lukács murió en 1971 y se le encomendó al bien conocido escultor Imre Varga la realización de su estatua, inaugurada en 1985 en el bonito parque de Szent István. Como bien señalas, la medida proviene de una moción del partido neo-nazi Jobbik (“Los Mejores” en húngaro) votada en el pleno del Ayuntamiento de Budapest, apoyada por la coalición populista y de extrema derecha “Fidesz” (Alianza Cívica Húngara) del presidente Orban por 19 votos a favor, 3 en contra y una abstención. ¿De qué se le acusa a Lukács? No tanto su Comunismo o su adaptación al Stalinismo como comisario político (hay estatuas de stalinistas en Budapest, como la de Zoltán Komócsin, secretario general del MSzMP, o de Marx, Lenin, por ejemplo) sino ser una “traidor” a la eterna Patria húngara, haber ordenado el fusilamiento de soldados húngaros en 1919 siendo comisario del Ejército Rojo y, especialmente, por ser un “pensador judío” (el apellido original de Lukács era Löwinger), cosmopolita y sionista

Notas:

Fuente: Nicolás González Varela

28 de mayo de 2017.  ESPAÑA

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