Es lo que me digo

De Pascuas a Ramos por estas fechas llega la Semana Santa. ¿Y eso qué es? ¿Un puente acaso, unas vacaciones? ¿Una interrupción del trabajo, una fiesta que rompe la hora y la rutina? ¿Un rito que vuelve y se sostiene por inercia, solo por el peso de la costumbre? Para quienes viven del turismo no se puede decir que la Semana Santa sea solo tocar el bombo, mucho ruido y pocas nueces. Sino más bien una campaña como hacer el agosto y la cosecha, una fuente de recursos económicos y por eso mismo un bien de interés cultural protegido y promovido por un Estado laico que se precie. En cambio, para los que no viven solo de pan estas fiestas podrían llegar a ser algo más y diferente que el Eccehomo de Borja, ese adefesio que la hizo famosa y la puso en el mapa, por no hablar de los bienes de la Franja que devueltos nos pondrían en casa como piensan algunos según parece a juzgar por su empeño justo sin duda alguna y digno también de mejor causa. Da pena ver cómo los cerdos se comen las margaritas, pero es más lamentable que los humanos consumamos los bienes culturales como zanahorias

No es mi intención aguar la fiesta o el negocio a nadie. Solo quiero romper una lanza por el libre pensamiento y la fe libre y responsable. Salirme del tiempo ordinario y la costumbre, para reflexionar y departir con otros disidentes del sistema, ya sean o no cristianos, con tal que lleven por dentro su procesión.

Decía Pascal—ya saben el de “la caña pensante”—que “los hombres aman el ruido y el movimiento”, que “eso es todo lo que han inventado para divertirse y ser felices” y que “el pensamiento es el principio de la moral”. En estos días, al ver el tráfico y oír el ruido de los tambores, me acuerdo de Pascal y de otro pensamiento suyo en el que afirmaba que “el corazón tiene sus razones que la razón no comprende”. Lo que me recuerda—esto es, me trae al corazón—otras palabras de Kant en un prólogo a la Crítica de la Razón Pura con las que estoy plenamente de acuerdo: “Tuve que suprimir el saber para dejar sitio a la fe , porque el dogmatismo de la metafísica—es decir, el prejuicio de que se puede avanzar en ella sin una crítica de la razón pura—constituye la verdadera fuente de toda incredulidad, siempre muy dogmática, que se opone a la moralidad”.

Comparto la crítica de Kant a la metafísica, que no es posible como ciencia; pero admito como él la posibilidad de la fe, que puede tener un sentido siempre que sea libre y responsable. No hallo argumentos que prueben la existencia de Dios o la resurrección Jesús el Cristo, no los necesito para saber que murió como todos los hombres y me sobran testimonios históricos fiables para saber que murió como pocos en la cruz bajo Poncio Pilatos. Sé que ha hecho historia como nadie y en esa tradición, la cristiana, vivo para bien o para mal. Que sea para bien es lo que para todos como para mí deseo. Pero eso no será si no la asumo y la asumimos todos desde la libertad y para la libertad. O mejor, desde el amor y por amor a todos los hombres, que buena falta nos hace y es a fin de cuentas lo que queda. Y respeto, en todo caso, a los ateos y a los creyentes. Siempre que no sean dogmáticos. Porque el dogmatismo de acá y de allá se opone, en efecto, no solo a la moralidad sino incluso a la fe cuando no se entiende mal. La ciencia progresa y conquista la naturaleza, la filosofía acaba en una pregunta y la fe es un acto de confianza a fondo perdido. Entra en la historia con los pies descalzos, no con las botas puestas y cargada de razones. Es todo si hay amor y sino nada de nada: como “bronce que suena y címbalo que retiñe”. Lo dijo Pablo, y ese mensaje merece una atención. Es lo que me digo. Y el problema de Europa tocar el bombo para espantar a los refugiados.

José Bada

Es Filósofo

Notas:

Fuente:  http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/opinion/es-digo_1098016.html

24 de marzo de 2016.  ESPAÑA

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