Ética, confianza y mecenazgo

El proceso de desconfianza está ganando terreno y ello tendrá graves consecuencias de futuro si no somos capaces de frenarlo y dar motivos para recuperarla de nuevo.

Es difícil calcular las consecuencias que va a tener el denominado caso Millet en el futuro. Resulta muy arriesgado articular cualquier prospectiva, pues los escenarios se transforman vertiginosamente y todo lo que parecía sólido en el pasado se desvanece rápidamente en el aire. Da la impresión que la Modernidad líquida ha dejado paso a una Postmodernidad gaseosa. Entre las muchas consecuencias de orden político y económico que puede acarrear tal caso, se debe destacar el incremento de desconfianza no sólo con respecto a las entidades de la sociedad civil, sino también con respecto a la institución de la justicia.
El proceso de desconfianza está ganando terreno cada minuto y ello tendrá graves consecuencias de futuro si no somos capaces de frenarlo y dar motivos para recuperarla de nuevo. La confianza no es la fe ciega, ni un brindis al sol. Se gana a pulso, exige competencia, rigor, rectitud y honestidad. Nadie se hace digno de confianza inmediatamente. No es una virtud ésta que se regale. El caso Millet ha hecho acrecentar la suspicacia frente al sistema judicial, la desconfianza frente a las fundaciones y todo ello porque los sistemas de control, tanto internos, como externos, han fallado estrepitosamente y, además, durante décadas. Es lógico que se genere un clima de desafección, de preocupante cinismo, pero ello no puede, ni debe generalizarse y, menos aún, proyectarse a todas las entidades de la vida social, cultural, política y educativa.

La confianza, como ha escrito Niklas Luhmann, es la base del sistema social. Al vivir, hacemos constantemente actos de confianza. Sólo cuando tenemos motivos para retirarla, la retiramos, pero, de entrada, confiamos en los maestros, en los médicos, en los ingenieros, en los técnicos del hogar. Sin confianza, no es posible vivir, pero un exceso de confianza tiene como consecuencia la relajación de los sistemas de control y ello abre la puerta a todo tipo de corrupciones y de prevaricaciones.

La pérdida de confianza no es un fenómeno nuevo. Se ha referido a ello Francis Fukuyama al identificar cómo tal actitud está creciendo y, en particular, en relación con algunos colectivos. Lo verdaderamente preocupante es que el caso Millet puede generar una actitud de permanente fiscalización a las fundaciones, pero no sólo eso, sino un descenso del mecenazgo. Muchas fundaciones, organizaciones y asociaciones que no tienen ánimo de lucro viven de donaciones privadas y públicas. El mecenas desea tener la seguridad que su dinero se utilizará para fines adecuados, que se empleará eficientemente y eficazmente, que no se perderá en aparatos burocráticos ni en protocolarios rituales. La sospecha se ha convertido en el pan nuestro de cada día y ello aborta la lógica de la donación, amputa el latir del altruismo social, la filantropía. Al final uno se limita a pagar impuestos y porque no le queda otra posibilidad.

Para recuperar la confianza resulta esencial recuperar la credibilidad y ello sólo es posible si se da una constelación de valores como el rigor, la competencia, la eficiencia, la fidelidad y la transparencia en la gestión. Es digno reconocer que, en los últimos tiempos, muchas fundaciones y asociaciones han desarrollado Códigos de ética y Manuales de Buena Conducta. Todo ello es una expresión de la voluntad de hacer bien las cosas y de crear una cultura de organización fundada en la competencia técnica y ética.

No es justo tirar por la borda toda esta labor. No es correcto que paguen justos por pecadores. La dedicación de la inmensa mayoría de patronos a sus respectivas fundaciones es una expresión de altruismo social que también debe destacarse en contextos de sospecha. Martin Heidegger dijo que el nihilismo es un huésped inquietante. También lo es la desconfianza. Frente a ella, no vale la cosmética, esto es, la ética de fachada, tampoco no sirve el juego retórico de palabras, pues, al final, acrecienta la indiferencia. Sólo vale el trabajo bien hecho, la coherencia y la transparencia reiteradamente probadas.

Notas:

Fuente: http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=15852&id_seccion=5

SPAIN.  28 de diciembre de 2009

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