Europa y el velo de la ignorancia

En “Cardinal Uitility in Welfare Economics” (1953) el economista húngaro John Harsany fue el primero en servirse de un experimento mental ya clásico, inspirado en la concepción “contractualista” de la sociedad que iniciaron pensadores europeos como el británico John Locke y el francés Jean Jacques Rousseau: deducir qué principio básico de justicia y elección social habrían pactado los fundadores de un sistema económico antes de saber el nivel relativo de renta que le correspondería en el futuro a cada uno (Harsany, siguiendo el criterio clásico de los “utilitaristas”, dedujo que el objetivo común adoptado sería hacer máxima la utilidad esperada del conjunto de los ciudadanos, sumando, pues, sin distingos, la de cada uno).

Velo de la ignorancia

Pero esos conceptos de “posición original” y “velo de la ignorancia” (veil of ignorance) no cobraron notoriedad hasta que el filósofo americano John Rawls, tras reconocer su deuda con Harsany, les otorgó un papel central en su célebre “Teoría de la Justicia” (1971).

Para Rawls “los principios de la justicia son elegidos tras un ‘velo de ignorancia’. Esto asegura que nadie parte con ventaja o desventaja. Como todos están en situación de igualdad y ninguno es capaz de diseñar los principios de forma que favorezcan sus circunstancias, los principios de justicia son el resultado de un acuerdo o negociación justos”. (A diferencia de Harsany, Rawls sostuvo que el principio pactado en la “posición original” sería lograr la mejor situación posible para el miembro de la sociedad más desfavorecido, esto el llamado “criterio maximin”).

La “posición original” de Harsany y Rawls parece un concepto abstruso, pero nos resulta familiar a quienes, como árbitros o jueces, tenemos que esclarecer, para resolver una disputa, la intención original común de quienes firmaron el contrato -cuando todavía estaban bien avenidos- a menudo alejada de la interpretación interesada que, tras el acontecimiento que provocó el conflicto, hace al menos una de las partes.

La ausencia de un “velo de la ignorancia” permite entender también lo espinoso de esas negociaciones en las que cada negociador sabe ya de antemano con certeza, o sospecha con fundamento, la posición concreta que ocupará más adelante cuando haya que aplicar el acuerdo y, en consecuencia, lucha con denuedo antes de firmarlo para que le favorezca.

Unión bancaria

La ausencia de ese “velo de la ignorancia” es precisamente el problema que obstaculiza el avance hacia una Europa más federal, señala el gran economista francés Jean Tirole, Premio Nobel de Economía en 2014, en su nuevo libro “La Economía del Bien Común” (Taurus, 2017).

Tirole constata que la Unión Bancaria “es un embrión de federalismo” y añade que “acompañarla de un seguro europeo de depósitos que garantice los depósitos de los pequeños ahorradores en los bancos europeos -supervisados de manera centralizada-será un paso importante hacia una copartición de riesgos que entrañará un limitado “riesgo moral” (aléa moral) para los Estados miembros (que no supervisan ya sus bancos nacionales)”.

Reconoce que “la supervisión bancaria europea está dando sus primeros balbuceos y deberá demostrar su independencia respecto a los Estados miembros y al sector bancario”. Pero se felicita de que el escaso interés de los medios de comunicación y de los políticos por una cuestión tan técnica facilitara que los Estados miembros de la Unión Europea abandonaran su soberanía en materia de supervisión bancaria y aceptaran transferir esa competencia a una institución de naturaleza federal, el Banco Central Europeo. Ahora bien, ¿cabe esperar algo parecido en otros ámbitos?

Tirole es realista y, al tiempo que esboza los pasos teóricos adicionales que podríamos dar hacia una Europa federal, destaca también las enormes dificultades políticas para que se hagan realidad.

Las condiciones del federalismo

Para el Premio Nobel francés, “el talón de Aquiles del enfoque de Mastricht es el control de los déficits [presupuestarios]”, pero el Ecofin no es un órgano eficaz para controlarlos y sancionar a los Estados incumplidores, debido a los vínculos políticos entre sus miembros. En mi opinión, ya el Duque de Wellington identificó bien el problema cuando, tras la derrota de Napoleón en Waterloo, se negó a disparar contra él alegando que “los generales no estamos para dispararnos unos a otros”. Por eso, Tirole aboga por la creación de un Comité Presupuestario Europeo que, formado por profesionales de prestigio e independiente de los Estados, pueda exigir que los Estados incumplidores adopten medidas inmediatas para corregir los déficits.

Pasos adicionales hacia una Europa federal serían -señala el economista francés- un seguro europeo de desempleo, un sistema europeo de pensiones públicas, o la integración de los sistemas judiciales nacionales.

Para Tirole, tales iniciativas, aunque deseables, no son factibles a corto plazo, dada la fuerza de las “tendencias soberanistas” en muchos países. Pero es más: no lo serán nunca si no se cumplen dos condiciones esenciales:

- Cualquier contrato de seguro y de copartición de riesgos tiene que ser suscrito bajo un “velo de ignorancia”. “Nadie aceptará participar conmigo en un seguro colectivo de protección de viviendas si la mía está ya en llamas”. Por eso, una elevada copartición de riesgos será probablemente inaceptable para los países de la Europa del Norte. La actual asimetría entre los países del Norte y los del Sur podría eventualmente corregirse si identificáramos y aisláramos los problemas heredados del pasado y los tratáramos de forma adecuada.

- “No se puede a la vez insistir en la soberanía nacional y exigir una mayor copartición de riesgos”.

En mi opinión, la futura salida del Reino Unido de la Unión Europea y la holgada victoria en Francia del europeísta Macron podrían ser una oportunidad para que aquellos países miembros del euro que lo deseen -con el apoyo de los muchos ciudadanos que detestamos tanto los nacionalismos como los populismos de izquierdas o de derechas- renuncien a hacer de la Unión Europea el “chivo expiatorio” de sus males y, antes al contrario, apoyen nuevos pasos hacia una Unión Europea más federal. Deberán tener presentes, sin embargo, la condición precisa para que un seguro sea políticamente viable: que un “velo de ignorancia” impida saber a los Estados participantes si el azar hará que la cuenta final les salga a pagar o a cobrar.

La ignorancia puede ser a veces compañera indispensable del progreso.

Manuel Conthe


Nació en Madrid, el 23 de abril de 1954.

Preside, desde noviembre de 2007, el Consejo Asesor de Expansión y Actualidad Económica. Es también árbitro internacional independiente (desde 2009 a marzo de 2015 fue “Of-Counsel” del despacho internacional de abogados Bird&Bird) y, desde junio de 2011, consejero independiente de la compañía española Acerinox.

Fue Presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV)desde octubre de 2004 hasta mayo de 2007, puesto del que dimitió. Entre septiembre de 2002 y octubre de 2004, fue socio y director del área internacional del grupo de consultoría Analistas Financieros Internacionales (AFI). Desde abril de 1999 a julio de 2001 fue Vicepresidente para el Sector Financiero en el Banco Mundial, cargo en el que representó al Banco en el “Financial Stability Forum”. En el Ministerio de Economía y Hacienda, fue Director General de Transacciones Exteriores (1986-1987), Director General del Tesoro y Política Financiera (1988-1995), Secretario de Estado de Economía (1995-1996) y Consejero Económico en la Representación de España ante la Unión Europea.

Es Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid (1976). Cursó también estudios de Economía (Rama General)en la Universidad Complutense, sin llegar a licenciarse. Ingresó en el Cuerpo de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado en 1978.

Ha sido columnista en Expansión desde 1996, y lo fue también, de forma temporal, en El País y ABC. Ha publicado “La Paradoja del Bronce” (Editorial Crítica, 2007), “El Mundo al Revés” (Editorial Planeta, 1999) y “Pensar con arte” (Biblioteca Nueva, 2014).

Notas:

Fuente: http://www.expansion.com/blogs/conthe/2017/05/09/europa-y-el-velo-de-la-ignorancia.html

12 de mayo de 2017.

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